Trabajo con Hacha

Desde que Ursula Bauman tenía 13 años, había ciertas personas del diminuto pueblo de Emslage-Ruehlerfeld, Alemania, quienes la consideraban una chica fácil. Ursula, a pesar de su tierna edad, era por mucho la muchacha más linda del pueblo, tal vez de toda Alemania. Tenía el pelo negro, labios carnosos sensuales y una figura que podría hacer que el Rhine se desbordara de su curso.
¿Por qué muchos de los buenos vecinos la consideraban una fresca? Me duele informarles que Ursula disfrutaba de algunas actividades sensuales asociadas con los conejos. A Ursula le encantaba jugar en el campo, y como muchos jugadores antes que ella, terminó quemándose. Esto se hizo evidente ante cualquiera con una buena visión cuando la figura de la chica de trece años se expandió a la altura de la panza. Sí es cierto.
Ursula estaba embarazada.
El que la embarazó, Georg Richter, puesto a elegir entre la cárcel o el matrimonio, se casó con Ursula. Ella no sólo le dio una hija unos cuantos meses más tarde, sino que también tuvo otras tres hijas para cuando cumplió 20 años. A pesar de los condensados años de embarazos, la pesadilla, si lo podemos denominar tal, no hizo absolutamente nada para empeorar su apariencia o figura. De hecho, los embarazos le sentaban muy bien a Ursula. Con cada embarazo se ponía más guapa.
Una vez más, me duele revelar que la vida doméstica de Ursula no era un paseo de rosas. Nuestra Ursula sufría de la extraña enfermedad conocida como ninfomanía. Las demandas que Ursula pedía de Greg eran tan grandes que no le quedaba mucho tiempo para cualquier otra cosa. El pobre hombre estaba constantemente exhausto. Algunas veces, como algo sustituto de hacer el amor, le daba palizas a Ursula.
Cuatro hijas
A pesar de su falta de habilidad para copar con las excesivas demandas de Ursula, Georg estaba extremadamente unido a sus cuatro hijas. Las amaba mucho.
En 1972, los Richters admitieron a un inquilino de 19 años Kurt Adomeit. Kurt era un galán, rubio, ojos azules, con abundancia de músculos que aún no había puesto a buen uso. Ursula no podía vivir bajo el mismo techo con un espécimen masculino tal sin atraerle a practicar actividades horizontales de naturaleza inmadura.
Es una vergüenza decir, pero algunos pueblerinos sugieren hasta hoy que Georg no sólo sabía de las alianzas de Ursula y Kurt, sino que también se los facilitaba al estar ausente durante largas temporadas de su casa. Georg necesitaba el descanso.
El 30 de mayo de 1972, Ursula viajó al pueblo cercano de Meppen donde reportó a la policía que su esposo Georg llevaba desaparecido una semana.
La policía alemana investigó el asunto. En pocos días descubrieron todo sobre la reputación de Ursula. Unas cuantas conversaciones con los vecinos del pueblo lanzaron pistas sobre la desaparición. En poco tiempo, el escenario olía a asesinato. Todo el mundo estuvo de acuerdo en que Georg tal vez se hubiera ido voluntariamente sino hubiera sido por sus cuatro hijas. Nunca las hubiera abandonado.
Interior inmaculado
Unos pocos días más tarde, la policía de Meppen recibió una llamada de los vecinos del pueblo de Neuringe, cerca de la frontera con Holanda. Habían descubierto un vehículo en el fondo del lago que tenía una placa del pueblo de Meppen. El agua estaba tan clara que se podía ver perfectamente la matrícula. La policía de Meppen lo chequearon. El vehículo era propiedad de Georg Richter. Hasta que el vehículo fue sacado de su lugar de reposo en el agua, había cierta sospecha de que el cuerpo de Georg se encontraría tras el volante de conducir. Sin embargo ese no fue el caso. De hecho, el interior del auto estaba inmaculado. Alguien se había tomado el trabajo de limpiar todas las huellas dactilares.
¿Se había cansado Georg finalmente de las demandas de su esposa? ¿Se escapó a Holanda? Tal vez sí, o tal vez no. La astuta policía alemana presintió que el auto había sido lanzado al lago para hacer sospechar que Georg se había ido a Holanda, pero sintieron que era posible que hubiera sido asesinado.
En el negocio del asesinato, una cosa es sentir fuertemente algo y otra es probarlo. Así era el caso de Richter. Durante un año completo, no sucedió nada. En junio de 1973, Ursula presentó la demanda de divorcio, presentando deserción como la causa. Mientras tanto, Kurt era su inquilino estrella y tomó el lugar como padre de sus hijas. Un año más tarde, se hizo oficial cuando Kurt y Ursula se casaron. Fue una ceremonia sentimental. Las cuatro hijas de la novia actuaron como sus damas de honor.
Pasó otro año antes de que el nombre de Kurt llamara la atención de la policía de Meppen. Se sospechaba que Kurt vendía drogas falsas en Osnabruck. Tenía un buen negocio entre manos. Las víctimas se mostraban dudosas a quejarse ante la policía.
Mientras estaban investigando el posible timo de las drogas, la policía decidió chequear los últimos cotilleos en Emslage-Ruehlerfeld. Descubrieron que Ursula era mucho más de lo que Kurt podía manejar. Su única escapatoria de sus demandas sexuales era el trabajo. Kurt, un conductor de camiones, pasaba fuera de casa largos periodos de tiempo. Decididamente él era diferente al primer marido de Ursula ya que era locamente celoso. Al contrario que Georg no trajo un sustituto.
Carta en la manga
Kurt fue detenido e interrogado con respecto al timo de las drogas. Estuvo detenido varios días en Osnabruck. Y como saben, Ursula no podía vivir sin compañía masculina. Mientras Kurt respondía a las molestas preguntas sobre las drogas, ella se lo pasaba bien con uno de los locales.
Eso fue cuando la policía decidió jugar su carta escondida en la manga. Pusieron a un oficial de policía en la misma celda de Kurt. El policía pretendió ser un borracho. Naturalmente, Kurt le preguntó sobre las últimas noticias del pueblo. El oficial le contó que en Emslage-Ruehlerfeld había una belleza de pelo negro que había tenido dos maridos y que ahora tenía la intención de tomar a toda la población masculina del pueblo.
Kurt se puso blanco como la pared. Después preguntó cómo se llamaba la mujer. El oficial replicó, “Ursula.” Kurt no se pudo controlar. Atacó al policía encubierto y tuvo que ser separado antes de que asfixiara al hombre.
Kurt, ante su ataque de celos, solo pudo decir, “Mataré a la perra.” El momento psicológico había llegado. Un inspector le dijo, “Sabemos que Ursula y tú os deshicisteis de Georg y tarde o temprano vamos a poder demostrarlo. Termina de declarar ahora y evítate los problemas.” Kurt empujó una silla. Con la cabeza cabizbaja, musitó, “le mostraré donde se encuentra el cuerpo enterrado.”
Kurt llevó a los policías hasta el bosque de Esterfeld. Allí, recuperaron el esqueleto de Georg Richter. Kurt relató cómo Ursula había intentado matar a Georg con mata ratas, pero el veneno no hizo efecto. De hecho, Georg había comentado que la cocina de su mujer había mejorado después de que hubiera tomado el veneno. La pareja asesina entonces probó usar grandes cantidades de pastillas para dormir. Éstas ni siquiera adormilaron a Georg.
Finalmente, la noche del 13 de mayo, 1972, Kurt tomó un hacha y golpeó a Georg en la cabeza cuando estaba durmiendo. Un golpe terminó con la vida de Georg. Juntos, Kurt y Ursula enterraron el cuerpo. Después Ursula limpió el dormitorio, mientras Kurt manejó con el auto de Georg hasta el lago con la frontera holandesa. Ellos creyeron que la policía pensaría que Georg no quiso tomar el auto bien conocido por la frontera.
Ursula confesó al encarar la declaración de Kurt. Ambos se presentaron a juicio por asesinato, declarándose culpables con circunstancias atenuantes. Los abogados defensores presentaron evidencias que Georg había golpeado sin compasión a Ursula. Esto produjo un gran efecto en el jurado. Aunque los dos fueron declarados culpables, cada uno recibió la sentencia bastante ligera de diez años en prisión.
Max Haines
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