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Es considerado uno de los mayores
asesinos en serie de la historia, en los diez años que actuó como
depredador en las estaciones ferroviarias de la ex Unión Soviética
cometió 53 crímenes.
Nació en una pequeña aldea ucraniana en tiempos de hambruna,
cuando morían millones de personas cuyos cadáveres se amontonaban
en las calles y campos; lo más cruel para el pequeño Andrei fue
escuchar en el regazo de su madre cómo su hermano mayor había sido
raptado y devorado. Aunque no era un caso aislado en aquellos duros
años treinta, el hecho marcaría notablemente al niño, quien se
sentía en esos momentos más solo que nunca.
En la escuela era muy introvertido y arrastró multitud de complejos
que le atormentaban, era incapaz de aceptar su miopía (sus primeras
gafas las tuvo a los treinta años) y hasta los doce se orinó en la
cama. Siempre era humillado por los otros compañeros, cualquiera
podía decirle lo que fuese, él se limitaba a escuchar y a
aguantar... no es de extrañar que con el tiempo, su ánimo se
llenase con las lágrimas contenidas y con todas esas injurias.
Conforme fue creciendo, se hacía más tímido con las mujeres,
hasta el punto de hacer fracasar su primer intento sexual, por
eyacular en pocos segundos mientras abrazaba una chica... de ahí
surgieron los primeros rumores de su impotencia.
Sirvió en el ejército como todos los ciudadanos soviéticos y
luego se dedicó a los estudios, obteniendo tres títulos: en lengua
y literatura rusa, en ingeniería y en marxismo-leninismo. En 1971,
un diploma universitario le dio el grado de maestro. Sentía una
creciente atracción por las menores de doce años, y se colaba en
los dormitorios para verlas en ropa interior mientras se masturbaba
con la mano dentro del bolsillo. Más tarde Chikatilo se refugió en
el comunismo, pero su fijación con el dogma político rayaba en la
demencia.
A pesar de su problema pudo encontrar una esposa, y aunque era
incapaz de mantener una erección, sí podía eyacular. Logró
alcanzar en contadísimas ocasiones la suficiente erección para
dejar embarazada a su esposa, pero no dejaba de pensar que la
naturaleza lo había castigado castrándolo al nacer. A pesar de
todo, era un marido de carácter estable y trabajador, un padre que
nunca levantaba la voz ante los hijos, un respetado miembro del
partido comunista que leía los periódicos y se mantenía al
corriente de la actualidad. Discreto, vivía con la rigurosa
austeridad que corresponde a un verdadero soviético.
Para su frustración, en la escuela en la que trabajaba, sus alumnos
se reían de él, le apodaban "el ganso" porque sus largos
hombros encorvados hacían que su cuello pareciese alargado. El no
hacía nada por remediarlo, tampoco cuando le empezaron a llamar
"maricón", ni cuando le pegaban arrojándole una manta
por encima o cuando lo sacaban de las aulas a patadas.

Su primer crimen lo cometió el 22
de diciembre de 1978 cuando abordó en la calle a una niña de nueve
años de edad, y la convenció para que se fuera con él a una cabaña
que poseía en las afueras de la ciudad. Sabía cómo hablar a los
niños, él mismo había sido maestro y tenía a sus dos hijos. Una
vez allí la desvistió con violencia. Accidentalmente, le hizo un
rasguño del que brotó sangre, hecho que le propició una erección
inmediata, estableciendo el vínculo fatal entre sangre y sexo.
Luego, sacó un cuchillo y se lo clavó en el vientre. Con cada puñalada
notaba que se acercaba más al orgasmo, por lo que no cesó de
hacerlo hasta la eyaculación.
Chikatilo había intentado satisfacer su necesidad sexual movido por
la esperanza de llegar a ser igual que los demás, pero no lo era.
Las burlas de las mujeres por su impotencia era más de lo que podía
aguantar. Descubrió que su placer no consistía en acariciar los
genitales ajenos, sino en maltratarlos. Dos días después de este
crimen, la policía encontró los restos de la niña en un río
cercano, y cerca de la cabaña de Chikatilo una gran mancha de
sangre. Los policías interrogaron al hombre, pero acabaron
inculpando a otro agresor sexual, Alexander Kravchenko.
Chikatilo era, por las paradojas que marcaban sus actos, más dual
que nunca. Era el típico marido sumiso y asexual. Hacía todo lo
que su mujer le ordenaba... o casi todo. Ella solía desear los
placeres sexuales con más frecuencia que él, y eso les llevaba a
frecuentes discusiones, en las que ella le recordaba lo impotente e
inerte que era.
Los dos primeros asesinatos de Chikatilo tuvieron cierto carácter
fortuito. Es posible que, en ambos casos, sus intenciones fueran
solamente de índole sexual. Los gritos de terror le excitaban, pero
era el asesinato en sí lo que presentaba para él el acto sexual
supremo. Sus víctimas eran niños, niñas y chicas jóvenes. La
mayoría eran escapados de casa y retrasados mentales, pues se
dejaban convencer más fácilmente y agradecían su ayuda en el
laberinto del sistema de transporte local, con el que no estaban
familiarizados. Chikatilo los elegía entre la multitud en
estaciones ferroviarias y en paradas de autobús, y con algún
pretexto, los convencía para que lo siguieran a alguna zona
boscosa. Una vez allí les infligía numerosas puñaladas -entre
treinta y cincuenta.
Las víctimas sufrían la mutilación de los ojos. A las
adolescentes o chicas jóvenes les seccionaba los pechos o los
pezones, ya fuera con sus afilados cuchillos o con los dientes. El
útero era extirpado con tal precisión que se inculpó a todos los
cirujanos de la provincia de Rostov. Mientras las violaba, se
enfurecía tanto por llegar rápidamente al orgasmo que les
destrozaba la cara a golpes. Para ocultar su impotencia, a veces,
con la ayuda de una ramita, colocaba el semen en la vagina de la víctima.
En el caso de los niños, los atacaba en cuanto estaba a solas con
ellos en el bosque: les propinaba un golpe para aturdirlos después
de atarles las manos y les daba golpes de cuchillo poco profundos
para establecer su dominio sobre ellos. Posteriormente los mutilaba
a mordiscos, les cortaba los genitales o solamente extirpaba los
testículos, mismos que guardaba a modo de trofeo. También
arrancaba los ojos de todas sus víctimas, quizás para evitar
encontrarse con sus miradas.

Chikatilo mostrando sus métodos
En algunas ocasiones realizaba
estas amputaciones cuando la víctima se hallaba aún con vida,
-aunque no consciente-. En ninguno de los casos se encontraron las
partes del cuerpo seccionadas en las cercanías de la escena del
crimen. También practicaba actos de canibalismo, en sus
declaraciones confesaría que le gustaba tragarse las partes del
cuerpo más blandas.
En 1981 se convirtió en funcionario de abastecimiento de una fábrica,
este trabajo le obligaba a recorrer una buena parte de la región, y
a la vez le proporcionaba la coartada perfecta. El 3 de septiembre
de 1981, asesinó a su segunda víctima. Una vez en el bosque, perdió
el control, estranguló a la mujer y eyaculó sobre el cadáver.
Luego, comenzó a lanzar aullidos mientras bailaba una danza de
guerra alrededor del cuerpo. En esos momentos supo que volvería a
matar. ¡Y vaya si mató!: en los doce años siguientes, Chikatilo
asesinaría a 53 personas en total.
Chikatilo tenía un aspecto de lo más inofensivo, y los niños veían
en él un hombre amable e indefenso. El Instituto Serbsky de Moscú
diseñó el perfil de un hombre visiblemente normal, probablemente
casado, con un trabajo regular, y por esperma hallado en los cuerpos
de sus víctimas se supo que su sangre era del grupo AB. El 14 de
septiembre de 1984 detuvieron a Chikatilo en el mercado de Rostov,
pues en líneas generales encajaba con la descripción del asesino,
pero no pudieron demostrar nada más. Chikatilo parecía un hombre
respetable, y tras hacerle un análisis de sangre, ésta resultó
ser de grupo A. enseguida fue puesto en libertad sin cargos. En ese
tiempo los archivos de la policía contenían datos de unos 26,500
sospechosos.
Cuando apareció el cadáver número treinta, los periódicos
empezaron a difundir noticias del posible asesino en serie, a quien
todos creían un retrasado mental, a pesar de que la policía no
estaba de acuerdo, pues la amplia dispersión del asesino indicaba
que éste disponía de un vehículo, factor que en Rusia era
eliminativo.
El 17 de octubre de 1990, volvió a matar en un bosque cercano a la
estación de Donlesjoz. Este crimen absorbió a toda la policía
local y a una fuerza antidisturbios de 100 hombres. Pero dos semanas
después, Chikatilo volvió a actuar, y ésta vez fueron unos 600
detectives los encargados de investigar a lo largo de la línea de
los bosques, en dónde montaban guardia tres o cuatro oficiales en
los apeaderos más aislados. El 6 de noviembre de 1990, uno de estos
detectives, el sargento Igor Rybakov, vio surgir del bosque un
hombre con traje y corbata. Mientras éste se lavaba las manos en la
fuente advirtió que tenía un dedo vendado y una mejilla manchada
de sangre. Le pidió sus documentos y transcribió un informe de
rutina. Cinco días después encontrarían un nuevo cadáver en ese
mismo lugar, el cual estimaron que llevaba ahí más o menos una
semana. El homicida tenía que haber pasado por la estación, y el
culpable no podía ser otro que el sospechoso del informe de
Rybakov.
Lo arrestaron el 20 de noviembre, sospechoso de haber asesinado a 36
víctimas, todos ellos mujeres y niños. Su esperma, aunque no su
sangre, sí era AB. El fiscal general de la provincia de Rostov
emitió una orden de detención contra Chikatilo, efectiva a partir
del 20 de noviembre de 1990. Y ese mismo día fue detenido por la
KGB, mientras éste con paso lento y senil decía: "¿cómo
pueden hacerle esto a una persona de mi edad?". En los
interrogatorios, afirmó que simplemente era un ciudadano normal,
que no había cometido ningún tipo de delito, y que era objeto de
una persecución absurda.
El 27 de noviembre dijo estar dispuesto a aportar pruebas de sus crímenes
si no continuaban atosigándole con los interrogatorios que le
recordaban los detalles, y dos días después se derrumbó ante un
psicólogo a quien acabó confesando 53 asesinatos. Posteriormente
guió a los investigadores a los distintos lugares con la esperanza
de que el número de muertes lo convirtiera en un "espécimen
de estudio científico". Escribió una declaración firmada
para el fiscal general, que decía:
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"Me
detuvieron el 20 de noviembre de 1990 y he permanecido
bajo custodia desde entonces. Quiero exponer mis
sentimientos con sinceridad. Me hallo en un estado de
profunda depresión, y reconozco que tengo impulsos
sexuales perturbados, por eso he cometido ciertos actos.
Anteriormente busqué ayuda psiquiátrica por mis dolores
de cabeza, por la pérdida de memoria, el insomnio y los
trastornos sexuales. Pero los tratamientos que me
aplicaron o que yo puse en práctica no dieron resultado.
Tengo esposa y dos hijos y sufro una debilidad sexual,
impotencia. La gente se reía de mí porque no podía
recordar nada. No me daba cuenta que me tocaba los
genitales a menudo, y sólo me lo dijeron más tarde. Me
siento humillado. La gente se burla de mí en el trabajo y
en otras situaciones. Me he sentido degradado desde la
infancia, y siempre he sufrido.
En mi época escolar estaba hinchado a causa del hambre e
iba vestido con harapos. Todo el mundo se metía conmigo.
En la escuela estudiaba con tanta intensidad que a veces
perdía la conciencia y me desmayaba. Soy un graduado
universitario. Quería demostrar mi valía en el trabajo y
me entregué a él por completo. La gente me valoraba,
pero se aprovechaba de mi carácter débil.
Ahora que soy mayor, el aspecto sexual no tiene tanta
importancia para mí, mis problemas son todos mentales. En
los actos sexuales perversos experimentaba una especie de
furor, una sensación de no tener freno. No podía
controlar mis actos. Desde la niñez me he sentido
insuficiente como hombre y como persona. Lo que hice no
fue por el placer sexual, sino porque me proporcionaba
cierta paz de mente y de alma durante largos períodos.
Sobre todo después de contemplar todo tipo de películas
sexuales. Lo que hice, lo hice después de mirar los vídeos
de actos sexuales perversos, crueldades y horrores".
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De esta declaración la policía
dedujo que el asesino trataba de buscarse una posible salida
alegando enfermedad mental, una obsesión de tratamiento psiquiátrico.
Los psiquiatras del Instituto Serbsky, no obstante, lo veían como
un sádico prudente que no sufría ningún trastorno que pudiera
impedirle reflexionar que sus actos estaban mal, que eran
premeditados. Por esa razón, en octubre de 1991, dieron a conocer
sus conclusiones, diagnosticaron que el asesino estaba
"legalmente cuerdo".

El juicio de Andrei Chikatilo se
inició en abril de 1992, y duró hasta octubre de ese mismo año.
Este, con la cabeza rasurada, presenció su juicio desde un cubículo
de metal. El primer día deleitó a los fotógrafos mostrando una
revista porno, pero más tarde, abatido, se quitó la ropa y meneó
el pene gritando: "Fíjense que inutilidad, ¿qué piensan que
iba a hacer con esto?".
Los jueces no dudaron en anunciar el veredicto que habían nominado,
y así el 15 de octubre de 1992 fue sentenciado a la pena capital.
Por: Margarita Bernal
Fuente: Asesinos en serie |