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  Francisco García Escalero, "El matamendigos"

"Las voces se ríen de mí. Me dicen que quieren sangre. 
Entonces le saqué el corazón. 
Y mordí un trozo..."

A finales de febrero de 1996 fue juzgado y absuelto de sus crímenes por enajenación mental. Francisco García Escalero, más conocido como el "asesino de mendigos", sigue recluido en un psiquiátrico penitenciario de Alicante.

Desde allí todavía es capaz de relatar sus crímenes, con la frialdad de la inconsciencia que le ha proporcionado una vida de alcohol y drogas además de una psicopatía y esquizofrenia, a los pocos medios de comunicación que de vez en cuando se interesan por su macabra historia. 

Nació en Madrid el 24 de mayo de 1954, y vivió la infancia junto a su hermano mayor entre las chabolas de un barrio madrileño a 200 metros escasos del cementerio de la Almudena. Fue un niño raro, de carácter oscuro y taciturno, a los 16 años pisó los primeros pabellones psiquiátricos. Tuvo una educación deficiente, era un niño melancólico, enfermizo, solitario, al que gustaba pasearse por las noches entre las tumbas del cementerio. Con frecuencia sufría impulsos suicidas y tuvo varios intentos fallidos tratando de echarse a la carretera cuando pasaba un coche. Este comportamiento irritaba a su padre, quien a menudo le correspondía con brutales palizas. Para subsistir, se dedicaba a cometer pequeños robos, y se divertía explorando casas abandonadas o espiando a mujeres y parejas por la ventana mientras se masturbaba. 

En 1973 es ingresado en un reformatorio tras haber robado una motocicleta, y justo al salir de allí, a los 21 años, comete su primer delito de importancia: junto a unos amigos atraca a una pareja en las inmediaciones del cementerio de la Almudena. Violan a la joven en presencia de su novio, por lo que fue condenado a 12 años de cárcel. En la prisión se cubre el cuerpo con tatuajes, algunos con frases tan significativas como: "Naciste para sufrir".

Al salir de prisión, con treinta años, sin amigos ni formación alguna, le resulta imposible encontrar un empleo y comienza a vagabundear y a practicar la mendicidad en los alrededores de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima. 

Le gustaba beber en gran cantidad mezclando pastillas con el alcohol, por lo que a veces muestra un comportamiento agresivo y muy violento. También sufre alucinaciones auditivas, una serie de voces que le piden que cometa nuevos crímenes y que profane cementerios. Atormentado por las voces, Francisco inicia su desenfrenada carrera asesina. No fue muy lejos en busca de sus víctimas, sino que las eligió entre mendigos y prostitutas.

Su primera víctima fue Paula Martínez, una prostituta toxicómana con la que contacta en la calle Capitán Haya, de Madrid. En agosto de 1987, Paula aparece en las afueras de Madrid decapitada y calcinada.

"No sé si estaba en un sueño o algo que me pasó por la cabeza. No recuerdo mucho. La cogí en la Castellana y luego la maté y le corté la cabeza".

Nueve meses después, en marzo de 1988, Francisco asesina a un mendigo llamado Juan, le apuñala por la espalda y le aplasta la cabeza con una piedra. Apenas unos meses después otro sin techo que compartió muchas jornadas con él en los comedores de la beneficencia, aparece quemado y muerto junto a la tapia del cementerio de Aluche.

Así continúan nuevos asesinatos. Sus víctimas son cada vez más numerosas, y sus crímenes más brutales sin dudar en cometer las más diversas atrocidades: cose los cuerpos a cuchilladas por la espalda, les machaca el cráneo con piedras o los decapita sin más, a algunos incluso les saca las vísceras o el corazón con una navaja (a veces inclusive probando un bocado de estas partes mutiladas). Luego, para borrar el rastro, quemaba lo que quedaba de los cadáveres, les cortaba las yemas de los dedos.

Los asesinatos los alternaba con macabras orgías de necrofilia y profanando las tumbas de los cementerios. De vez en cuando saltaba las tapias del cementerio de la Almudena y bajo el efecto de la mezcla de alcohol y drogas, rompía algún nicho, sacaba los cuerpos de la fosa y abusaba de ellos sexualmente. Así, se creyó, y posiblemente aún se sige creyendo, que profanaciones tan conocidas en dicho cementerio, como la del 10 de abril de 1986 o la del 13 de noviembre de 1986, eran obra de una secta satánica o algún adorador del Diablo, cuando se trataba de la obra de un asesino en serie esquizofrénico.

En marzo de 1989, un mendigo llamado Angel, aparece semidecapitado y con las yemas de los dedos amputadas. Dos meses después, un indigente de 65 años de nombre Julio, aparece con el cuerpo cosido a puñaladas, el pene amputado y su cuerpo carbonizado. La policía de homicidios de Madrid cree que entre estas muertes no existe conexión alguna.

Escalero, no ceja en su impulso asesino, sus siguientes cinco víctimas aparecen también mutiladas, quemadas y decapitadas. La investigación criminal no encuentra solución a este macabro rompecabezas. Hasta que pasados siete años desde el primer crimen, la policía se pone en la pista cuando Francisco y su amigo y compañero de correrías, Víctor Luis Criado, se fugan juntos del hospital psiquiátrico Alonso Vega, en Madrid. Juntos se dedican a beber. Cuarenta y ocho horas más tarde, Víctor aparece muerto con el cráneo hundido y quemado entre papeles y mantas en la tapia de la Iglesia de los Sagrados Corazones.

Después de cinco años cometiendo asesinatos, un día esas voces le inducen a suicidarse, y Escalero se arroja delante de un coche, pero sólo se fractura una pierna. Una vez en el hospital, confiesa sus crímenes a las enfermeras y les suplica que le detengan porque no quería seguir matando. Escalero es detenido por la policía, y confiesa:

"Compré bastante vino, y él también bebió.
Recuerdo que le di con una piedra en la cabeza y
... luego lo quemé..."

Fue la primera confesión, a partir de ella Francisco García Escalero relató a la policía uno por uno, catorce asesinatos. No ahorró detalles, incluyendo la satisfacción que experimentaba cuando mantenía relaciones sexuales con los cuerpos sin vida de las víctimas, o lo que le costaba matarlos. 

Fue juzgado en febrero de 1995. El informe de todos los forenses coincidió en que su peligrosidad continuaba, pero no era responsable de sus actos, el mendigo asesino fue absuelto por enajenación mental, producto de su alcoholismo crónico y su esquizofrenia. En la actualidad, está ingresado en el psiquiátrico penitenciario de Foncallé en Alicante, y según el personal del centro, no ha vuelto a mostrarse agresivo. 

Su abogado está negociando la posibilidad de que lo liberen, aunque los demás especialistas creen que Escalero todavía es peligroso. En cualquier momento las voces que él cree oír en su cabeza podrían ordenarle que mate de nuevo.

Según su psiquiatra, "lo que padece es una enfermedad incurable que surge por brotes, y que es absolutamente irreversible. Puede pasar temporadas más o menos asintomáticas pudiendo llevar una vida completamente normal, pero desde luego, el fondo de su enfermedad siempre está ahí y puede matar en cualquier momento..."

Los mendigos madrileños, antiguos compañeros de Escalero, todavía sienten miedo cuando oyen pronunciar su nombre, y piensan que si es dejado en libertad seguirán amenazados, por eso piden que no le suelten nunca. 

En sus declaraciones, Francisco García Escalero asegura que la culpa es del alcohol y de las pastillas. Dice que él no tenía nada contra las personas que asesinó, y que algunos de ellos eran compañeros y mendigos que conocía, pero que esas terroríficas voces que le hablaban en su cabeza le obligaban a matarlos.

"Nunca comprenderé mientras esté vivo, por qué lo hacía.
No lo podré saber nunca.
Jamás, jamás en la vida comprenderé cómo pude llegar
a hacer lo que he hecho".

Por: Margarita Bernal
Fuente: Asesinos en serie

 

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