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John Iván Sabogal, 12 años y
vendedor de lotería, solo se le deshizo el nudo de terror en la
garganta cuando Bonifacio Morera Lizcano intento violarlo. Fue
entonces cuando saco de adentro los gritos de pánico que no le había
salido durante las dos horas que llevaba amenazado con un cuchillo,
que comenzaron en la Plaza de los Centauros, en pleno centro de
Villavicencio, y que estaban a punto de terminar ahora, mientras que
desnudo atado de pies y manos en un matorral solitario en las
afueras de la ciudad, sentía a sus espaldas a un hombre acezante a
punto de ultrajarlo sexualmente.
Profería cientos de injurias y palabras grotescas. No eran
amenazas. Le estaba describiendo paso a paso un ritual
perfeccionando tras asesinar a docenas de niños varones entre 6 y
14 años en 51 municipios del país. A 800 metros de allí en un
lote baldío frente a Almaviva, unas bodegas para almacenar granos
las autoridades descubrieron entre junio y noviembre del año
anterior 12 cadáveres de niños que ya había asesinado en
Villavicencio, capital del Meta, un departamento de Colombia tan
grande como Panamá y en cuyo extremo sur quedan tres de los
municipios que el gobierno nacional destino como zona de despeje
para los actuales diálogos con la guerrilla. En Villavicencio fue
donde Morera Lizcano cometió el ultimo de sus asesinatos que,
hacerle caso a su minuciosa libreta de apuntes, fueron 142 en siete
años.

Casi 200
niños asesinados
Las autoridades judiciales no tienen una cifra definitiva, puede que
este echando mas muertos encima para engrandecer entre los asesinos
en serie o que sus apuntes no hayan sido tan juiciosos y los niños
a los que mato pudieran ser hasta 182 todos pobres y varones, casi
todos delgados, de rostro bonito, cabello castaño y ojos cafés.
Los trazos aindiados y la leve tendencia de la gordura de John Iván
no concordaban con ese perfil de potenciales víctimas de Morera, en
el rango de niños diferentes de los gustos del asesino apenas si se
podía mencionar uno de raza negra, otro francamente obeso y uno que
además de ser el único de 16 años, era paralítico. El comienzo
del horror para John Iván ocurrió hacia las tres y medía de la
tarde del jueves 22 de Abril de 1999 en la plaza de los Centauros,
en Villavicencio, desde el medio día, cuando salió de su casa, había
vendido 10.000 pesos que llevaba en solo billete marcado con un 740
manuscrito en tinta roja. Le quedaban 74.000 pesos en boletos para
ofrecer.
Oiga niño, yo le quiero comprar una lotería, déjeme ver que
numeras tiene le dijo Morera, para quien las plazas publicas de
mercado y de los terminales terrestres de transporte eran sus cotos
de caza preferidos desde que comenzó su carrera de asesino
trashumante a mediados de 1992 en Jamundi (Valle del Cauca).En la
plaza principal de le Tebaida (Quindío), el 19 de Abril de 1.994,
hacia las ocho de la mañana, llamo a Manuel Vicente Daza, de diez años,
cuando iba a hacer un mandado de la casa. Días después encontraron
su cadáver en la finca San Fernando con la cabeza cercenada y múltiples
heridas de cuchillo a la altura de los riñones. Cuatro años después,
el 22 de junio de 1.998, en Génova (Quindío) convenció a Tomas
Martínez y Javier Ardila nueve y doce años respectivamente cuando
cargaban cebolla en la plaza principal del pueblo para que se fueran
con él y que, a cambio de algún dinero lo ayudaran con unos
caballos, que debía llevar a otro sitio del municipio. Al otro día,
en ese mismo pueblo y con la misma excusa, engatuso a Leonardo García
cuando termino de jugar un partido de fútbol con sus amigos. Todavía
nadie había dado la alerta sobre la desaparición de Tomas y de
Javier. Aunque sus familias hubieran advertido al pueblo no habría
por que sospechar del hombrecillo de barba, gorra y lentes que
vieron sentado en la plaza. Había nacido en ese pueblo 41 años atrás,
el 25 de Enero de 1.957.
Antes de Manuel Vicente y después de Tomas y de Javier hubo niños
muertos, siempre pobres, siempre bonitos, y casi siempre delgados.
Todos fueron encontrados días o años después atados de pies y
manos en matorrales a las afueras de los pueblos o ciudades. A
muchos de ellos les mutilo el pene y se los introdujo en la boca, a
otros los decapito o cuando menos les dejo la cabeza colgando de un
hilo de piel y carne del cuello. Al comienzo el puñal iba directo
al corazón, pero paulatinamente fue cambiando el sitio y la
cantidad de cuchilladas para prolongar el sufrimiento. El 18 de
octubre de 1.997, en Río Frío (Valle del Cauca) le clavo 42 puñaladas
en el tórax a Andrés Salgado, estudiante de 13 años. También con
el correr del tiempo empezó a marcar sus muertos con cortes en la
piel que formaban largas líneas sobre el tronco. Morera empezó a
ojear los billetes de lotería y se le fue acercando a John Iván
hasta que lo tuvo lo suficientemente cerca como para mostrarle un
cuchillo grande y basto que llevaba en una mochila terciada al
hombro No vaya a gritar por que lo mato.
Se tiene que subir conmigo a un taxi le dijo Morera. Sin gritar sin
decir una sola palabra y mirando de frente, John Iván siguió las
ordenes y en unas cuantas zancadas alcanzaron la calle 38, donde
abordaron un taxi, Morera le pidió al conductor que los llevara al
anillo vial, frente a las bodegas de Almaviva. Entre los dos puntos
había en ese entonces cuatro semáforos y unos 25 minutos de
recorrido, Durante el cual John Iván no dijo nada. No podía.
Morera le enseñaba de cuando en cuando el cuchillo, sin dejarlo ver
del taxista, y le hacia una elocuente mirada que era una orden de
mantener el silencio. Al llegar al sitio, el asesino le dio 2.000
pesos casi un dólar al taxista, por una carrera que en ese momento
costaba 1.500, era un lugar despoblado y solitario, transito de
camiones de 18 ruedas. Aunque John Iván hubiera querido gritar
nadie lo hubiera escuchado.
Subieron unos ocho metros por una ligera pendiente y Morera le dio
la orden de cruzar una cerca de tres alambres de púas, después de
la cual empieza un bosque de árboles nativos, una vez allí no hay
manera de saber que esta pasando , matorral adentro. El 27 de
noviembre de 1998, los niños de Pereira la mas grande y moderna de
las tres ciudades que componen el eje cafetero marcharon de noche y
alumbrado con velas para pedir con su silencio que no los siguieran
matando.
Las
autoridades no descifran el acertijo de los asesinatos
Pereira tenia serias razones para estar en pánico En enero cuatro
cráneos de niños fueron encontrados junto al barrio Nacederos. El
17 de septiembre un joven que cabalgaba por un terreno baldío cerca
del aeropuerto Matecaña descubrió una gran cantidad de pequeños
huesos, luego, de ser cotejados por el Cuerpo Técnico de
Investigaciones CTI de la Fiscalía General de la Nación,
resultaron ser los restos de 13 niños. Una semana después en el
kilómetro 1 de la vía hacia Mercella, en un abismo de unos 500
metros de profundidad y rodeados de maleza, se encontraron 12
esqueletos y nueve cráneos de niños. Alrededor de la fosa estaban
esparcidos retazos de ropa y zapatos con las suelas desgastadas.
Algunos cuerpos tenían una soga atada al cuello estos hallazgos
trajeron a la memoria de los investigadores otros casos descubiertos
en años recientes entre 1993 y 1998 se habían encontrado en todo
el departamento del Risaralda del que Pereira es la capital 9 fosas
y 42 esqueletos, todos de niños varones. Esas cifras alimentaron
toda suerte de teorías en la opinión publica sectas satánica
haciendo ritos de sangre, trafico de órganos humanos, exterminio
nocturno de habitantes de las calles, castigo divino por la supuesta
vida licenciosa que se lleva en Pereira, un cóctel entre prostitución
infantil, pederastia y el dinero fácil del narcotráfico y por
ultimo, uno o varios asesinos en serie.

No había otro tema de conversación
y a pesar de la presión pública, los investigadores no conseguían
un hilo conductor que pudiera dar un atisbo de respuesta. Esto,
aunque desde junio interceptaron teléfonos e infiltraron detectives
en la plaza de mercado y en la calle disfrazados de indigentes el único
resultado fue una grave enfermedad gastrointestinal de un infiltrado
por ingerir comida descompuesta recogido entre la basura. Y aunque
Risaralda era la región mas afectada, crímenes similares habían
ocurrido en 13 de los 32 departamentos del país y por esa misma época
comenzaron a salir de aquí y de allá las piezas de un rompecabezas
que ningún investigador lograba todavía ver como un todo.
El 23 de junio de ese año 1998 aparecieron 3 cadáveres en Génova
(Quindío). Un grupo de investigadores fue enviado desde Armenia, la
capital departamental, alertados por casos previos, querían hacer
una minuciosa recolección de prueba en la escena del crimen pero la
muchedumbre se había metido en el matorral sin dejar un solo
indicio valido, salvo los mismos cadáveres. De regreso a Armenia
comentaban detalles del caso, cuando una secretaria escuchándolos,
cayo en la cuenta que un año atrás desde Tunja (Boyaca) había
enviado una orden de captura contra Luis Alfredo Garavito Cubillos
por la violación y muerte de un niño a quien le habían cortado la
cabeza y cercenado el pene, que luego le introdujeron en la boca.
También a mediados de 1998 se descubrieron 12 osamentas de niños
en distintos puntos cerca del anillo vial a las afueras de
Villavicencio (Meta), el primero de esos cuerpos fue hallado sin
cabeza, el 20 de julio de 1998 a ese le siguieron otros tres entre
el 16 y 17 de septiembre. El rastreo se mantuvo hasta la primera
semana de noviembre, durante ese tiempo encontraron nueve esqueletos
mas de niños entre los 7 y los 16 años.
La agresividad con que Morera actúo con John Iván no era muy común
en su trayectoria de asesino por lo general se acercaba a los niños
con días de antelación y los iba charlando y conquistando con
golosinas y refrescos. Es mas, con John Iván tenia un tema en común,
las loterías y juegos de azar era un apostador de chance, juego en
el que gana quien acierte los últimos tres dígitos de la lotería.
De hecho el día anterior le había apostado 1.200 pesos al numero
275, era su preferido, de los últimos 17 chances que jugo en su
vida de asesino viajero, diez le iban a ese numero. Además de las
apuestas a Morera también le gustaba pasar el tiempo tomando en las
cantinas del pueblo y escuchando música carrilera y de despecho, género
musical muy arraigado en la zona andina de Colombia.
Un día previo al encuentro con John Iván le había metido 1600
pesos a una rockola, eso es música de expertos en carrilera, diría
después un cantinero viejo repasando la lista de canciones que ese
día puso a sonar Morera. A John Iván , después de obligarlo a
pasar el cerco de púas y de internarse unos metros en la zona
boscosa, le ordeno quitarse la ropa quedarse en calzoncillos. Allí
le ato las manos y le reviso los bolsillos del pantalón para
robarle lo que llevaba, Después como hizo con casi todas sus víctimas
lo obligo caminar delante de él en círculos en medio de la maleza
hasta cansarlo. Eran cerca de las cinco de la tarde cuando lo hizo
detener en un cuadrado de hierba libre de vegetación en la finca
Rosa Blanca, allí intento de violarlo.
Entonces fue cuando a John Iván se le desato el nudo en la garganta
y le salieron todos los gritos que tenia atorados desde el momento
en que, hora y medía después, Morera lo había amenazado con el
cuchillo. Gritar como un loco, eso era lo único que podía hacer
para salvar su vida Y lo hizo.
Asesino
en serie
Viola y les saca el corazón a los niños. El 28 de septiembre de
1998 ese fue el titular del Espacio periódico sensacionalista de
amplia circulación y muy leído por los estratos populares que daba
cuenta de tres crímenes en Florencia (Caqueta), ciudad de la selva
amazónica al sur del país, dos de los cuerpos se hallaban
dispuestos de modo que los pies de un cadáver quedaban a la altura
del cuello del otro. Adentro del círculo estaban las cabezas
cercenadas, como un macabro jing-jang Los anos estaban desflorados
abiertos y mirando al cielo igual que el rostro de los niños.
Cuatro equipos departamentales de investigadores y varios detectives
sueltos en toda Colombia trabajaban sobre sus respectivos casos pero
casi nadie levantaba la cabeza para mirar la labor del vecino.

La Búsqueda
Excepto Carlos Hernán Herrera ,
morfólogo que trabajaba en Buga (Valle del Cauca) quien en mayo de
ese año envío un informe a la dirección general del CTI para que
se hiciera una investigación nacional en busca de un asesino que
abordaba a sus víctimas en las plazas de mercado y terminales para
luego violarlos, decapitarlos y cercenarles los genitales. Como
siempre los encontró en plantíos de caña de azúcar los llamo
"Los Niños de los Cañaduzales". Nadie hizo caso de su
petición y fueron tres los cadáveres en Florencia los que
levantaron en la sede del CTI en Bogotá la sospecha de que había
un solo asesino de tras de todas las muertes. Se parecían demasiado
a otros crímenes como los de Pereira y de Villavicencio. Unas
cuantas semanas después estaban reunidos en Pereira distintos
investigadores que terminaron por descartar la hipótesis restantes
satanismo, trafico de órganos, etc. y solo quedo la de un violador
y asesino en serie. Además se hizo un listado de mas de cien
sospechosos, que finalmente se redujo a diez. Todos tenían
antecedentes de acceso carnal violento.
A principios de noviembre, todas las secciónales recibieron la
orden de informar sobre casos como el de Florencia. Después les
llego una citación para una reunión nacional en Pereira a finales
de Enero de 1999 siete años después de la primera víctima.
Comenzaba el envió definitivo para capturar al asesino.
Oiga hijueputa que le esta haciendo a ese niño la voz era la
de un chatarrero de 16 años que había ido a fumarse un cigarrillo
de marihuana cuando escucho el grito de John Iván . De inmediato
fue en su ayuda. Al verse descubierto, Morera le corto a John Iván
la soga de los pies. Vamos mas para allá le dijo . Esa fue la
ultima orden que le dio a John Iván y la única que el niño no le
obedeció pues corrió hacia donde estaba el chatarrero que se armo
de piedra y comenzó a tirárselas a Morera, que empezó a
perseguirlos. Corrieron como desaforados por unos 600 metros bajando
por una pendiente que daba a una quebrada, el chatarrero adelante y
John Iván con las manos a la espalda, detrás de él, cruzaron un
modesto puente de guadua un tallo fibroso y muy resistente y cien
metros mas adelante encontraron una casita prefabricada, allí
estaba Magali , una niña de doce años, que vio pasar derecho al
joven y de tras a John Iván . Que le paso, hay un tipo que me
quiere matar y violar. Métase aquí y nos escondemos los dos. No
por que nos mata a ambos corra, corra, le grito desde la distancia
el chatarrero. John Iván le hizo caso sin darse cuenta de que
Morera ya no los seguía, intimidado quizás por la niña y la casa,
ubicada a espaldas del concesionario de maquinaria agrícola Casa
Toro, adonde en pocos instantes llegaron el par de niños, jadeantes
y presas del pánico, a tiempo que Morera se acercaba donde Magali,
también aterrorizada.
Como se sale de aquí le pregunto Morera. Ella con el corazón que
se le salía, le señalo el camino hacia casa Toro, Morera asintió
y siguió su camino, para internarse de nuevo en la espesa vegetación.
El terremoto del eje cafetero, ocurrido el 25 de enero de 1999,
pospuso varios meses la cumbre citada desde Bogotá . Ese
aplazamiento, sin embargo, no detuvo las investigaciones.
El
asesino tiene rostro
En Armenia desde finales de 1998 los funcionarios del CTI empezaron
hablar con los familiares de Luis Alfredo Garavito, el hombre que
tenia orden de captura en Tunja, establecieron un perfil psicológico
y llenaron un álbum con fotos suyas. El 14 de Abril hablaron con
Luz Mary Ocampo, excompañera sentimental de Garavito. Ella describió
como un hombre cariñoso y amable mientras no tomara un trago, había
guardado un costal con papeles de Garavito que luego le entrego a
Stella, una hermana del sospechoso. Cuando los detectives llegaron a
él se encontraron un portentoso archivo personal talonarios de
ahorros con movimientos detallados, libretas con fechas ,
actividades citas personas visitadas, tiquetes de transporte
intermunicipal y tarjetas de hospedajes .Todo un itinerario de años
de una tremenda movilidad que asombro a los investigadores.
Esos registros minuciosos sirvieron para completar, luego de múltiples
entrevistas y pesquisas el retrato de un hombre nacido en Génova
(Quindío) el mayor de siete hermanos cuatro hombres y tres mujeres
que fue maltratado por su padre desde niño mientras su madre
guardaba una actitud pasiva frente a los afueros de su marido, que
estudio hasta quinto grado de primaria en el Instituto Agrícola de
Ceilan (Valle del Cauca), que salió de su casa a los 16 años después
de un altercado memorable con su padre y se empleo como ayudante de
un par de supermercados de donde lo despidieron por permanentes
peleas con clientes, compañeros y jefes, que a los 21 años había
pasado por Alcohólicos Anónimos y que durante cinco años recibió
tratamiento psiquiátrico en una clínica del Seguro Social de
Manizales, la tercera ciudad que compone el eje cafetero, junto con
Pereira y Armenia, que los equilibrios emocionales lo llevaron al
borde del suicidio y que después de ese tratamiento comenzó su
vida de vendedor ambulante el los departamentos de la zona montañosa
del país.

En esos recorridos, fue afinado
sus artes de mentiroso, embaucador y camaleón. Entraba a los
colegios con documentos falsos de instituciones para ayudar a los
ancianos y los niños, se disfrazaba de monje, mendigo o
discapacitado con muletas o cuellos ortopédicos y entonces se
mostraba humilde y abandonado de la mano de Dios. Tanto que logro
salir de la cárcel de Tunja , acusado de violación y asesinato ,
acentuando el límite a su imagen de desamparo hasta que el punto
que la Defensoría del Pueblo presiono para la liberación del
hombre solo y abandonado, sobre el que no pesaban pruebas
contundentes. Durante esos años se dejaba crecer el cabello y la
barba por temporadas así lo vieron en su pueblo natal y sufría de
permanentes crisis depresivas, vendía estampitas del Papa Juan
Pablo II, de la virgen del Carmen y del Niño Dios, merodeaba las
plazas de mercado y arrendaba cuartos en casas humildes de barrios
pobres y marginales, se ganaba la confianza de los niños, con
dulces, cuadernos y bebidas, y era muy amable con ellos.
Los que no lo describieron así fueron sus vecinos a quienes les
recordaba pleitos de borracho. Nunca se caso ni tuvo hijos pero vivió
con dos mujeres mayores que el, a cuyos hijos siempre respeto y que
luego lo evocaron como alguien cariñoso y especial. A la casa de su
padre volvió en contadas ocasiones, precedidas de tormentas
emocionales y un terror de niño asustado. Cuando visitaba al papá
le daba crisis de angustia y se bajaba con tembladera y vomito del
carro que lo llevaba a la casa, contaría después uno de sus
familiares. Ya sabían casi todo sobre él, menos el dónde, en que
ciudad o pueblo de Colombia podían atraparlo.
El
arresto
Mire Mama ese es el hijueputa que me quería violar gritaba
desesperado John Iván y lo señalaba desde la patrulla policial. La
estratagema del cabo Pedro Babativa había dado resultado, alertado
por una llamada, llego con los agentes Cesar Augusto Rojas y José
Tinjaca, con quienes se metió en el bosque a buscar a Morera.
Anochecía cuando salieron del monte y al local de maquinaria habían
llegado vecinos del barrió del frente y taxistas.
Con toda esta gente y tanta bulla el hombre no va a salir, pensó
Babativa y se jugo una carta riesgosa, intento disuadir a la pequeña
muchedumbre para que se fuera a sus casas, señores a esta hora ya
que se puede hacer y el hombre debe andar quien sabe adonde. Conato
de motín, que claro, por eso es que nunca atrapan a los criminales
que ineficacia, que desidia y que lo vamos a acusar ante sus
superiores.
Una vez Babativa controlo al publico, ordeno que montaran al niño,
a su mama y a su abuela llamadas de urgencia a la casa de un vecino
en la patrulla con uno de los policías. El abordo un taxi y el otro
efectivo hizo lo propio . La orden era fingir que se marchaban pero
que los taxis dieran vueltas utilizando los retornos del anillo
vial. La descripción de Morera ya la tenían. No hizo falta esperar
nada. Apenas la patrulla avanzo unos metros cuando John Iván , recién
bañado y vestido con una bata por un empleado, fue el primero en
verlo venir. Tranquilo, tranquilo le dijo el agente y de inmediato
le comunico a Babativa la noticia, señalándole, equivocadamente al
sospechoso.
Cuando lo abordo Morera le dijo que venia de Acacias, una población
vecina, que era vendedor ambulante que su cédula era la numero
12,120, 692. de Neiva (Huila), pero como no la tenia a mano le enseño
la factura de una compraventa, que vivía por ahí cerca y que lo
estaban confundiendo con otra persona, Babativa no terminaba de
creer que ese fuera el presunto violador, a pesar de que las señales
físicas y el vestuario camisa color crema con rayas negras pantalón
caqui y zapatos marineros coincidían con la descripción de John Iván
. Llegue a pensar que no era el, el hombre tiene una mirada serena,
es muy tranquilo, se muestra como una persona muy noble y respetuosa
. No es grosero y párese muy bien hablado, contaría año y medio
después el ahora sargento Babativa.
Pero si venia de otro pueblo como le estaba diciendo se pregunto
entonces por que Morera traía grama y erizos de mala hierba en toda
la ropa, embarrados los zapatos y los antebrazos de la camisa .
Tenia que venir del monte, que a esa hora suele humedecerse con un
rocío similar al de las madrugadas.
Luego vino la revisión de la mochila, había un metro de cuerda
roja , varios papeles, un cuchillo de mesa y un tarrito cromado con
las palabras vaselina pura sobrepujadas en la tapa. En los
pantalones traía doscientos mil pesos en billetes de veinte mil.
Aparte en el bolsillo de la camisa, llevaba un billete de diez mil
pesos en la que resaltaba el numero 740 escrito con bolígrafo rojo.
había atrapado al violador.
El morfólogo Carlos Hernán Herrera de impecable bata blanca,
apoyaba con imágenes cada uno de sus hallazgos sobre el asesino de
los niños de los cañaduzales. Los datos mas reveladores provenían
de un levantamiento realizado el 8 de febrero anterior, el cadáver
del niño quedo tendido encima de 179.000 pesos en billetes.
El asesino huyo de repente. Por que el cañadulzal, a punto de corte
empezó a arder, En su afán dejo al lado del cadáver sus propios
pantaloncillos, los zapatos, una peinilla, un destornillador y los
anteojos, que quedaron a medio quemar. A partir de esa evidencia sin
conocer a Garavito ni a Morera, Herrera concluyo que el asesino debía
tener cuarenta años, 1,65 metros de estatura contextura delgada,
bajo extracto social y que cojeaba de la pierna derecha uno de los
zapatos estaba notablemente mas gastado que el otro.

Del seguimiento de los billetes
concluyo que estos habían sido puestos en circulación en Cauca,
Nariño, Caqueta , Valle y Antioquia, logro una aproximación del
rostro del asesino a partir de los puntos donde los anteojos hacían
contacto en la cara. Era el 14 de julio de 1999 y Herrera exponía
sus conclusiones en la cumbre de investigadores citada en Pereira y
aplazada por el terremoto en el eje cafetero. Los detectives del CTI
de Armenia escuchaban emocionados y ansiosos la presentación de
Herrera y estaban seguros de saber quien era el hombre al que el se
refería sin conocerlo. Apenas llego el momento les contaron a sus
colegas cada uno de sus hallazgos.
El perfil psicológico de Garavito, los antecedentes familiares y
las declaraciones de testigos que lo vieron en Tulúa (Valle del
Cauca). Como prueba tenían una foto tomada allí, aparecía en
chanclas negras, calzoncillos amarillos y mirando a la cámara. El
brazo izquierdo y la espalda mostraban huellas de recientes
quemaduras de segundo grado. Los investigadores de Villavicencio
reconocían al hombre de la foto y sus quemaduras en brazo y
espalda, además una plantilla en el tobillo izquierdo que lo hacia
cojear, coincidían con los análisis del morfólogo de Buga pero el
que tenían preso se llamaba Bonifacio Morera Lizcano. Sacaron sus
tarjetas de sus huellas dactilares y las compararon con las de
Garavito. No había duda, el hombre al que buscaban ya estaba preso.
Ahora había que encontrar las pruebas que ante los jueces
demostraran inequívocamente la responsabilidad de Garavito en cada
uno de los casos. También debían lograr la confesión, que
facilitará el juzgamiento. Aumentaron los allanamientos y las
pesquisas. En Pereira encontraron un segundo bulto de papeles con
sus itinerarios hasta mediados de 1998 según los cuales estuvo
varios días en Ecuador, donde no hay reporte de asesinatos
similares. El tercer paquete, incluía el lapso faltante hasta el 22
de Abril de 1999, fue hallado en Villavicencio. A l final de la
reunión hubo un acuerdo general, discreción absoluta y de esto no
debe saber nada Garavito en Villavicencio, hay que seguir llamándolo
Bonifacio Morera Lizcano , que no vaya a sospechar que sabemos quien
es en realidad por que puede terminar suicidándose . Fueron siete
horas de indagatoria sin resultado. Era el 28 de octubre de 1999 y
en Villavicencio La Fiscal Octava de Armenia estaba bien
documentada, 118 casos de niños asesinados cuyas fechas y lugares
de muerte concordaban perfectamente con la información extraída de
los tres bultos de papeles y las pesquisas. Morera se sorprendió
cuando lo llamaron por su nombre real: Luis Fernando Garavito
Cubillos, con cédula 6,511, 635 de Trujillo (Valle del Cauca).
Y se sorprendió cada vez mas cuando le preguntaban si había estado
en tal sitio en la fecha, conocido a tal niño, o alojado en tal
casa. Todo lo negó . Todo entre las once de la mañana y las seis
de la tarde. La diligencia se suspendía en ese punto. Entonces
ingreso uno de los cinco investigadores responsables de centralizar
toda la información. Solo le tomo medía hora contarle a Garavito
un resumen de su vida. Que había nacido en Génova Quindío y no en
Neiva (Huila) y que estudio hasta quinto de primaria, que tenia 42 años
y no 36, que era cinco centímetros mas bajito que el verdadero
Morera. Que había estado en Alcohólicos Anónimos y bajo
tratamiento psiquiátrico. Le dijo a que niños, cuando y adonde lo
había abordado, se lo decía al oído, como susurrándole cada
crimen y Garavito escuchaba quieto y apretando un pañuelo blanco en
su mano derecha. Los apodos el loco, Tribilín, Conflicto o el Cura,
los disfraces, de peleas, las varias entradas a la cárcel la forma
como escapo en Tunja, las compañeras que tuvo y con quienes vivió
de cuando en cuando, hasta que Garavito no pudo mas y se lanzo de
rodillas al piso y dijo juntando las manos al cielo.

La
confesión
Yo les quiero pedir perdón por todo lo que hice y voy a confesar.
Si, yo los mate y no solo a esos, mate a otros mas les dijo. Pidió
que lo escucharan. La verdadera indagatoria apenas comenzaba. Después
de la crisis de llanto Garavito se sentó. Saco una libreta pequeña
vieja y arrugada, y se detuvo en una pagina con números y unas
rayitas. Era su propia estadística, año por año, de los
asesinatos cometidos, no eran 118 sino 142 y les señalo la ubicación
exacta de cuatro cadáveres dejados a su paso por Granada (Meta). Su
relato duro otras siete horas. Confeso que a los niños no les
tapaba la boca ni los ojos, que se emborrachaba y fumaba durante el
rito con un método que afino durante años y que consistía en apuñalarlos
al principio en el corazón y que luego cambio por cuchilladas en
las nalgas, las manos , en las bajas costillas y que finalizaba con
un corte total o parcial de la cabeza. También y solo al principio,
los ahorcaba con sus propias manos. Que los dejaba a medio enterrar.
Que estaba arrepentido.
Durante la delirante jornada confesión le pidieron que dibujara un
niño, lo hizo muy largo y recto, muy pulcro , y de camisa y pantalón,
quizá su niño ideal. En pruebas psicológicas posteriores vio
demonios donde había ángeles y negó la presencia de un pene donde
este era evidente. En otro dibujo de figura humana, los ojos eran
espirales, el estereotipo del loco en las tiras cómicas. Le
diagnosticaron personalidad esquizoide con componentes psicopáticos.
Mataba niños bonitos por que representaban lo que el no fue durante
su infancia, pero la edad promedio de las víctimas y su estrato
social si representaban al niño Garavito cuando fue violado por dos
hombres y en distintas ocasiones cuando estudiaba e Ceilan (Valle
del Cauca).
Una vez liberado de la presión de la búsqueda en su contra, dijo
que no sentía culpa de sus asesinatos por que estaba liberando a
los niños de los males que el había tenido que sufrir. Además
algo dentro de si le decía que tenia que obrar como lo hizo. Los análisis
psicológicos y psiquiátricos hechos durante el año que ha corrido
muestran a un hombre con problemas de identidad sexual, para quien
el cuchillo tiene un doble significado de placer y dolor. Quizás ,
piensen los psicólogos, escribía cada detalle de sus actos porque
sabia que algún día seria descubierto y tendría que rendir cuenta
y razón de sus actos. Los jueces, hasta hoy, lo han condenado a 865
años de cárcel por 32 casos juzgados y cerrados.
En otros 27 procesos, Garavito se ha acogido a sentencia anticipada,
lo que implica rebaja de penas. Y aunque llevara años saber la suma
exacta de pena, lo mas probable es que esta llegue a 50 o 60 años.
La muerte a la que Garavito le tiene miedo de ninguna manera le será
impuesta. No es un castigo previsto en las leyes nacionales, pero si
por los reclusos de las cárceles, que matan a un violador de niños
apenas tengan la ocasión . Y no son los únicos que lo quieren
muerto. Desconocidos lo han intentado envenenar a través de la
comida y hoy por hoy hay un funcionario responsable de verificar que
sus raciones provengan de las mismas ollas que las de los presos de
la Cárcel Distrital de Villavicencio. Por eso lo han cambiado
varias veces de prisión. Siempre aislado, salvo las esporádicas
visitas de una creyente evangélica que quiere hacerlo reencontrar
con Dios . Afuera 142 familias esperan justicia.

Mi confesión
Introducción - Viaje a la mente asesina de "la
Bestia"
Mi encuentro con Garavito
Por: Mauricio Aranguren Molina.
Al caer la tarde su celda recibe
la sombra de la garita principal, su cautiverio está tan cerca de
los guardianes como de la calle, a diez pasos largos para ser
exactos. Luis Alfredo Garavito puede ver todos los días quién
entra y quién sale del penal; se entretiene observando cómo se
abren y se cierran las puertas de color azul claro. Ahí estaba yo,
frente a los guardias de la cárcel judicial del Distrito de
Villavicencio, dejando el celular y mi cédula, para visitarlo de
sorpresa. De haberle avisado que vendría a verlo, no estaría yo
relatando este encuentro: odia a los periodistas pues el afirma que
lo han tratado sin consideración, razón para evitar al máximo
este tipo de visitas pero él es caprichoso y selectivo, "…de
pronto recibe a uno que otro…", me dijo el director de la cárcel.
Su única ventana no tiene barrotes y la puerta de su cautiverio,
menos. En realidad, su celda es una pequeña y antigua bodega de
granos, adaptada especialmente para él, lejos de los pabellones, en
la zona administrativa del penal y justo al lado de un teléfono público.
La puerta verde, de metal delgado siempre permanece cerrada por
fuera con un sencillo candado. Desde allí me vio, al correr
sutilmente la cortina para que yo no lo notara, pero no hacía
falta, nunca me lo hubiese imaginado recluido ahí.
Quizás los únicos conscientes de la peligrosidad de "la
Bestia", escondida en su piel de cordero, sean quienes lo
investigaron, unos cuantos funcionarios judiciales que si se han leído
los 500 folios de su confesión y yo. Por eso no lo imaginaba en
aquel cuartito, con mínimas medidas de seguridad.
En todas las cárceles de Sudamérica existe un lugar para los
presos poco conflictivos, aquellos que buscan alejarse de la ley del
hampa de los caciques en el interior de los pabellones. Algunos
presos 'distinguidos' o con recursos económicos pagan por ser
llevados allí, otros se ganan el traslado al lugar por buena
conducta, y hombres como Luis Alfredo Garavito porque literalmente
lo picarían en pedazos al dar el primer paso en los patios de la cárcel.
Sin embargo, ''la Bestia'' tiene una característica adicional, poco
y nada coincidente con su alias; ''es un reo de disciplina
intachable'', asegura el coronel (r) Filiberto Salcedo. Por ello es
tratado con alguna consideración, Cuando él pide permiso para
caminar, un guardia está autorizado para abrir el candado y acompañarlo.
En compañía del sargento, los fines de semana, Garavito se pasea
frente a la oficina del director de la cárcel o con el guardia
Bejarano los días hábiles. Ellos son los encargados de servirle a
diario la comida y tienen la responsabilidad de evitar que Garavito
sea envenenado.
-¿Coronel no considera usted inseguro sacarlo a pasear por donde
transita tanta gente?
"No, desde que no haya por ahí ningún niño no le veo
inconveniente, lo sacamos al sol y él no pone problema por
nada", me aseguró confiado el director, mientras conversábamos
sentados en su oficina.
Es asombroso como Garavito se ha ganado poco a poco la confianza de
quienes lo rodean, igual como lo hacía con cada una de sus víctimas.
Tanta cordialidad y buen comportamiento es un peligro latente. Yo no
lo dejaría acercar a un ser humano con vida -pensaba-Y de ello me
convencí al hablar con él ese día, pues en algún momento me
dijo: Yo no he confesado muchos crímenes que hice, porque no me han
dado las garantías, yo he matado y mandado matar a mucha gente,
cuando tenía el bar El Dino en Cartago; esos finados no eran
ningunos niños.
Es decir, según esta confesión extrajudicial Garavito mismo ha
matado y mandado matar a adultos que no le caían bien, y puede
volverlo a hacer en la misma cárcel o en un plan de fuga. Después
de comunicarle mi interés en hablar con él, siendo, además, su única
visita de aquel sábado, el coronel me contó, camino a su celda,
que Garavito había pedido traslado para la cárcel de Armenia y le
fue negado:
"Aunque él se porte bien, no deja de ser un riesgo tenerlo aquí,
la incomprensión de los otros internos da para que lo maten."
Mientras caminábamos hacia la puerta del penal, el director de la cárcel
me decía que desde cuando aquél está preso, las únicas personas
en visitarlo son algunos evangélicos.
Eran las 9 de la mañana cuando llegamos al remedo de celda. El
coronel, con voz fuerte, lo llamó:
-¡Garavito, aquí está el periodista que vino a verlo; sargento,
abra el candado!
Apartó la cortina tímidamente y apareció detrás del marco de la
ventana, alguna vez con vidrios, hoy sellada, a manera de reja. Al
tenerlo frente a frente me impactó su aspecto, es otra persona; el
Luis Alfredo Garavito que Colombia y el mundo conocieron tenía
bigote y un tono de piel trigueño. Hoy usa unas lentes con marco de
pasta roja, iguales a los que alguna vez dejó en la escena de un
crimen, su piel tomó su color natural, tez blanca y sus ojos se veían
más verdes de lo que yo imaginaba. Rápidamente le estiré la mano
y lo saludé:
-Buenos, días Alfredo.
El saludo era muy importante, por cuanto odia que lo llamen Luis
Alfredo, porque así lo llamaba su padre.
-Cómo le va periodista, ¿qué lo trae por acá?,- me preguntó
-Quiero que conversemos un rato y nos tomemos un café.
-Bien, entre "murmuró".
Trataba de no pensar en lo que sabía sobre él, para lograr una
percepción real del otro Garavito, el hombre en extremo amable y
servicial. Mientras él preparaba el tinto instantáneo, servía el
agua de un botellón, le ponía las cucharadas de café y éste se
diluía, yo pensaba: ''En la confesión se le escuchó decir que
torturaba, violaba y asesinaba los niños porque sentía un inmenso
placer al hacerlo, sin embargo jamás admitió que sólo alcanzaba
la erección y el orgasmo si golpeaba hasta la muerte a sus víctimas,
en medio del coito contra natura. Esto hace parte de su intimidad,
según él. Quizá jamás lo reconozca, pero la verdad es simple y
espeluznante; satisfacer su sed de sexo y sangre era la razón de
fondo de su proceder. Culpar al resto del mundo es su gran
justificación y adjudicar sus actos a una fuerza del mal que lo
domina es buscar en lo espiritual una explicación a un
comportamiento terrenal, con el único fin de evadir su
responsabilidad ante una sociedad profundamente cristiana.
No ha de olvidarse que su mayor habilidad, aparte de matar, es
mentir, manipular y su odio se manifiesta aniquilando a quien lo
humille o lo ofenda''.
Después de una breve charla de presentación, me preguntó:
-Ahora si dígame, de verdad, ¿para qué vino a verme?
-Yo soy escritor, y la muerte de los 192 niños que usted asesinó,
me impresionó mucho. Quería conocerlo para decidir si escribo un
libro sobre el tema. Para mí es claro que no se puede escribir
sobre usted sin conocerlo.
-No sólo sin conocerme, sin que yo explique qué fue lo que sucedió-
repuso.
Fue ahí cuando quiso desvirtuar la confesión consignada en 500
folios. Sin embargo, para mí era la principal fuente, su historia
contada en primera persona esencia para escribir este libro. Su voz,
sus gestos, su mirada, su razonamiento me eran también valiosos,
como los 4500 folios que había leído con mis dos asistentes de
investigación, o las decenas de entrevistas a fiscales y testigos.
La excelencia del periodismo es entrevistar a la persona y descubrir
su esencia como ser humano. A pesar del malestar que me causaba
estar frente al asesino de niños más grande de América Latina o
del universo, me contuve y lo entrevisté.
Yo solo frente a 'la Bestia' asesina.
Poco a poco me fue insinuando el pago de unos veinte mil dólares si
yo deseaba grabarle una entrevista, o por lo menos cuarenta millones
de pesos. A cada instante citaba publicaciones o canales de televisión
que han divulgado el caso y reclamaba:
Cuentan mi historia, y yo, qué? Si usted y yo llegamos a algún
acuerdo, yo tengo una persona afuera a la cual usted le puede
consignar el dinero.
En ese momento decidí que no se le debía dar un solo peso a
Garavito; además, me iba encargar de advertir que quien lo haga,
quien le dé cualquier dinero por su historia, le estará colocando
un revolver en la cabeza a los fiscales e investigadores de Armenia
y Pereira, a quienes hoy él odia profundamente. Garavito con dinero
y mínimas medidas de seguridad es un peligro mayor. Gigantesco para
esta sociedad tan pasiva e insolidaria.
Para justificar aún más mi presencia allí, le dije que comentaría
su deseo en la editorial. En ese momento se inclinó y sacó de
debajo de la cama una piedra con algunos bordes puntiagudos, la
acercó a mi rostro, me miró y me dijo:
Esta piedra la tengo aquí para todos aquellos que me humillen o me
traten mal, como lo hizo Jesucristo cuando apedreaban a Martha, les
diré a mis detractores: aquí está la piedra, quien esté libre de
pecado que tire la primera piedra.
Sentí pavor y aunque logré no evidenciarlo, de mi mente no se
apartó la imagen del hombre astuto y en extremo precavido que tenía
al frente, el mismo que escogió a sus víctimas de manera
cuidadosa, actuando con premeditación, hasta cuando fue detenido.
Nunca se relacionó con el mundo del hampa y es más inteligente que
la mayoría de los criminales. De ahí la dificultad para
capturarlo.
Para perseguir a delincuentes como él, en Norteamérica y también
en Europa y, Rusia, se han conformado equipos de investigadores
especializados, un grupo de expertos en psicología criminal que
buscan los patrones de comportamiento del psicópata, para descubrir
la construcción de su ruta asesina.
Un grupo como éste no existía antes de Garavito, ni existe aún en
Colombia, a pesar de saber que entre nosotros puede estar gestándose
un asesino igual o peor. Desde principios de siglo existen agentes
especializados en capturar asesinos en serie, quizá la primera
fuerza especial nació a partir del gran fracaso de la Scotland
Yard, al no poder capturar al más famoso de todos los asesinos:
Jack, el Destripador. Además de asesino en serie, Luis Alfredo
Garavito se camufló como panadero, vendedor ambulante, empleado de
supermercado, tuvo heladería, fue falso monje misionero, enfermo
lisiado, administrador de restaurantes y bares, adivinador y
limosnero. Pero en lo único que ha sido constante y exitoso, dentro
de su distorsionado pensamiento, es en sus facetas de violador,
torturador y asesino en serie. Sólo dos de sus víctimas lograron
escapar con vida.
Únicamente pudo ser profesional en algo infame, pero lo fue, hasta
el punto de hacerlo durante 19 años sin fracasar, como le sucedió
en todas sus demás empresas. Dentro de la cultura occidental,
individualista por naturaleza, en la que para alcanzar el éxito en
cualquier actividad se vale casi todo y se es premiado con la fama,
Garavito había alcanzado poco a poco un lugar, maldito, pero un
lugar. Llegó a ser una estrella fatal en los medios de comunicación
masivos.
Gran parte de sus crímenes fueron registrados y, en medio de su
gran cúmulo de frustraciones, él se sentía importante cada vez
que veía cómo sus actos eran registrados en primera página.
Su obsesión por recibir reconocimiento lo llevó a convertir en
fetiche cada artículo de prensa que sobre él o sus actos se publicó.
Los guardó durante años cual trofeos.
El interior de su celda permanece muy ordenado y limpio; las cuatro
paredes están forradas con cuartillas en blanco sobre las cuales ha
escrito innumerables frases extraídas de la Biblia, o sólo nombres
de personajes mundiales, desde Pinochet hasta la madre Teresa de
Calcuta, pasando por Diana de Gales. Dice admirarlos y por eso
estampó sus nombres allí.
En ese momento le pregunté por contactos con Graciela Zabaleta, su
ex mujer, pues me enteré de su viaje a la costa. De inmediato, Luis
Alfredo Garavito empezó a llorar y me dijo: Ellos son los seres que
yo más quiero en el mundo, yo sé que ya no me quieren ver, pero me
gustaría poder verme con ellos y pedirles perdón. Minutos más
tarde, después de secarse las lágrimas, me preguntó cínicamente:
-¿Qué piensa usted de la forma en que yo lloré, lo conmovió?
Evadí la respuesta y solo le comenté que todos los seres humanos
tenemos nuestras formas de expresar los sentimientos. Pero me quedó
clara su recurso magistral de impresionarme con sus lágrimas de
cocodrilo.
Su ruta asesina comenzó el 4 de octubre de 1992 y terminó el 21 de
abril de 1999. Cuando lo capturó un sencillo pero responsable Cabo
de la Policía sin saber que era el mayor asesino de niños del
continente. Durante esos años violó, torturó y decapitó 192 niños
de extracción social humilde. Pero para llegar a matar de esa
manera, ya había hecho mucho daño, y se le podría catalogar en
sus inicios como un cruel violador en masa.
Luis Alfredo Garavito Cubillos, alias "el Mendigo",
"el Monje' "el Cura" "el Loco" "Tribilín"
"Conflicto" "Alfredo Salazar" o ''Bonifacio
Morera Lizcano'', violó y torturó entre 1980 y 1992 un total de
200 niños. Entre octubre de 1992 y enero de 1997, cuando se le libró
la primera orden de arresto, acabó con la inocente vida de 100
menores, y entre el 13 de enero de 1997 y el 21 de abril de 1999
logró matar a otros 92 pequeños, todos hombres, de tez blanca, la
gran mayoría con edades entre los 8 y los 14 años, por lo general
menores, niños trabajadores bien parecidos.
Es egocéntrico, ordenado en extremo, pulcro y vanidoso, al punto de
que dos días después de comenzar la indagatoria pidió el periódico
y sorprendió a todos con una inesperada frase. Cuenta César
Arenas, investigador del CTI, que al mostrarle la primera página
del periódico evidenció su molestia. El funcionario consideró esa
actitud producto del titular: "Bestia asesina 192 niños"
pero no, Garavito se perturbó por algo muy distinto: " ah …
salí muy despeinado en esa foto…", dijo con cinismo al ver
el diario.
En la misma silla donde yo estaba sentado, la fiscal Ofelia Corzo
realizó las dos últimas ampliaciones de indagatoria. Al llegar a
la celda advirtió al guardián que el vidrio de la ventana de
Garavito se había roto, pero no se le ocurrió pedir requisas del
lugar del cautiverio, previendo esconder allí un arma
cortopunzante. En la mitad de la indagación Garavito recogió un
pedazo de vidrio que se encontraba debajo de la mesa y apuntándose
al cuello, mirando fijamente a la fiscal dijo: "Este vidrio está
bueno para …" Luego lo desplazó a pocos centímetros de su
cuello. Confiesa la doctora Corzo haber sentido en ese instante pánico,
supongo igual al que padecía yo cuando me puso la piedra en la
nariz.
Comenta ella haberle dicho: "Señor Garavito, si lo va a hacer,
no creo que se le ocurra aquí, usted es una persona muy pulcra y no
va a dejar su reguero de sangre; si insiste hágalo en el baño, allí
sí no ensucia nada". Después de 22 días de confesiones, la
fiscal sabía como tratarlo.
Luis Alfredo Garavito es uno de esos casos extraños en el universo
de los psychokillers o asesinos en serie. Es psicópata, psicótico,
y estuvo a un paso de convertirse en un spree killer, o asesino que
mata a varias personas en sitios distintos en un lapso breve de
tiempo.
Como el mejor de los psicópatas, planeó de manera minuciosa su
estrategia asesina, estudió fríamente a sus víctimas y las despojó
de sus características humanas; "cosificaba" los menores,
convertía a cada niño en una cosa con la cual satisfacer sus
deseos de sexo, venganza y sangre, por encima de cualquier
consideración moral o social. De manera extraña, y a diferencia de
los psicópatas clásicos, él sí sufría remordimientos y
profundas crisis por cada asesinato cometido, convirtiéndose, también,
en un psicótico: se emborrachaba y entraba en graves estados de
paranoia y esquizofrenia, su visión de la realidad se distorsionaba
y se veía impulsado a matar a sus víctimas en medio de sus
alucinaciones. Horas más tarde retornaba a la lucidez, para ser
invadido por el remordimiento.
Fuera de la indagatoria y de manera informal, Garavito también
confesó su deseo de convertirse en un asesino en masa, similar a
los niños pistoleros que han masacrado a sus compañeros en las
escuelas estadounidenses, o igual a aquel excombatiente de Vietnam
que nunca olvidara Colombia: Campo Elías Delgado, quien disparó en
contra de su madre, la incineró, asesinó varias personas en su
edificio y después masacró en el restaurante italiano Pozzetto de
la carrera séptima con calle 61 de Bogotá a 20 comensales, no sin
antes tomarse varios 'destornilladores' (vodka con zumo de naranja)
y comer su pasta preferida acompañada de dos botellas de vino
tinto.
Garavito en su confesión afirmo: Llegó un momento en el que me
aburrí de asesinar niños, por lo fácil que era seducirlos y
llevarlos hasta un lugar boscoso donde los mataba. Me estaba
preparando para hacerlo con adultos … yo quería secuestrar a un
montón de personas para matarlas ante los periodistas, así me
mataran a mí después…
Este era el final que Luis Alfredo Garavito quería darle a su vida,
lo estaba planeando y ya comenzaba a desearlo de manera obsesiva en
lo más profundo de su compleja mente.
Al conocer el macabro show que quiso montar para cerrar su carrera
asesina, se despierta aún más el deseo de escudriñar, ir al
principio, preguntarse dónde comenzó todo, conocer la verdad sobre
su infancia y saber por qué y cómo se fue formando "la
Bestia".
El 13 de diciembre de 1999 fue dictada la primera y única condena
proferida a Luis Alfredo Garavito Cubillos. El Juez quinto penal del
circuito de Tunja lo sentenció a 52 años de cárcel por el delito
de homicidio agravado contra el niño Ronald Delgado y acceso carnal
violento en el grado de tentativa por el caso, motivo de su captura.
La máxima pena establecida por el código penal colombiano es de 60
años. Garavito de manera astuta, al verse acorralado confesó sus
delitos y se aseguró que quedara consignada en la indagatoria su
petición de sentencia anticipada, la cual se tradujo en la primera
pena mencionada.
Así los familiares de las demás víctimas quisieran verlo pagar
los 60 años completos, o mejor, la sumatoria de los otros 191
asesinatos, que alcanzaría para unos 1.152 años, eso no es
posible. En Colombia la ley no permite acumular penas y a un
sindicado sólo se le puede aplicar la máxima sanción establecida
en el código penal. Para el mismo crimen. Sin importar la gravedad
de los crímenes el delincuente puede conservar los beneficios. En
otras palabras, en Colombia es lo mismo matar 1 ó 192 niños
indefensos.
El psicópata más peligroso en la historia de Hispanoamérica ya
goza de la primera rebaja de pena, y lo increíble pero cierto
consiste en que la condena puede reducirse aún más si Garavito
estudia, trabaja, enseña o escribe un libro tras las rejas. Si esto
sucede, la ley actual obligaría al juez a concederle la libertad
condicional dentro de 25 a 30 años, beneficiándolo con una rebaja
de la mitad de la pena o más. Para ser exactos, "la
Bestia" podría salir de la cárcel a los 68 ó 70 años de
edad.
Por esta razón, el hoy supuestamente arrepentido Luis Alfredo
Garavito Cubillos tiene la intención de abandonar la prisión más
pronto de lo que muchos quisieran. En la apelación a su condena le
envió una carta de su puño y letra a Francisco Díaz Torres, juez
quinto penal del circuito de Tunja. Allí, el asesino que nunca tuvo
clemencia con los niños, hoy implora un trato humanitario y revela
su serio interés de salir muy pronto de la cárcel del distrito en
Villavicencio, donde continúa recluido.
|
(Sic)
Señor juez quinto Penal del Circuito De Tunja:
Yo Luis Alfredo Garavito Cubillos Con Cedula numero
6511635 de Trujillo Valle. Sustento ante ustedes el
recurso de apelación contra la condena que se me notificó
el día miércoles 12 de enero del presente año, para que
principalmente se me tenga en cuenta la reducción de pena
por confesión que ayudó a su despacho a aclarar el caso.
Hay que tener en cuenta que por muchos factores el
promedio de vida en el momento actual es de 70 años;
tengo 43, más 52 años de condena serían 95 años que
sería una cadena perpetua; según tengo entendido en
nuestro país no hay cadena perpetua; eso es lo que más
he pedido, un trato humanitario y formas de rehabilitarme,
de poder ser alguien en la vida ya que la vida y las
personas y desde el vientre de mi madre siempre se
manejaron muchas cosas, si a mí se me hubiera brindado
afecto, cariño, orientación desde niño y más adelante
cuando fui adulto; si no hubiera sido por los traumas de
mi infancia y muchos hechos dolorosos que siempre me
rodearon, había podido realizarme como un ser Humano,
como lo que mandó Dios, dejarás a tu padre y a tu madre
y formarás tu propio hogar y tendrás tus propios hijos,
eso fue lo que siempre anhelé, tener una esposa unos
hijos y ser alguien en la vida, sirviéndole a la familia,
a la sociedad y al estado, sin causarle daño a nadie.
Siempre desde niño tuve muchas frustraciones, todo me salía
mal, yo fui un hombre bueno, sufría y me daba mucho dolor
cuando los demás sufrían. Había algo que me acontecía,
no sé, que repasaba era algo extraño que me obligaba a
ser esto y embriagarme y cuando volvía a mi estado normal
yo sufría terriblemente porque yo a nadie le podía
contar qué era lo que me pasaba, que era algo extraño y
terrible; mas nunca me metí con los hijos de mis amigos y
de la gente que era buena conmigo, yo los respetaba, antes
los aconsejaba al bien, los veía como si fueran mis
propios hijos, mas la señora que compartió el techo
conmigo al hijo de ella yo lo quería como si fuese un
hijo mío, nunca lo irrespeté ni con mi pensamiento, yo
no veía la forma de yo salirme de esto tan terrible, es
algo que yo no sé explicar, mas nunca pensé hacerle daño
a Ronald Delgado Quintero; lamentablemente se apareció
cuando yo estaba bajo ese estado; y a las circunstancias
como lo maté me vengo a enterar cómo fue que quedó el
cuerpo y pasa, seis meses después, estando en Pasto donde
decía en la revista Vea, donde decía una cantidad de
calificativos y también que me daba de cuarenta a secenta
años de prisión, yo pensaba que si me entregaba a mí me
mataban, entonces ahí fue donde decidí cambiarme de
nombre y estar en la clandestinidad, a mí me faltaron fue
oportunidades, falta de orientación y haberme encaminado
por la senda del bien. Personalmente pienso como decía el
apóstol San Paulo en Romanos, capítulo 7, versículo 15,
porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que
quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Aparezco como un
ser diabólico, despiadado y malvado pero eso no es así,
soy un ser humano que sufrí terriblemente y sigo
sufriendo y que muchos factores fueron los que me abocaron
a tan terrible situación y que hay que entrar a analizar.
Hoy bajo otros parámetros que me encuentro sé el daño
tan terrible que hice sin querer hacerlo, mas no con esto
que estoy diciendo estoy pidiendo la libertad, sino una
rebaja en la pena y unas condiciones humanas, que yo la
pueda pagar y no por el contrario me acaben de destruir y
de hundir más.
De la
atención que preste a ésta le quedo altamente
agradecido.
Luis Alfredo Garavito Cubillos. (sic)
|
En pocas páginas comienzan a
sobresalir los rasgos más profundos del desequilibrio mental, el
poder manipulador y la doble personalidad de Garavito.
Después de leer su carta de apelación, quien no conociera a
"la Bestia" y lo que hizo con cada una de sus 192 víctimas,
podría pensar en atender sus reclamos y otorgarle algún
beneficio tras las rejas, admitiendo que quien sufre una violación
se convierte fácilmente en un violador o un pederasta. Y que el
maltrato sufrido cuando era niño es la razón de su accionar
violento cuando llegó a ser un adulto.
Pero Luis Palacios en su libro Pyscokillers, Anatomía de un
asesino en serie, despeja con una reflexión de fondo las dudas
que despiertan los psicópatas al mostrarse como corderos
arrepentidos:
"El error en el que está cayendo Occidente es creer
demasiado en sus propias mentiras. ¡El hombre es bueno por
naturaleza! De la herencia de tantos y tan grandes pensadores sólo
se ha escogido a Rousseau, gran hipócrita ganador en la batalla
perdida de la ilustración, sin prestar atención al sabio
relativismo de Voltaire o las oscuras advertencias del Marqués de
Sade. Todo pensamiento que rige hoy las democracias occidentales
parte del ideal de que el hombre llega a la vida puro y en blanco,
y que es sólo el condicionamiento exterior el que lo convierte en
un futuro asesino. Científicos e investigadores se hallan cada
vez más cerca de demostrar precisamente lo contrario. La
violencia, la agresividad sexual, el instinto asesino, como muchas
otras cosas, forman parte de nuestro acervo genético. La sociedad
fue creada no porque el hombre sea bueno por naturaleza, sino por
todo lo contrario… la sociedad es la única manera de controlar
al criminal. Pues ambos, criminal y víctima, son el mismo:
nosotros".
Desde el 28 de octubre de 1999, día en el que fue presionado para
que confesara, Luis Alfredo Garavito se ha mostrado como producto
de su terrible infancia y ha manifestado su profundo
arrepentimiento, pero sólo después de verse cercado por
investigadores y fiscales. Por esto es considerado clínicamente
un mentiroso patológico, que desconoce en su accionar el
significado moral o social de términos como el bien y el mal.
El de Garavito no es un caso como el del asesino psicótico y
fetichista norteamericano Charles Herirens, quien comenzó robando
los interiores de las mujeres que atracaba y terminó matándolas
a cuchilladas. Cuando fue consciente de encontrarse por momentos
fuera de sí, asesinando personas inocentes, dejó un mensaje
escrito con el lápiz labial de su víctima: "Por amor de
Dios, deténganme antes de que vuelva a matar. No puedo
controlarme…"
Mi conversación con Luis Alfredo Garavito terminó después de
hablar ocho horas sin parar. Eran las cuatro de la tarde cuando me
despedí y con la amabilidad que lo caracteriza cuando esconde
"la Bestia" que lleva por dentro, se despidió y me
invitó a convertirme en su amigo y regresar a la cárcel para
conversar. Le dije que volvería, convencido en mi interior de no
hacerlo nunca jamás. Entonces, me acerqué a la ventana y grité:
¡sargento! Nadie aparecía, estaba a merced de Garavito; entonces
llamé con mayor fortaleza. En ese momento me insistió en dejarle
mi pequeña cámara fotográfica herramienta vital de mi trabajo más
bien le susurré …tomarnos una foto juntos para registrar este
encuentro. Sin dilación exclamó: ¡Cómo se le ocurre, hay que
hablar primero de dinero!
No insistí. Entonces grité más fuerte: ¡guardias!. Aquellos
instantes parecieron eternos, mientras Garavito me insistía en
dejarle la cámara. Su rostro denunciaba alguna molestia y nada
que llegaba el sargento. Sólo pude descansar cuando el guardia
abrió el candado. Pocas veces en mi vida de periodista he sentido
tanto miedo. En el pasado he entrevistado, guerrilleros,
delincuentes, paramilitares con el temor normal, pero convencido
de la existencia de una ética de bandido, que se respeta. Pero
Luis Alfredo Garavito se sale de las normas humanas y en cualquier
momento podría disgustarse conmigo y terminar matándome con sus
manos.
Al despedirme de él y abandonar la celda caminé hasta la puerta,
salí de la cárcel y no sé por qué recordé a una de sus niños
víctimas, Ronald Delgado Quintero. Tal vez porque en su muerte,
como en la de 191 niños más, jamás se sabrá con exactitud qué
hacía Garavito con sus víctimas en la escena del crimen. Lo
conocido, viene del resultado de los análisis forenses de los
cuerpos, más que por testimonio del asesino.
Cuando quise profundizar sobre el, verdadero porqué y el para qué
de sus asesinatos, Garavito, me habló a medias, pero por fortuna
de las manos inmisericordes de "la Bestia" lograron
escapar dos niños, John Iván Sabogal, de 12 años de edad, quien
se salvó sin recibir un rasguño del asesino y dio origen a su
captura, y Brand Ferney Bernal Álvarez, de 16. Su testimonio es
el más escalofriante que se haya relatado sobre el ritual asesino
de Luis Alfredo Garavito Cubillos. Brand Ferney logró desamarrar
las cabuyas que lo ataban de pies y manos, después de ser
accedido carnalmente, golpeado sin descanso y apuñalado siete
veces. Él aún no se explica de dónde sacó fuerzas para correr,
salvar su vida y poder volver a su trabajo, su única pasión en
aquellos años: Entrenar a un recurrente personaje de la
literatura latinoamericana de los años 60, el gallo de pelea.
Recopilación: Mónica Carrión |