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Sin duda, Jack el
Destripador, es parte importante del folklore británico junto
con la niebla de Londres, el té de las cinco, el Big Ben o el
monstruo del Lago Ness.
Este siniestro personaje que mató en varias ocasiones,
siempre lo hizo de la misma manera. No hay ninguna
originalidad en sus actos. Su comportamiento no es diferente
al de otros asesinos que actuaron protegidos por las sombras.
Al igual que ellos, se burla de la policía y envía cartas en
las que reivindica sus crímenes y anuncia los que va a
cometer. Desequilibrado mental y obseso sexual, es movido por
una idea fija que le hace escoger a sus víctimas entre una
categoría social concreta: las prostitutas.
En realidad lo que ha hecho famoso al criminal de las riveras
del Támesis es que haya sabido desaparecer dejando tras él
un completo misterio, propicio para fomentar toda clase de
mitos, hasta los más inverosímiles. Jack el Destripador, no
solamente nunca fue detenido ni visto, ni siquiera percibido,
sino que su repentina desaparición no implicó para nada que
estuviera muerto; ya que mucho tiempo después del caso, su
sombra siguió rondando por las calles de Londres.
Para 1889 uno de los pasatiempos favoritos de los flemáticos
ingleses era resolver el enigma de quién podría ser este
multiasesino. Convertidos en detectives aficionados, cada uno
aportaba su hipótesis sobre la identidad del
"Destripador". Desde las prostitutas de Whitechapel,
sus víctimas predilectas, hasta la reina Victoria, se
atrevieron a formular alguna opinión sobre el tema.
Su primera víctima, Martha Turner, era una vieja prostituta,
desdentada y alcohólica que deambulaba por el sucio barrio de
Whitechapel. Su cuerpo mutilado, entre las 2 y las 3 y media
de la madrugada, fue encontrado la mañana del 8 de agosto de
1888 en una escalera de George Yard. Degollada y luego
destripada, al parecer con un "largo y afilado
cuchillo", su cuerpo había sido cercenado de sus órganos
sexuales de una manera tan metódica que de inmediato se
dedujo que el asesino era un desequilibrado mental. Sin
embargo, este crimen no despertó gran interés. En un barrio
sórdido como era Spitalfields, el caso no resultaba
excepcional. Los diarios apenas lo mencionaron.
El 31 de agosto apareció el cuerpo de Mary Ann Nicholls a la
que se le conocía como Polly, prostituta y alcohólica también,
que muere con la tráquea, esófago y médula espinal
cortados. Se juzgó que la muerte había sido casi instantánea.
Un informe del forense indicaba que las heridas infligidas a
la víctima habían sido hechas por persona experta, con
cortes de absoluta precisión y limpieza
El 7 de septiembre la policía descubrió en el número 29 de
la calle Hanbury, en el mismo barrio, el cadáver de otra
vieja alcohólica y prostituta, Annie Chapman, que presentaba
el mismo tipo de mutilaciones que los cuerpos de Martha y
Polly. Fue en ese momento que el pánico se apoderó de los
habitantes del barrio. Durante las entrevistas que hizo la
policía, algunos testigos afirmaron haber visto a un hombre
como de 40 años, bien vestido y con acento extranjero. Dadas
las características, surgió como sospechoso el judío John
Pizer, zapatero de origen polaco. La acusación no procedió
debido a una buena coartada. Para evitar que la población se
hiciera justicia por su propia mano, los investigadores de
Scotland Yard hicieron una amplia investigación que, como era
de esperarse, no los llevó a ningún lado.
Dichos crímenes hubieran quedado en el anonimato si no es
porque el 27 de septiembre, el asesino se dio a conocer, por
medio de un comunicado enviado a una agencia de prensa
londinense en el que firmaba con el apodo que él mismo escogió
para entrar en la leyenda: Jack el Destripador. A falta de
poder utilizar la sangre de su víctima reciente, la carta
estaba escrita con tinta roja. Explicaba el odio que sentía
por las mujeres de la vida galante y anunciaba otros crímenes.
La policía mandó imprimir miles de ejemplares con la
esperanza de que alguien reconociera la letra para descubrir
al maniático. Este despliegue ocasionó que además de los
habitantes del East End, los londinenses en general, entraran
en pánico.
Esta maniobra de la policía no impidió que Jack atacara de
nuevo. El 29 de octubre comete dos crímenes más en contra
de, como ya era su costumbre, viejas prostitutas: Elizabeth
Stride, sueca conocida como Long Lizz y Catherine Eddowes,
cuyos cadáveres degollados y mutilados con el mismo ritual
preciso y sádico, fueron encontrados en las calles de
Spitalfields.
Pocos días después, Jack envió un paquete que contenía la
mitad de un riñón de una de sus víctimas, a George Lusk,
presidente del comité de vigilancia de Whitechapel, acompañado
de una carta en la que hacía de su conocimiento que la otra
mitad se la había comido frita.
El último crimen atribuido al Destripador, cometido en la
persona de Mary Jane Kelly, aventaja en horror a los
anteriores. Mary Jane, a diferencia de las otras prostitutas,
era joven y bonita. Su cuerpo fue descubierto el 10 de
noviembre en la habitación en la que recibía a sus clientes
en un inmundo edificio del número 13 de la calle Miller's
Court. Seguro de no ser descubierto, Jack se tomó el tiempo
necesario para llevar a cabo su delicada labor. La joven
prostituta no solamente fue degollada y mutilada, sino que
además fue cortada con precisión de cirujano, en mil pedazos
que se encontraron en su habitación. Se cuenta que fue
necesario que los médicos forenses trabajaran media jornada
extra para reconstruir el macabro rompecabezas.
Desde el último hallazgo, los crímenes cesaron, y ya para
los primeros meses de 1889 Scotland Yard suspendió
repentinamente sus búsquedas. Retiraron del barrio a todos
los elementos que aseguraban la vigilancia. Dicha decisión
apresurada provocó desconcierto e indignación entre la
población. Despertó las sospechas de que la policía sabía
más de lo que decía sobre Jack el Destripador.
Todas las especulaciones que se formulaban sobre su identidad,
su desaparición y sobre las conclusiones de las
investigaciones policiacas se incrementaron. Todas,
absolutamente todas las hipótesis, inclusive las más
descabelladas, se adelantaron para responder al sinnúmero de
preguntas que planteaba el caso. ¿Cómo había sido posible
que el Destripador hubiera cometido sus crímenes en un área
de 450 m2, vigilada permanentemente tanto por la policía como
por la junta de vigilancia? ¿Cómo era posible que después
de haber cometido crímenes tan atroces saliera de allí sin
despertar sospechas? ¿De qué manera ganaba la confianza de
sus víctimas?
Las explicaciones fueron innumerables. Para algunos, como Sir
Conan Doyle, el asesino sólo pudo ser una mujer, un policía
o un clérigo; para otros, un carnicero que sin despertar
sospechas podía pasearse con las ropas ensangrentadas debido
a su oficio. Bernard Shaw que no dejaba pasar oportunidad de
burlarse de la sociedad, pensaba que era un "reformador
social" que no había encontrado método más eficaz para
llamar la atención sobre la miseria del proletariado inglés.
En fin, todas esas presunciones no llevaron a ninguna parte.
Para orgullo del Destripador, aún a la fecha existe la incógnita.
Entre los numerosos personajes que fueron sospechosos de ser
Jack el Destripador, merecen ser mencionados: George Chapman,
Montague John Druitt, Edward, el duque de Clarence y James
Maybrick.
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George Chapman
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Montague John Druitt
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Edward, duque de Clarence
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James Maybrick
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George Chapman. Ahorcado en Londres en 1902, por haber
envenenado a tres mujeres, había estado en la capital en
1888. Cuando estuvo en Nueva Jersey, Estados Unidos, en 1889,
crímenes semejantes a los de Jack el Destripador fueron
perpetrados. Fue sospechoso durante algún tiempo y fue
ejecutado sin habérsele comprobado los asesinatos de
Whitechapel.
Montague John Druitt. Abogado londinense de 35 años que se
suicidó poco tiempo después del crimen de Mary Jane Kelly.
Scotland Yard posee un expediente que según la legislación
británica, solamente podía hacerse público 100 años después
de su muerte. Con este indicio se hace de él un candidato
viable.
Edward, el duque de Clarence. Hijo de Eduardo VII y nieto de
la reina Victoria, muerto a los 28 años, poco después de
esta serie de asesinatos. Al joven duque le gustaba la cacería
del ciervo y a pesar de que este pasatiempo era muy
sanguinario el siempre vistió elegantemente. Otro indicio
para acusarlo fue que le gustaba frecuentar los prostíbulos.
La causa oficial de su muerte fue: neumonía, aunque existen
sospechas de que su temprana muerte se debió a la sífilis.
El Dr. William Gull, antiguo médico de la familia real
afirmaba que Jack el Destripador no era otro sino el duque de
Clarence. Desafortunadamente para los aficionados a este tipo
de escándalos, la coartada del duque fue que el 9 de
noviembre de 1888 estaba en Sandringham.
James Maybrick. Nace en 1838 y muere a la edad de 49 años, no
de muerte natural. Para 1883 aproximadamente, se traslada de
Virginia, Estados Unidos de Norteamérica, a Liverpool,
Inglaterra, junto con su joven esposa Florence Chandler a
quien le llevaba 25 años. Para la época de las correrías de
Jack, Maybrick tenía serias dificultades matrimoniales; su
salud se había deteriorado, padecía fuertes dolores de
cabeza a causa de la malaria que había contraído en 1877.
Debido a esta enfermedad, además de ingerir quinina, consumía
una preparación en polvo de arsénico y estricnina, cuyas
dosis fue aumentando durante la siguiente década hasta llegar
a un tercio de un grano (aproximadamente 17 miligramos),
cantidad suficiente para matar a un hombre. La ingestión de
estas sustancias no era inconcebible en esa época; había médicos
que las recetaban.
En suma, estaba bajo fuerte depresión combinada con un carácter
colérico y accesos de rabia que llegaron a materializarse
golpeando, por lo menos una vez, a su esposa de quien
sospechaba le era infiel. Por sus antecedentes se sabe que
conocía muy bien la zona de Whitechapel por lo que no resulta
extraño que tratara con prostitutas.
No hay ninguna coartada para James cuando acontecieron los
asesinatos de Jack el Destripador. Para su mala suerte un
dibujo del Daily Thelegraph del 6 de octubre de 1888 muestra
el rostro de un hombre muy parecido a Maybrick.
Resulta casi imposible demostrar que James fuera el famoso
asesino. De lo que sí podemos estar ciertos es que sí tuvo
motivos, el método y la oportunidad para realizar los crímenes.
Según el informe médico Maybrick murió de gastroenteritis,
pero no es seguro que a causa del arsénico, ya que
precisamente antes de su deceso se había reconciliado con su
esposa y dejado de ingerir sustancias tóxicas. Sin embargo,
el tribunal consideró, sin ninguna prueba material que el
motivo de su muerte fue envenenamiento por arsénico. Por
dicha causa se enjuició y castigó a Florence, la joven mujer
de James.
Tiempo después del juicio, un testigo afirmó que por
casualidad había escuchado una conversación donde se
planeaba la muerte de Maybrick. El caso de Florence se cerró
sin investigarse a fondo, nunca se reabrió a pesar de las
protestas de los norteamericanos. Todo indica que en
Inglaterra nadie quería ver libre a la esposa de James
Maybrick contando lo que sabía de su singular marido. |