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El 4 de agosto de 1892, un rico e
influyente hombre de negocios y su esposa fueron salvajemente
asesinados en su hogar de Massachuttes, Estados Unidos. El crimen
causó una gran conmoción, sobre todo cuando la principal
sospechosa resultó ser la propia hija...
Es sin duda una de las más conocidas asesinas de la historia, sin
duda por lo violento que resultaron los crímenes y el inquietante
juicio que se llevó a cabo.
Tanto a Lizzie Borden como su hermana Emma les resultaba
insoportable la presencia de la mujer que se había casado con su
padre tras la muerte de su madre, hasta tal punto que a menudo comían
en sus habitaciones sin acompañar a sus padres en la mesa. Y cuanto
más tiempo pasaba, más resentidas se mostraban.

Andrew y Abby Borden
El 4 de agosto de 1892, Emma se
había ido a casa de una amiga, y sólo Lizzie bajó a reunirse con
la criada, quién estaba preparando café.
Alrededor de las 11 de la mañana la mayor de las Borden descubrió
el cadáver de su padre, quien había recibido once hachazos en el
cráneo mientras dormía en el sofá. La criada la oyó gritar:
"¡Bridget, rápido, baja! ¡Padre está muerto! ¡Alguien ha
entrado y lo ha matado! Deben haberlo hecho mientras yo estaba en el
establo...
Cuando llegó el médico forense, subieron para avisar a la
madrastra, y una vez arriba, descubrieron que ésta también había
muerto, con veintiún hachazos en la cabeza. El cadáver, medio
oculto tras la cama, estaba ya frío y con la sangre coagulada. Era
obvio que había muerto antes que el señor Borden.

Andrew Borden asesinado
En el sótano del piso la policía
descubrió cuatro hachas y una azada, esta última cubierta por
ceniza de carbón recién aplicada.
Dos días después se celebró el funeral y los cadáveres fueron
incinerados exceptuando las cabezas, que fueron conservadas para
seguir la investigación policial. La criada, ante el temor de que
un loco asesino con un hacha anduviese suelto, se fue a dormir los días
siguientes a casa de una vecina.
La puerta principal estaba cerrada con llave y la casa estaba
rodeada por una alta cerca de alambre de espino, por lo que los únicos
sospechosos eran las cuatro personas que vivían en la casa.
Como dos de ellos no se encontraban en el lugar en el momento del
crimen, solo quedaban como posibles asesinas Lizzie Borden, la hija
mayor de cuarenta años, y Bridget Sullivan, la criada.
Aunque Lizzie aseguró haber oído un gemido mientras se encontraba
en el exterior de la casa y que el intruso había tenido que entrar
por la cocina mientras estaba el establo, nadie pudo confirmarlo.
El doble asesinato conmocionó la pequeña y próspera ciudad de
Falls Rivers, Massachusetts, y en la prensa se publicó un anuncio
ofreciendo 5.000 dólares a quién proporcionase información sobre
el asesino.
Las sospechas de la policía recaían gravemente sobre Lizzie, y fue
detenida el 11 de agosto aunque ésta se declarase no culpable.
El 25 de agosto, tras la audiencia preliminar, el juez la dejó en
libertad sin fianza hasta su presentación al Gran Jurado en
noviembre.
Tras la detención, la prensa la pintó como una heroína y mártir.
Todos creían en su inocencia.
Un año después, en el juicio, el público la saludó y vitoreó.
Se había convertido en un ídolo. De todos lados le llegaban
felicitaciones, y era la estrella de las portadas de los periódicos.
Hasta la Iglesia estaba a su favor.
Si bien todas las pruebas apuntaban hacia Lizzie, y 21 de los
miembros del jurado votaron a favor de acusarla de asesina, pero el
tribunal estuvo presionado por el pueblo, que la consideraba
inocente.
El juicio fue el mayor acontecimiento de los medios de comunicación
de la época. Se creó un enorme movimiento no sólo por los periódicos,
sino también por las organizaciones religiosas, grupos femeninos,
etc.
Ella era la única persona que había podido matar a sus padres.
Tras salvarse de la pena de muerte, aprovechó los 250.000 dólares
de la propiedad de su padre para comprar otra gran mansión en la
que pasaría sus 34 años restantes.
Además, Lizzie tenía dos motivos, por un lado el dinero del padre,
un hombre de mal carácter, estricto y avaro (tan estricto y
sumamente protector, que las puertas interiores de la casa siempre
estaban cerradas con pestillo y el señor Borden tenía a Lizzie
como una niña pequeña. A sus cuarenta años, le estaba prohibido
salir de casa para hablar con extraños), y por otro el rechazo
hacia su madrastra, que al parecer era una mujer hipocondríaca muy
posesiva y que no había acabado de encajar en aquel hogar.
Consideraba el amor de su padre hacia su madrastra como una amenaza
directa para la futura herencia de la riqueza familiar en perjuicio
de su hermana y ella misma. Al matar a su padre y a su madrastra,
despejaba el camino de la herencia, que de este modo no tendrían
que compartir con un elemento "extraño" de la familia. Si
en verdad los asesinó, seguramente fue por conseguir lo que
consideraba sus bienes y derechos.

Hacha sin mango (evidencia policial)
De todos modos no prestó
testimonio ante el juez, quien tampoco aceptó el testimonio de un
vendedor que afirmó el doble intento de Lizzie por comprarle ácido
prúsico, pues la acusada alegó que lo utilizaba como antipolillas.
La defensa se aferró a la ausencia de sangre en sus ropas, sin
darse cuenta que la mujer pudo haber cambiado de ropas entre que los
mató y "descubrió" los cadáveres. Tampoco tuvieron en
cuenta el testimonio de la criada afirmando que el domingo posterior
a los crímenes, Lizzie estuvo quemando un vestido nuevo que estaba
manchado "con pintura", "para ordenar un poco el
guardarropa", según ella misma.
Tampoco era cierto que en el momento de los hechos, Lizzie estuviese
en los establos, pues el calor que solía hacer allí dentro no se
soportaba muchos minutos, ni tampoco había polvo de pisadas en los
tablones.
Y por último, los periódicos informaron, poco antes del juicio,
que se había hallado otro cadáver en Falls River, muerto de manera
idéntica a los otros dos...
A pesar de todo eso, curiosamente a mujer fue absuelta. En
Massachusetts todavía reinaban prejuicios contra la ejecución de
mujeres, desde que se había ahorcado, años antes, a una joven que
resultó estar embarazada de cinco meses.
Cuando el portavoz del jurado pronunció el veredicto de
"inocente", el público de la sala comenzó a aplaudir y a
felicitar a la mujer, quién rompió a llorar pidiendo que se la
llevara a casa...
Por: Pili Abeijon
Fuente: Archivo del Crimen |