James Tramel y David Kurtzman

James Tramel y David Kurtzman tenían mucho en común. Ambos eran estudiantes de 17 años del Northwestern Prep en Santa Bárbara, California. Los dos chicos iban a esa escuela con la idea de mejorar sus notas para poder seguir con carreras militares. James planeó enrolarse en la Academia de las Fuerzas Aéreas, mientras que David se preparó para entrar en la Academia Naval de Annapolis.
En el verano de 1985, James y David vivían en un apartamento con otros siete estudiantes cerca del campus de Northwestern. Tal vez los chicos tenían demasiado tiempo libre, quizás empezó como una broma de estudiantes. Cualquiera fuera la razón, James pensó que sería una muy buena idea formar un club. Juraron una alianza entre todos y así se formó 'The Nine' (los nueve).
Club sin una causa
Es difícil tener un grupo unido sin una causa. Los chicos estaban de suerte. Uno de sus miembros, Eric Rixen, fue golpeado por un estudiante mexicano. Cuando James escuchó tal indignidad, se encendió y demandó que el club se vengara de inmediato. Habló de hacer armas caseras, pero descubrió que el resto de los miembros del club no le tomaron seriamente, nadie excepto David Kurtzman. Él estaba de acuerdo con James. Cuando James sugirió que los mexicanos tal vez atacarían su apartamento, según las evidencias, se dice que David dormía con un cuchillo de la armada por las noches.
James mantuvo viva la ilusión de un ataque por una armada imaginaria. Tomó medidas para que sus compañeros de casa usaran vestimenta oscura para cuando fueran atacados por el enemigo. La mayoría de los chicos pensó que era una broma. Desconocido para ellos, el enemigo imaginario se había convertido en una realidad en la ya alocada mente de James Tramel. David Kurtzman también creía en la intensa rivalidad entre The Nine y los mexicanos.
El día después de que tomaran las medidas de los miembros del club para la ropa oscura, James y David abandonaron el departamento a las 10:30 p.m. aproximadamente. Ese mismo día más temprano, David había afilado su cuchillo militar. Se lo dio a James, que lo llevaba en su cinturón.
Los chicos andaban buscando a un mexicano. Estaban queriendo acosar a un ser humano. Localizaron a un joven mexicano que salía de un MacDonald's comiéndose una hamburguesa. Los muchachos esperaron hasta que el joven se terminara su hamburguesa. Finalmente se dirigió andando hacia el parque Alameda con los dos cazadores siguiéndole a una distancia prudencial. Estaba oscuro. ¿Podría ser esto una trampa? David le pidió a James el cuchillo.
Esa noche no había voces ni luces en el parque. Sólo las hojas de los árboles moviéndose rompían el extraño silencio de la noche caliente y tranquila.
Michael Stephenson de 29 años, no había hecho mucho durante su vida. Cuando el nativo de Chicago tenía 19 años, abandonó su hogar para vagabundear a lo ancho y largo del país. Durante 10 años, había llevado la vida de un nómada.
Michael había hecho de la bella Santa Bárbara su hogar en los últimos tres años. ¿Dónde más podría uno vivir de los ingresos de los trabajos esporádicos que él hacía y pasar las noches bajo las estrellas?
La noche del 3 de agosto de 1985 no era diferente a las cientos de noches que precedieron a esta. Michael finalizó su comida y entonces se puso a pasear por el parque Alameda. Su radio portátil tocaba música agradable. Se estiró en uno de los bancos. La música de la radio pronto le ayudó a quedarse dormido.
Silenciosamente, James y David se aproximaron al cuerpo dormido. “Ese es él,” susurró James. Michael lo escuchó y abrió los ojos. Según abría los ojos, David Kurtzman clavó su cuchillo de diez pulgadas en la parte trasera del cuello de Michael. Una y otra vez el cuchillo encontraba su presa. El cuerpo de la víctima finalmente sufrió más de doce puñaladas. No sintiéndose satisfecho, David dio la vuelta al cuerpo de Michael y le rebanó la garganta. Los chicos volvieron a sus cuartos, donde David calmadamente limpió su cuchillo.
"Cargarse a un Mexicano"
James mantuvo una reunión informal con The Nine. Anunció, “Ya no es un juego. Anoche nos cargamos a un mexicano.” Los otros siete muchachos estaban incrédulos. Dos de ellos, Tom Wetterhahn y Tyker Sheppard, se negaron a creer a James e insistieron en ver el cadáver. Rápidamente les creyeron.
Esa misma noche, James les hizo jurar a todos los miembros de su club secreto absoluto. Él y David saldrían de California esa misma noche para empezar una nueva vida en Canadá. Pero no pudo ser. A la mañana siguiente, los miembros del club reunieron el arma del asesinato y los pantalones sangrientos de David y se los llevaron a la policía. James y David fueron detenidos.
¿Por qué los dos muchachos crearon una ilusión tan realista que se sintieron obligados a llevar a cabo un ataque hacia un enemigo imaginario? Durante sus juicios separados ninguno pudo ofrecer una buena explicación.
David relató con detalles gráficos los eventos de la fatídica noche. “Mi corazón empezó a latir en mis oídos. En mi cabeza tenía oleadas de luz. Visioné todas las cosas que podrían suceder, la gente apareciendo por el parque hasta el lugar del crimen. Perdí la razón.”
James declaró, “No podía creer lo que estaba ocurriendo. Era como un sueño.”
James Tramel y David Kurtzman fueron declarados culpables de asesinato en segundo grado. Ambos fueron sentenciados de 15 años a cadena perpetua en prisión. Mientras se encontraban en la cárcel, Tramel se distinguió al terminar un master en estudios teológicos. También se convirtió en Diácono de la Iglesia Episcopal. A pesar de ser recomendado para salir en libertad condicional por la Directiva Estatal de Prisiones, el gobernador Arnold Schwarzenegger rechazó la petición y Tramel sigue luchando por su libertad.

James Tramel
Max Haines
Fuente: eluniversal.com
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