La nefasta práctica de los antivalores

En nuestro país así como en todo el mundo, en
la convivencia cotidiana, nos topamos con una gran variedad de
personas que, como todas, están llenas de cualidades, virtudes,
valores, defectos, etc; que determinan su comportamiento cotidiano
en relación al compromiso que tienen con éstos conceptos; así su
modo de actuar individual necesariamente se proyecta a lo colectivo
con su consiguiente impacto en lo social, económico, así como en
el nivel de armonía y de transparencia que como seres humanos que
vivimos en sociedad manifestamos.
Así que todo lo que hagamos en éste sentido repercutirá de manera
inexorable en todos los espacios de convivencia, es decir en la
casa, en el trabajo, en la escuela, en el club, etc., sencillamente
podemos decir que nosotros como dijera el poeta: somos los
arquitectos de nuestro propio destino.
Por ello es válido preguntarse, ¿desarrollamos y aplicamos los
valores éticos que poseemos?, algunos podrán afirmar que sí,
otros que a veces, inclusive hay quienes ni siquiera los tienen
presentes en su diario actuar lo que nos lleva a la reflexión
individual y colectiva de que sí con éste estado de conductas en
lo personal y colectivo nos alcanza para construir los espacios de
convivencia humana que necesariamente tenemos lo obligación de
operar para dignificar nuestra condición de seres pensantes.
Producto de lo anterior tenemos los nefastos efectos en la
convivencia cotidiana donde cada día se agudizan los problemas que
tienen que ver con la desigualdad, impunidad, corrupción e
injusticias de toda índole, donde para nuestra desgracia ofrecemos
de manera muy generosa el espectáculo degradante de las mas
funestas conductas que como seres humanos por desgracia podemos
realizar. Hoy para nuestra desgracia triunfa lo mas negro que
tenemos sobre lo que es y debiera ser una actitud y práctica de lo
mejor de nosotros mismos con nuestros semejantes, es decir que cada
día nos acerquemos más a la figura de seres de luz a la que todos
por el simple hecho de ser seres humanos podemos aspirar.
Ahora lo importante es conseguir lo que quiero "a cualquier
precio", el "agandalle" (oportunismo y robo de
las ideas y cosas ajenas) es el símbolo inmaculado de éxito, no
importa que para lograrlo haya robado, defraudado ó asesinado una
idea, un proyecto, un sueño y hasta una vida; lo primordial es
ascender, no importa a quien se pise, hay que seguir en la lujuria
del fantasma del "éxito a como de lugar" , pero lo más
sabroso del asunto se refleja en que de manera inaudita justo cuando
mas nos revolcamos en la suciedad, es cuando más convencidos
estamos de que estamos actuando con base en nuestros mas altos
valores axiológicos, aquí es donde nos damos una probada del drama
de la condición humana, "tan cerca de lo blanco como de lo
negro" .
Lo anterior viene al caso porque vemos con desesperación que el
paso del tiempo en su indetenible caminar, confirma la infección
mortal que como consecuencia de la práctica de los antivalores, se
extiende de una manera tan peligrosa que tiene amenazada de muerte a
la especie humana , y que tal parece que las voces que a lo largo y
ancho del planeta se emiten advirtiendo de la catástrofe a la que
nos estamos acercando, nadie absolutamente nadie quiere escuchar y
preferimos seguir en la seducción de ir en la carrera sin freno por
alcanzar lo que nos estorba para el viaje que tarde que temprano
todos y cada uno de nosotros tendremos que realizar.
Por eso es necesario que cada uno de nosotros le pongamos un alto a
todo aquello que nos degrada, primero siendo jueces severos de
nosotros mismos y denunciando sin miedo todas aquellas conductas que
van en contra de la ética y de las normas que nos hemos dado para
vivir una sociedad que busca en todo momento y lugar: la verdad y el
progreso del género humano; para iniciar todo proceso de cambio es
insustituible y necesario que a partir de hoy tomemos el compromiso
por el resto de nuestras vidas, con base en una toma de conciencia
producto de un encuentro íntimo, honesto y verdadero con nosotros
mismos de:
-
Practicar y vivir sin
excepción alguna los valores éticos (predicar con el ejemplo,
empezando por los líderes de más alto nivel).
-
Denunciar y perseguir
las conductas que fomentan los antivalores.
-
No más impunidad.
-
Basta de corrupción.
-
Alto a la “tranza”
(arreglos por fuera de la ley).
-
Ya no más mentiras, ni
verdades a medias.
-
Fuera el
“agandalle” (oportunismo y robo de lo ajeno).
-
Vivir para la
transparencia y rendición de cuentas.
-
Ataque sin cuartel al
despilfarro y el derroche.
-
Basta a la práctica de
la doble moral.
-
Nunca mas subestimar la
condición humana.
-
Fuera la perversión y
la simulación.
Éstos son los primeros de una larga lista de
principios con los que habrá de detenerse el deterioro de nuestra
sociedad y empezar el camino de la reconstrucción, sabemos y
estamos conscientes de que como seres imperfectos, que nadie está
libre de pecado, que la ruta no es fácil, pero lo valioso y
trascendente es así, y veremos que la cosecha será abundante
porque representa la satisfacción de haber asumido el reto de ser
mejores aportando nuestro mejor esfuerzo, sacrificio y perseverancia
para cumplir en tiempo y espacio con nuestro destino, en el que el
libre albedrío que tenemos llevó el timón de nuestras vidas. ¿Verdad
que vale la pena asumir el compromiso?, lo que nos lleva a recordar
la filosofía de vida que dice: "el hombre está de paso por ésta
vida, la vive en sociedad, y necesita de educación y formación
permanente para trascender".
Estamos seguros que al final del día, todos y cada uno de nosotros
le haremos caso a nuestro corazón, que nos revela claramente que el
hombre es bueno por naturaleza y que siempre nos decidiremos por lo
que nos eleva y dignifica. Justo y necesario es pues empezar ahora
mismo, deseando para todos luz, paz, amor, armonía y fraternidad,
porque el hombre es origen y destino de todo lo que hacemos. |