La revolución de la computación cuántica

La progresiva miniaturización de los chips de
los ordenadores se está acercando al límite de las leyes físicas
clásicas. La computación actual busca nuevos caminos, y la
computación cuántica se presenta como una alternativa diferente y
revolucionaria. Desde su programación hasta sus soportes, pasando
por su arquitectura, sus algoritmos y sus unidades de información,
este incipiente campo científico comienza a vislumbrar el futuro de
la informática, pero todavía hace falta mucho tiempo y trabajo.
La potencia de los ordenadores cuánticos es una buena razón para
seguir investigando: un ordenador de este tipo podría realizar
algunas tareas millones de veces más rápido que las
"supercomputadoras" actuales. En 1965, Gordon Moore,
cofundador de Intel y uno de los gurús de la tecnología de la
información, hizo una predicción que se vio confirmada con
bastante precisión: en las décadas siguientes la potencia de los
ordenadores se duplicaría cada 18 meses. Este incremento se ha
debido sobre todo a la miniaturización progresiva de los
componentes electrónicos, pero las leyes físicas clásicas tienen
una frontera: el mundo subatómico.
En unos años, los nanocircuitos actuales no podrán continuar
disminuyendo de tamaño porque entrarían en los dominios de las
partículas subatómicas, donde rigen las leyes de la física de la
mecánica cuántica. Entonces podría comenzar la era de la
computación cuántica, pero es mucho más complejo de lo que
parece, porque para ello habrá que redefinir muchos elementos de la
computación actual, como su arquitectura, sus algoritmos o los
elementos de hardware, por citar algunos ejemplos. Puede ser cuestión
de años, de décadas o de siglos.
Al encuentro del Qubit
El bit (Binary Digit) es la unidad de información más pequeña
manipulada por los ordenadores actuales. Adquiere el valor de un 0 o
un 1 para el procesamiento y almacenamiento de datos, y puede
materializarse en algo tan simple como que un condensador esté
cargado o descargado.
Una agrupación de ocho bits (byte) ya permite representar
todo tipo de información, como las letras del alfabeto y los dígitos
del 0 al 9. Extrapolar este sistema a la computación cuántica
presenta las primeras dificultades. "Un átomo simple no se
comporta como un bit clásico. Puede estar tanto en 0 como en
1 como en los dos estados a la vez: es el qubit (Quantum
Bit)", afirma Mariano Baig, del Grupo de Información Cuántica
de la Universidad Autónoma de Barcelona.
"En un solo qubit - continúa el físico - se podría
almacenar una cantidad ilimitada de información, jugando con los
coeficientes de la superposición cuántica de los estados 0 y
1". Esta manifestación del principio de superposición cuántica
potenciaría la capacidad de computación hasta límites
abrumadores. Y es más, teóricamente sería posible preparar las
partículas para registrar los infinitos estados existentes entre el
0 y el 1. Las desorbitadas posibilidades que ofrecería un ordenador
de este tipo se potenciarían aún más por un extraño fenómeno cuántico:
el entrelazamiento.
La intuición humana, acostumbrada al mundo clásico, conduce a
confusiones en el mundo cuántico, y el entrelazamiento (entanglement,
en inglés) es un claro ejemplo de ello. Esta propiedad implica
correlaciones entre sistemas cuánticos que no tienen un análogo clásico
y que dificultan su comprensión. "Si tu y yo compartimos un
par de partículas - o qubits - que hemos manipulado para
dejarlas en un estado entrelazado, y cada uno nos llevamos una separándolas
tanto cuanto queramos, cuando las observemos encontraremos que están
todavía relacionadas de alguna manera", explica Vicente Martín,
del grupo de computación cuántica de la Facultad de Informática
de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), España.
Es como si acuñamos dos monedas y las llevamos a distintos países:
estén a la distancia que estén, si las tiramos al aire las dos darán
siempre el mismo resultado, ya sea cara o cruz. Esta propiedad
permite poner a trabajar a los qubits como un ingente
conjunto de ordenadores en paralelo, aumentando su capacidad de
almacenamiento y procesamiento de información a niveles
extraordinarios. "Un computador cuántico que actuase sobre
unos cientos de átomos podría realizar simultáneamente más
computaciones que el número de átomos presentes en el universo
visible", apunta una experta en información cuántica,
Priscila García Fernández, del Instituto de Óptica del CSIC, en
Madrid.
Un gran obstáculo de coherencia
Desde los inicios de la mecánica cuántica se conoce la extraña
interacción existente entre un estado cuántico y su entorno:
cualquier modificación del mismo transforma el sistema cuántico.
De esta forma, si pretendemos observar el estado de un qubit
cambiaremos automáticamente su estado, porque no es posible
realizar dicha observación sin alterar el entorno. Entonces, ¿es
imposible operar con qubits?.
Los expertos del grupo de computación cuántica de la Facultad de
Informática de la UPM afirman en un manifiesto conjunto que no,
porque "existen códigos correctores de errores cuánticos",
algo sorprendente si tenemos en cuenta que no se puede observar el
estado cuántico. "Se ha demostrado - añaden - que la
computación cuántica tolerante a fallos es viable por debajo de un
determinado umbral de ruido", que en términos cuánticos se
denomina decoherencia. Si se consigue que los cambios en el sistema
cuántico sean mínimos, es decir, que la decoherencia permita
realizar operaciones con una fidelidad razonable, no hay ninguna ley
física que impida la construcción de un ordenador de este tipo.
"El principal obstáculo para hacer actualmente un ordenador cuántico
es la decoherencia", afirma uno de los pioneros de este
emergente campo científico, David Deutsch, físico de la
Universidad de Oxford, Inglaterra.
"Una vez superado, estoy seguro de que será construido - añade
- aunque todavía estamos a décadas de conseguir uno". La
mayoría de los científicos involucrados en las investigaciones
coinciden en señalar que todavía habrá que esperar bastante
tiempo para gozar de la potencia de cálculo de estos
"supercomputadores", que, sin duda, reportaría beneficios
enormes a la sociedad. "Los avances en su comprensión - dice
Vicente Martín - son avances en nuevos materiales, nuevos fármacos,
nuevos procesos de síntesis química, nuevos dispositivos electrónicos:
circuitos, sensores, displays...". Cuanto menos, esta tecnología
ha generado una gran expectación en el ámbito científico,
habiendo sido citada como una de las "10 tecnologías
emergentes que cambiarán el mundo" por la revista MIT
Technology Review.
Una nueva forma de calcular
La computación cuántica ofrece, además de su enorme potencial
operativo, una nueva forma de calcular basada en principios cuánticos.
En 1994, Peter Shor, de los laboratorios AT&T, inventó un
algoritmo para ordenadores cuánticos capaz de factorizar grandes números
en sus factores primos en un tiempo insignificante frente a los
ordenadores actuales.
Este descubrimiento tan solo sería una curiosidad si el problema
que resuelve no fuese el pilar sobre el que está construido uno de
los sistemas de protección de datos más usado en el mundo: el RSA
(Rivest Shamir Adleman). Utilizando el algoritmo de Shor, un
ordenador cuántico podría descifrar información militar oculta
tras una clave de 1024 bits (la habitual para estos asuntos) en
cuestión de horas, cuando utilizando unos 8000 ordenadores tardaríamos
más de 800 millones de años actualmente.
De esta forma, el nacimiento del ordenador cuántico significaría
la destrucción de la criptografía
actual, pero también el nacimiento de la criptografía cuántica,
mucho más segura e inviolable. De hecho, ya existe alguna empresa
que comercializa dispositivos criptográficos basados en las leyes
de la mecánica cuántica (www.idquantique.com).
Otro de los algoritmos cuánticos más conocidos es el creado por
Lov Grover, también de AT&T, capaz de buscar a una velocidad
increíble en bases de datos. De momento, los clientes más
interesados en esta tecnología son las agencias gubernamentales y
de seguridad, así como bancos e institutos de investigación, pero
hace falta crear más algoritmos cuánticos, algo extremadamente difícil
por la complejidad que exige recrear un sistema así.
"Ordenadores cuánticos de algunas decenas de qubits serían
ya útiles para simular los propios sistemas cuánticos, que
requieren enormes esfuerzos computacionales en los ordenadores clásicos
actuales", confirma Mariano Baig. Si se consiguen crear más
algoritmos, es posible que se llegue a configurar algún día un
ordenador cuántico de carácter general, pero en caso contrario se
limitaría a explotar su enorme potencia en determinadas operaciones
complejas.
Una tecnología en desarrollo
El campo de la computación e informática cuántica no ha hecho más
que comenzar y ya ha obtenido resultados fundamentales. Hasta ahora
el contexto en el que se han realizado la mayoría de las
implementaciones de algoritmos completos o núcleos básicos de los
mismos es la Resonancia Magnética Nuclear (RMN) sobre moléculas en
estado líquido.
Las trampas de iones (conjuntos de iones atrapados en una trampa
electromagnética) también han sido empleadas para realizar pequeños
sistemas cuánticos, pero el futuro parece encontrarse en otros
soportes. "Los dispositivos de estado sólido son posiblemente
los más prometedores hacia la construcción de un ordenador cuántico
escalable (ampliable). Ya estén basados en nanotecnología o en
microelectrónica, se beneficiarían de todo el conocimiento y saber
hacer de la industria de semiconductores", opinan los
investigadores del tema de la UPM. "De momento hay muchas
propuestas, pero ninguna realización completa, a pesar de que ha
habido avances muy importantes", añaden.
El camino hacia la construcción del ordenador cuántico está
produciendo una gran cantidad de beneficios derivados del mejor
conocimiento de los sistemas cuánticos, y tan solo es cuestión de
tiempo conseguir ascender los peldaños que nos separan de esta máquina.
"Hay muchas calzadas por explorar, muchas elecciones, muchas
buenas noticias por encontrar, pero el tiempo es vital para poder
recorrer todo este camino", recalca Franco Nori, jefe del
Laboratorio de Materiales Digitales del Instituto de Investigación
Física y Química (RIKEN) japonés.
El número de investigadores e institutos inmersos en el mundo cuántico
es cada vez mayor, y más cuando se trata de un área de investigación
tan extensa y diversa. "Es un área multidisciplinar con
influencias que van desde la arquitectura de ordenadores hasta la física
fundamental, pasando por las comunicaciones, la criptografía, las
matemáticas, la microelectrónica y las nanotecnologías, por citar
unas pocas", anota Vicente Martín. Todavía habrá que esperar
muchos años para gozar de estas maravillas cuánticas sobre la mesa
que ahora ocupa nuestro PC, aunque nunca se sabe: puede que alguien
invente mañana un dispositivo mágico, parecido a lo que significó
hace décadas el transistor con respecto al sistema de válvulas,
que sea la base de la futura computación cuántica.
Por: Francisco Javier Alonso
Fuente: EFE |