La importancia de la prevención del delito

Contra el delito hay dos alternativas: la
prevención y la represión. Sin embargo, éstas no se excluyen. Los
últimos programas contra el delito implementados con eficacia en países
como Inglaterra, Estados Unidos y Canadá aseguran que hay que
combinar ambas estrategias.
“Es mejor prevenir que curar”, dice el sabio dicho popular. Y es
cierto. Estos planes contra el delito que mencionábamos, aunque
también incluyen medidas represivas para controlar el delito,
enfatizan la importancia de la prevención. Pero esto no es tan
sencillo: hay diferentes frentes contra los que se puede actuar
desde esta perspectiva. Se puede prevenir para que potenciales
ofensores no incurran en el camino del delito, o se puede prevenir
para reducir las oportunidades circunstanciales de cometer actos
delictivos por personas que ya son delincuentes. La primera es, por
ejemplo, la senda elegida por los que combaten la droga, la pobreza,
la marginación social, etc. Se supone que éstas son las causas del
delito, entonces se las enfrenta a través de la prevención social.
La segunda alternativa incluye medidas tales como una mayor
iluminación, la modificación del paisaje urbano para hacerlo más
seguro, la instalación de alarmas, etc. Se trata de la prevención
situacional-ambiental.
¿Tarea de quién?
Otra cuestión es quién esta implicado en la tarea de prevenir. La
respuesta es simple: todos somos responsables de evitar que sucedan
hechos delictivos. No pasa lo mismo con la represión, que es un ámbito
exclusivo del Estado. De alguna manera, los ciudadanos pueden hacer
algo para controlar la inseguridad. La forma más sencilla, y que
inconscientemente aplicamos en la vida cotidiana es la prevención
situacional- ambiental.
Individualmente, podemos lograr una mejor calidad de vida cambiando
nuestra actitud de despiste por una de observación y alerta
permanentes. Esto vale tanto para cuando estamos en casa como para
cuando caminamos por la calle. No significa que debamos vivir con
miedo; quiere decir que seamos precavidos. En casa, es importante
verificar que la puerta se mantenga cerrada con llave
permanentemente. Parece un consejo obvio, pero a veces pasan las
cosas cuando menos lo pensamos. Recuerde que “la oportunidad hace
al ladrón”. Además, es un buen recurso instalar alarmas, ya que
tienen un gran poder de disuasión. Y cuando circulamos por la vía
publica, lo mejor es evitar llevar objetos valiosos como alhajas;
además, caminar siempre por lugares bien iluminados y no desolados
y cuidar nuestras pertenencias en todo momento.
Aparte de las que podemos tomar individualmente, hay otras medidas
que no son tan frecuentes pero que son muy eficaces: la prevención
comunitaria. Recientes experiencias indican que cuando los vecinos
se cuidan entre sí se reduce enormemente la vulnerabilidad al
delito. En este sentido, las alarmas comunitarias han cobrado
popularidad. Otras posibilidades son: redes telefónicas, observar
horarios y zonas peligrosas, reuniones periódicas entre vecinos,
etc. Lo importante de estas estrategias es que estén coordinadas
con la policía del lugar. Una mejor comunicación entre los
residentes del barrio y la comisaría facilita la tarea de la policía
y tranquiliza a los vecinos.
En conclusión, toda estrategia que pretenda controlar el delito
debe incluir a la prevención como uno de sus pilares más
importantes. Y dentro de ella, debe prever tanto la intervención
social dirigida a posibles delincuentes, como la prevención
situacional para reducir oportunidades a los malhechores.
La responsabilidad de prevenir es del Estado, pero también de la
ciudadanía. Desde nuestro puesto, todos podemos hacer frente a la
inseguridad.
Fuente: ciudadesmasseguras.com.ar |