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La ibogaina es un alcaloide indólico contenido principalmente por la raíz de la
Tabernathe iboga, un pequeño arbusto florido pariente lejano del café que se encuentra en Africa ecuatorial, principalmente en claros de bosques umbrófilos del Congo y Gabón (delta y orillas del río Ogoué). La Ibogaina se encuentra en otra de las 6 especies del genero Tabernathe, la
Tabernathe manii. Recientemente ha sido identificada también en la
Ervatamia yunnanensis (China).

Raíz Iboga
El arbusto Iboga mide de 1 a 1,5 metros de altura, tiene un látex copioso, blanco y de olor desagradable. Las hojas son ovadas, generalmente de 9 a 10 cm de largo y 3 cm de ancho verde-amarillentas por debajo.

Iboga
Sus flores son diminutas y amarillentas, rosadas o blancas manchadas de rosa, crecen en grupos de 5 a 12 flores y tienen una corola en forma de tubo largo ensanchado en la boca. El fruto es ovoide con la punta amarillo-anaranjada y se presenta a pares, llegando a ser tan grandes como aceitunas.
Las tribus del área de Gabón y Congo han venido usando la ibogaina desde tiempos inmemoriales. Es muy común que durante sus largas expediciones de caza los integrantes de la partida masquen trozos de raíz de Tabernathe para mantenerse despiertos e inmóviles por días en espera de la presa. Esta raíz es también usada durante los ritos tribales en que los niños se convierten en hombres.

Ritual
La ibogaina fue extraída por primera vez de la corteza exterior de las raíces de la Tabernanthe Iboga por Dybowsky y Landrin en 1901. Su fórmula química es
C20H26N2O.

Molécula de Ibogaina
La ibogaína, según sea su dosis, tiene propiedades estimulantes y afrodisíacas. Tal vez esta sea una de las pocas plantas, entre las múltiples que se proclaman afrodisíacas, que cumple con lo que pregona. Alrededor de ella se habla de la cura de la impotencia masculina y la anorgasmia femenina.
Su uso entheogénico por parte de los indígenas que profesan el culto Bwiti, la etnia Fang, en Gabón, hizo que esta raíz encontrara su camino hasta nuestra actual cultura de drogas recreativas. Sin embargo su uso depararía algunas maravillosas sorpresas.
En 1962, un adicto a la heroína llamado Howard Lotsof tomó ibogaina en la búsqueda de "nuevas alturas". Tras una experiencia alucinatoria que duraría 36 horas descubrió que ya no sentía una necesidad compulsiva por la heroína. Lo más sorprendente era que tampoco sufría de los síntomas de abstinencia asociados con la droga. Lotsof compartió su ibogaina con otros seis heroinómanos, cinco de los cuales perdieron su deseo por la heroína. Estos sorprendentes resultados llevaron a Lotsof a obtener las patentes necesarias para el uso de ibogaina en la curación de la adicción a la heroína y el alcohol.

Howard S. Lotsof
No obstante que la ibogaina ha sido usada con éxito en los Países Bajos para la cura de adicciones a la heroína y la cocaína ya que esta interrumpe la dependencia al químico (al contrario de la
metadona la cual la sustituye y además es altamente adictiva), se han creado obstáculos para su uso; mayormente de parte de científicos y burócratas que se benefician del uso de la Metadona para el tratamiento de adictos. De hecho, no solamente no se ha autorizado su uso en los Estados Unidos, sino que además ha sido incluida en la lista
I de sustancias controladas.
El uso de la ibogaina es oral. Se ingiere la raíz seca en polvo o en finas virutas; como su sabor es amargo lo mejor es encapsularla o bien acompañarla de miel. También puede prepararse en forma de infusión lo que mejora su absorción.

Raíz y extracto
La ibogaina es enteógena por encima de 1 mg/kg. De 4 a 5mg por Kg. de masa corporal es la dosis regular. Los efectos se mantienen cerca de 6 horas.
De 0,5 a 1 gramos de corteza de raíz seca para los no iniciados, servirán para evaluar el grado de sensibilidad a esta planta, en pruebas sucesivas se puede aumentar la dosis hasta una cantidad de 2 a 5 gr., suficientes para comprobar la estimulación y el efecto afrodisíaco.
De 30 a 50 gr. se considera una dosis mortal, una sobredosis puede causar parálisis, convulsiones, paro respiratorio y la muerte. Se sabe que su uso continuado inducen degeneración de las células de Purkinje.
José Luis Vrátný
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