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  Mandrágora

La Mandrágora es una planta acaule de la familia de las Solanáceas con una roseta de grandes hojas de color verde oscuro, las cuales desprenden un olor fétido. Son radicales, ovales, casi sésiles, usualmente dentadas y onduladas por el borde. Sus flores son solitarias, con pedúnculo corto y poseen una corola blanca verdosa o púrpura. Sus frutos son unas bayas de gran tamaño de color amarillo anaranjado, carnosas, globulosas. Poseen un aroma similar al de la manzana. (de ahí que sean conocidas como Manzanas de Satán) Al ser más bien planta baja especificamos la longitud de sus raíces que es la parte medicinal más importante: hasta 100 cm de longitud.


Bayas

En la Antigüedad era planta muy común y conocida, encontrándose en las tumbas de los reyes de Tebas en el año 1800 antes de Cristo. Los Caldeos que se dedicaban a las ciencias, astrología, magia, astronomía y medicina la denominaban jabínhim y le otorgaban más virtudes mágicas que medicinales; allí se explica el sueño extático de los adeptos y los secretos de la iniciación, ya que fantásticas revelaciones rodeaban generalmente los comienzos de una carrera prohibida a los profanos, también se consideraba al Dudhaim considerado en las Santas Escrituras como la misma sustancia que los sirios llamaban Yabruhe y los árabes Ya brunck y se dice que no es otra que la mandrágora descripta por Linneo como Atropa mandrágora.

La palabra mandrágora es de origen griego y quiere decir "dañino para el ganado".

Es una de las más célebres plantas con las cuales se realizaban sortilegios en la Edad Media y es considerada como el orgullo de las solanáceas; también se la reconocía como la reina de las plantas mágicas, gozó de una excelente reputación sirviendo como talismán. Primitivamente fue sacada a la luz por el sabio Teofrastro, luego por Bruneetto Latei, el sabio del Dante, el cual le asignó un lugar honorable en sus obras.

Esta planta, que crece en bosques sombríos, a la vera de ríos y arroyos donde la luz del sol no penetra, es descrita en algunos antiguos documentos como una planta que: "adormece el primer día y vuelve loco el segundo". La Mandragora officinarum o Atropa mandragora es notable por la influencia que ejerció en Europa durante el medioevo. Los campesinos de aquellos tiempos le tenían horror ya que las características antropomorfas de su raíz creían que poseía ciertas características humanas. En los textos de magia se habla de ella con verdadero culto. Contribuyeron mucho a la celebridad de esta planta los charlatanes que vendían su raíz en altísimos precios, gracias a las cualidades que le atribuían y a las que el vulgo daba completo crédito.


Raíz de Mandrágora

El principio activo de la mandrágora es la atropina, aunque también contiene cantidades menores de escopolamina.


Atropina


Escopolamina


Mecanismo de acción y formas de empleo

Se sabe que la mandrágora se administra en forma oral. Como contiene principalmente atropina, se comporta de manera similar a la Belladona: en dosis bajas bloquea los receptores de la acetilcolina deprimiendo los impulsos de las terminales nerviosas; mientras que en dosis elevadas, provoca una estimulación antes de la depresión.

Usos terapéuticos

En la medicina antigua las hojas de mandrágora hervidas en leche se aplicaban a las úlceras; la raíz fresca se usaba como purgante; y macerada y mezclada con alcohol se administraba oralmente para producir sueño o analgesia en dolores reumáticos, ataques convulsivos e incluso de melancolía. En tiempos de Plinio se empleaba como anestésico dándole al paciente un pedazo de raíz para que la comiera antes de realizar una operación.


Dosificación

No existen registros de dosificaciones exactas. Únicamente hay menciones en el sentido de que su uso en pequeñas cantidades era seguro, mientras que en dosis mayores provocaba delirios y locura o muerte por intoxicación.

Potencial de dependencia

Aunque no hay investigaciones al respecto, es poco probable que la mandrágora genere tolerancia o adicción física o psicológica, por lo que no se espera ningún síndrome abstinencial a partir de su retiro.

Aunque difícil, el cultivo de la mandrágora es legal y puede comerciarse libremente.

Ritos para cortar la Mandrágora

Supuestamente, el destino del poseedor de una mandrágora se vería dichosamente influido por ella, pero su extracción se consideraba altamente peligrosa. Según cuenta Arias Carbajal, se creía que cuando la arrancaban del suelo, el hombrecillo encerrado en ella despedía ayes lastimeros y agudos gemidos. "Era menester cogerla bajo una horca, observando ritos particulares, y solamente en determinadas condiciones disfrutaba de todas sus propiedades."

Según Paul Sedir, Teofrasto aconsejaba trazar tres círculos con una espada en torno a la planta y arrancarla mirando al Oriente. Se supone que los gemidos que emitía la planta eran capaces de matar a quien los escuchara, por lo que en la Edad Media ataban a un perro hambriento al cuello de la raíz, ponían fuera de su alcance un pedazo de carne y se alejaban a todo correr. Cuando el can, tirando de la cuerda, arrancaba la mandrágora, él era quien oía el grito que daba la muerte.

La Mandrágora contra la posesión y la infertilidad

En su Herbarium, Apuleius prescribe "para la idiotez, que es enfermedad del diablo o posesión demoníaca, tomar del cuerpo de la planta llamada mandrágora el peso de tres peniques, administrarla para beber en agua caliente... el enfermo pronto se curará." Las creencias más arraigadas durante esta época consideran también que la mandrágora elimina la esterilidad; de hecho hay referencias bíblicas en este sentido (Génesis XXX.14). 

Nicolás Maquiavelo utilizó esta creencia para burlarse de sus contemporáneos en la más extraordinaria de las comedias del Renacimiento llamada precisamente "La Mandrágora".

 

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