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La metadona es un opiáceo
sintético obtenido durante la Segunda Guerra Mundial por los
laboratorios alemanes Axis durante los años cuarenta, originalmente
fue llamado Dolofina en honor a Adolfo Hitler y era utilizado como
analgésico en casos de dolor extremo. Tras unos meses de
experimentos, los alemanes terminaron rechazándolo por considerarlo
demasiado peligroso. Su informe sostuvo que era "una verdadera
cárcel química".

Molécula de Metadona
Según se afirma en
"Opiáceos", un libro que la Secretaría de Educación Pública
promueve entre los estudiantes mexicanos de bachillerato para
prevenir la farmacodependencia, las "ventajas que se han señalado
como herramienta terapéutica" son básicamente las mismas que
los nazis repudiaban: "Puede ser tomada oralmente; su acción
es prolongada; en dosis propias para el mantenimiento los efectos
adversos disminuyen; bloquea los efectos de la heroína; no presenta
efectos eufóricos después de que se desarrolla la tolerancia... Su
acción permanece de 24 a 36 horas, periodo significativamente más
prolongado que el producido por la mayoría de los antagonistas de
los estupefacientes."
En los Estados Unidos se introdujo como sedante y remedio contra la
tos, sin embargo dejó de usarse en este sentido a mediados de los años
sesenta, cuando el presidente Nixon lanzó la idea de que era una
"droga contrarrevolucionaria", capaz de curar a los morfinómanos
y heroinómanos. Actualmente se emplea en casi todo el mundo como
"rehabilitación y tratamiento" para consumidores de opiáceos
naturales, siguiendo las doctrinas del gobierno estadounidense.
Antonio Escohotado denuncia en el tercer tomo de su "Historia
de las Drogas" que los intentos por hacer que las poblaciones
asiáticas tradicionalmente cultivadoras, exportadoras y
consumidoras -con fines recreativos o medicinales- de adormidera y
sus derivados, dejaran de serlo y pasaran a consumir drogas
occidentales, requirieron el desembolso de grandes sumas
justificadas bajo programas de sustitución de cultivos. El caso de
Irán resulta significativo para ejemplificar la estrategia: Los más
connotados médicos islámicos del antiguo imperio persa, Avicena y
Rhazes, preconizaron el opio
no sólo como antídoto general y remedio para trastornos
localizados, sino como costumbre saludable para cualquiera en la
tercera edad.
Restringido al uso masculino, se calcula que en 1955 (época en que
se ilegalizó el opio en Irán) el consumo habitual u ocasional se
acercaba al 60% de la población adulta mayor de cincuenta años. En
1969, cuando el mercado negro estaba en su apogeo y circulaban
grandes cantidades de heroína tipo 4 y 3 (la primera propiamente
heroína y la segunda material de desecho conocido también como
"heroína del Tercer Mundo"), se rumoraba que ambas
modalidades eran monopolizadas por los Palhevi.
Bajo presión de los Estados Unidos comenzaron a implementarse
programas terapéuticos de tratamiento con la metadona -que es un
monopolio norteamericano- análogos a los instituidos por el sistema
de salud en la Unión Americana. En 1973 Laos, Turquía y Ankara,
también se vieron obligados a implementar clínicas de
desintoxicación, a cambio de ayuda económica: 2,900,000 de dólares
para Laos, 36 millones para Turquía, que ese mismo año perdió
mucho más por concepto de lo que solían ser sus exportaciones de
opio. Actualmente, no sólo los centros oficiales de desintoxicación
en los países afiliados a la ONU utilizan metadona, sino miles de
clínicas de rehabilitación en todo el mundo.
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Según consigna
Antonio Escohotado: "Es un opiáceo sintético, cinco
veces más adictivo que la morfina, que en tolerancia y
toxicidad resulta equivalente a la heroína.
Sin embargo los narcóticos naturales permanecen en el
cuerpo de tres a cinco días tras la retirada, mientras la
metadona permanece unas dos semanas, siendo por eso mismo
considerablemente más grave su síndrome
abstinencial."
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Hoy en día se
comercializa mundialmente en forma de grageas. En su corta historia
ha transitado de fármaco indeseable a fármaco providencial gracias
a las políticas del gobierno estadounidense y el apoyo de los
terapeutas y compañías farmacéuticas que la producen.
El clorhidrato de metadona se comercializa en emulsiones, ampolletas
y pastillas.

Las dosis terapéuticas
de la metadona fluctúan entre los 7 y los 10 mg por vía oral en
programas de mantenimiento. Para tratar síndromes abstinenciales
provocados por opiáceos se emplean 10 mg en intervalos de 4 a 6
horas. Las dosis letales son de 100 mg en pacientes sin tolerancia.
La metadona se suministra principalmente por vía oral, aunque también
puede inyectada intramuscularmente. Administrada oralmente actúa
entre los 30 y los 35 minutos después de su ingestión. Sus efectos
principales duran entre 18 y 24 horas, aunque algunos pueden durar
hasta 36. Es un agonista con propiedades farmacológicas
cualitativamente similares a las de la morfina. Cuando alcanza el
cerebro ocupa básicamente los receptores mu y kapa
provocando analgesia y deprimiendo la respiración.
La metadona produce contracción de pupilas, depresión
respiratoria, relajación muscular, liberación de la hormona
antidiurética, estreñimiento, aumento de la temperatura y de la
presencia de azúcar en la sangre. También se han confirmado
modificaciones similares a las generadas durante el sueño en
pruebas de encefalograma.
Utilizada durante largos periodos puede provocar aumento de peso y
entumecimiento. Sus efectos persisten después del uso repetido; de
hecho la contracción de las pupilas y la depresión respiratoria se
aprecian por más de 24 horas después de una dosis única. No se
han detectado alteraciones genéticas debidas al uso de metadona,
pero al igual que en el caso de la heroína y la morfina, los hijos
de mujeres que la consumen frecuentemente durante el embarazo suelen
nacer con bajo peso y presentan manifestaciones abstinenciales.
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La
tolerancia provocada por la metadona es alta y se desarrolla
con rapidez inhibiendo sus efectos subjetivos. Provoca
dependencia física y un síndrome abstinencial que demora más
en aparecer que el de otros opiáceos, pero tiene una duración
mayor (dos semanas, aproximadamente) y es más severo debido
a que las concentraciones sanguíneas del psicofármaco
permanecen en el organismo durante más tiempo. En usos
terapéuticos se prescribe su retiro gradual.
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La metadona es una
droga prohibida, perteneciente a la Lista I. En la práctica esto
significa que hay múltiples autorizaciones para producir y
comercializar la metadona que se distribuye mundialmente en todas
las clínicas privadas e instituciones oficiales de desintoxicación.
En éstas últimas de hecho se regala. |