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  Morfina

En 1806 Frederick Sertürner redujo el opio a una solución en ácido mecónico que neutralizó con amoniaco. Sertürner llamó al alcaloide que obtuvo principium somniferum opii -por sus virtudes narcóticas- y posteriormente morphium en honor del mítico Morfeo, dios del sueño.

En 1818 la morfina ingresó a la materia médica considerándose como "el más notable medicamento descubierto por el hombre, de utilización más segura que el opio y con una virtud analgésica bastante superior". Esta analgesia tiene la particularidad de manifestarse sin pérdida de la conciencia y sin afectar otras modalidades sensoriales.


Breve historia

Veinte años después del descubrimiento de la morfina, los laboratorios Merck (antecedente de la actual Merck, Sharp & Dohme) comienzan a fabricar este psicofármaco al por mayor.

El uso de la morfina se propaga cuando Carlos Gabriel Pravaz inventa la jeringa y Alejandro Wood desarrolla el procedimiento hipodérmico. Durante la Guerra Civil estadounidense (1861-1865), gracias a la morfina los soldados dejarían de sufrir terribles dolores. Al término de la guerra la llamada "army disease", esto es, la dependencia física de los pacientes tratados con morfina, asegura durante varios años más, tanto las ganancias de Merck, como las de la primera fábrica de agujas para jeringas que también surgió en la Unión Americana.

En Europa, la producción alemana de este psicofármaco que en 1869 era de unas dos toneladas, en 1871 pasa a ser de cinco. La oficialidad -especialmente la alemana- empleaba expresamente la sustancia no sólo para el dolor localizado sino para resistir inconvenientes y darse coraje. Durante toda esa época el uso de drogas es tan irrestricto entre los médicos que el "cóctel Brompton", una combinación de heroína o morfina, cocaína, una fenotiacina, alcohol y agua de cloroformo para administración bucal, se recomendó ampliamente como analgésico general en hospitales británicos.

El éxito de la morfina en Europa trasciende los usos médicos y permea a la alta sociedad entre 1875 y 1900. Francia será donde aparezcan los mayores niveles de consumo suntuario, dentro de un gusto por lo decadente que conociendo el peligro de sobredosis y hábito, lo considera divertido por eso mismo.

A principios del siglo XX, en los medios de comunicación estadounidenses, los temas favoritos eran los negros cocainizados hasta la exasperación, los chinos en siniestros fumaderos, los mexicanos montando orgías con marihuana y a nivel del alcohol, las consabidas acusaciones a irlandeses e italianos.

En medio de este clima un diputado por Vermont propone al Congreso de los Estados Unidos una ley para prohibir todo tráfico y uso no estrictamente médico de opiáceos, cocaína, hidrato de cloral y cannabis "por mínimas que fuesen las cantidades".

El gobierno estadounidense organiza en 1912 la Conferencia de La Haya. Ofreciendo mayores descuentos arancelarios, consigue la aceptación de un Convenio que limita a "usos médicos y legítimos" el opio, la morfina, la cocaína y cualquier nuevo derivado de éstos "que pudiera dar lugar a abusos análogos". Alemania, Portugal, Holanda, Japón, Rusia, China e Italia se comprometen a examinar la posibilidad de dictar leyes o reglamentos que castiguen la posesión ilegal de las sustancias mencionadas y a tomar medidas para la exportación de opio a los países que deseen limitar su entrada. Francia, Persia, Siam e Inglaterra (que para esas fechas exporta ya cuarenta toneladas de morfina al año), los suscriben bajo reserva. 

En 1914 se aprueba en los E.U. la Ley Harrison que regula la inscripción administrativa de fabricantes y dispensadores de opio, morfina y cocaína, previendo sanciones para el incumplimiento. Esta ley estadounidense termina exportándose al resto del planeta: en 1919 se incorporan los Convenios de la Haya en la sección 295 del Tratado de Versalles con el que finaliza la Primera Guerra Mundial. Esto hace que prácticamente todo el mundo suscriba las cláusulas acordadas por sólo doce países en 1912 (Estados Unidos como promotor, siete que lo apoyaron incondicionalmente y cuatro más que firmaron bajo reserva).


Química

Los proceso para su extracción no han variado substancialmente en la actualidad: después de secar el opio bruto y reducirlo a polvo, éste se consuma en cloroformo, posteriormente se diluye el residuo en agua o alcohol, se precipita por amoniaco y la morfina queda liberada en forma de polvo cristalino.

Durante el primer tratamiento, el opio se transforma en una "base técnica", de color moreno, conteniendo más o menos 60% de morfina. La segunda operación eleva el porcentaje a 93 o 94% y permite obtener la "morfina base" de color blanco.


Morfina - C17H19NO3

Posteriormente puede realizarse una clorhidratación que aumenta el peso entre un 10 y un 15%, dando por resultado el clorhidrato de morfina, que es un polvo blanco muy fino, inodoro, de sabor amargo y soluble en 100 partes de agua fría o 40 partes de alcohol.

Adquirida a través de los canales legales la morfina se encuentra libre de adulteración. No así en el mercado negro donde puede encontrarse cortada con lactosa, dextrosa, quinina, y otras drogas depresoras como barbitúricos y sedantes; o contaminada con bacterias, virus, hongos o partículas.



Farmacología

La morfina se aplica en inyecciones subcutáneas o intravenosas. Sus efectos se presentan entre los 3 y los 5 minutos después de su aplicación y duran de 4 a 5 horas. Al llegar al cerebro esta droga ocupa los receptores opioides, básicamente los receptores mu que al parecer funcionan de manera específica en el área de la analgesia. En fecha reciente se han presentado pruebas de la existencia de dos subtipos de mu-receptores, uno exclusivamente responsable por la analgesia y el otro por la inhibición de la respiración, causa principal de muerte por sobredosis de morfina y heroína.


"Shot" de morfina, 2da. Guerra Mundial

Dentro de la medicina occidental contemporánea, el sulfato de morfina es el fármaco más eficaz para contrarrestar el dolor grave provocado por prácticamente cualquier tipo de enfermedad o accidente. Se utiliza para reducir el dolor quirúrgico; también para tratar el infarto agudo al miocardio y el edema pulmonar.

Su dosis de empleo terapéutico oscila entre los 8 y los 15 mg. En caso de infarto o edema pulmonar se administran de 2 a 6 mg lentamente por vía intravenosa en 5 ml de solución salina. Para empleos lúdicos suelen utilizarse dosis similares o mayores a las terapéuticas recomendadas para el dolor grave: entre 15 y 20 mg. La dosis letal para un consumidor sin tolerancia se calcula alrededor de los 2 g.


Dosis terapéutica

En dosis terapéuticas, la morfina produce depresión respiratoria importante, aumenta la presión intracraneal y puede provocar vómito; genera además, contracción de las pupilas (miosis), estreñimiento, insensibilidad al dolor e incoordinación muscular. Su empleo prolongado puede ocasionar somnolencia, apatía disminución de la presión arterial, retención urinaria y disminución de la capacidad sexual.

No se han detectado alteraciones genéticas debidas al uso de morfina; sin embargo, su empleo durante el embarazo es peligroso por la depresión respiratoria y porque el fármaco puede llegar al feto produciendo efectos más prolongados que en la madre. 

La morfina produce altos índices de tolerancia y dependencia física. Un consumidor habituado por más de cinco años puede consumir al día cantidades mortales para ocho o diez personas. El síndrome de abstinencia puede surgir con cinco semanas de usar diariamente más de 500 mg. Sus síntomas se presentan entre las 48 y las 72 horas posteriores al retiro y se experimentan alrededor de una semana. No obstante, según se afirma en diversos manuales de tratamiento clínico, la abstinencia dse la morfina o cualquier opiáceo sólo produce una morbilidad moderada (más o menos de la misma gravedad de un ataque de resfriado). "Los toxicómanos a veces se consideran más dependientes de lo que en realidad son y pueden no requerir un programa de abstinencia." 

Los grados de abstinencia se clasifican de 0 a 4. El grado 0 incluye el deseo por la droga y ansiedad; el grado 1, bostezo, lagrimeo, rinorrea y sudación; el grado 2, los síntomas previos más midriasis, anorexia, temblores y accesos de calor y rubor con dolor generalizado; los grados 3 y 4, una mayor intensidad de los síntomas y signos previos, con hipertemia, hipertensión arterial, aumento del pulso y taquipnea así como una respiración más profunda.

En caso de abstinencia por farmacodependencia más grave, comúnmente se presenta vómito, diarrea, pérdida de peso y eyaculación u orgasmo espontáneos. Si es necesario un programa de abstinencia, los médicos emplean metadona, 10 mg por vía bucal en intervalos de 4 a 6 horas hasta que ya no se presenten los signos. 

La morfina es una sustancia prohibida, perteneciente a la Lista I.

En la práctica esto significa que no hay autorización alguna para comercializar morfina con fines recreativos. Para utilizarla con fines médicos hay que seguir una serie de trámites burocráticos que muchas veces ocasionan escasez en los centros hospitalarios. Varios médicos mexicanos se quejan al respecto, así como algunos pocos investigadores que se han atrevido a proponer experimentos que involucran este fármaco y después de conseguir los permisos (proceso que suele durar varios meses o años) se ven acosados por las autoridades que irrumpen en sus laboratorios casi a diario sólo para constatar si la cantidad de morfina sigue siendo la misma y de no ser así, para inquirir minuciosamente cómo y en qué se ha utilizado.

En el caso de la legislación mexicana en materia de drogas, de acuerdo a las Tablas de penas previstas en el artículo 195 BIS del Código Penal para el Distrito Federal en Materia Común y para toda la República en Materia Federal, portar menos de 250 mg de MORFINA se considera como consumo personal y no se aplica ninguna sanción según el Artículo 199 del mismo código. Una cantidad mayor se considera como tráfico y sí está sujeta a penalización, dependiendo de la cantidad.

Por: José Luis Vrátný

 

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