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La violencia armada no es solamente un problema de aplicación de la ley, o un problema de seguridad nacional. Esta forma de violencia ha generado principalmente una enorme crisis en la Salud Pública mundial. La violencia producida por armas pequeñas ocasiona un sufrimiento inmenso a amigos y familiares de centenas de millares de muertos y de más de un millón de heridos todos los años. Además de los efectos inmediatos, están las lesiones físicas y sicológicas permanentes, la destrucción de familias, la pérdida de productividad económica, el desperdicio de recursos muchas veces escasos de los servicios de Salud que son factores difíciles de ser evaluados.
Los médicos se enfrentan con grandes desafíos al intentar atender las necesidades inmediatas de las víctimas, debido al alto costo de la rehabilitación física y sicológica necesaria para muchos de ellos. Por su tamaño pequeño, su portabilidad, resistencia, su bajo precio y su poder letal, las armas son de dificultosa aprehensión y generan la destrucción de los sistemas de Salud Pública y de los modelos de desarrollo alrededor del mundo. Aproximadamente 500.000 personas en el mundo mueren todos los años de heridas causadas por armas pequeñas usadas para solucionar conflictos, en crímenes y en otros eventos violentos. De estas 500.000, 300.000 murieron en conflictos que involucran armas y 200.000 en homicidios, crímenes, suicidios y accidentes que envuelven armas de fuego. Según estas estadísticas, entonces, muere una persona cada un minuto, debido a armas de fuego.
Los efectos indirectos de la violencia armada en la Salud Pública son todavía más alarmantes. Investigaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud y de Oxfam - Reino Unido, efectuadas en regiones de conflicto en África, constatan que el aumento del número de enfermos de malaria, tuberculosis, SIDA, peste bubónica y otras enfermedades, está asociado a las tensiones a que las personas están sometidas en lugares donde hay conflictos armados. En países con alta incidencia de conflictos armados, la infraestructura de Salud Pública se vuelve desorganizada y los servicios prestados sufren con el exceso de demanda, que disminuye, por ejemplo, los stocks de sangre. El costo económico del tratamiento de las víctimas y de la pérdida de productividad generada por la pérdida de la fuerza de trabajo, es extremamente alto. El costo de las muertes con armas de fuego totaliza el 14 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) de América Latina, 10 por ciento del PBI de Brasil y 25 por ciento del PBI de Colombia. En Canadá, estos costos son estimados en ,6 billones de dólares por año.
Debido a su tamaño, su gran disponibilidad, su bajo costo, su durabilidad y la facilidad de uso, las armas pequeñas actualmente se convirtieron en las principales responsables de muertes y heridas. Las armas pequeñas actúan como un virus contagioso, que fácilmente cruza fronteras políticas y económicas, causando daños a populaciones vulnerables, particularmente a aquellas localizadas en áreas pobres, políticamente inestables y bajo dominio de conflictos políticos.
Recolección y destrucción de armas
Los programas de recolección y destrucción de armas pequeñas y livianas se diseñaron para que dejen de circular en las sociedades, alimentando la violencia armada, prolongando los conflictos y potenciando el crimen. Estos programas incluyen la destrucción de los stocks de armas sobrantes, sacarlas de circulación para construir la paz y prevenir el crimen. Estas iniciativas de desarme sirven para reducir el número de muertes, accidentes y lesiones, reforzar la idea de la relación que existe entre las armas y la violencia, reducir el número de armas disponibles para los delincuentes, aumentar el precio de las armas de fuego en el mercado negro y prevenir una proliferación más extendida.
Una amplia variedad de programas de recolección han sido desarrollados en los últimos años en distintas regiones del mundo con el propósito de recatar armas pequeñas y ligeras. Son a menudo parte de un armazón más grande de prevención del crimen. El objetivo ha sido acotar la disponibilidad de armas y así reducir los altos niveles de violencia social y delitos. Estas recolecciones han tenido mucho éxito, potenciado el conocimiento del público sobre el problema de las armas pequeñas, promoviendo la discusión pública y la participación ciudadana en la aplicación de soluciones.
Una vez que las armas son reunidas, es fundamental asegurarse que no regresen a la sociedad y puedan caer en manos de delincuentes o vulnerar la paz en sociedades que están surgiendo de conflictos (en tiempos de paz frágil, la fácil disponibilidad de armas ligeras ha afectado las negociaciones y contribuido a que continúen las hostilidades). Además, como se ha visto en muchos países en post-conflicto, si las armas no son sacadas de circulación terminan generando una escalada de violencia criminal tirando por tierra los esfuerzos par construir la paz social. De ahí el énfasis puesto en destruir públicamente las armas para simbolizar el fin del conflicto.
Usando una mezcla de incentivos como dinero, materiales de construcción o capacitación profesional y trabajando junto con sectores empresarios y de la sociedad civil, los gobiernos deben recuperar las armas en manos de la gente y darles un destino seguro, preferentemente la destrucción.
Las armas descartadas por las fuerzas de seguridad, secuestradas y decomisadas, también deben ser almacenadas de manera muy segura por los gobiernos. En algunos casos pueden reincorporarse a la sociedad por culpa de robos o actos de corrupción. Incluso en algunos lugares donde los depósitos son lo suficientemente confiables, los gobiernos han decidido destruirlas para asegurar la seguridad pública y la estabilidad política. |