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La humanidad siempre ha querido establecer la forma de medir la inteligencia de sus integrantes, los sociólogos lo establecen como el IQ de cada uno, llegando a clasificar alas personas "como superior al término medio", "término medio" o "limítrofe", sin embargo, esta conceptualización solo se basa en la capacidad que tiene una persona en forma individual para asociar información o para demostrar su agilidad mental pero, ¿qué pasa con la información que se requiere para lograr análisis eficientes?
Imaginemos una computadora recién adquirida, se encuentra cargada con toda su paquetería de programas de software, pero no contiene ningún dato de información específica, sería igual que la mente de un superdotado inmerso en la ignorancia, por lo que el valor de la inteligencia se sustenta en sus conocimientos principalmente.
Para muchos el no asistir a un salón de clases y conseguir posteriormente el examen para acreditar el estudio los hace sentirse "muy inteligentes", o el desarrollar una actividad sin tener idea de lo que se hace, aunque cobrando una buena remuneración, los sitúa en su "gran inteligencia", pero la realidad es que el fracaso estará latente en forma constante; lo mismo pasa en quienes prestan servicios de seguridad: pueden tener mucho ingenio, grandes habilidades y excepcional argumento de ventas, pero la eficiencia y eficacia está dependiendo de los factores de suerte.
Uno de los hombres a quien se le atribuye ser poseedor de una inteligencia excepcional fue Albert Einstein; sin embargo, cuando uno de sus colaboradores le preguntó a que se debía todo ese cúmulo de conocimientos que poseía, contestó enfático: "A mi gran dedicación al estudio y a que toda mi vida a he consagrado a la búsqueda de los conocimientos". Esta respuesta contesta el interrogante que en un principio parecía una incógnita: ¿Cómo este, logró desarrollar los avances más sobresalientes que permitieron crear la tecnología moderna?
Los conocimientos no se adquieren por ósmosis, ni se transmiten genéticamente, sino solo estudiando y capacitándose; este valor cultural que permite a los verdaderos profesionales de la seguridad privada tener resultados exitosos se encuentra en los cursos de especialización, en los diplomados, en las certificaciones y en los congresos especializados en la materia.
La seguridad es una especialización, tal concepto lo entiende mejor quien tiene graves problemas en su seguridad y requiere contratar a quien pueda ofrecerle resultados exitosos, pero para poder otorgar estos resultados es necesario disponer de los conocimientos que sirvan de base esencial.
El II Congreso Panamericano de Seguridad Privada conjuntó a 30 ponentes especializados en la seguridad, pertenecientes a 18 países latinoamericanos, además de un europeo, un norteamericano y 19 nacionales, logrando situarse como el evento cultural más importante en todo América.
La riqueza principal se sitúo en la participación de diversas culturas, que aparte de haber presentado conferencias magistrales por parte de los ponentes, mantuvieron una total disposición para participar en mesas de trabajo, realizándose propuestas para crear un proyecto para un programa integral de seguridad que puede beneficiar a nuestro país.
Para muchos, los diversos temas no representaban un interés, sin embargo los conocimientos se establecen a partir de que es preferible saber y no necesitar, antes que necesitar y no saber, he aquí la diferencia entre un profesional y una empresa de seguridad cuyo único fin sea el lucrativo. |