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  ¿Por qué somos vulnerables?

24 de Junio 2005
Engels Germán Cortés
Fuente: Belt Ibérica

Las situaciones de emergencia y desastre usualmente nos importan desde el momento en que empiezan a afectarnos, cuando sufrimos pérdidas (de vidas, salud, bienes, bienestar, productividad, etc.), esas pérdidas nos duelen, nos preguntamos por qué las sufrimos, y ocasionalmente, qué tenemos que hacer para no volverlas a sufrir.

Pero vamos por partes: normalmente sufrimos daños y pérdidas cuando resultamos afectados por un evento negativo (un accidente, una enfermedad, un fenómeno de origen natural o humano que conlleva consecuencias negativas para nuestra seguridad y bienestar). En el argot de la prevención y atención de emergencias y desastres, este evento negativo se llama amenaza, justamente porque amenaza nuestra seguridad y bienestar. Las amenazas están en todas partes, todas las actividades las contienen, no existe ningún lugar o acción que esté exento de ellas. Tampoco es para ponernos paranoicos, simplemente se trata de reconocer las amenazas a las que podemos estar expuestos, para conocerlas, reconocerlas y aprender a convivir con ellas.

Siguiendo con el argot profesional, todas las personas, las familias, las entidades, las comunidades y sociedades estamos expuestos a diversas amenazas de origen natural, socionatural y antrópico. Eso es normal, y en la mayoría de los casos no lo podemos evitar, porque las amenazas tienden a ser permanentes, latentes. La pregunta entonces es: ¿Estamos concientes de esas amenazas? ¿Las conocemos? ¿Qué tan preparados estamos para enfrentarlas? Es decir, ¿somos vulnerables ante esas amenazas?

Para responder lo anterior, es importante una claridad: la vulnerabilidad es específica frente a una amenaza concreta. Mejor dicho, para saber si soy vulnerable, debo preguntarme primero ante cuál amenaza (incendio, terremoto, deslizamiento, inundación, atraco, atentado terrorista, etc.). Debo identificar y medir la amenaza particular a la que puedo estar expuesto, y ahí sí definir si soy vulnerable ante esa amenaza. Encontraremos que algunas amenazas son más importantes que otras, e incluso que algunas serán despreciables. Pero otras sí son reales y hasta inminentes, esas son las que merecen mayor atención. Ahora sí, podemos definir nuestra vulnerabilidad específica frente a cada una de esas amenazas haciéndonos varias sencillas preguntas alrededor de 3 ejes principales: conocimiento, dotación y organización.

Digamos que la amenaza detectada es la de incendio, de ocurrencia probable en cualquier lugar con instalaciones eléctricas, de gas o cualquier material combustible. Como quien dice, prácticamente cualquier lugar. Por eso es que las amenazas son permanentes y latentes. En este sentido, ¿Conocemos la amenaza? ¿Sabemos cómo se puede materializar? ¿Estamos preparados para impedir esa materialización? ¿Sabemos cómo apagar un incendio? Todas esas preguntas apuntan hacia el eje del conocimiento. Pero puede que todas sean respondidas satisfactoriamente, y entonces podemos decir: Perfecto, sabemos mucho, ahora tráigannos los extintores para apagar los incendios. Si no hay extintores u otros recursos físicos de respuesta (o mejor otros de mitigación, pero esa es otra historia), los incendios no se van a apagar porque les hablemos muy bien o les mostremos los certificados de todos los cursos que hemos tomado. También se requieren recursos, y ese es el eje de la dotación. Y por último, podemos estar excelentemente entrenados y dotados, pero si no tenemos planes de acción previamente definidos sobre cómo enfrentar un incendio, cómo nos organizaremos para tomar y ejecutar decisiones, de qué manera nos coordinaremos los unos con los otros, con todo y nuestro conocimiento y equipamiento podemos terminar siendo más peligrosos que el mismo incendio. Ese es el eje de la organización, aclarado mediante los planes de emergencia, contingencia y evacuación.

La respuesta al cuestionamiento en los 3 ejes nos dice si somos y por qué somos vulnerables ante cada amenaza específica. Para terminar, del trabajo aquí y allá en nuestra Latinoamérica puedo estimar sobre el estado del arte y el conocimiento de nuestros países al respecto, así: del eje conocimiento, es tal vez el más fuerte. Del eje dotación, menos fuerte que el anterior, pero desarrollándose. Pero en el eje organización todavía somos bien pero bien vulnerables. Pocas ciudades, muy pocas, han invertido en la formulación de un Plan de Emergencias para la ciudad que le permite prever eficazmente su organización y respuesta en casos de crisis. Y si la ciudad ya tiene la herramienta y las entidades ya la están apropiando, falta ver cómo Ud., quien está leyendo esta columna, y su comunidad, cuadran ahí. ¿Se lo había preguntado?

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