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En este instante se está desarrollando una
batalla silenciosa que no produce estruendo, ni humo, ni cadáveres
pero que resulta tan dañina para la civilización como las
contiendas que se libran con pólvora y cohetes teledirigidos:
la batalla informática.
Tras la era del papel impreso, de las radiocomunicaciones y de
la transmisión de imágenes, entramos en el tiempo de la
comunicación cibernética. El lenguaje de las computadoras, y
su complejo entrelazamiento mundial en internet, han dado
lugar a una aceleración insólita de la difusión de ideas y
los vínculos interinstitucionales. Como todas las grandes
virtudes estas traen aparejados grandes vicios y en la era
informática ha surgido la plaga de los virus.
En este instante una nueva forma de morbilidad ha atacado el
orbe de las computadoras: un flamante virus denominado SoBigF
que ha contaminado millones de máquinas en todo el mundo. En
un solo día uno de cada diecisiete correos electrónicos
enviados en todo el mundo era portador de SoBigF. El diario
The New York Times fue agredido y se vio forzado a cerrar
todas sus terminales para poder eliminar la ponzoña. Una
semana antes el virus Welchia obligó a la compañía de
aviación Air Canada a cerrar sus operaciones y forzó la
salida del aire de las tres cuartas partes de las computadoras
de la Marina de Estados Unidos. En un lapso anterior el
Blaster también había causado similares estragos.
En este instante existen 77 mil virus y la epidemia ha dado
lugar una industria antivirus evaluada en un billón de dólares,
según las cifras ofrecidas por la revista Time de la semana
pasada. Los creadores de la peste informática tantean las
debilidades del sistema Windows, que es utilizado por el 95%
de las computadoras en todo el mundo, y cada semana descubren
setenta nuevos ángulos de ataque.
El problema es que los flagelos tecnológicos ponen en crisis
el advenimiento de un nuevo orden. La comunicación informática
ha generado una revolución mediante la cual se han cambiado
los modos de producción y los sistemas de valores. El
entramado de colaboración por redes permite que se realice más
trabajo en menos tiempo, reduce las distancias geográficas,
exige mayor preparación, amplia la capacidad de intervención
de cada individuo en los asuntos humanos y acorta los tiempos
de reacción. Es por ello que algunos analistas llaman a esta
nueva situación la "sociedad de la urgencia". Hoy
en día un ejecutivo medio de una empresa recibe un promedio
de ochenta mensajes diarios y debe dedicar al menos media hora
-- si no más--, a informarse. El resto del tiempo lo empleará
en tomar decisiones y ejecutarlas. Ya no basta con conocer un
oficio, quienes no dominen la comunicación instantánea a
distancia serán los nuevos analfabetos, los marginales del
futuro.
A este nuevo orbe de la comunicación informática se le ha
llamado la sociedad post industrial, donde el conocimiento es
fundamental. El ascenso de nuevas élites se deberá
exclusivamente a su supeditación a las modernas exigencias de
la informática. También incrementará la deshumanización al
sustituir los contactos personales por la relación entre
pantallas. Las reuniones de ejecutivos tienden a desaparecer
porque, como la califican los empresarios actualizados, son
"cronófagas".
La nueva guerra de cohetes inteligentes que se ha desarrollado
hoy ha sido posible porque Robert McNamara informatizó el
Pentágono cuando estuvo al frente de ese ministerio en la década
de los sesenta. Algunos como el sociólogo Alvin Toffler
llegan a dudosas conclusiones pronosticando que en los tiempos
por venir ya no habrá ricos ni pobres sino informados y
desinformados. Por esa vía se está llegando a conclusiones
reaccionarias que eliminan las posibilidad de la lucha de
contrarios para acelerar el progreso humanos. Según Armand
Mattelart los doctrinarios afines a las oligarquías en el
poder aspirar a alcanzar el "final de la edad de la
ideología, el final de la política, el final de las clases y
sus luchas, pero también el final de los intelectuales
contestatarios y el final del compromiso. Todos esos eclipses
son de actualidad. Se postula que el 'análisis sociológico'
está barriendo con los prejuicios de la "ideología"
y testimonia la nueva legitimidad de la figura del
"intelectual liberal occidental".
La plaga de los virus informáticos es una grave amenaza que
desafía la instalación de una nueva era. En el mundo que se
está formando hoy, y va a imperar mañana, saber es poder.
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