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El problema de la delincuencia es una de
las mayores preocupaciones de la población. Sin embargo, los
resultados y cifras obtenidos en las encuestas oficiales no
reflejan en detalle cuáles son los temores específicos que
sienten las personas respecto de ese tema. Si se intenta
llevar a cabo acciones públicas más adecuadas para la
prevención y control del delito, es muy importante conocer en
detalle esas percepciones con el objeto de encauzar mejor las
políticas de seguridad ciudadana.
Lo que dice la gente
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La mayoría de
las personas cree, en general, que la delincuencia se ha
incrementado y que seguirá aumentando (visión pesimista
y desesperanzada).
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Al mismo tiempo,
se identifica a la actividad delictiva como algo cada vez
más ligado a las adicciones (droga, alcohol) y a un
entorno más violento.
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La vinculación
de la delincuencia con la droga se siente como una amenaza
creciente en el trabajo, el colegio, las calles, etc.
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Además, se
responsabiliza a la droga de ser uno de los factores que
han ocasionado el aumento de la delincuencia, sea porque
se estima que los adictos necesitan financiar su consumo,
o que los delincuentes actúan bajo el efecto de ciertas
sustancias.
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Se percibe, también,
que los delincuentes más violentos y peligrosos son los jóvenes
y en especial los menores de 18 años, porque actúan en
pandillas que fomentan la violencia y el delito y tienden
a causar mayores daños a sus víctimas.
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La gente cree
cada vez menos en el delincuente pasivo, el temor ya no se
refiere al hecho de afrontar pérdidas materiales sino a
las posibles agresiones físicas que pudieran sufrir
frente a delincuentes violentos.
Diferentes
realidades, diferentes percepciones
Si bien el tema de la delincuencia es una preocupación común
de toda la población, se observan importantes diferencias
entre los distintos grupos socioeconómicos.
En el estrato
socioeconómico alto, la delincuencia se percibe
como un problema distante, algo que se conoce a través de los
medios de comunicación.
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Las personas de
ese segmento saben que hay riesgos de asaltos, pero
tienden a pensar que en sus lugares de residencia
(countries, barrios cerrados, edificios importantes) el
tema no es tan grave.
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Sus acciones
preventivas habituales consisten en utilizar resguardos
tecnológicos (alarmas, luces, teléfonos celulares),
recursos humanos (guardias privados), tomar algunas
medidas de precaución sobre sus bienes y evitar algunos
lugares considerados peligrosos en ciertas horas.
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Sus temores básicos
están relacionados con el robo o daño de su automóvil,
el asalto a su residencia, que sus hijos sean víctimas de
un secuestro o algún hecho violento cuando están fuera
de casa, que a sus hijos les ocurra algo en sus salidas
nocturnas o cuando vuelven a casa de noche, y que algún
miembro de la familia sea agredido o asaltado cuando
detiene el auto en un semáforo.
Las actitudes de prevención que más
asumen en los grupos socioeconómicos altos son:
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Evitar manejar
con los vidrios abiertos en ciertas calles.
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Guardar las
chequeras o tarjetas de crédito en bolsillos separados o
evitar tenerlos juntos en una misma cartera.
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Usar radio taxis
cuanto no cuentan con su propio automóvil durante la
noche.
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Mantener a los niños
de la mano en lugares muy concurridos.
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Instalar en su
domicilio un sistema de encendido automático de luces.
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Instalar una
alarma conectada a una central de vigilancia.
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Contratar
guardias que vigilen día y noche.
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Mantener en lugar
visible (o codificado para discado rápido) el teléfono
de la policía.
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Instruir al
personal de servicio para que no autorice la entrada de
extraños y para que desconfíe de ellos, aún cuando se
identifiquen como trabajadores de alguna empresa o
vendedores.
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Llamar seguido
por teléfono a su casa para cerciorarse de que todo está
bien.
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Impedir que sus
hijos salgan solos a la calle, y enseñarles a no abrir la
puerta , no conversar con desconocidos ni dar información
por teléfono.
El estrato
socioeconómico medio tiene una relación cercana
con la delincuencia, y fruto de ello, un nivel de temor más
alto.
Esta cercanía se debe, en gran parte, a un
mayor contacto con el delito en la calle, en los transportes públicos
y en los lugares donde vive.
Acciones preventivas habituales:
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Sus posibilidades
de aislamiento mediante el uso de tecnologías o
contratación de guardias son más limitadas, por lo que
estas personas recurren en mayor medida a la coordinación
entre vecinos: alarmas comunitarias, vigilancia solidaria,
etc.
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Sus temores básicos
son ser asaltado en la calle, en un transporte público o
en el hogar, que los hijos sean víctimas de una patota en
el lugar de residencia, ser asaltado en el trabajo, ser
asesinado por resistirse a un asalto.
Las actitudes de prevención de la clase
media son esencialmente prácticas y se basan en la precaución.
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Evitar el uso de
joyas u otros objetos que puedan tentar al delincuente.
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Las mujeres
suelen cruzarse la cartera para dificultar robos en caso
de un forcejeo.
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Guardar la
billetera en un bolsillo interno.
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Vigilar a la
gente en la calle y mantenerse alerta para descubrir si
alguien pretende robar.
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Elegir los
asientos que dan al pasillo en los transportes colectivos.
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Encender luces en
el hogar durante la noche.
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Tener un perro en
las casas con jardín.
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Proteger las
aberturas con rejas y colocar cerraduras de seguridad.
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Instalar alarmas
comunitarias.
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Instruir al
personal de servicio, si lo hubiera, para que no autorice
la entrada de extraños y para que desconfíe de ellos, aún
cuando se identifiquen como trabajadores de alguna empresa
o vendedores.
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Llamar seguido
por teléfono a su casa para cerciorarse de que todo está
bien.
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Impedir que sus
hijos salgan solos a la calle, y enseñarles a no abrir la
puerta , no conversar con desconocidos ni dar información
por teléfono.
El estrato
socioeconómico bajo tiene la vivencia más
directa, cotidiana y fuerte de la delincuencia.
Este estrato ha aprendido a convivir con
las pandillas delictivas y si bien les teme, debe interactuar
con ellas porque suelen dominar sus propios barrios.
Acciones preventivas habituales:
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La realidad de
estos segmentos es dramática, ya que deben luchar por
sobrevivir y al mismo tiempo defender el sustento diario o
lo que han conseguido después de meses o años de
trabajo. Por eso mismo, están dispuestos a llegar a
extremos para defender lo suyo, sean bienes o familia.
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Sus temores más
importantes son: ser asaltados o atacados en la calle y
hasta en su propia casa, que ataquen a sus hijos a la
salida del colegio, ser víctima de un carterista, que a
los hijos les ocurra algo en sus salidas nocturnas o
cuando vuelven a su casa, que sus hijos sean asaltados en
el hogar cuando están solos.
Las actitudes de prevención se centran básicamente
en evitar llamar la atención de los delincuentes, y en caso
de ser víctima de un delito, en responder a la agresión.
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No mostrar
debilidad ante el delincuente, para ser respetado.
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Portar armas
(cuchillo, revólver, etc.) y tener alguna en el hogar.
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Compartir su
espacio con los delincuentes sin involucrarse con ellos.
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Evitar andar
solos, principalmente de noche.
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Mantener a los
hijos dentro de su vivienda.
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Si es posible,
acompañar a los hijos hasta el colegio y buscarlos a la
salida.
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Evitar las
esquinas y calles peligrosas.
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Dejar botellas u
otros objetos detrás de puertas y ventanas para que actúen
como alarmas si alguien pretende abrirlas.
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Pasear con la
familia (hermanos, primos) por el barrio, para trasmitir
la señal de que es peligroso hacerle daño porque habrá
represalias.
Conclusión
Las cifras que nos dan las estadísticas permiten conocer las
dimensiones generales de la delincuencia, pero ocultan los
aspectos humanos del problema. La mayoría de las personas no
son delincuentes, por el contrario, quieren vivir y trabajar
en paz. La delincuencia es una de las más fuertes amenazas
que pesa sobre nuestra sociedad, por lo tanto es urgente
conocer detalladamente los trastornos, actitudes y temores que
genera el delito, para poder trabajar en el logro de una
convivencia más pacífica.
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