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Para buena parte de la población juvenil, los derechos, las capacidades y las libertades parecen no existir. Los jóvenes soldados, los jóvenes migrantes, los jóvenes en situación de calle y los jóvenes en encierro han sido sometidos a la invisibilidad, a la nada. Las distintas formas de violencia a las que son expuestos pueden resumirse en la violencia del olvido; pese al simulacro de las políticas gubernamentales en materia de juventud resulta preocupante la amnesia y el descuido de las autoridades responsables.
Notas sobre la violencia rentable
Después de los ataques al pueblo de Irak, el tema de la violencia necesita ser pensado desde muchos ángulos. Estos acontecimientos criminales nos recuerdan, más que nunca, que la violencia no es consecuencia necesaria y directa de la pobreza, la exclusión, la baja escolaridad o la disidencia, como todavía piensan algunos.
Los gobiernos de Estados Unidos han cometido una y otra vez la misma barbarie, han sido criminales, ambiciosos y persistentes violadores de los derechos humanos y las leyes internacionales. Pero esta vez, a pesar de la oposición de miles y millones de voces en el mundo, el horror y la violencia sobre hombres, mujeres, jóvenes, niños, ancianos, se alimentó descaradamente de la soberbia, la mentira y la sordera a favor y en beneficio de los poderosos.
La violencia ejercida contra el pueblo iraquí no ha sido gratuita; en la guerra preventiva la industria militar se ha vuelto más rentable que nunca, las ganancias económicas para la industria del petróleo harán más millonarios y poderosos a los ya de por sí poderosos millonarios.
La violencia, señala Celia Amorós glosando a Sartre, es apropiación del mundo por destrucción: "He de hacer que el objeto me pertenezca en su deslizamiento del ser a la nada, siempre que esa nada sea provocada por mí. A falta de poder fundar el objeto en su ser a través de mi libertad -como hace el artista en la creación de la obra de arte-, pongo mi libertad al servicio de fundarlo en su
nada"(1). El terrorismo de Estados Unidos y sus seguidores continúa precisamente este camino: imponer su hegemonía mundial destruyendo con miles de misiles las ciudades, la historia y la población iraquí. Tomando lo que no les pertenece, los gobiernos de Estados Unidos convierten en nada los derechos de un pueblo, reducen a cero la voz de la Organización de las Naciones Unidas y del mundo pidiendo la
paz(2).
Fernando Savater plantea que el discurso de la violencia se establece sobre un principio de indiferencia universal: todo da igual, si no es lo que yo quiero.
"Cualquier gradualismo, cualquier distinción o preferencia relativa es una forma de complicidad con el mal
absoluto."(3) Esta última frase quiere ser no sólo la lección de Bush, sino el fundamento del miedo: Si no están con nosotros, están en contra de nosotros.
Estar en contra significa entonces ver amenazado lo que se es, correr el riesgo de verse reducido a la nada, destruido en su vida cotidiana y en sus relaciones vinculares. Esta frase y las imágenes de la guerra construyen el miedo, el miedo al ataque y a la pérdida de lo que se ha construido. "El hombre establece con el ámbito en el que nace, crece y se desarrolla vínculos que se van humanizando en forma progresiva. Estos lazos alcanzan una intensidad tal, que ese hábitat se convierte poco a poco en una prolongación del propio cuerpo. El paisaje, los objetos, son descubiertos en un lento proceso de crecimiento. Un sentimiento de familiaridad permite que los incorporemos a nuestra imagen. De algún modo se vuelven espejo. Así se dan los primeros modelos naturales de comunicación con el mundo. Allí, en ese hábitat, se realizan los primeros aprendizajes. Y son estas experiencias iniciales, con su escenario y personajes, las que configuran el mundo interno que acompañará a cada uno de nosotros a lo largo de nuestra vida adulta. De esta manera se da un diálogo interno permanente con esos objetos definitivamente asimilados al
yo."(4)
Pero esta amenaza a lo que somos, al yo, al nosotros, no puede quedar así porque nos inmoviliza. El miedo, señaló William Faulkner, hay que desobedecerlo. Y desobedecerlo, creemos, implica pensarlo, localizarlo, cuestionarlo. La violencia de la globalización neoliberal, la violencia que los estados practican en contra de poblaciones enteras día a día hay que nombrarla, es necesario no acostumbrarse más a la incoherencia y al delirio que la sostiene.
Por ejemplo, la violencia de la pobreza y la corrupción genera en todo el mundo el enorme problema del hambre, pero también la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos; es decir, miles de personas mueren a cada momento por desnutrición e inanición, mientras sus gobernantes políticos y económicos obtienen ganancias de ello y viven en la opulencia. "El mismo 11 de septiembre de 2001, cuando los medios comunicaban el horror de todos ante un atentado que costó la vida a más de tres mil trabajadores, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) emitía un comunicado informando que la pobreza mata 35,600 niños por día. Pero sobre ese terrorismo económico nadie habló, pues la miseria y la muerte por hambre y enfermedades, aunque sean provocadas por personas de carne y hueso que planifican y ejecutan políticas concretas de concentración de la riqueza y despojo en países dependientes, aparece ante muchos como cosas
naturales."(5)
El hambre es una violación al derecho fundamental a la alimentación. Pero también la educación, la salud y el acceso a una vivienda digna son derechos, y pese a que éstos han sido firmados y ratificados por muchos gobiernos sabemos que poblaciones enteras sobreviven, por imposición, en el analfabetismo, el adoctrinamiento y el desempleo; mueren de enfermedades curables y se encuentran hacinados en grandes unidades habitacionales e instituciones de encierro o bien carecen en la vida diaria de servicios indispensables como agua, drenaje y servicios de comunicación.
Mientras esto sucede, mientras la mayor parte de la población enfrenta problemas de marginación, la concentración de la riqueza y el poder se sostiene en la violencia del cinismo; las ganancias económicas de algunos sectores son indignantes; en algunos países como el nuestro, los sueldos vitalicios de expresidentes y otros servidores públicos son una verdadera burla para el grueso de la población con ínfimos ingresos; las fastuosas y enormes zonas residenciales, los ostentosos automóviles y otras lujosas formas de vida, contrastan violentamente con la pobreza y exclusión cotidiana a la que ha sido condenada la mayor parte de la población.
Pero las élites económicas y políticas no sólo buscan más poder y ganancias, sino que están dispuestas a perpetuarlos a costa de lo que sea. La violencia del estado es clara, no sólo viola y transgrede los derechos más elementales, sino que perfecciona, siempre en su beneficio, los sistemas de represión. Desde las dictaduras hasta las supuestas democracias, es de todos conocida la violencia desarrollada contra individuos y organizaciones que levantan la voz en contra de un sistema que enarbola el éxito económico como único valor; en julio del 2001, por ejemplo, el mundo vio cómo un estudiante, Carlo Giuliani, era asesinado por la policía de Génova en una protesta contra la globalización neoliberal.
Estas formas de violencia tienen que ser pensadas, habladas, comentadas. No acostumbrarnos a ellas y mantener una memoria colectiva para poder vivir ahora y construir el futuro es obligación nuestra. En palabras de J. Petras: "No puede haber concesiones: esta disputa no llegará a su fin hasta que, o bien el mundo abrace una civilización libre de imperialismo, genocidio y matanzas étnicas, o bien descendamos al infierno de un mundo gobernado por sicópatas genocidas que ven la guerra como medio de dominación
perpetua"(6).
Son muchas las formas en que la violencia de los estados va suministrando el miedo. El desempleo, la exclusión y la represión, por ejemplo, amenazan a muchos hombres y mujeres en el mundo. México no es la excepción y gran parte de la población en nuestro país sobrevive bajo el temor de un mañana incierto; las posibilidades del futuro se desdibujan y las capacidades de los sujetos tienden a ser cercenadas.
En palabras de Amartya Sen: "A pesar de que la opulencia mundial ha experimentado un aumento sin precedentes, el mundo contemporáneo niega libertades básicas a un inmenso número de personas, quizá incluso a la mayoría. A veces la falta de libertades fundamentales está relacionada con la pobreza económica que priva a los individuos de la libertad necesaria para satisfacer el hambre, para conseguir un nivel de nutrición suficiente, para poner remedio a enfermedades tratables, para vestir dignamente o tener una vivienda aceptable o para disponer de agua limpia o de servicios de saneamiento. En otros casos, la privación de la libertad está estrechamente relacionada con la falta de servicios y atención social públicos [...] En otros casos la violación de la libertad se debe directamente a la negativa de los regímenes autoritarios a reconocer la libertades políticas y civiles y a la imposición de restricciones a la libertad para participar en la vida social, política y económica de la
comunidad"(7).
Si bien esta condición atraviesa a diversos sectores de la población (mujeres, indígenas, niños, enfermos), nos interesa en este momento detener nuestra atención en las violencias a las que población juvenil se ve sometida.
La violencia de los jóvenes
En otro momento hemos señalado cómo el binomio violencia y juventud supone que los jóvenes son violentos prácticamente por naturaleza. "Cabe señalar, que por lo menos en las últimas dos décadas, se han fundido tres conceptos: juventud, nihilismo y violencia. A diferencia de los años sesenta y setenta en los que se dibujó una juventud revolucionaria, creativa y dispuesta a tomar el mundo en sus manos, actualmente destaca la idea de una juventud apática, adormecida, desesperanzada, inconsciente, desapasionada; jóvenes que no creen en nada y que no desean
nada."(8) De esta manera, en la actualidad los términos juventud, delincuencia, peligrosidad y desorden aparecen vinculados.
Seguramente los datos reclamarán la certeza de tal correspondencia, por ejemplo el INEGI en el 2000 señaló que "en términos generales, lo más relevante que se observa en la información acerca del comportamiento delictivo es que gran parte del total de infractores son jóvenes; de los cuales, una gran mayoría son hombres. Los delitos de robo y aquellos relacionados con la ley federal de armas de fuego son los que mayor peso tienen en los juzgados del fuero común y del fuero federal,
respectivamente"(9). Así mismo, en noviembre de 2001 el Gobierno del Distrito Federal señaló que, del total de la población penitenciaria del DF, 80% está integrada por personas entre 18 y 25 años de edad. Y según la Dirección General de Prevención y Tratamiento de Menores (DGPTM), dependiente de la Secretaría de Gobernación, la mayoría de los infractores proviene de las delegaciones Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Venustiano Carranza Cuauhtémoc y municipios conurbados del estado de México.
No obstante los datos estadísticos, la llamada violencia de los jóvenes aparece como un binomio complejo. Ésta se ha convertido en una miscelánea que incluye a jóvenes que agreden, que asaltan y matan, pero también a jóvenes que se drogan, que se tatúan, que no estudian o no trabajan, que son "vagos", jóvenes que participan en movimientos sociales, jóvenes que son homosexuales, jóvenes que se suicidan, jóvenes que cantan, jóvenes que bailan. Pero además es importante señalar que el binomio violencia-juventud aparece fuertemente triangulado y significado por la idea de pobreza.
Los jóvenes de clases altas por ejemplo, difícilmente van a ser condenados por estos hechos; al contrario, las revistas de sociales se encargan de festejar sus viajes de ocio y derroches de dinero; sus apellidos importantes no aparecen en las fichas
policíacas y sus grandes posibilidades económicas hacen invisible cualquier trasgresión. Los spring-breakers no sólo pasan a formar parte del show en los medios de comunicación, sino que además, tal y como los empresarios de Cancún han señalado, "los spring-breakers representan 70% del ingreso proveniente del
turismo"(10).
Pero los otros jóvenes, los jóvenes de la mayoría marginada que no trabajan, que también se emborrachan y se drogan, que agreden a quien se les ponga enfrente, que no estudian y se divierten, representan la violencia, la anormalidad y lo riesgoso. Valdría la pena entonces preguntarnos si la violencia de la juventud es cuestión de enfoques o bien ¿la violencia, cuando es rentable, entonces no es violencia?
No podemos dejar de mencionar aquí que entendemos a la juventud como una construcción histórico-social, es decir, las representaciones o significaciones que hacen ser al joven han sido distintas en tiempo y espacio. "El mundo romano, la Edad Media y la época moderna han conocido pluralidad de formas de significar la condición juvenil; son también diversos los modos de representar a esta capa de la población en el campo o en la ciudad, en la clase burguesa o proletaria, o bien en función de las relaciones de genero instituidas en una sociedad. Parafraseando a Castoriadis (1988) podemos decir que más allá de definiciones puramente anatómicas o biológicas, la juventud es lo que es en virtud de las significaciones imaginarias sociales que la hacen ser
eso."(11)
Sobre el binomio juventud y violencia, José Manuel Valenzuela señala el manejo sesgado de la representación de la violencia como si fuera exclusiva sólo de algunos. "Las acciones de grupos proscritos tienden a unilateralizarse, a estigmatizarse, a estereotiparse. Sus actos se hipostatizan para dejar una imagen caricaturizada, sin contornos finos ni matices […] La violencia se presenta en todos los estratos sociales, lo que debemos cuestionar es que los sectores más desprotegidos, los más vulnerables a la represión y a la condena paguen los platos rotos. La inercia de la proscripción no admite sutilezas. La sociedad se desbordó en un proceso incontrolado que alimentaba el imaginario de la violencia. El monstruo tomaba vida propia y se volvía amenazante ante los sectores medio y alto, asustados de sus propias pestañas."(12)
Acotemos aquí dos cuestiones:
Si bien entonces el ejercicio de la violencia lo podemos encontrar en distintos sectores, jóvenes y adultos, mujeres y hombres, católicos y protestantes, etcétera, es importante observar cómo se construyen distintos significados alrededor de la violencia. En el caso de los jóvenes algunas formas de violencia se van criminalizando y otras más se van convirtiendo en naturales o rentables.
Por otro lado, hay que insistir en la idea de que la pobreza no es causa directa de la violencia. Los jóvenes en la opulencia o en la pobreza pueden o no ejercer la violencia; es decir, ni la condición social ni la condición generacional determina el papel de éstos en el mundo. Pero lo que sí podemos asegurar es que los jóvenes que sobreviven en la pobreza, los jóvenes marginados son los más expuestos a la violencia, específicamente a la violencia del estado.
Los jóvenes de la violencia(13)
Para buena parte de la población juvenil, los derechos, las capacidades y las libertades parecen no existir. Los jóvenes soldados, los jóvenes migrantes, los jóvenes en situación de calle y los jóvenes en encierro han sido sometidos a la invisibilidad, a la nada. Las distintas formas de violencia a las que son expuestos pueden resumirse en la violencia del olvido; pese al simulacro de las políticas gubernamentales en materia de juventud resulta preocupante la amnesia y el descuido de las autoridades responsables.
Los jóvenes como soldados
Millones de jóvenes en el mundo no sólo han tenido que presenciar en los últimos meses el genocidio premeditado contra el pueblo de Iraq, sino que miles de ellos participan en luchas armadas en distintos lugares del mundo. Los territorios que la violencia de la guerra ha ocupando y que involucran a la juventud aparecen en la reciente guerra contra Iraq, la lucha israelí-palestina, los movimientos autonomistas y las guerrillas.
En los ejércitos nacionales, muchos jóvenes han sido utilizados, desde hace décadas, como carne de cañón. La guerra tiene semblantes juveniles, dice Sabina Loriga: "La institución militar empezó a transformarse en un lugar homogéneo desde el punto de vista de sexo y edad, solamente a finales del siglo XVIII, cuando el servicio militar dejó de ser un oficio para convertirse en un deber de todos los varones, con edades comprendidas entre los veinte y los veinticinco años, aptos para el servicio. Con la ley sobre el reclutamiento universal obligatorio, propuesta en Francia por el mariscal Jean-Baptiste Jourdan, y adoptada después por la mayor parte de los países europeos, la función del soldado estaba indisolublemente ligada al ciclo de la
vida"(14).
Así, los jóvenes han sido una pieza fundamental en la institución militar y su violencia instituida que es la guerra; tras la imagen de un cuerpo fuerte, veloz y resistente los jóvenes han tenido que aniquilar la existencia de otros, arriesgando y salvaguardando su propia vida; falsas banderas e himnos los han involucrado en enormes redes de violencia.
En el ejército, la escuela de la violencia, los jóvenes viven en el encierro, se disciplinan su cuerpos y controlan sus tiempos; en nombre de la seguridad nacional se les enseña a
matar(15). Es importante observar cómo el ejercicio de la violencia que los jóvenes aprenden en la institución del ejercito, contrasta enormemente con la Declaración sobre el Fomento entre la Juventud de los Ideales de Paz, Respeto Mutuo y Comprensión entre los Pueblos, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas desde 1965. Esta declaración señala en su Principio I que: "La juventud debe ser educada en el espíritu de la paz, la justicia, la libertad, el respeto y la comprensión mutuos, a fin de promover la igualdad de derechos de todos los seres humanos y de todas las naciones; el progreso económico y social, el desarme y el mantenimiento de la paz y la seguridad
internacionales"(16).
Los jóvenes enlistados en ejército no sólo han sido educados para destruir al otro, sino que ellos mismos están expuestos a la obediencia ciega, la subordinación y la anulación de su libertad. Su vida no sólo corre peligro en la guerra, sino en el encierro y los dispositivos de la disciplina de todos los días. Por ejemplo: "En el mundo hay más de 22 millones de personas que sirven a las fuerzas armadas, la mayoría hombres de entre 18 y 39 años de edad, la edad de mayor actividad sexual. Datos del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre Sida (Onusida) revelan que el personal militar es de dos a cinco veces más vulnerable a las infecciones de transmisión sexual (ITS) y al VIH/sida que el resto de la población civil, debido al desarraigo de sus lugares de origen, que los lleva a recurrir al sexo
comercial"(17).
Los jóvenes, la pobreza y la migración
El sistema neoliberal aplica también la fuerza de su violencia contra la juventud. Al situar el éxito económico como el único valor en la sociedad y al polarizar cada vez más la riqueza y la pobreza, buena parte de la población juvenil ha tenido que someterse a procesos de migración y abandono de sus lugares de origen. Los adultos varones, pero también los jóvenes, hombres y mujeres, se han ido convirtiendo en la promesa de muchas comunidades para salir de su profunda miseria y exclusión. En Tapachula, Chiapas, en el llamado "tren de la muerte" muchos jóvenes y casi niños -guatemaltecos, salvadoreños, hondureños- han quedado bajo las ruedas de los vagones al intentar cruzar la frontera que nos separa de Centroamérica. "William Alexander Mártir es uno de los 30 centroamericanos que en los primeros seis meses de este año han sido víctimas del ferrocarril. De 18 años, oriundo de San Salvador, la capital de El Salvador, persiste, sin embargo, en su idea de aprender inglés para dar clases en su país. Y aclara que regresará a su barrio cuando consiga dos prótesis que le ayuden a caminar, pues perdió las dos
piernas."(18) De igual manera en el norte de nuestro país, la juventud rural y urbana mexicana es blanco de las patrullas fronterizas y de las mafias del narcotráfico. El INEGI en el año 2000 señaló que de 1992 a 1997 el número de migrantes de México a Estados Unidos fue de alrededor de 2.1 millones de personas; la mayoría de estos migrantes fueron personas jóvenes: 63.2% y 66.8% de los hombres y mujeres que migraron en este periodo tenía entre 15 y 29 años de edad.
"La migración de mexicanos hacia Estados Unidos, más allá de las heterogéneas racionalidades y motivos que la propician, alude a un fenómeno de agregado al cual, desde la cultura dominante estadounidense, le han adjudicado diversos efectos sobre la economía y la sociedad estadounidense. Muchos de estos supuestos efectos corresponden a invenciones estereotipadas desde las cuales los inmigrantes son considerados como criminales, delincuentes, portadores de enfermedades, parásitos de los programas de asistencia, generadores de desempleo y otras calamidades de la economía y el bienestar de los
estadounidenses."(19)
Si la migración ha sido entonces un fenómeno preocupante, después del 11 de septiembre de 2001 nos debe parecer aún más alarmante; para las autoridades de Estados Unidos ahora el problema de la migración se incorpora a la amenaza del terrorismo; la situación se ha endurecido y los jóvenes mexicanos están expuestos a la paranoia y despotismo del gobierno vecino y su población.
Los jóvenes a la calle
La violencia familiar, la pobreza, el alcoholismo, la drogadicción y los flujos migratorios son algunas de las razones que han llevado a la calle a muchos niños y jóvenes de países en desarrollo. México no ha sido la excepción y el fenómeno de niños, jóvenes y familias en situación de calle crece enormemente. Y el gobierno, pese a sus programas asistencialistas, está todavía muy lejos de tomar con seriedad y responsabilidad este
problema(20). La población joven en situación de calle, no sólo ve pisoteados sus derechos humanos más elementales -alimentación, salud, vivienda-, sino que ha quedado expuesta a la arbitrariedad y violencia de las autoridades, los empleadores de trabajos temporales e incluso la asistencia de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.
Para sobrevivir, decenas y decenas de mujeres y hombres jóvenes toman las calles para prostituirse; la inseguridad, la ceguera hipócrita de las autoridades y los riesgos son constantes: la explotación de los enganchadores y padrotes, la amenaza del sida y otras enfermedades, el influjo de las drogas y el hostigamiento de los cuerpos
policíacos.
En las grandes ciudades y en los centros turísticos el narcotráfico va capitalizando también a la población juvenil. Como consumidores o vendedores, los jóvenes han sido involucrados en las redes del narcotráfico, expuestos no sólo a las violentas reglas de las mafias, sino a la extorsión y complicidad de los cuerpos
policíacos.
En ciudad Juárez "enganchadores profesionales están, también, a la caza de jovencitas que llegan a la ciudad, con la intención de cruzar al otro lado. Solas, sin familia, sin trabajo y con la necesidad de comer, algunas de ellas no tiene otra opción que trabajar en bares, cantinas o centros nocturnos, donde son inducidas a ejercer la prostitución y a consumir drogas, sobre todo cocaína y heroína […] En su recorrido por Juárez, los investigadores detectaron, así mismo, la presencia de niñas tarahumaras dedicadas a la prostitución. Casi todas, aseguran, son adictas al 'agua celeste'
(tolueno)"(21).
Los jóvenes en situación de calle son todavía más vulnerables. La protección y garantía de sus derechos están prácticamente negadas. Pese a los esfuerzos de organismos nacionales e internacionales pocos han sido los avances al respecto; para el caso de México, el programa de acción 2002-2010 para la infancia y la adolescencia, se compromete a "impulsar el enlace y la coordinación de esfuerzos entre los sectores público, privado y social, que previenen y atienden el fenómeno de la niñez en situación de calle y sus familias, a fin de contribuir a dar solución y atención integral, a mediano y largo plazo a dicha problemática […] Sus acciones abarcan los ámbitos de: prevención, atención, procuración de justicia e investigación"(22).
Si bien son importantes los proyectos y las buenas intenciones sobre políticas de atención y asistencia a la población, es necesario señalar que mientras no deje de reducirse el gasto público y se siga privatizando la prestación de los servicios, una gran parte de la población, entre ellos los jóvenes, seguirá viendo deteriorada sus condiciones de vida y la exclusión social se seguirá agudizando.
Los jóvenes y la violencia del encierro
Las instituciones de encierro que albergan a jóvenes son varias: hospitales, psiquiátricos, conventos, centros de readaptación, escuelas o internados. Por el momento nos interesa poner atención en el tema de la cárcel puesto que, como señalamos líneas más arriba, de la población penitenciaria, la mayoría está compuesta por jóvenes(23). Los estudios sobre este problema generalmente han puesto énfasis en las características delincuenciales de la juventud, en estas líneas nos interesa mencionar brevemente que los jóvenes dentro de los reclusorios y los consejos de menores están cotidianamente expuestos a una violencia enorme; el hacinamiento, las golpizas, la drogadicción, las torturas, la violación, son parte de su vida diaria.
"Pensar en las cárceles es pensar en la violencia de la miseria urbana, violencia que aparece como exacerbada. En el encierro todo se magnifica […] Cuando todas las instituciones sociales han fracasado, cuando ni la familia, ni la escuela, ni el ámbito económico, religioso o laboral han logrado adaptar al sujeto, aparece la cárcel como totalizadora, que refuerza el encierro propio de las instituciones y busca tomar el lugar de las que fracasaron, sustituyéndolas con esfuerzos redoblados […] El encierro no se dirige al sujeto de derecho. No se trata de castigar el acto delictivo o de reconstruir el sujeto jurídico del pacto social. Se trata, como dice Foucault, de formar sujetos obedientes, sometidos a hábitos, a reglas, a órdenes, sujetos plegados a una forma escrupulosa de
poder."(24)
Las intenciones de los programas de tratamiento y adaptación social del infractor a fin de reincorporarlo como individuo productivo y útil a la sociedad contrastan fuertemente con la realidad. Es por todos sabido que los centros de tratamiento, los consejos de menores y los reclusorios reproducen aquello que pretenden controlar. El sistema carcelario produce corrupción, abusos contra los internos y en muchos casos se convierte en una escuela del crimen. "Julián […] fue internado por robar en un centro comercial y soportó el abuso de los custodios desde el principio. "Cuando me estaban quitando la ropa, uno de los guardias me tocaba como puto. Me apretó fuerte las nalgas, según esto para que con el esfuerzo expulsara la droga que pudiera tener en el ano. Cuando me iba a revisar mi parte, llegó otro custodio y le dijo: 'ese tiene familia'. Entonces me dejó en paz. Ya sin ropa nos obligaron a hacer sentadillas. Cuando te detenías, con un golpe en las costillas te obligaban a seguir." Recuerda que esa noche no pudo dormir porque en la madrugada llegó "un chavo reincidente que me pedía dinero para protegerme de ser
violado"."(25)
Los jóvenes en el ejército y en el encierro, los jóvenes migrantes y en situación de calle, son jóvenes olvidados. Pese a que estos últimos (los jóvenes migrantes y los jóvenes que habitan las calles) son mencionados en algunas encuestas y estudios gubernamentales, en la ejecución e implementación de las políticas de atención, este sector de la población tiende a ser invisibilizado. La violencia del olvido, la reducción a la nada, puede resumir el conjunto de las formas de violencia a las que están expuestos una buena parte de los jóvenes en nuestro país.
Es más o menos clara, en palabras de Arnoldo Kraus, la amnesia e irresponsabilidad de los grupos de poder hacia la juventud.
Los jóvenes son sujetos y el estado tiene la obligación y el compromiso de cumplir con una política integral de atención a la juventud. Y es preciso recordar que también son jóvenes aquellos que están en las calles, en situación de migración, en las cárceles o en el ejército y que viven la violencia y el abismo del olvido todos los días.
La violencia del olvido por parte del Estado mexicano ha comprometido la felicidad de miles de jóvenes en nuestro país. Es urgente que los gobiernos de México se hagan responsables de las obligaciones que han adquirido al aceptar los convenios y la leyes internacionales de protección a la población juvenil, no sólo porque van a ser el futuro del mañana, sino porque son sujetos de derecho hoy en el presente.
Es importante generar lazos de confianza y esperanza para los jóvenes que nacieron en la época del sistema neoliberal que conduce con sus instituciones, entre ellas la guerra, a la aniquilación de grandes capas de la población mundial. La factibilidad de un planeta diferente, la esperanza de un futuro ajeno a la violencia rentable, todavía es posible.
Notas:
-
Savater, Fernando, Contra las patrias, España, Tusquets,1984, pp.172.
-
Las reflexiones de Pierre Clastres sobre el etnocidio y el genocidio resultan son muy interesantes. Consultar Investigaciones en antropología social, España, Gedisa, 1981.
-
Savater, op.cit. pp.175.
-
Pichon-Rivière, Enrique y Ana Pampliega, Psicología de la vida cotidiana, Argentina, Nueva Visión, 1985, pp. 111.
-
Editorial, La Jornada, 3 de febrero de 2002.
-
Petras, James, "Guerra y genocidio premeditados", La Jornada, 16 de
febrero de 2003.
-
Sen, Amartya, Desarrollo y libertad, México, Planeta, 2000, pp20.
-
Soto, Adriana, "La sospechosa relación entre juventud y violencia", El Cotidiano, México, DF, año 18, núm. 111, enero-febrero de 2002, pp.28-35.
-
INEGI, Los jóvenes en México, INEGI, México, 2000, pp.111.
10 Tello Díaz, Carlos, "De Cancún y cosas peores" Proceso, núm. 1388, México, 8 de junio de 2003, pp. 60.
-
Soto, M. Adriana. "De culturas juveniles y tribus urbanas", Anuario de Investigación 2001, Departamento de Educación y Comunicación, UAM, Xochimilco, México, 2002.pp.293-305.
-
Valenzuela A. José Manuel, Vida de barro duro. Cultura popular juvenil y graffiti, México, Universidad de Guadalajara-El Colegio de la Frontera Norte, 1997. pp. 69.
-
Paralelamente a estas formas de violencia que vamos a mencionar, encontramos otras que corren más calladamente pero que son conocidas por todos nosotros. Por ejemplo, la pobre oferta de instituciones públicas de enseñanza ha llevado a miles de jóvenes a desertar de la escuela; los cruceros para limpiar coches, el comercio ambulante, los empleos raquíticamente remunerados, etc. son algunas de las opciones que les van quedando. La falta de seriedad y responsabilidad en materia de atención a la salud y educación sexual ha violentado los cuerpos y trastornado la vidas de muchos jóvenes; el VIH va expandiéndose cada vez más en esta capa de la población y los abortos clandestinos de muchas jóvenes ha puesto en riesgo su vida.
-
Loriga, Sabina, "La experiencia militar" en Levi Giovanni y Jean-Claude Schmitt Historia de los jóvenes. La Edad Contemporánea, España, Taurus, 1996.
-
Sobre este tema se puede consultar: Foucault, M., Vigilar y castigar, México, Siglo XXI.
-
CNDH, "Jóvenes y derechos humanos", Gaceta Núm. 109. México, CNDH,
1999.
-
Medina, Antonio, "Prácticas de riesgo, gajes del oficio", Suplemento Letra S, La Jornada, marzo 6 de 2003.
-
"Son migrantes centroamericanos que buscan dejar la miseria que azota a sus países.
- Es que en Honduras está cabrón, men, no ganas nada- dice uno de ellos.
Todos son jóvenes, excepto uno, el más callado: es José Antonio Ibañez, quien escucha atento la conversación, enfundado en su short y camisa sucios, zapatos raspados, el cabello desaliñado.
- ¿Y qué dices tú?- le pregunta el reportero.
Su timbre de voz infantil y tímido lo delata -quizá apenas llegue a los diez años y no a los trece, como él asegura. Dice que es guatemalteco y va para Monterrey, a buscar a su hermano mayor. Con su inocencia infantil, sin tener idea del tamaño de la capital de Nuevo León, agrega que al llegar allá preguntará por su hermano y lo buscará.
- ¿Y tú familia?
- Mi mamá no se dónde ande. Mi papá murió. Y mi tía, con la que vivo, me dijo: Si quieres largarte, lárgate.
Cuando el ferrocarril se pone en marcha, los migrantes, con sorprendente agilidad, comienzan a treparse. El pequeño Toño corre como todos, pero su baja estatura le impide alcanzar el furgón, por más que se aferra al tubo, hasta que un joven lo impulsa del brazo para subirlo."
Gutiérrez, Alejandro, "Los mutilados por el 'tren de la muerte", Proceso, México, DF, núm. 1345, 11 de agosto de 2002, pp. 36-44.
-
Valenzuela A., José Manuel, El color de las sombras. Chicanos, identidad y racismo, México, El Colegio de la Frontera Norte, 1998.
-
"La tendencia a atender a los pobres de manera privada y bajo el imaginario de la caridad y la filantropía, como objetos de intervención benévola, postula el paradigma de la asistencia y la tutela por encima del paradigma de los pobres como sujetos de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, y de las responsabilidades públicas del Estado mexicano de ser garante de la vigencia y justiciabilidad de dichos derechos postulados en docenas de convenios internacionalmente firmados por México."
Reygadas, Rafael y Adriana Soto, "Introducción", La construcción de sujetos ciudadanos colectivos. Democracia y derechos humanos en México: tres estudios de caso, México, Alianza Cívica-Centro Internacional de Derechos Humanos y Desarrollo Democrático de Canadá, 2003, pp. 28.
-
Monge, Raúl, "16 mil menores, en las redes de tráfico sexual", Proceso, México, DF, núm. 1245, 10 de septiembre de 2000, pp. 34-39.
-
Un México apropiado para la infancia y la adolescencia. Programa de acción 2002-2010, México, Secretaría de Desarrollo Social, Secretaría de Salud, Secretaría de Educación Pública, 2002, pp. 113.
-
Hay 18 mil casos de jóvenes, de entre 18 y 25 años, presos en las cárceles de la ciudad de México. Representan 80% de una población interna que suma 22 mil hombres y mujeres.
-
Sierra, María Laura, "Encierro y violencia", Metapolítica, México, vol. 3, núm. 11, julio-septiembre 1999.
-
"En aumento la participación de jóvenes en delitos graves: PGJDF" La Jornada, México, 2 de enero de 2001.
Bibliografía
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Clastres, Pierre, Investigaciones en antropología política, España, Gedisa, 1981.
-
CNDH, "Jóvenes y derechos humanos", Gaceta Núm. 109. México, CNDH, 1999.
-
Foucault, M., Vigilar y castigar, México, Siglo XXI.
-
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