La Nieve

Entre los diversos fenómenos atmosféricos de precipitación, uno es particularmente característico de las tierras altas: la nieve. Una vez caída, la nieve no se funde si se dan simultáneamente ciertas circunstancias en especial, de temperatura y exposiciones y durante largo tiempo puede cubrir el suelo con una capa cuyo espesor y consistencia varían en función de las condiciones meteorológicas.
Así como la lluvia cae en gotas más o menos gruesas, la nieve baja en copos más o menos grandes que, examinados al microscopio, presentan una estructura cristalina de variadas formas, aunque lo más corriente es que adopten forma de estrella de seis puntas. La nieve se forma cuando la temperatura es tan baja que el agua adquiere estado sólido.

Copos
Los copos nacen cuando las gotas, al caer, atraviesan una capa de aire frío, por debajo de cero grados, y cerca del suelo. Al igual que la lluvia, la nieve también puede formarse a partir de los cristales de hielo que integren una nube. Tan pronto como los cristales comienzan a caer a través de la nube, chocan con las gotitas de nube y con otros cristales de distintos tamaños, uniéndose y formando pequeños núcleos congelados. A este proceso se le llama de coalescencia.
Se ha demostrado que cuando los cristales tienen un diámetro superior a los 200 micrones, la velocidad de crecimiento por coalescencia es mayor que la de crecimiento por fijación directa de moléculas de agua sobre el cristal de hielo. Este fenómeno también tiene lugar en la lluvia por coalescencia, en que las gotas mayores barren a las menores en su caida.
En invierno, cuando la temperatura al nivel del suelo es inferior a la de fusión, el conglomerado de cristales de hielo alcanza la superficie terrestre en forma de nieve. Cuando la temperatura es superior a 0° C., la nieve se funde y se convierte en lluvia. A veces ocurre que hay una capa de aire caliente inmediatamente sobre el suelo, a pesar de que la temperatura de éste se halla por debajo del punto de fusión. Por ejemplo, la temperatura de la superficie terrestre y del aire en contacto con la misma puede ser de menos 2° C., mientras que a 1.200 metros de altitud puede haber una temperatura de 3° C. En este caso, cuando los copos de nieve atraviesan la capa donde la temperatura es superior a 0°, se funden y se transforman en gotas de lluvia. Luego, a medida que éstas continúan cayendo, atravesando la capa más fría, se congelan nuevamente, en parte o por entero, para alcanzar el suelo en forma de aguanieve. Si la capa de aire frío cercana al suelo no tiene suficeinte espesor o no es lo bastante glacial como para que las gotas se congelen, éstas llegan a la superficie terrestre como agua sobreenfriada. Al entrar en contacto con los objetos terrestres, mucho más fríos, el agua se solidifica rápidamente, recubriéndolo todo con una capa de hielo de caprichosas y exóticas formas. Esto se conoce como lluvia congelada o helada.
Los estados de los cristales de nieve al llegar al suelo se pueden clasificar en dos grandes grupos:
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La nieve polvo. De cristales más o menos perfectos, que no se aglutinan entre sí y presentan sus ramificaciones intactas. Contienen gran cantidad de aire en su masa, y son ligeros de peso (alrededor de 50 kg/m3). También recibe el nombre de nieve seca porque no moja los vestidos. Tanto la nieve granulada como la venteada son asimismo nieve seca, aunque su peso es mayor (de 100 a 200 kg,/m3) debido a que contienen menos cantidad de aire.
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La nieve recién humedecida. Cae en copos de aspecto algodonoso que alcanzan tamaños de cierta magnitud. Se comprime muy rápidamente por la acción de su propio peso (varios cientos de kg/m3), debido a que contiene poco aire y en cambio cierta cantidad de agua, y es pegajosa.
Las medidas de una nevada se establecen de acuerdo con la altura en centímetros de la capa depositada en el terreno. Se habla de nevada débil cuando la altura es menor de 25 cm. La media oscila entre los 25 y los 50 cm. Es fuerte la capa de entre 50 y 70 cm., muy fuerte la que alcanza de 70 cm. a 1 m., y a partir de esa altura se considera excepcional.

Ventisca
Ventisca o Tormenta de Nieve
Es una condición de tiempo severo caracterizada por temperaturas muy bajas, vientos de 55 km/h o más, junto con la caída de nieve lo que reduce la visibilidad a 300 metros o menos por un período de por lo menos 3 horas. Una ventisca severa tiene temperaturas cercanas o inferiores a los 12 grados Celsius bajo cero, vientos superiores a 72 km/h y visibilidad reducida por la nieve a casi cero.
Ante un temporal de nieve y frío, es conveniente:
Si se va a viajar:
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Solicitar información previa del estado de las carreteras y de la situación meteorológica.
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Evitar el viaje en coche siempre que no sea necesario y utilizar, a ser posible, transporte público.
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En caso de ser imprescindible la utilización del vehículo, revisar neumáticos, anticongelante y frenos. Además, hay que tener la precaución de llenar el depósito de la gasolina, y llevar cadenas y elementos de abrigo.
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Así mismo, es recomendable llevar un teléfono móvil y dispositivo de alimentación del mismo.
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Ir muy atento para tener especial cuidado con las placas de hielo. Es difícil determinar en qué lugar del trayecto pueden haberse formado, aunque generalmente las zonas de umbría son las más habituales.
Si queda
atrapado por la nieve:
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Debe permanecer en el coche, si el temporal le sorprende dentro del mismo.
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Asimismo, es conveniente mantener el motor del vehículo encendido y la calefacción puesta, cuidando renovar cada cierto tiempo el aire. Es muy importante evitar quedarse dormido.
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Comprobar que se mantiene libre, en todo momento, la salida del tubo de escape para que el humo no penetre en el coche.
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Si es posible, intente sintonizar las emisoras de radio, que seguramente le informarán de las predicciones meteorológicas, las informaciones oficiales sobre el estado de la situación y las indicaciones que se dén al respecto.
Precauciones
en la montaña:
Si se van a realizar excursiones a la montaña, es conveniente adoptar una serie de precauciones, tales como:
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Informarse de la predicción meteorológica de la zona a la que se piensa ir.
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Elegir la zona adecuada, en función de la preparación física y del conocimiento que se tenga de la montaña.
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Informarse de la localización de los refugios o cabañas donde resguardarse en caso de descenso brusco de temperaturas, tormentas u otras condiciones meteorológicas adversas y llevar teléfono móvil.
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Prestar atención y respetar las indicaciones de los carteles y otras señalizaciones sobre riesgos de la montaña.
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Tener en cuenta que los cambios bruscos de tiempo pueden ser frecuentes en la montaña.
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