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Disminución de la capa de ozono

El exagerado crecimiento demográfico y el consecuente crecimiento industrial necesario para satisfacer las necesidades de la población están agotando aceleradamente los recursos naturales de nuestro planeta, además de, generar mayor contaminación. Hasta hace poco, no se conocía a ciencia cierta la gravedad que reviste la destrucción de la capa de ozono; cuyo agujero a alcanzado una extensión mucho mayor que el doble de la extensión territorial de los Estados Unidos.

La disminución de la capa de ozono viene a representar un problema en el ámbito mundial, ya que es ella quien protege a la tierra de los efectos nocivos de la radiación solar.

El ozono, es un escudo que resguarda nuestras vidas. El ozono, es contaminante nocivo.

Es posible que haya oído hablar de él de ambas manera. ¿Cuál es la correcta? Las dos. En la estratosfera, el lugar que naturalmente le corresponde, el ozono efectivamente sirve para resguardar nuestras vidas. Pero aquí abajo, en la troposfera, es un producto de la contaminación del hombre. El hombre libera enormes cantidades de hidrocarburos al aire, mayormente debido a la combustión de gasolina de los automóviles. La luz solar reacciona con estos hidrocarburos y produce ozono. El ser humano no está hecho para respirar ozono.

El ozono fue descubierto y nombrado por Schoenbein en 1840, este investigador lo obtuvo a partir de oxigeno sometido a descargas eléctricas intensas, en 1861 Addlin estableció la composición de su molécula a partir de los volúmenes y densidades relativas de oxigeno y ozono.

En la superficie de la tierra, el ozono resulta perjudicial para la vida, pero en la estratosfera, a una distancia entre 15 y 50 kilómetros, el ozono se forma por acción de la luz solar sobre el oxígeno y forma una verdadera capa protectora que filtra los rayos ultravioleta y otras radiaciones perjudiciales a la vida provenientes del sol pero permite pasar la luz visible, fuente indispensable para las acciones de fotosíntesis en las plantas (cadena alimenticia)

La cantidad de ozono en la atmósfera varia según el lugar y el tiempo, aumenta desde las zonas tropicales a los polos y experimenta una oscilación anual imperceptible en el ecuador y de la mayor amplitud en los polos, con un máximo en la primavera y un mínimo en el otoño.

Durante varios años, a partir de finales de la década de 1970, los investigadores que trabajaban en la Antártida detectaron una perdida periódica de ozono en las capas superiores de la atmósfera por encima del continente. Otros estudios realizados mediante globos aerostáticos y satélites meteorológicos confirmaron que la capa de ozono de la Antártida estaba descendiendo. Vuelos realizados sobre las regiones del Ártico, detectaron que sobre de él se gesta un problema similar.

En 1985, una convención de las Naciones Unidas, conocida como Protocolo de Montreal, firmada por 49 países, puso de manifiesto la intención de eliminar gradualmente el uso de los clorofluorocarbonos o CFC (compuestos del flúor), usados durante largo tiempo como refrigerantes y como propelentes en los aerosoles, al parecer principales actores en el problema. En 1987, 36 naciones firmaron y ratificaron un tratado para la protección de la capa de ozono. La Comunidad Europea (hoy Unión Europea) propuso la prohibición total de clorofluorcarbonos durante la década de 1990.

La agencia para la protección del ambiente de los Estados Unidos (EPA) calcula que un aumento constante del CFC en 2,5% por año, puede provocar un millón de muertos por cáncer en la piel solamente en los Estados Unidos y poner en peligro de muerte a otras 20.000 personas. Así mismo, la EPA sostiene que el aumento de las radiaciones ultravioletas incrementa las infecciones por herpes y parásitos.

En 1991 la NASA lanzó el satélite de investigación de la atmósfera superior, su misión básica es medir las variaciones en la concentración de ozono a diferentes altitudes, y suministrar los primeros datos completos sobre la química de la atmósfera superior.

La disminución gradual pero constante de la capa de ozono ya ha hecho sentir sus resultados, es sintomático el aumento de enfermedades de la piel como sarampión, herpes, malaria, lepra, varicela y cáncer de piel. También es obvio que el efecto de invernadero va ganando terreno, a menor ozono, mayor calentamiento de zonas de la tierra con mayor contenido de agua, mas vapor en la atmósfera...etc.

Es imperativo que pongamos más atención a nuestra atmósfera y las acciones que la dañan. A fin de cuentas es lo único que nos protege del frio vacío del espacio.

 

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