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Las dos caras del Protocolo de Kyoto

Hace un mes entró en vigor el Protocolo de Kyoto; ahora, los 141 países firmantes tienen ante sí el reto de iniciar planes firmes para lograr las metas comprometidas. 

Cada integrante deberá demostrar un avance concreto de los compromisos contraídos, presentando un informe sobre los progresos realizados en este sentido, antes del 1 de enero de 2006. 

El objetivo principal del Protocolo de Kyoto es reducir –a más tardar en 2012– cuando menos el 5.2 por ciento las emisiones de seis gases de efecto invernadero de origen humano como dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6). 

De acuerdo con estimaciones de Martín Parry, de la Universidad del Este de Anglia, Inglaterra, sin un límite de emisiones el incremento de la temperatura global alcanzará 1.4 grados centígrados para 2050. El Protocolo de Kyoto sólo podrá restar 0.05 grados del total de esa cifra. 

En relación con los compromisos adquiridos, integrantes de la Unión Europea aceptaron reducir ocho por ciento sus emisiones; Estados Unidos, siete por ciento –pero éste no ha ratificado– y Japón seis por ciento; otros estabilizarán sus emisiones, como Nueva Zelanda, Rusia o Ucrania, o las incrementarán, como Noruega en 1 por ciento y Australia 8 por ciento. 

México, aunque no está sujeto a reducir sus emisiones de bióxido de carbono y otros gases invernadero, por ser un país en vías de desarrollo, “está obligado a compilar un inventario de las emisiones y presentar informes de las políticas y medidas que han ayudado a mitigar dichas emisiones”, señala Sergio Hernández Vásquez, especialista en cambio climático del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste S. C. 

“Particularmente promoverá consultas con países de América Latina, El Caribe, y con países en desarrollo de otras regiones, fomentando el intercambio de información y experiencias”, dice. 

Uno de los principales problemas que presenta el Protocolo de Kyoto, subraya Roberta Garza, catedrática del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores Monterrey, Campus Monterrey, es no haber sido ratificado por cuatro países, entre ellos Australia y Estados Unidos, que en conjunto producen más de 30 por ciento de los gases de efecto invernadero. 

Añade que los firmantes tampoco tienen manera de castigar a quienes no cumplan con sus cuotas; tal es el caso de Canadá, que en los últimos cinco años, lejos de reducir sus emisiones, las ha incrementado 20 por ciento. 

“Lo firmado en Kyoto, más que una solución, corre el riesgo de convertirse en un simple ejercicio de buena voluntad”, dice. 

Sergio Hernández menciona que países en desarrollo como Brasil, China e India, no tienen el objetivo de reducir sus emisiones de gases de invernadero al nivel que tenían en 1990, siendo que son grandes contaminadores. 

En su opinión, el Protocolo de Kyoto es un pequeño paso mundial en el camino hacia la reducción del calentamiento global. “Al menos los niveles de estos contaminantes no seguirán creciendo de la manera tan acelerada como lo veían haciendo”, dice. 

Hernández asegura que el protocolo facilitará la cooperación intergubernamental con el fin de mejorar la eficacia de las políticas relativas al clima, gracias al intercambio de experiencias y enseñanzas derivadas de las medidas de mitigación. “De esta manera se trata de garantizar que los buenos deseos se conviertan en acciones”. 


Acciones mexicanas

El pasado 16 de febrero fueron aprobados los primeros cinco proyectos del Mecanismo de Desarrollo Limpio para la captura de seis millones de toneladas de carbono este año. 

También ya se había signado un acuerdo de financiamiento para proyectos de captura de carbón con España, Francia, Holanda, Italia, Japón y Austria; y continuará como participante en las reuniones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y del Protocolo de Kyoto.

Por Lourdes Torres Camargo
Fuente: Academia Mexicana de Ciencias

 

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