Jude Milhon

"Los hackers han perdido a su
santa protectora": éste era hace unos días el titular del
sitio Internet de la revista Wired en el que se anunciaba la muerte
de Jude Milhon, hacker, feminista y activista de los ciberderechos.
Jude no ha conseguido superar el cáncer que padecía, pero su
seudónimo en la red, Saint Jude, permanecerá largo tiempo en sus
meandros. Una rara figura femenina en un ambiente dominado por los
hombres. Saint Jude, programadora informática y exponente de
Computer Profesionals for Social Responsability, creía en el
potencial de emancipación del módem y del teclado. Decía:
"cuando estás en el ciberespacio nadie sabe cuál es tu
sexo". Con esto no pretendía decir que la red sea un lugar
apto para las mujeres porque sea anónimo, libre del peso del cuerpo
y de la identidad sexuada. Tampoco pensaba que fuera una zona franca
libre de reaccionarios y comportamientos machistas. Por el
contrario, siempre lo abordó como un lugar de experimentación y de
descubrimiento de sí mismo.
Su mensaje se dirigía sobre todo a las mujeres como ella:
"Deberíamos pensar en Internet como una escuela a la que
muchas chicas como nosotras nunca tuvieron la ocasión de asistir,
utilizándola precisamente para superar el miedo de no ser lo
bastante guapas, lo bastante cultas, lo bastante fuertes, lo
bastante bellas, lo bastante despiertas o lo que sea"; y
continuaba: "puede que las mujeres no sean tan buenas en la
batalla física, pero de lo que estoy segura es que son buenísimas
tecleando como una ráfaga de metralleta". De ahí su conocido
lema: "Grrls need modems".
Para Jude, el hacking ha sido "la superación de los límites
impuestos, ya sea por tu gobierno, por sus capacidades y por las
leyes de la física". Una tesis que concuerda plenamente con la
definición que la "comunidad hacker" mundial utiliza para
definir su actividad.
Como icono de una época de la que fue protagonista, la de los años
del Community Memory Project (el primer ágora virtual creado en
Berkeley por Lipkim y Felsenstein entre 1972 y 1974), le han sido
atribuidas en distintas ocasiones invenciones de términos y
prácticas que son patrimonio colectivo de quienes participaron en
el esordio (de masas) de la red. Nos deja pues su participación en
la elaboración de la "filosofía hacker" como una actitud
cotidiana, pero desde un punto de vista de género. En uno de sus
libros, Hacking the Wetware: the NerdGirls Pillow-book, escrito en
1994 y publicado luego con el título The joy of hacker sex (que
retoma el título de un conocido libro de la comunidad gay
estadounidense), se dirigía a todas las mujeres que querían
introducirse en el hacking: "en el hacking -solía repetir-,
como en el sexo, entra la actividad de un yo deseante. Y allí donde
termina el conflicto mente-cuerpo comienza la liberación".
Así, pues, el hacking como deseo de descubrir, de curiosear, de
ponerse a prueba, pero también como conflicto: "el hacking es
un arte marcial para defenderse de lo políticamente correcto, de
las leyes abusivas, de los fanáticos y de todo tipo de
cenutrios". Una metáfora, la de las artes marciales, utilizada
para señalar la importancia de aprovecharse de la fuerza del
adversario pero, como en el aikido, con la finalidad no de vencer
sino de con-vencer, entendiendo por esto no el ejercicio de la
persuasión, sino el hecho de que nunca se vence o se es triunfador
en el pleno sentido de la palabra, y de que toda victoria sólo
tiene sentido si produce una mejora común. ¿Demasiado filosófico?
En absoluto,. Jude era una mujer con la cabeza en la tecnología y
los pies en la calle. En una entrevista en la revista Wired,
declaraba: "Las piedras y los palos pueden romperme los huesos,
pero las palabras en una pantalla pueden hacerme daño sólo si y
hasta que yo lo permita".
Nota necrológica por Arturo di
Corinto
diario Il
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