El perro de avalanchas

La montaña puede transmitir muchas emociones con
sus paisajes de grandes espacios nevados bajo el brillante sol. Esto
atrae a millares de personas en cada centro turístico de invierno.
Esquiadores y excursionistas se dan cita en dichos espacios para
distenderse del mundo en estos paisajes haciéndolos olvidar que en
una gran cantidad de oportunidades la montaña puede convertirse en
peligrosa, incluso cuando las condiciones climáticas son las
mejores.
Pero las avalanchas constituyen un riesgo permanente. Por este
motivo, los centros de deportes de invierno cuentan con medios para
afrontar este tipo de catástrofes. Estos medios pueden ser
preventivos o no. Dentro de los no preventivos podemos citar a los
sistemas de metereología, generalmente muy eficazes, que permiten
evaluar el peligro de tormentas. Los preventivos se pueden resumir
en equipos de socorristas y de rastreadores, equipos cinotécnicos y
profesionales especializados para informar y acompañar a las
personas que deseen descubrir la montaña.
Los medios preventivos son fundamentales, pero lamentablemente a
veces es necesario recurrir a los socorristas al no poderse evitar
el accidente. Es entonces cuando entran en acción los perros. Su
olfato excepcional, su rapidez y su tenacidad lo ponen en primer
plano. El perro forma, sin embargo, parte de un equipo compuesto
también con sondeadores y paleadores. El equipo trabaja en forma
simultánea aunque es el perro quien tiene prioridad en la tareas.
Esto se debe al hecho de que el tiempo es un factor esencial para el
socorrismo en montaña. Cuanto más rápido se explora la avalancha,
mayor es la probabilidad de encontrar con vida a las personas
ocultas por la nieve. Por ésto el trabajo del perro cobra vital
importancia considerando la calidad del mismo. Si por ejemplo, en
una parcela de aproximadamente una hectárea el sondeo minucioso
efectuado por 20 rastreadores tarda 20 horas para obtener un
resultado del 100%, mientras que el perro, para lograr el mismo
resultado sólo necesita 2 horas.

El entrenamiento del perro de avalancha está
dado generalmente por hombres que están muy familiarizados con los
inconvenientes de la vida en al alta montaña y que dominan la práctica
del esquí en todos los terrenos. Hay dos razas que son las más
utilizadas en la mayoría de las actividades de rescate: el Pastor
Alemán y el Pastor Belga Malinois. Su utilización se justifica
completamente dado que se trata de perros de tamaño y peso
suficiente para no agotarse en la nieve, además, la obstinación de
su trabajo no tiene límites. Su reclutamiento se efectúa según
criterios físicos, sanitarios y de carácter. También es
interesante observar que los perros se adapten muy fácilmente a sus
nuevas condiciones de vida. En pocos días, su pelaje se
intensifica, con un desarrollo importante del subpelo, los pelos
interdigitales se gastan menos, formando de esta manera raquetas,
que aumentan la superficie sustentadora de las patas, la piel de las
almohadillas se endurece y resiste mejor la agresión de la nieve y
de las sales que se dispersan sobre las rutas después de cada
nevada. Sólo es necesario protejer a los perros de los rayos
ultravioletas. Para ésto durante las salidas prolongadas al sol, se
utiliza un colirio que permite anular sus efectos nefastos.

Ovejero Belga
La formación de los perros se efectúa en la
montaña, a lo largo de varias semanas. La técnica, gradual,
permite al perro comprender lo que se le pide y al conductor,
aprender a dirigir y a leer a su perro, es decir, ser capaz de
detectar el momento en que el perro marca un lugar. Al finalizar la
formación, los equipos cinotécnicos están en condiciones aptas
para pasar terreno. Para mantener un nivel elevado, los equipos
efectúan entrenamientos frecuentes durante el período invernal.
Por otro lado, éstos permiten a los conductores poder encontrarse y
comparar las intervenciones que han efectuado y sumar conocimientos
de otras experiencias. |