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Unidad Canina de la PFP

Se trata del cuerpo de elite en la Policía Federal Preventiva, cuyo valor es “incalculable” por el éxito que les puede dar para detectar delincuentes hasta en tres minutos, de acuerdo con el coordinador de la unidad, Jorge del Valle. 

La PFP integró desde mediados del 2001 la Unidad Especial Canina, compuesta con 118 perros de razas labrador, pastor alemán y rottwailer, este último en particular entrenado para la protección, adiestrados desde los ocho meses de edad. 

La Unidad Especial Canina de la Policía Federal Preventiva provee a los aeropuertos de todo el país perros entrenados para la detección de explosivos, armas y drogas. 

De sus instalaciones ubicadas en la Delegación Coyoacán, cada tres meses egresan hasta 20 perros que junto con un manejador pueden hacerse cargo de la seguridad de una terminal aérea.

El cuidado que se les da es especial, tanto en alimentación como en resguardo, además de que se debe evitar el daño a su olfato. 

Desde pequeños, los perros son adiestrados mediante juegos con pelotas que contienen aromas compatibles con estupefacientes, y con ello el olfato de los animales se desarrolla al máximo.

Cuando ya están listos para enfrentar a la delincuencia, los perros son capaces de encontrar cantidades mínimas de droga, explosivos o dinero no declarado, al grado de que pueden localizar un billete escondido en un estacionamiento atestado de automóviles, guiados sólo por su olor.

Los perros son entrenados, en promedio, durante seis a ocho meses. A partir de los dos años de edad quedan listos para el trabajo y son “jubilados” al cumplir la década de vida, independientemente de la situación física en la que estén. 

Los perros son adiestrados en la identificación de aromas, en particular de nitrato y nitrógeno, que son, entre otros, dos de los principales elementos químicos base para la elaboración de drogas sintéticas. 

Para desarrollar su habilidad en la detección de explosivos y armas, a los animales se les prepara primordialmente para la pólvora y olores de metales, mientras que en el caso de billetes es a partir de los aromas que desprenden diversas tintas que son utilizadas en impresión. 

Para el caso de las drogas, de les enseña para que sean capaces de encontrar olores tan fuertes como la cebolla o grasa automotriz, los cuales son usados para distraer el olfato de los perros y esconder la “mercancía”. 

Los instructores utilizan diferentes productos con “seudoaromas” de cocaína, heroína, metanfetaminas, mariguana y componentes químicos, los cuales son impregnados en objetos para sensibilizar a los animales.

Por su completo entrenamiento, un solo perro puede hacer el trabajo de 20 uniformados de la PFP, siempre con la misma disponibilidad y ánimo, pues lo toman como un simple juego.

Fuentes varias

 

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