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Análisis del
ADN en Genética Forense
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La
identificación con ADN o “huella genética” se basa en
el estudio de una serie de fragmentos de ADN presentes en
todos los individuos pero que poseen la característica de
ser altamente variables.
El análisis de un determinado número de estas secuencias o
fragmentos de ADN permite identificar a un individuo con una
probabilidad muy cercana al 100%.
Para analizar dichos polimorfismos del ADN, los laboratorios
de Genética Forense utilizan una serie de técnicas que
están en continua evolución, consiguiendo que cada vez la
identificación por medio del ADN sea más precisa y
rápida. |

ADN
La Hemogenética Forense nace a
principios de siglo, cuando Karl Landsteiner describe el sistema ABO
de los hematíes y Von Durgen y Hirschfeld descubren su transmisión
hereditaria. Esta ciencia surgió como una rama de la Criminalística
cuyo objetivo era la identificación genética tanto en casos de
investigación criminal como en estudios biológicos de la
paternidad. Inicialmente, las investigaciones se centraban en el
estudio de antígenos eritrocitarios, proteínas séricas, enzimas
eritrocitarias y sistema HLA. Con el estudio de dichos marcadores
podía incluirse o excluirse una persona como posible sospechoso por
poseer una combinación genética igual o diferente a la del
vestigio biológico hallado en el lugar de los hechos.
Pero fue a mediados de siglo cuando gracias al descubrimiento del
ADN y de su estructura y al posterior avance en las técnicas de análisis
de dicha molécula la Hemogenética Forense evolucionó
considerablemente hasta el punto de que hoy en día puede hablarse
de una nueva subespecialidad dentro de la Medicina Forense: la Genética
Forense. Dicha ciencia estudia básicamente unas regiones del ADN
que presentan variabilidad entre los distintos individuos, es decir,
estudia regiones polimórficas del ADN. Así, analizando un
determinado número de regiones polimórficas, la probabilidad de
que dos individuos sean genéticamente iguales es prácticamente
nula (excepto en el caso de gemelos univitelinos).
Aunque la Ciencia poseía las herramientas necesarias para el
estudio del ADN, su aplicación en la resolución de casos
judiciales no se produjo hasta 1985, cuando el Ministerio del
Interior Británico solicitó la ayuda de Alec J. Jeffreys, profesor
de Genética de la Universidad de Leicester. Los primeros casos de
Criminalística fueron resueltos gracias a la técnica de los RFLPs
(Fragmentos de Restricción de Longitud Polimórfica). Jeffreys
descubrió la existencia de unas regiones minisatélites
hipervariables dispersas por el genoma humano que al ser tratadas
con enzimas de restricción generaban fragmentos de longitud
variable. Estudios posteriores realizados el mismo Jeffreys
demostraron que las diferencias en el tamaño de estos fragmentos se
debían a que estas regiones consistían en un determinado número
de repeticiones en tándem de una secuencia central, el cual variaba
de unos individuos a otros.
Por desgracia en la práctica forense es muy difícil encontrar en
estado no degradado toda la cantidad de ADN que se necesita para un
análisis RFLP. El hecho de que se requieran cantidades elevadas de
ADN hacen que normalmente, con el primer análisis se consume la
totalidad de la muestra, con lo que se dificultan contrapericias y
una posterior revisión del caso.
Todas estas limitaciones fueron superadas gracias a la aplicación
en Genética Forense de una técnica, la Reacción en Cadena de la
Polimerasa (PCR), que supuso una revolución en muchos campos de la
Biología y de la Medicina.

PCR
El estudio de indicios biológicos
por PCR ha permitido la resolución de un gran número de casos en
Criminalística que hasta entonces eran desestimados por no poseer
la suficiente cantidad de muestra para su análisis por RFLP. Con el
uso de la PCR muestras tan mínimas como pueden ser un pelo con raíz,
una minúscula mancha de sangre o semen e incluso caspa son
suficientes en muchos casos para llevar a cabo un análisis de
identificación genética.
La reacción en cadena de la polimerasa permite amplificar más de
un millón de veces un ADN obtenido a partir de una región
seleccionada del genoma, siempre y cuando se conozca una parte de su
secuencia de nucleótidos. Esta técnica fue ideada en 1989 por el
Dr. Kary B. Mullis que obtuvo el premio Nobel de Química en 1993
por dicho invento.

Kary B. Mullis
Las técnicas de análisis genético
se encuentran hoy en día en continuo desarrollo y evolución. La
necesidad de técnicas que permitan el aislamiento y análisis de
los casi cien mil genes que componen el genoma humano justifica la
existencia de líneas de investigación destinadas al descubrimiento
de nuevos métodos que permitan monitorizar elevados volúmenes de
información genética en paralelo y que reduzcan tanto el tiempo
empleado como el coste por análisis.
Desde el análisis de los primeros polimorfismos de ADN con fines
identificativos, la Genética Forense ha sufrido una gran evolución.
Los expertos en la materia han sido testigos de cómo el
descubrimiento de la PCR revolucionó las técnicas de identificación
genética. Es probable que la próxima revolución la constituyan
los llamados biochips o microarrays.
Los biochips surgen como consecuencia de una combinación entre técnicas
microelectrónicas empleadas para la fabricación de
microprocesadores informáticos y materiales biológicos. En general
puede decirse que la principal característica de los chips es su
capacidad para generar información en muy poco espacio, ya que
posibilitan el procesamiento de multitud de ensayos simultáneamente.
Esta característica es la que hace que los biochips sean
probablemente la tecnología del futuro en el campo de las
investigaciones biomédicas.

La fabricación de los biochips es
similar a la de los chips informáticos: por medio de la técnica
denominada fotolitografía se depositan circuitos microscópicos
sobre láminas de silicio. En el caso concreto de los biochips,
estas láminas son de vidrio y lo que se deposita en dichas láminas
son cadenas de ADN.
A pesar de ser una tecnología muy reciente y que, por lo tanto, está
aún en vías de experimentación, actualmente los biochips están
siendo aplicados en algunos campos de la Genetica Forense como el análisis
toxicológico. |