El arte de la falsificación

Uno de los campos de la ciencia forense cada vez más importante se centra en examinar documentos y ponerlos a prueba. Para identificar a un delincuente pueden obtenerse pistas en fragmentos de una letra manuscrita hallada tanto en cartas personales como en demandas de rescate, o en documentos impresos, desde recibos de prestamistas hasta billetes de avión o de tren.
En otros casos, cartas falsificadas o alteradas, cheques bancarios, talones u otros documentos financieros pueden resultar provechosos para un delincuente si consiguen pasar por auténticos. No obstante, los peritos forenses pueden utilizar una amplia gama de técnicas para descubrir hasta la falsificación más convincente.
Otros documentos como diarios y obras de aparente significado histórico también son analizados para demostrar su autenticidad, normalmente mediante el estudio grafológico y el análisis científico del papel y de la tinta. Se comprueban la filigrana y las firmas para identificar falsificaciones; la menor característica específica de una máquina de escribir o de una impresora puede ser identificada en fragmentos de textos como punto de partida para localizar la máquina utilizada. Algunas técnicas permiten incluso correcciones intencionadas realizadas durante la creación del documento para volverlo transparente y desvelar así el texto subyacente.
Textos manuscritos
La mayoría de las personas aprenden a escribir copiando un estilo grafológico determinado. Sin embargo, a medida que se acostumbran a escribir y a hacerlo cada vez más deprisa, las letras y palabras empiezan a adquirir una idiosincrasia asociada a su experiencia y circunstancias personales. Las variaciones individuales de los estilos de letra estándar son los elementos que más interesan a los expertos en grafología, especialmente las diferentes características del autor que puedan ayudar a identificarle.
Los grafólogos estudian minuciosamente cómo se forman las letras en las muestras que reciben. Por ejemplo, la letra ´i´ puede no llevar el punto, ni haber sido escrita con un trazo hacia arriba, o puede llevar un pequeño círculo u otra marca dónde el movimiento del bolígrafo cambió de dirección al formar la letra. Estas características no sólo se ponen de relieve en una muestra específica de texto manuscrito, sino que en muchos casos aparecen incluso cuando su autor intenta ocultar su identidad o imitar la caligrafía de otra persona.
Otro campo de análisis se centra en las proporciones o en la altura relativa de varias letras. Por supuesto, incluso en la caligrafía normal de una persona hay variaciones, pero suelen permanecer algunas proporciones ya establecidas. Por ejemplo, la proporción entre la parte superior de la letra ´g´ y la altura global de la grafía suele ser idéntica en una misma persona, sin que influya el tipo de letra elegido.
La inclinación global de la escritura es otro elemento bastante invariable. Puede oscilar desde los cuarenta y cinco grados a la derecha hasta los cincuenta grados a la izquierda, según el tipo de letra, pero suele ser más o menos constante en cada persona. Los expertos miden la inclinación con un transportador transparente, centrándose en las letras más largas, como en la ´f´, la ´h´ o la ´g´.
El espacio entre letras, palabras y líneas es otro aspecto que diferencia la caligrafía de cada persona. En concreto, una firma o una línea completa de texto suele seguir una pauta fija en cada individuo. La línea de fondo suele ser o bien recta y estable, o bien ondulada, o bien torcida hacia arriba o hacia abajo o ambos. La presencia o ausencia de conexiones, los trazos que unen las letras en un texto manuscrito, es otra variación de cada individuo.
Firma
Quizá ninguna otra palabra escrita tenga tanta importancia forense como la firma, y muchas rúbricas sospechosas se cotejan invariablemente con la firma auténtica. Aunque todas las firmas de una misma persona suelen parecerse entre sí, siempre existen pequeñas diferencias entre ellas. Si una firma sospechosa colocada sobre la firma auténtica resulta absolutamente idéntica, los investigadores sospecharán automáticamente una falsificación.
Para averiguar si una firma es o no auténtica, los peritos forenses reúnen el mayor número de rúbricas auténticas posible. Lo ideal sería conseguir tanto garabatos como firmas más formales, firmas escritas con distintos tipos de bolígrafos y, como la firma puede cambiar con el tiempo, el mayor número de firmas de la época en que se supone fue escrita la sospechosa.
Aunque las firmas realizadas por un mismo individuo son todas un poco diferentes, hay algunos rasgos en cada ejemplar que no cambian; la situación de la rúbrica comparada con el texto impreso de una carta, por ejemplo.
Otras similitudes se asocian más a la forma de la firma que a la configuración de letras individuales. Si se coloca una hoja de papel de calco sobre una rúbrica y se marcan los límites superiores (o inferiores) de cada letra y se unen, se consigue una línea en zigzag. Distintos ejemplos originales de una misma firma muestran una línea muy parecida, pero una falsificación, aunque parezca convincente a primera vista, muestra a menudo un patrón muy diferente del original.
También pueden establecerse otras comparaciones subrayando los espacios en la firma que, una vez más, siguen un modelo característico. La línea de fondo de la letra es otro elemento importante. Algunos falsificadores se concentran en formar las letras y no prestan atención a la manera en que la rúbrica sube o baja de izquierda a derecha. La inconfundible firma de Abraham Lincoln, por ejemplo, se caracteriza por una línea de fondo escalonada donde la ´A´ inicial y la ´l´ y la ´n´ finales se encuentran en niveles diferentes del resto del apellido, una particularidad de la que no se percataron muchos aspirantes a falsificadores de su época.
Un examen microscópico puede revelar más divergencias entre una firma auténtica, normalmente escrita con rapidez y seguridad, y una falsificación, ya que el autor se esmeró en hacerla lo más verosímil posible. El microscopio desvela cualquier quiebro en los trazos, cualquier temblor, parche (cuando una letra mal formada ha sido corregida), o cualquier huella de lápiz y de goma de borrar empleados al transferir la firma de un ejemplo auténtico.
Escritura disimulada
No todos los delincuentes intentan imitar la letra del otro. Algunos intentan disimular su propia caligrafía para no relevar su identidad. Hay varias maneras de hacerlo: algunos aspirantes a falsificadores cambian la inclinación de las letras, otros modifican su tamaño, escriben en mayúsculas o incluso lo hacen con la otra mano.
Escribir deprisa o despacio, cometer faltas de ortografía de manera deliberada o intentar copiar otro tipo de letras son otras de sus artimañas.
Muchos de los cambios más evidentes son ignorados por los expertos al comparar la letra disimulada con una muestra de la caligrafía de un sospechoso. Indicios menores y más sutiles de individualidad, como la formación de cada letra, resultan más difíciles de eliminar. Otras pistas residen en cómo el autor empieza o termina un determinado signo cada vez que aparece.
Una de las maneras de confirmar la identidad de un autor consiste en localizar el origen del documento en cuestión. El registro del domicilio o de la oficina de los sospechosos puede sacar a la luz cheques parcialmente destruidos; el examen de las páginas restantes de una libreta o de una carpeta pueden mostrar marcas de la presión del bolígrafo donde un documento ha sido escrito. La ciencia forense moderna puede aportar técnicas muy eficaces para analizar estas dos posibilidades. Fragmentos de documentos rotos o quemados pueden ensamblarse y ser leídos si se fotografían bajo una luz infrarroja, o también bajo una luz que se refleja desde distintos ángulos de la superficie quemada del documento para producir el mayor contraste posible entre la letra y el fondo chamuscado.
Cuando se deja una huella en el papel que se encontraba debajo de un texto cuando éste fue escrito, como en el caso de páginas sucesivas de una libreta, por ejemplo, una detección electrostática puede proporcionar información muy útil. Se coloca una a una cada página de la libreta sobre una malla metálica electrónica, ajustándola mediante una técnica de empaquetado de plástico. Se le aplica entonces un tipo de toner de fotocopiadora, que se pega a las partes del documento donde el bolígrafo haya hecho presión en la página superior. Éstos entran en contacto con la malla electrónica, recibiendo así una carga electrostática. Esta técnica es tan sensible que permite recuperar imágenes de varias páginas sucesivamente rotas. Incluso es posible reconstruir el orden en que estaban las páginas en la libreta y, por consiguiente, el orden en que fueron escritos distintos fragmentos de un texto.
Escritura mecanografiada o impresa
La aparición de las máquinas de escribir y de las impresoras obligó a los peritos forenses a enfrentarse a nuevos desafíos para identificar la procedencia de documentos escritos a máquina. El análisis de textos escritos a máquina se basa en que las distintas presiones ejercidas sobre las teclas, y el desgaste de la tecla de una letra determinada producen una serie de divergencias fáciles de distinguir en textos escritos con una determinada máquina. Algunas letras se rompen o se vuelven ilegibles con el uso. Todo esto ayuda a identificar la máquina de escribir sospechosa.
Los avances tecnológicos en materia de impresión tienden a reducir el valor de este tipo de análisis. La llegada de las máquinas de escribir eléctricas, en las que todas las teclas se presionan con la misma fuerza, ha reducido las variaciones con las que se escribían los distintos signos, aunque fallos en el mecanismo pueden sustituir la acción de los dedos del mecanógrafo en la formación de nuevas inconsistencias. La existencia de las máquinas de escribir de bola, que permiten cambiar el tipo de letra en cuestión de segundos con sólo sustituir lo bola por otra, también complica el trabajo de los expertos. Pero quizá sea la aparición de las impresoras de ordenador lo que ha supuesto el mayor obstáculo para quienes buscan las singularidades y variaciones de una persona que identifiquen una máquina determinada.
En los primeros procesadores de texto, la impresión de documentos solía hacerse con impresoras de margarita, en las que los caracteres se fijaban en barras que formaban los rayos de una rueda. Éstas podían desgastarse o romperse igual que en una máquina de escribir, y como los mecanismos de las máquinas de bola o de margarita pueden desajustarse con el uso, todavía podía identificarse con cierta exactitud los documentos impresos en una máquina determinada.
Desde entonces, el creciente éxito de las impresoras de inyección de tinta y de láser ha llevado a eliminar estas inconsistencias tan útiles. Deben buscarse otras formas de relacionar el autor con el documento, como localizar los ficheros originales del procesador de texto en el disco duro del ordenador. Aunque el autor haya tomado la precaución de borrar esos ficheros, a menudo pueden ser recuperados por expertos informáticos que saben cómo y dónde buscarlos.
Tipos de tinta y papel
Las falsificaciones muy cuidadas de documentos impresos pueden resultar extremadamente convincentes en una inspección superficial, pero suelen descubrirse si se analizan el tipo de papel y tinta empleados. Las tintas actuales se dividen en cuatro grupos básicos. La mayoría de las tintas negras contienen tintas y sales de hierro en una suspensión de ácido gálico o tánico. La tinta china, o negro de carbón, está hecha con una suspensión de partículas de carbón en goma arábiga; una amplia gama de tintas de color se fabrica con tintes sintéticos y distintos polímeros y ácidos. Los bolígrafos utilizan tintas compuestas de tintes sintéticos o de pigmentos insolubles en un conjunto de disolventes y aditivos.
Dentro de estos grupos básicos existen miles de variantes. Se puede aislar cada una de ellas con métodos como la espectrometría o la cromatografía de capa fina. La Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego de EEUU cuenta con una base de datos de más de tres mil referencias cromáticas de tinta que pueden ayudar a identificar una determinada composición.
El papel también puede clasificarse según los distintos tipos de materiales empleados en su elaboración. Algunos papeles tienen una filigrana bien definida, otros están hechos con fibras sintéticas o tienen agentes luminosos ópticos como aditivos de fluoruro de carbono para blanquearlos y hacerlos menos transparentes, para una impresión en color de alta calidad. Los papeles también se distinguen por el tratamiento utilizado en la textura para la impresión: algunos se enrollan en caliente, otros llevan un tratamiento de cola, resinas sintéticas o almidón.
Los expertos suelen averiguar la fecha en que un tipo de papel o de tinta determinados fueron introducidos, y eso puede desenmascarar una falsificación de un documento histórico que en caso contrario pasaría por auténtico.
Por ejemplo, la filigrana de un documento que pasó por ser un manuscrito original del poeta lord Byron permitía demostrar que el papel había sido fabricado en 1834, diez años después de su muerte.
Algunos falsificadores intentan aumentar el valor de los sellos de colección imitando matasellos, y muchos intentan la falsificación más difícil de todas, fabricar billetes de banco. En este caso, obviamente, las casas de la moneda eligen un papel y unos diseños de impresión especiales para complicar lo más posible la tarea de los falsificadores. Incluso cuando la reproducción de un diseño ha quedado perfecta a primera vista, técnicas como la microespectografía pueden descubrir el espectro de absorción de la tinta utilizada en las líneas impresas, haciendo que sea muy fácil distinguir un billete auténtico de uno falso.
Los obstáculos a que deben enfrentarse los aspirantes a falsificadores son tan numerosos y variados que llegó a darse el conocido caso en que los delincuentes pensaron en una triquiñuela original para simplificar su trabajo. En 1924, al disponer de información privilegiada de la empresa, falsificaron cartas ´oficiales´ y las enviaron a una imprenta británica que fabricaba los billetes portugueses. En estos escritos solicitaban una tirada excepcional de billetes de quinientos escudos para la colonia portuguesa de Angola. Según la carta, los billetes debían ser billetes portugueses normales, ya que los portugueses se encargarían de añadir ´Angola´ en sobreimpresión. Los billetes fueron fabricados y recogidos por los delincuentes que utilizaron falsas autorizaciones, y sirvieron después para comprar acciones y divisas.
La ingeniosa artimaña de este caso consistía en que los billetes eran perfectos, y el delito sólo salió a la luz cuando se llevó a cabo un control de los billetes auténticos con el mismo número de serie que los encargados por los delincuentes. Incluso entonces, el principal inculpado consiguió retrasar su juício durante cinco años presentando más cartas falsas, implicando esta vez en el fraude al gobernador y a los directores del Banco de Portugal y haciéndose pasar por un chivo expiatorio.
Modificar cheques y letras de cambio
Muchos delincuentes evitan las falsificaciones complejas y difíciles modificando documentos existentes como cheques y letras de cambio, cambiando el nombre del beneficiario, o aumentando la cantidad a pagar. Esas alteraciones suelen requerir que se borre un carácter o más del documento existente raspando la superficie del papel y escribiendo encima a mano o a máquina.
Un análisis microscópico suele descubrir señales de ese tipo de modificación cuando se ilumina el documento desde un lateral para hacer resaltar los cambios en la superficie del papel.
En otros casos, los delincuentes borran los caracteres existentes con productos químicos. Al reaccionar con la tinta, se produce una sustancia invisible, pero la parte del papel que ha recibido el tratamiento químico desvela su secreto si se examina con luz ultravioleta o rayos infrarrojos. Aunque un hábil falsificador no suprima ninguna letra o cifra y sólo añada alguna más, los expertos pueden utilizar una técnica llamada luminiscencia infrarroja para descubrir estas modificaciones posteriores.
Si se ilumina el documento con una luz verde azulada y se fotografía después con una película sensible a los infrarrojos, los investigadores pueden resaltar diferencias entre las propiedades luminiscentes de las tintas. Iluminar el documento con infrarrojos delante de la fotografía infrarroja también revela diferencias en la capacidad de absorción de la luz infrarroja entre las diversas tintas. En ambos casos, las alteraciones se aprecian distintas de la escritura original, y dejan muy claro que el documento ha sido manipulado.
En el caso de Clifford Irving, el delincuente ni siquiera tuvo que modificar el cheque extendido para una supuesta biografía autorizada. El talón fue entregado a Irving para que éste se lo diera al multimillonario recluido Howard Hughes, pero la esposa de Irving abrió una cuenta bancaria a nombre de Helga R. Hughes. El cheque, a nombre de H. R. Hughes, fue ingresado en esa cuenta, sin que fuese necesaria ninguna manipulación.
Fuente: David Owen
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