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Huella digital
del cerebro

Dr. Lawrence Farwell
La memoria es muy particular y no
siempre recordamos lo que queremos, sino aquello que nos impresiona,
lo que asociamos con otra cosa conocida o lo que por repetición se
torna habitual y conocido. En los casos de corrupción que se
investigan, hemos visto en los medios cómo la memoria selectiva de
los involucrados trabaja, olvidando convenientemente aquello que
puede perjudicarlos y recordando con detalles minuciosos lo que los
puede favorecer. Pero la tecnología avanza.
Un sobre manila es parecido a un sobre amarillo, un día 19 y un día
20 pueden confundirse en la memoria, con la misma facilidad conque
olvidamos el momento exacto en que aprendimos a nadar. Sabemos las
experiencias de nuestra adolescencia, pero difícilmente sabremos
con exactitud en qué fecha las tuvimos. Y lo que no recordamos, no
lo sabemos. Pero ahora existe la manera de saber qué tenemos en la
cabeza guardado.
En 1999, la policía de Iowa, EU, recurrió a un neurocirujano,
Lawrence Farwell, que descubrió una técnica que tiene perplejos al
FBI y la CIA, con un "test" que determina si la información
buscada está grabada en el cerebro del sospechoso, midiendo su
actividad cerebral. Al test se le llama " Huella cerebral"
y explota un fenómeno específico: cuando vemos algo por primera
vez, nuestro cerebro envía señales eléctricas diferentes a las
enviadas cuando vemos algo ya conocido. Un soborno iluminaría las
conexiones cerebrales como un árbol de Navidad la primera vez,
cuando se registra el hecho, pero al ser habitual, apenas alumbraría
apagados destellos de reconocimiento. En el test, un casco con
sensores registra la actividad cerebral, mientras la sujeto le
muestran imágenes en la computadora. La prueba resulta de gran
ayuda a los investigadores que enfrentan la memoria selectiva de
testigos y acusados. La prestigiosa revista World Press Review, en
su edición de febrero de 2002, reseña los pormenores del caso y el
test, publicados por Globe & Mail, de Canadá. El sujeto, James
Grinder, sospechoso de matar a una joven mujer en 1984, Julie
Helton, había confesado, se había retractado y en cada caso daba
detalles diferentes. Como encaraba la pena de muerte, los fiscales
debían estar seguros.
Al contrario de los polígrafos o detectores de mentiras, que
registran el estrés y cambios de temperatura o sudor, y la
respuesta emocional a la mentira o verdad, el test del Dr. Farwell
antes profesor de la facultad de Medicina de Harvard, no tienen nada
que ver con las emociones o respuestas corporales, simplemente mide
si la persona ha almacenado la información en el cerebro o no. El
test al sujeto demostró que tenían al asesino, que había
almacenado anteriormente las imágenes del asesinato. Mediante un
trato, escapó a la pena de muerte y está preso de por vida.
Se están recabando los fondos para probar el test en sospechosos de
terrorismo, con el apoyo de políticos y billonarios de la tecnología,
que esperan resultados de un sistema que no necesita bases de datos
ni gastos en personal entrenado en poligrafía. Esta tecnología se
une al desarrollo del test de AND, como instrumentos de búsqueda de
información. Al mostrar las imágenes de campos de entrenamiento
militar, por ejemplo, el sujeto que ha estado en uno lo revela en su
actividad cerebral de inmediato. "Se excluye el juicio de un
humano, por lo que no hay discriminación" dijo un activista de
Derechos Humanos. "El test muestra cuando alguien reconoce
algo, ya sea que lo haya visto, oído o haya participado" por
lo que serviría para encontrar a los miembros de un grupo
particular. Un test en el cual le dieron a Farwell 21 persona y le
dijeron que algunos eran miembros del FBI. En el test se incluyeron
imágenes y palabras reconocidas sólo entre agentes que hubieran
pasado el entrenamiento del FBI.
Sólo se administró el test y ningún otro. Se identificó
correctamente a 17 agentes del FBI y cuatro que no lo eran. Hasta
ahora, en 120 pruebas, el test ha sido 100% exacto.

Los escépticos dicen que es un
test para detectar mentiras más. Otros se preguntan si un detector
intruso en el cerebro no es el primer paso a la manipulación
cerebral. Después de todo, el test revela si se hace trampa en los
impuestos, o se está vendiendo secretos comerciales, con la misma
facilidad. Pero aceptan que el test es ciego al color, la etnia, o
la cultura. Funciona igual para todo el mundo.
Farwell defiende la nueva tecnología como un elemento que puede
determinar la inocencia con mucha precisión. Su trabajo de 20 años,
en su propia compañía, Human Brain Research Laboratory, Inc. aún
está buscando otras aplicaciones prácticas, con donaciones
privadas y $1 millón donado por la CIA. Su trabajo ya es
reconocido.
El año pasado, un hombre, Terry Harrington, que ha pasado 22 años
preso por matar un oficial de policía, pidió tomar el test. Desde
que fue encarcelado y en el juicio, Harrington proclamó su
inocencia y dijo que estaba en un concierto en el momento del
crimen. El test concluyó que la información en el cerebro de
Harrington no guardaba el asesinato y si tenía información que
concordaba con la coartada. Los abogados confrontaron al único
testigo, que admitió haber mentido. El caso está en apelación.
Pero esta vez, el test ha sido admitido como evidencia en la corte,
sentando un precedente.
Como toda herramienta nueva, las agencias policiales son las
primeras en desear probar su potencial. Pero también se perfila su
uso en el área comercial y de informática. La información que
recaba nuestro cerebro, y que a veces ni sabemos que ha sido
almacenada, está allí, esperando como el arpa abandonada y
cubierta de telarañas, la mano virtuosa que sepa arrancar las notas
olvidadas.
Michelle Lescure
Corresponsal de World Press Review |