Interrogatorios

El interrogatorio es una de las técnicas usadas con más frecuencia en la orientación de las pesquisas policiales. Consiste en un conjunto estructurado de preguntas o afirmaciones dirigidas por el agente de aplicación de la ley a un individuo con la finalidad de obtener información valiosa para una investigación. A menudo esta actividad está encaminada a la obtención de confesiones.
Los interrogatorios son estructurados porque obedecen a una técnica, a un modo de proceder cuyo objetivo es obtener la verdad en torno a un asunto criminal. Como la difusión de esa verdad generalmente tiene consecuencias para la libertad o la vida de las personas, es natural que sea ocultada o minimizada mediante diversos mecanismos por la persona a quien van dirigidas las preguntas.
Los manuales de criminalística refieren un número variado de técnicas en esta materia. Saul Kassin y Katlyn McNall, en un trabajo titulado Interrogatorios policiales y confesiones (aún sin traducción al español), determinaron la existencia de 5 categorías, dando por descontado la existencia de un Estado de Derecho que impida la obtención de información mediante torturas físicas o psicológicas: maximización de la evidencia; minimización de la importancia de los delitos; la promesa de un castigo; negociación de lenidad y policía bueno-policía malo.
En un procedimiento de maximización de la evidencia el interrogador destaca la existencia de numerosas pruebas que incriminan a la persona objeto de las preguntas o a un tercero, así como también la gravedad de los delitos cometidos. Es, de acuerdo con los autores, una táctica basada en el miedo. En ella el policía omite deliberadamente los aspectos del caso que podrían exculpar a su objetivo, con la finalidad de obtener más información.
La técnica de minimización, por el contrario, intenta generar una simpatía entre las partes del interrogatorio. Quien hace las preguntas se muestra comprensivo e incluso lanza explicaciones que tienden a excusar al interrogado por las cosas que él u otras personas conocidas pudieron hacer.
La amenaza explícita de un castigo podría ser un desarrollo de la técnica de maximización. El policía anuncia al sospechoso cómo será la pena que recibirá si continúa ocultando información o negándose a aceptar las imputaciones que están haciéndole.
Del otro lado están las promesas de lenidad. El interrogador percibe cierto interés por parte del sospechoso en negociar con la información que posee, y le ofrece una sentencia leve.
La técnica del policía bueno y el malo ha sido ampliamente difundida. De acuerdo con Dylan Kurz es poco efectiva por esta misma razón. Los sospechosos la conocen demasiado y tienden a pensar que es un teatro. Este procedimiento fue puesto en práctica en momentos en que los agentes de ley podían ser verdaderamente maléficos y emprenderla a golpes contra los interrogados. De manera que la presencia del policía "bueno" representaba un alivio.
Kurz llamó la atención en cuanto a la necesidad de establecer pautas sobre cómo se expresa el interrogado a través de sus gestos, haciéndole preguntas fáciles de contestar. "El interrogador incluso puede hacer preguntas que le darán importante información en torno a cómo funciona el cerebro del sospechoso cuando piensa o cuando recuerda algunos datos", explicó. A esta técnica se le llama "interrogatorio neurolinguístico".
Existen otros modos de obtener información de sospechosos o personas que conocen de un determinado caso. Las estadísticas del Departamento de Justicia estadounidense indican que se trata de procedimientos altamente efectivos, pues aproximadamente 6 de cada 10 casos son resueltos gracias a tales métodos. La mayor dificultad consiste en la escogencia apropiada del modo de adelantar el interrogatorio. Esta es una materia básica dentro de las escuelas de policías.
Fuente: Segured
|