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Mente Criminal y
Justicia

" En los Estados Unidos,
algunos modelos de pensamiento de los últimos años han
obstaculizado el crecimiento de la justicia. El más sobresaliente
entre ellos ha sido el extenderse largo y tendido sobre la
"mente criminal" como una mente extrañamente diferenciada
y distinta de las mentes de aquellos que no son criminales. Pero una
mirada un poco más clara debería demostrar que aun "la mente
criminal" entra dentro de la propia definición legal de
demencia: la incapacidad de distinguir el bien del mal. Es obvio que
es malo que un ser dañe a su propia especie, a su propio grupo, a
su propia sociedad. Por lo tanto un ser que cometiera actos dañinos
no estaría distinguiendo entre el bien y el mal y por lo menos debe
tener un toque de demencia.
Aquí se plantea el problema de "dónde trazar el límite".
¿En qué punto cesa un individuo de ser cuerdo y se convierte en un
criminal? ¿En qué punto, entonces, deja de ser un criminal y se
convierte en demente? La costumbre, de la que nació la misma ley,
ha propuesto hace largo tiempo la solución a este problema en su
propia definición de demencia.
Para clasificar a los criminales, tendríamos que clasificar el
crimen. Descubriríamos que el crimen estaba subdividido en crimen
accidental y crimen intencional. La sociedad sólo castiga el crimen
cuando lo considera intencional. Si el crimen es intencional,
entonces la intención también tenía el motivo de dañar a la
sociedad. De esta forma, una acción criminal, en términos
generales, podía ser considerada como la acción de un demente, y
todo ello dentro de la definición de la propia ley. Podría
determinarse que cuando un hombre se rebaja a cometer una acción
intencionalmente dañina contra sus semejantes, ha descendido al
menos al primer estrato de la demencia. El derecho podría abrir su
propio camino aplicando la clasificación de "demente" a
los criminales. En vista del hecho de que los sistemas de castigo
del pasado no han reformado ni reducido la criminalidad, el derecho
parece más inclinado a adoptar esta perspectiva y la adoptaría si
pudiera demostrarse que esta incapacidad para diferenciar el bien
del mal pudiera ser modificada para el mejoramiento de la sociedad.
Dado que se ha encontrado que los sistemas carcelarios han
recrudecido la criminalidad más de lo que la han remediado, es
plenamente factible que la ley pudiera considerar cómodamente un
posible cambio de perspectiva sobre el tema y tratar a los
criminales por lo que son: personas mentalmente trastornadas.
Con esta otra alternativa la ley se encuentra a menudo traicionada.
Esta alternativa consiste en permitir que los criminales se escapen
de la ley por razones de "demencia". Si se comprueba que
un criminal está demente, se le permite, al menos hasta cierto
punto, escapar del castigo que normalmente recibiría por su acto.
La ley, al mantener esta segregación, echa por tierra sus propios
fines y se priva a sí misma de su presa. Sólo frente a una casi
absoluta falta de comprensión de la demencia, podrían las personas
que se ocupan del gobierno convencerse de que la etiqueta de
"demente" permitiría a los criminales escapar del
castigo. Por lo tanto, en esa medida, la demencia en sí misma
parece ser temida y es tolerada.
La verdad categórica y terrible es que mientras la demencia pueda
seguir siendo utilizada como defensa, invitará a los criminales a
adoptar ese estado. Además, esas leyes que proporcionan de ese modo
un escape del castigo, desatan las energías de muchos contra sus
semejantes, quienes de otra forma se refrenarían. Por ejemplo, una
persona ligeramente loca debido a su "estado mental" podría
considerar innecesario obedecer la ley que en realidad comprendía
plenamente. Dista mucho de ser justo que la ley pueda proveer un
escape para el culpable basándose en tales razones.
Al concentrar su atención en el hecho de que la demencia, si se
demuestra, permitirá a una persona escapar de la justicia, la ley
está pasando por alto el hecho de que el crimen aparentemente parte
de manera uniforme de una incapacidad de distinguir al grado que un
hombre cuerdo consideraría normalmente racional. La ley se enfrenta
con el enigma de la demencia como una forma de frustrar la justicia.
Y de esta forma se tiene que probar continuamente que la demencia es
falsa, en el campo de la criminalidad. Considerando eso, es hora de
que se demuestre que la criminalidad es demencia. He trabajado con
muchos criminales y he sido policía durante un corto período, con
el fin de observar la criminalidad. Y mi observación directa y muy
de cerca, es que cualquiera que tenga tendencias criminales está,
en un sentido mucho más amplio, demente, y que su demencia no sólo
se extiende mucho más allá del campo del crimen, sino que invade
las áreas de la alucinación, la manía persecutoria y las
incapacidades mentales que en sí mismas son síntomas de
demencia."
L. Ronald Hubbard
Comisión Real de Canadá (extracto)
11 de Junio de 1954 |