|
La mujer
delincuente

A casi 100 años del 8 de marzo de
1908, que se conmemora cada año como el Día Internacional de la
Mujer en homenaje a las trabajadoras que perecieron en la lucha por
la igualdad social y laboral; seguimos viviendo en un mundo donde
las mujeres son víctimas de las circunstancias y de la opresión.
Basta con echarle un vistazo a las mujeres afganas que tanto
sorprendieron al mundo cuando se dio a conocer su modus vivendi
después del 11 de septiembre. O para no ir tan lejos cuantos de
ustedes no conocen a mujeres maltratadas y utilizadas.
Tanto la familia, la sociedad y la crisis económica propician que
una mujer cometa actos al margen de la ley. La impotencia y la
frustración por no poder satisfacer sus necesidades más
elementales, las orillan a cometer actos irracionales y
desesperados.
Hay otras mujeres donde la influencia del hombre y la relación que
mantienen con él las lleva a verse involucradas en actos
delictivos.
Se dividen en dos grupos según su nivel socioeconómico y
educativo. En el primero están las mujeres que son pobres, están
desempleadas; la promiscuidad, el alcoholismo, la desnutrición y la
vagancia han provocado los mayores estragos. Esto las afecta
severamente en su desarrollo físico y mental, mostrando una mayor
inclinación por la conducta delictiva.
El padre autoritario, despreciativo con la mujer y macho. El padre débil,
pasivo, mal proveedor y derrotado, o el padre ausente, son casos que
la mujer delincuente pudo haber padecido.
También, es definitiva la ausencia de la madre y el ejemplo que de
ella recibieron. Esta ausencia provoca resentimientos y agresividad.
Las hijas aprenden la conducta de la madre y cómo se relaciona con
el marido, adquieren este conocimiento para su vida futura.
Desorientadas, con vacío afectivo y sin ningún apoyo, aprenden a
defenderse oponiéndose por sistema a todo y a todos, son
desobedientes y rebeldes, tal actitud les proporciona placer, así
creen compensar su triste situación ante la sociedad.
Lo más común es que durante la adolescencia huyan de su
conflictivo ambiente familiar. En su búsqueda afectiva sólo
encontrarán amores ocasionales y más miseria económica.
La conducta antisocial y delictiva de estas mujeres estará guiada
por una mezcla de sentimientos: los de injusticia familiar y social,
los deseos de autoafirmación ante el hombre, los de reto a la
autoridad y los de autoagresión.
En otros casos, será su timidez, su agresión reprimida, su
aislamiento y el temor al abandono, los que originen que obedezcan y
se subordinen a un hombre o a una mujer para delinquir. La
desesperación por la pobreza, el abandono o el trato agresivo de
que son objeto constituyen factores comunes que propician los actos
delictivos de la mujer.
Sus relaciones de pareja son conflictivas, transitorias e
inestables, denotando su dificultad para crear vínculos afectivos
duraderos y se marginan, tanto familiar como socialmente.
El segundo grupo, está formado por aquellas mujeres de un nivel
socioeconómico alto y mejor escolaridad. Estas son más audaces e
inteligentes, saben manipular tanto al hombre como a la mujer, y
demuestran más iniciativa.
Niegan tener antecedentes delictivos o conflictos familiares
aparentes. Pero en realidad provienen de familias afectivamente
distantes, rígidas, tiránicas, con poca comunicación, y que las
presionan para ser autosuficientes a temprana edad. Incluso se ven
obligadas a ser proveedoras de la familia, o a dejar el hogar
paterno.
También pueden provenir de familias venidas a menos económicamente.
Son mujeres que roban para proveerse de los bienes y satisfactores a
que están acostumbradas y que ya no pueden procurarse de la manera
habitual, tienden a negar su delito, son muy convincentes y hacen
alarde de su habilidad para burlarse de las autoridades. |