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Sociología
Criminal

La sociología criminal es una
ciencia todavía en gestación; todos los ilustres sociólogos han
expuesto hasta atrevidas teorías pero todas ellas tienen un fondo
de incertidumbre, sobre todo cuando tratan de enumerar las
verdaderas causas de la criminalidad. Algunos autores sostienen que
en el acto criminal entran un complejo de factores algunas veces difíciles
de determinar.
Otros como Lombroso dicen que la causa del acto criminal está
constituida por las condiciones anómalas del criminal; para Maxwel,
esa causa consiste en dos elementos: individuo y sociedad, otros
sostienen que es la falta del libre arbitrio, y por último, hay
quienes digan que las únicas causas de la criminalidad están
constituidas por la suma de las tres categorías de factores
estudiados.
Manzini nos dice que la “Sociología Criminal es la ciencia
descriptiva que realiza la historia natural de la delincuencia”.
“En su rama biosociológica, la Sociología Criminal estudia los
caracteres individuales del delincuente, con el fin de determinar
las causas del delito y su grado de temibilidad social; en su rama
jurídica, estudia la legislación preventiva y represiva de la
delincuencia”.
Según su fundador, Enrico Ferri, la sociología criminal es una
ciencia de observación positiva que, fundándose en la antropología,
la psicología y la estadística criminal, así como el Derecho
Penal y los estudios penitenciarios, llega a ser la ciencia sintética
de los delitos y las penas.
La sociología criminal no estudia el problema de la criminalidad más
que en uno de sus muchos aspectos. Se ocupa sólo de la relación
que existe entre el autor del delito, como sujeto activo, con la
sociedad. Estudia el acto delictuoso como un acto puramente
objetivo. Las condiciones internas que motivan el hecho, y la
manifestación de la voluntad, son del resorte de otra ciencia, la
Psicología Criminal, importante auxiliar de las demás ciencias que
con el problema que venimos estudiando se relacionan.
La sociología criminal se diferencia de la sociología general en
que, mientras la primera se ocupa únicamente del fenómeno de la
criminalidad, la segunda estudia todos los fenómenos en general que
influyen y modifican el desarrollo y progreso evolutivo del
organismo social.
La infracción es un término que significa la violación de una ley
o de un precepto de la autoridad, por lo que se incurre en una sanción
penal.
La sociología criminal se auxilia de las siguientes ciencias para
poder cumplir bien su cometido: de la Antropología Criminal,
Etnografía, Psicología Criminal, Psiquiatría, Neurología; en
fin, de la Estadística Criminal, base ordinaria y eficaz de todas
las observaciones sociológicas.
Arguye Ferri que la sociología criminal es una ciencia
positivamente de observación, realista. La considera como síntesis
y fundamento de las ciencias anteriormente enumeradas y aún del
Derecho Penal. Es decir, constituye una ciencia en la que se resumen
el delito, el delincuente y la pena. Al asentar la etiología de la
criminalidad otorgándoles toda importancia al influjo de los
factores antropológicos, físicos y sociales, rechaza la teoría
del libre albedrío como base del derecho penal, y, al proclamar que
el delincuente es un ser anormal física y psíquicamente, sugiere
las bases de la responsabilidad social.
Por último Ferri, elabora una clasificación de los delincuentes
desde el punto de vista de su constitución física, más bien de
sus funciones orgánicas y psíquicas. Cree que el tipo del criminal
nato es característico que el criminal habitual encuentra en el
media social las circunstancias propicias que accionan sobre su
anormalidad para llegar a la comisión del acto delictuoso, como el
loco y el congénito, que carecen del sentimiento social y moral.
Asegura también que los delincuentes pasionales y por ocasión, se
caracterizan por su escaso dominio para evitar en determinado
momento la realización de un delito. Quien delinque, dice Ferri, lo
hace presa de una anormalidad ya congénita o adquirida.
Rafael Garófalo también considera que la criminalidad tiene su
gestión en el ambiente social y en contribución a las condiciones
naturales del individuo, por lo que toda misión represiva del
delito debe tener muy en cuenta que la criminalidad es un fenómeno
social, debiéndose estimar y considerar de extraordinaria
importancia los datos que los estudios antropológicos, físicos y
sociales proporcionen. Buscar las causas que originen el delito es
la misión de la Criminología, síntesis de la ciencia del
delincuente y de la ciencia de la sociedad en relación con el
delito.

Aspecto
social de la criminalidad
Maxwel hace un ligero resumen sobre el aspecto social de la
criminalidad, en su obra “El Crimen y la Sociedad”. El carácter
esencial de todo acto criminal dice, es el de ser definido por la
ley escrita o consuetudinaria y el de tener señalada una sanción
represiva. Este carácter no es absoluto, sino relativo, pues varía
de acuerdo con las costumbres que profese cada sociedad. Los actos
que antiguamente se castigaban con la pena de muerte, hoy no se
castigan, y al contrario, actos que anteriormente no se castigaban,
hoy se castigan con penas demasiado severas.
La noción de la criminalidad de un acto, depende del juicio que se
haya formado la mayoría de los miembros del grupo social, acerca
del acto que se ha reputado como criminoso; la opinión de la mayoría
es un término medio y corresponde a las ideas y sentimientos
aceptados por la mayor parte de los ciudadanos. Toda idea o acto
contrario a esa opinión son considerados como punibles y, por
consiguiente, criminales. Pero todo depende de haberse expresado la
idea o cumplido el acto. La concepción de la criminalidad es
esencialmente relativa, y su realidad está en relación con cada
una de las sociedades existentes y con el grado de evolución de las
mismas.
Como consecuencia de lo anteriormente expuesto, es fácil concluir
que la concepción de la criminalidad no puede tener una uniformidad
variable, su uniformidad es apenas aparente y sus elementos
esencialmente variables como todo ser viviente, están sometidas a
la benéfica ley de la evolución. La evolución en una sociedad se
manifiesta de diferentes maneras: ella prepara a veces la modificación
de ciertos caracteres étnicos y la acción de condiciones comunes
dotadas de energía sobre la plasticidad de los seres. Este hecho es
más fácil de observar que el de la evolución intelectual mucho más
importante desde el punto de vista criminológico. El cambio rápido
y sorprendente que algunas veces se lleva a cabo en los sentimientos
e ideas de un pueblo, es un fenómeno de observación fácil,
permanece como indeleblemente grabado sobre las ideas que ese mismo
pueblo se ha formado acerca de la criminalidad. Estas modificaciones
en la conciencia pública, tienen como resultado trascendental,
elevar ciertos actos a la categoría de criminosos, como también el
de dar ese carácter a otros actos que, hasta cierto tiempo, habían
permanecido como indiferentes a la luz de la justicia.
En un movimiento incesante, la opinión pública se encarga de
clasificar y desclasificar las infracciones, y llega muchas veces
hasta inventar nuevos delitos; si nosotros llamamos progreso este
movimiento, este intento de cambiar las costumbres existentes, sin
prejuzgar si estas designaciones son verdaderas de una manera
absoluta, tenemos que reconocer necesariamente en la aparente
uniformidad de la criminalidad en una época y en una sociedad
determinada, dos elementos bien diferentes el uno corresponde a
aquellas infracciones a las que el progreso conservará su
naturaleza criminal, y el otro, a aquellas que, por el progreso,
pierden la citada naturaleza. Se pueden citar ciertos actos que
teniendo en cuenta el lugar, tiempo y época fueron actos de marcado
carácter criminoso y que el tiempo los ha tomado en grandes
virtudes. Sócrates quien fue un criminal a los ojos de los jueces
Atenienses y condenado a tomar la cicuta, ha permanecido en la
historia como un modelo de virtudes. Otro ejemplo lo encontramos en
Galileo, condenado a retractarse por lo que había escrito acerca
del movimiento de la Tierra. El fenómeno inverso se observa en la
reprobación del poder social al delito criminoso, el cual es más
terrible hoy que en épocas anteriores.
En realidad, la noción del acto de carácter criminal es
contingente y relativa. Garófalo trata de establecer el delito
natural y lo define en relación con la piedad y la probidad,
porque, por la evolución, estos sentimientos se vuelven criminales
y es preciso que ellos hieran, no sólo la parte superior y más
noble de los demás sentimientos, sino aún, en la proporción misma
y en el aprecio de que gozan dentro de la misma comunidad, ya que
esto es indispensable para la adaptación del individuo en la
sociedad.
La criminalidad según algunos autores, puede definirse, como el
mayor o menor grado de nocividad que sobre un acto se forme
juiciosamente, la mayoría consciente, de un conglomerado social.
Delmas y Boll dice: “El perverso en toda ocasión pretende burlar
las leyes o violarlas, su mayor placer está en hacer el mayor daño
posible, en destruir cuanto encuentra a su paso, y en inducir a
todos los que le rodean a sus tendencias criminales”.
La criminalidad, entendiendo por tal concepto la infracción de la
ley penal, se nos revela como un fenómeno de la naturaleza social,
en el sentido de ser el fruto de la vida en sociedad, pues el hombre
en el estado de aislamiento absoluto, no podría llegar a ser un
criminal, pues el individuo en estas condiciones gozará de derechos
absolutos sin deberes correlativos, y su conducta no podría ser
considerada ni social ni antisocial. La voluntad del individuo
criminal pierde el sentimiento de la solidaridad y se coloca en
franca rebeldía contra esa voluntad colectiva expresada por medio
de una ley, un hábito o una costumbre.
¿Estando en el más completo aislamiento, puede el peor de los
criminales cometer un asesinato? Seguramente que no, pues para que
exista el delito es menester la presencia de un agresor y una víctima.
“Julio Verne en su novela ‘la Isla Misteriosa’, nos relata que
Ayrton, criminal escapado de Norfolk y pirata, una vez que fue
descubierta su identidad se le amenazó con entregarlo a las
autoridades inglesas, pero el prefirió ser abandonado en una isla
desierta del Pacifico, donde jamás volvería a tener tratos con los
hombres. Vivió en su aislamiento doce años aquel criminal,
naturalmente sin cometer un solo delito. ¿A quién podía lesionar
injustamente, si vivía en el más completo aislamiento?. En cuanto
vio a Albert uno de los componentes de la expedición que iba a
rescatarle, pretendió darle muerte”.
Por todo lo hasta aquí expuesto, es un hecho innegable que el
crimen, social en su origen, se torna antisocial en sus
consecuencias.
En la criminalidad podemos observar un verdadero conflicto de
voluntades: de un lado, la voluntad perversa del hombre delincuente,
siempre dispuesto a atentar contra la vida, honra y bienes de sus
conciudadanos, y de otro lado, la voluntad de la colectividad,
siempre alerta a defender no sólo el patrimonio económico sino
también el patrimonio moral de todos los elementos que la
constituyen. La infracción es, pues, el producto de dos factores:
factor individuo y factor sociedad. Cada uno de estos factores tiene
una acción propia y caracterizada en la evolución y producción
del fenómeno sociológico y criminal.
Autor: Plutarco González |