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La víctima

Víctima es toda persona, colectivo o institución que directa o indirectamente haya sufrido los efectos derivados de una acción delictiva, ya sean físicos o psíquicos, o supongan la pérdida financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales como persona.

Victimización

Son los efectos psicosociales inducidos sobre la víctima y su entorno social por los hechos ocurridos interpersonales y sociales que están y son tipificados penalmente como delitos.


Tipos de víctima
Los autores no se ponen muy de acuerdo en cuanto a la tipología, unos hablan de dos tipos, las voluntarias y las involuntarias con múltiples divisiones, pero en lo que sí están todos de acuerdo es en que la víctima es un elemento muy importante, en muchos casos propiciatoria en sí misma de su situación. La clasificación que vamos a seguir es la de Mendelsohn.

Mendelsohn establece cinco tipos de víctima:

  1. Aquella que es totalmente inocente.

  2. La víctima por ignorancia.

  3. Víctima voluntaria.

  4. Víctima más culpable que el agresor.

  5. Únicamente culpable.

Neuman en 1984 escribe una obra en la que hace una crítica severa a la teoría de Mendelsohn, dice que es una teoría excesivamente determinista y que siempre implica que se le imponga una pena al agresor. El planteamiento de Neuman en su teoría es que hay víctimas que por su propia conducta facilitan y provocan el ser víctimas lo cual debiera contemplarse a la hora de imponer la pena al agresor.

La clasificación de Neuman es la siguiente:

  1. Hay que tener en cuenta a la víctima en el sistema social básico aceptado.

  2. La actitud jurídico-penal de la víctima.

  3. La tipología del delito.

  4. Aspectos psicosociales que envuelven al mismo.

Hay otra clasificación de Miguel Ángel Soria quien en 1993 propone, intentando abarcar un gran número de víctimas, una clasificación de seis tipos:

  1. El sistema básico afectado por el delito.

  2. La conducta desarrollada por la víctima durante el hecho delictivo.

  3. Costes de la victimización.

  4. La relación previa con el agresor.

  5. Duración del hecho delictivo.

  6. Actitud que mantiene la víctima en el proceso penal.


Población de riesgo
La mayoría de las teorías consideran que la población de riesgo se centra en mujeres adultas, mujeres de tercera edad, menores de edad, prostitutas y, por último, marginados sociales.


Proceso psicosocial de la victimización criminal
Siempre tras un hecho delictivo la víctima tiene que readaptar su propia situación y sobretodo en aquellos delitos que por su agresión físico o psíquica suponen un trastorno o alteración emocional.

El proceso de readaptación se da en tres fases:

  1. Fase de impacto o shock emocional.

  2. Fase de recuperación o reorganización.

  3. Fase de ajuste o de readaptación.

Fase de impacto o shock emocional.
Se divide a su vez en tres niveles:

  1. Nivel afectivo. La afectividad queda determinada por sentimientos de vulnerabilidad, por impotencia, aislamiento y bloqueo afectivo.

  2. Nivel cognitivo. Se producen pensamientos confusos, conmoción, imposibilidad de aceptar lo sucedido y un pensamiento circular y reiterativo sobre lo acaecido.

  3. Nivel de conducta. Los efectos son varibles, pueden ir desde leves a muy severos, y lo que predomina es una desorientación tempoespacial. La duración de esta fase varía de minutos a horas y el nivel afectivo es la clave en la comprensión de esta fase.

Fase de recuperación o reorganización.
Esta fase se caracteriza por la reevaluación cognitiva del suceso, es decir, analizar de forma muy detallada lo que ha sucedido. La duración fluctúa entre semanas a meses. El elemento clave de esta fase es la cognición, es decir, el pensamiento. Durante este periodo la víctima trata de integrar el suceso dentro de sus esquemas personales, de su escala de valores, sus expectativas previas de comportamiento, la percepción que tiene de sí misma y del entorno.

Efectos cognitivos:

  • Repetición continuada del suceso y los intentos de comprender la causa del delito, es decir, preguntarse el por qué de lo sucedido.

  • Otro efecto es que se resienten las relaciones interpersonales, sobretodo en los delitos de agresión física o psíquica.

  • Incapacidad de afrontar lo sucedido.

  • Cambios bruscos en la afectividad, se alterna entre la tristeza y la euforia, el miedo y la ira.

  • Temores a posteriores agresiones o replesalias del agresor, este hecho incide negativamente en que avance el proceso hacia una solución positiva. La conducta se ve modificada especialmente a nivel de la vida cotidiana y esto está en función del miedo inducido.

  • A medio plazo pueden aparecer conductas de evitación o compensación.

  • Por último la negación del suceso, es decir, actuar como si no hubiera sucedido nada pero no resolver un problema traumático que pueda haber generado, esto tiene como consecuencia que con posterioridad se produce una reacción postraumática retardada.

Fase de ajuste o de readaptación.
Una vez que la víctima ha logrado que el miedo y la ira desciendan entra en una fase de reorganización y de ajuste, para ello se producen los siguientes efectos:

  • Se establecen defensas afectivas.

  • Conductas más vigilantes.

  • Revisión de los valores y actitudes que permiten un reajuste en la vida cotidiana.


Victimización sexual
Modelo transaccional. Este modelo ha sido desarrollado a partir de estudios empíricos con víctimas de agresiones sexuales y se basa en la teoría del stress transaccional de Lazarus y Felkman.

Principios básicos de este modelo:

  1. La evaluación cognitiva. Hay cuatro tipos de evaluación cognitiva primaria:

    1. Amenaza a la vida.

    2. Amenaza a la integridad física.

    3. A la inseguridad.

    4. Amenaza a la autoimagen.

La evaluación cognitiva varía para cada víctima según las connotaciones o valoraciones realizadas en función de la experiencia, de los temores, etc. También existen diferencias en función de la relación con el agresor, de las circunstancias contextuales de su vida, de los aspectos y experiencias previas, etc.

  1. Afrontamiento. Implica la necesidad de realizar una integración que de significado, de una reevaluación personal total a partir de aspectos previos contextuales y postdelictivos. Esta implicación permite a la víctima reconstruir un nuevo significado de su propia persona y de su entorno. Los procesos atribucionales y los cambios en los sistemas de creencias son procesos de negación o intrusión, permiten nueva información. El afrontar la situación le hace pasar por un estado de tensión o de depresión inevitables. Hay una ausencia de emociones positivas, la tensión es necesaria y el fracaso cuando se experimenta es indicativo de patología por eso es necesario romper ese proceso y buscar la recuperación. Para lograrlo hay que desarrollar tres variables:

    • Evitar la autoinculpación.

    • Defender un autoconcepto positivo.

    • Desarrollar un punto de vista realista sobre el delito.


El tratamiento de la víctima
Programas de intervención general y específica.

Programas de intervención general
Hay que valorar dos tipos de actuación diferenciada:

  1. Los derechos y necesidades de la víctima. Estos derechos y necesidades hay que establecerlos en tres ámbitos:

    • En el ámbito jurídico, aquí cabe informar a la víctima y darle conocimiento e información de todos aquellos derechos que tiene cualquier persona a nivel de procedimiento judicial. Prestar la orientación y ayuda necesaria respecto a la defensa, si necesita o no abogado de oficio y todas aquellas cuestiones que se consideren necesairas para la defensa de la misma.

    • En el ámbito sanitario, en aquellos casos en que sea necesario se efectuará una exploración física y la atención médica adecuada.

    • En el ámbito psicosocial, se informará de los recursos institucionales que puedan prestar apoyo y de la atención especializada por parte de psicólogos o psiquiatras en aquellos casos en que sea valorado como necesario.

  2. El otro tipo de actuación es facilitar pautas de comportamiento:

    • Los profesionales que atiendan el caso deberán establecer unas pautas de comportamiento dirigidas a la víctima y a sus familiares o personas de referencia.

    • Explicar cómo funcionan los equipos de apoyo social:

      • Garantizar la seguridad personal de la víctima.

      • Analizar las necesidades psicológicas de la víctima e intentar dar respuestas adecuadas a las mismas. Estas respuestas deberán establecerse a tres niveles:

        • A nivel afectivo: Explorar los sentimientos de ira, miedo, ansiedad, tristeza y dar las pautas adecuadas para que disminuyan o desaparezcan.

        • A nivel cognitivo: Aclarar e intentar que la víctima comprenda todas aquellas dudas, ambivalencias, estados de confusión y que desararezca el pensamiento reiterativo.

        • A nivel comportamental: Evaluar los cambios de comportamiento después de los hechos delictivos y establecer la intervención adecuada para readaptarlos.

Programas de intervención específica
Estos programas, al igual que los generales, se dividen en dos tipos de actuación:

  1. Atender las necesidades prácticas prioritarias:

    • Sanitarias.

    • De orden económico, se consideran prioritarias en algunos casos.

    • Psicológicas, reducir el nivel de angustia, eliminar los sentimientos de culpa y de peligro y permitir la expresión de sentimientos intensos.

  2. Atender la problemática concreta:

    • Efectos emocionales negativos (miedo, ira...)

    • Sentimientos de culpa.

    • Autovaloración.

    • Romper con los sentimientos reiterativos sobre el suceso.

Hay que atender los sentimientos que se expresen de vergüenza, de baja autoestima, de desvalorización, también los sentimientos de odio y de venganza, analizar las consecuencias negativas a nivel de comportameinto y hacer una valoración de los hábitos cotidianos que se han visto modificados.


Estrategias de ayuda

Una vez que el profesional se hace cargo del caso debe plantear su intervención terapéutica de acuerdo con el paciente para determinar la problemática existente, teniendo en cuenta todos aquellos factores y variables que hayan actuado como antecedentes, presentes y consecuentes de la conducta.

Una vez hecho este previo prólogo durante la entrevista lo primero que debe averiguar el terapéuta es qué atribución de los hechos realiza la víctima; la atribución puede ser interna o externa, se denomina interna cuando se atribuye la responsabilidad de lo sucedido a uno mismo y la atribución externa cuando se atribuye lo sucedido al entorno, es decir, a otros.

Para averiguar esto se pide a la persona afectada que se explique a sí misma el por qué de lo sucedido. La atribución es indicativa de falta o asunción de responsabilidad. A partir de este punto el terapéuta diseña la intervención más adecuada para lograr restablecer los trastornos de personalidad o conductas-problema que presenta la víctima. Para ello contará con las técnicas y estrategias que considere más adecuadas.

Sea cual sea el enfoque o línea terapéutica del psicólogo en todo proceso terapéutico se establecen un mínimo de tres fases:

  1. Fase de afrontamiento 
    Objetivo de esta fase:

    • Que el paciente se centre en afrontar lo sucedido.

    • Ver qué comportamientos se han modificado y a qué responde ese cambio.

    • Ver qué pensamientos e ideas están presentes y cómo inciden en la conducta y los hábitos cotidianos.

    • Ver qué sentimientos y emociones aparecen. Hay que ver la frecuencia, la intensidad y la duración de las mismas (miedo, ira, vergüenza, venganza, tristeza, etc.)

  2. Fase de reacción
    Es la fase más importante dentro del proceso terapéutico, de ella dependerá el éxito del tratamiento. Las técnicas aplicadas y el manejo de las mismas por parte del terapéuta deben ser muy bien utilizadas.

    El paciente en esta fase tiene como objetivo reorganizar y estructurar de nuevo su estado emocional.

    Para muchos pacientes es la fase más lenta y difícil porque se da un alto nivel de vulnerabilidad, de ansiedad, cambios en el humor, irritabilidad, desvalorización, baja autoestima, etc. El terapéuta debe ayudar a que el paciente entienda su propio proceso para que pueda seguir avanzando en el mismo.

    Esta fase requiere de una valoración por parte de terapéuta y paciente de los resultados que se van obteniendo. Cuando se aprecia que se ha producido una reestructuración de la personalidad se da por finalizada la misma y es cuando se pasa a una tercera fase.

  3. Fase de seguimiento
    Se establece un seguimiento terapéutico con el fin de verificar que le paciente está compensado y no existen los problemas que motivaron el tratamiento.

El tiempo de duración de cada una de las fases dependerá de la afectación y de la problemática que presente.

Profesionales de la intervención
Equipos multidisciplinares en los que profesionales de diversas especialidades o disciplinas diseñan conjuntamente la intervención a llevar a cabo, además de otros profesionales no imprescindibles es necesario que consten los profesinales siguientes:

  • Psicólogos.

  • Médicos o personal sanitario.

  • Asistente o trabajador social.

 

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