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Violadores Seriales

Violación I, Duncan Currie, 1998

Cuando se comparan casos de grandes delincuentes del mismo tipo, se puede observar una gran similitud en sus formas de actuar y en el móvil y las motivaciones para llevar a cabo el delito. El caso de los violadores en serie no es la excepción. Comparándolos entre ellos, vemos que en efecto es casi una misma historia repetida varias veces, también se puede observar el enorme parecido que hay entre los violadores en serie y los asesinos en serie, de los que prácticamente solo se diferencian por el hecho de que unos matan a sus víctimas y los otros no lo hacen a menos que lo crean necesario. 

El examen psiquiátrico general de estos delincuentes sexuales en serie demuestra que el grupo mayoritario no presentan signos de alineación mental sino sólo algún trastorno de la personalidad y psicopatías leves, por lo tanto son jurídicamente imputables.

Es un individuo que a nivel social se comporta de forma cordial, se muestra amable, educado, incluso seductor, suele ser inteligente y astuto por lo que su criminalidad pasa desapercibida a los conocidos. Cuando desarrolla su actividad delictiva es como si desdoblase su personalidad adoptando otra identidad, que en realidad es la auténtica, ya que su comportamiento social es una postura para no llamar la atención.

Se ha observado que entre los violadores seriales predominan los solteros, de personalidad inmadura e inestable, dependientes emocionalmente y habitualmente hijos únicos que conviven con la madre, por general dominante.

La agresión es una forma de compensar las dificultades sexuales que saben que presentan cuando intentan una relación convencional. Son personas sexualmente reprimidas, misóginos, con baja autoestima y dependientes afectivos de la madre o de alguna otra mujer. Como esto impide cualquier acercamiento amoroso que intentan, utilizan la violencia para afirmar su poder en un intento de aumentar su autoestima y son más propensos a llevar a cabo las agresiones cuando sufren algún tipo de rechazo o burla y se cuestiona su masculinidad.

Compensan sus traumas con el acto delictivo para recuperar el egocentrismo y vanidad, pues no sólo se siente poderoso dominando a la víctima sino que también se siente inteligente pudiendo escapar de la policía. Es por este motivo que prefiere llamar la atención antes que ser ignorado, desea pasar a la historia como el criminal más importante, cosa muy frecuente entre criminales con desórdenes de la personalidad.

Es raro que presenten antecedentes delictivos de otra índole, siempre suelen tenerlos por otras agresiones sexuales o intento de agresión.

El agresor no suele tener un número límite de agresiones, por lo general el límite lo determina su detención y encarcelamiento.

Es difícil que un agresor sexual se reinserte en la cárcel, por lo que se están buscando soluciones para que puedan salir a la calle sin que sean una amenaza. Las soluciones que nos da la medicina para los violadores son, en primer lugar, las terapias psicológicas de tipo cognitivo-conductual, es decir, terapias que crean reflejos contra las conductas nocivas. Lo cierto es que ya se han ensayado y tienen mucho éxito, pero son un tanto polémicas. Algunas de ellas consisten en filmaciones virtuales, películas que se hacen ver al agresor y en las que aparece él como víctima y ve cómo le violan. Las imágenes producen una sensación de rechazo a la violación, eso es evidente, pero hay que valorar también su grado de ética.

Otros métodos son propiamente farmacológicos y consisten en aplicar los que llamamos "medicamentos agonistas", que son substancias que inhiben otras. En este caso el medicamento reduciría la secreción de la hormona masculina testosterona.
La hormona masculina está vinculada a comportamientos dominantes y competitivos, incluso antisociales en algunas ocasiones.

Otra manera de medicar a los agresores sexuales es a base de antidepresivos buscando mejorar su estado de ánimo, se sabe que éstos sufren cambios continuos de humor y ansiedad, lo que influye a la hora del comportamiento violento.

En muy pocas ocasiones, pero las hay y lo demuestra el ejemplo del Violador del Ensanche (España), es posible que el violador se arrepienta y no vuelva a cometer ningún tipo de delito, adaptándose perfectamente a la sociedad que antes despreciaba en agradecimiento a la oportunidad que le dan de volver a ser libre.

Fuente: Oscar Fernández Sanz
Psicópatas y Asesinos en Serie

 

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