Menú

  Buscar

Google

  En:
WWW
LatinoSeguridad

  Importante
  Mente Criminal

¿Que es la explotación sexual infantil?

Es difícil concretar la definición de explotación sexual infantil, debido a las diferencias de conceptos culturales, morales o religiosos existentes en los países en los que se produce esta atrocidad.

El consorcio internacional ECPAT (End Child Prostitution, Child Pornography, and Trafficking of Children for Sexual Purposes - Acabemos con la prostitución infantil, la pornografía infantil, y el tráfico de menores con propósitos sexuales), define la explotación sexual infantil como "la violación de los derechos fundamentales de los niños y las niñas. Comprende el abuso sexual por parte de un adulto y su remuneración económica o en especie, tanto para el propio niño o niña, como para terceras personas. El menor es tratado como un objeto sexual y comercial. La explotación sexual comercial de la infancia constituye una forma de coerción y de violencia contra ésta y representa, junto con el trabajo infantil, una de las peores formas contemporáneas de esclavitud".

Hoy en día, a pesar de la escasez de información y estadísticas existentes, se denuncia la explotación sexual de más de dos millones de menores en el sudeste asiático y América Latina, principalmente de sexo femenino.

Una vez introducido en el mercado del sexo, el menor tiene cada vez mayores problemas para encontrar fuentes de ingreso alternativas, ya que la falta de una formación adecuada, las posibles enfermedades contraídas o el estigma social que implica haber trabajado en el comercio sexual suponen grandes obstáculos para reinsertarse en la sociedad con un trabajo digno.

Esta lacra se ve favorecida no sólo por los clientes procedentes de los conocidos como “paraísos del sexo” sino también por el denominado turismo sexual. En el año 1980, diferentes organizaciones no gubernamentales internacionales comenzaron a utilizar este término para denunciar el tipo de turismo que se estaba desarrollando, principalmente en el sudeste asiático y América Latina, y que promocionaba valores como el hedonismo y el ejercicio de actividades relacionadas con el sexo. Desde entonces, el turismo sexual ha crecido tan rápidamente que ha llegado a convertirse en un negocio lucrativo en el que están involucradas miles de personas.

Anualmente, supone una fuerte contribución al empleo y una importante entrada de ingresos en los países donde se desarrolla. Incluso las diferentes autoridades gubernamentales reciben beneficios económicos: unas veces legales, derivados de tasas de licencia e impuestos con los que se gravan hoteles, bares, restaurantes y casas de juego; y otras veces, ilegales, procedentes de sobornos. Pero este beneficio sólo es efectivo a corto plazo, ya que si se permite que parte de la población infantil sufra toda clase de abusos y explotación, ésta verá hipotecado su futuro por falta de formación, oportunidades... lo que a largo plazo repercutirá en el bienestar y la economía del país.

Por otro lado, la fuerte crisis económica y el inminente aumento del desempleo que se vive en los países afectados están fomentando los factores socio-económicos que impulsan la industria del sexo: pobreza, falta de formación, desestructuración familiar...

En definitiva, estamos ante un problema provocado por el propio ser humano, que afecta a menores, personas que no pueden elegir, indefensas ante las estructuras montadas y los intereses implicados en el sector del sexo.

La explotación sexual perjudica seriamente su normal desarrollo y conculca su derecho a disfrutar de una vida digna, feliz, provechosa y socialmente útil. Puede provocar trágicas consecuencias que interfieren en el correcto desarrollo físico, psicológico, espiritual, moral y social de las víctimas. Sus secuelas pueden permanecer presentes durante largo tiempo y necesitarán de ayuda especializada para superarlas con éxito. Gran parte de ellos difícilmente encontrará un trabajo digno o volverá con su familia. Su vuelta a una vida digna y la recuperación de su autoestima resultará muy difícil.


Sus causas

Generalmente son varios los factores que llevan a que un menor termine siendo víctima del comercio sexual. La pobreza, la desigualdad y los problemas relacionados con las deudas contraídas por los padres siguen siendo las principales causas, aunque no las únicas.

También hay situaciones en las que la víctima es engañada bajo falsas promesas de empleo o es secuestrada por mafias que se dedican al tráfico sexual infantil. En otras ocasiones, la única forma de vida que ha conocido el menor se basa en todo lo que rodea al mundo de la prostitución, ya que su familia vive del mercado del sexo, por lo que sigue su mismo camino, sin tener opción a elegir.

El cambio de valores y actitudes que se está imponiendo -la globalización y el consumismo- ha originado que haya niños que vendan su cuerpo a cambio de artículos de consumo como camisetas, zapatillas de deporte o aparatos electrónicos. La posesión, el tener, se ha convertido en uno de los valores más importantes. El sexo se ve como una forma de libertad, que permite acceder a todas esas comodidades materialistas.

Otras causas son la drogadicción -la prostitución como vía de pago-, la desmembración de la familia... una suma de factores que conducen al menor a las redes de la prostitución. A pesar del estigma y los peligros que conlleva, el trabajo sexual está mejor retribuido que la mayoría de los empleos asequibles para las mujeres jóvenes que, mayoritariamente, carecen de educación y formación.

Sin embargo, esta oferta de menores no tendría razón de ser si no existiera una creciente demanda por parte de un importante número de clientes. Si bien es cierto que gran parte de estos clientes son locales, el problema se ve incrementado por la cantidad de turistas sexuales que, aprovechando su superioridad económica, el anonimato y la impunidad que no encontrarían en sus países de origen, viajan al sudeste asiático y a América Latina con el propósito de mantener relaciones sexuales con menores.

En un intento de evitar que se produzca este tipo de abuso, se está promoviendo el uso de legislaciones de carácter extraterritorial, lo que permite a un gobierno procesar a sus ciudadanos por delitos contra la infancia cometidos en cualquier lugar fuera de su país de origen. Hasta la fecha, al menos 32 países -entre ellos España- han adoptado legislaciones extraterritoriales para combatir delitos contra a la infancia.

Sin embargo, resulta muy complicado probar que un ciudadano ha mantenido relaciones sexuales con menores durante unas supuestas vacaciones. Un obstáculo legal en el que continúan escudándose miles de depravados.

Los destinos de los turistas que explotan sexualmente a niños y niñas varían constantemente. Así, en caso de que un país decida combatir activamente esta atrocidad, los explotadores viajarán a otro más permisivo con sus pretensiones. Tailandia es un claro ejemplo de esta nueva tendencia. Los turistas que habitualmente viajaban a este país, ante la reciente aplicación de leyes que protegen a los menores, tienden ahora a desplazarse a la vecina Camboya, menos restrictiva en este aspecto.

El miedo al sida es otro de los factores que ha provocado un aumento de la explotación sexual infantil. Para evitar -en lo posible- el riesgo a contraer la temida enfermedad, cada vez se reclaman chicos y chicas más jóvenes y, a ser posible, vírgenes. Una idea equivocada, ya que los menores tienen mucho más riesgo de contagiarse que una persona adulta porque sus organismos son más vulnerables, tienen un menor acceso a la información sobre los riesgos, medios de prevención y consecuencias del sida, además de no tener capacidad para negociar prácticas sexuales menos peligrosas con los clientes.

Fuente: www.anesvad.org 

 

Webmaster: 

webmaster@latinoseguridad.com

Ventas: 

joseluis@latinoseguridad.com

Sugerencias 

joseluis@latinoseguridad.com

Grupo Corporativo Diamante | Copyright © 2000 - 2003 | Todos los derechos reservados