Amenazas deliberadas a la
seguridad de la información

Se entiende por amenaza una
condición del entorno del sistema de información (persona, máquina,
suceso o idea) que, dada una oportunidad, podría dar lugar a que se
produjese una violación de la seguridad (confidencialidad,
integridad, disponibilidad o uso legítimo). La política de
seguridad y el análisis de riesgos habrán identificado las
amenazas que han de ser contrarrestadas, dependiendo del diseñador
del sistema de seguridad especificar los servicios y mecanismos de
seguridad necesarios.
Las amenazas a la seguridad en una red pueden caracterizarse
modelando el sistema como un flujo de información desde una fuente,
como por ejemplo un fichero o una región de la memoria principal, a
un destino, como por ejemplo otro fichero o un usuario. Un ataque no
es más que la realización de una amenaza.
Las cuatro categorías generales de amenazas o ataques son las
siguientes:
Interrupción:
un recurso del sistema es destruido o se vuelve no disponible.
Este es un ataque contra la disponibilidad. Ejemplos de este
ataque son la destrucción de un elemento hardware, como un disco
duro, cortar una línea de comunicación o deshabilitar el sistema
de gestión de ficheros.
Intercepción: una entidad no
autorizada consigue acceso a un recurso. Este es un ataque contra
la confidencialidad. La entidad no autorizada podría ser una
persona, un programa o un ordenador. Ejemplos de este ataque son
pinchar una línea para hacerse con datos que circulen por la red
y la copia ilícita de ficheros o programas (intercepción de
datos), o bien la lectura de las cabeceras de paquetes para
desvelar la identidad de uno o más de los usuarios implicados en
la comunicación observada ilegalmente (intercepción de
identidad).
Modificación: una entidad no
autorizada no sólo consigue acceder a un recurso, sino que es
capaz de manipularlo. Este es un ataque contra la integridad.
Ejemplos de este ataque son el cambio de valores en un archivo de
datos, alterar un programa para que funcione de forma diferente y
modificar el contenido de mensajes que están siendo transferidos
por la red.
Fabricación: una entidad no
autorizada inserta objetos falsificados en el sistema. Este es un
ataque contra la autenticidad. Ejemplos de este ataque son la
inserción de mensajes espurios en una red o añadir registros a
un archivo.
Estos ataques se pueden
asimismo clasificar de forma útil en términos de ataques pasivos y
ataques activos.
Ataques
pasivos
En los ataques pasivos el atacante no altera la comunicación,
sino que únicamente la escucha o monitoriza, para obtener
información que está siendo transmitida.
Sus objetivos son la intercepción de datos y el análisis de tráfico,
una técnica más sutil para obtener información de la comunicación,
que puede consistir en:
Obtención del origen y destinatario de la comunicación, leyendo
las cabeceras de los paquetes monitorizados.
Control del volumen de tráfico intercambiado entre las entidades
monitorizadas, obteniendo así información acerca de actividad o
inactividad inusuales.
Control de las horas habituales de intercambio de datos entre las
entidades de la comunicación, para extraer información acerca de
los períodos de actividad.
Los ataques pasivos son muy difíciles de detectar, ya que no
provocan ninguna alteración de los datos. Sin embargo, es posible
evitar su éxito mediante el cifrado de la información y otros
mecanismos que se verán más adelante.
Ataques activos
Estos ataques implican algún tipo de modificación del flujo de
datos transmitido o la creación de un falso flujo de datos,
pudiendo subdividirse en cuatro categorías:
Suplantación de identidad: el intruso se hace pasar por una
entidad diferente. Normalmente incluye alguna de las otras formas
de ataque activo. Por ejemplo, secuencias de autenticación pueden
ser capturadas y repetidas, permitiendo a una entidad no
autorizada acceder a una serie de recursos privilegiados
suplantando a la entidad que posee esos privilegios, como al robar
la contraseña de acceso a una cuenta.
Reactuación: uno o varios mensajes legítimos son capturados y
repetidos para producir un efecto no deseado, como por ejemplo
ingresar dinero repetidas veces en una cuenta dada.
Modificación de mensajes: una porción del mensaje legítimo es
alterada, o los mensajes son retardados o reordenados, para
producir un efecto no autorizado. Por ejemplo, el mensaje
“Ingresa un millón de pesetas en la cuenta A” podría ser
modificado para decir “Ingresa un millón de pesetas en la
cuenta B”.
Degradación fraudulenta del servicio: impide o inhibe el uso
normal o la gestión de recursos informáticos y de
comunicaciones. Por ejemplo, el intruso podría suprimir todos los
mensajes dirigidos a una determinada entidad o se podría
interrumpir el servicio de una red inundándola con mensajes
espurios. Entre estos ataques se encuentran los de denegación de
servicio, consistentes en paralizar temporalmente el servicio de
un servidor de correo, Web, FTP, etc.
Fuente: Criptonomicón |