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¿Que son
las cookies?

Los cookies (galletas) son
pequeños archivos enviados al disco duro de su PC por buena parte
de los sitios web que visita. Estos archivos tienen mala fama en
Internet, pero en realidad son, en si mismos, casi inofensivos, útiles
y se pueden controlar.
Las cookies son archivos de texto que le permiten a un sitio
web conocer sus preferencias: qué paginas del sitio suele visitar,
cuál es su nombre (si usted lo ha suministrado), conque frecuencia
visita ese sitio, etc.
Algunos de esos datos son recogidos a través del formulario que uno
suele llenar la primera vez que visita un sitio que exige
registrarse. Con esa información, el sitio puede, entre otros,
personalizar ciertos aspectos para hacer más cómodas sus próximas
visitas.
La cosa funciona así: cuando visita por primera vez un sitio web
que usa cookies, el servidor web (el computador que controla
el sitio) envía al disco duro de su PC (a través del navegador) un
cookie que contiene unos cuantos datos que le permitirán
identificarlo. Cuando regresa al sitio, el navegador toma de su
disco duro la cookie, y lo envía al servidor web. Así, él
sabe quién es usted, y revisa en su base de datos la información
que le permite personalizar ciertas opciones; si usted borra el
cookie de su disco duro, el servidor web lo trataría como a un
extraño porque no sabría que ha estado antes allí.
Según explica un documento técnico del sitio web de Netscape
Corporation, son falsos tres grandes temores generados por las cookies:
que saquen información de su PC, que los puedan leer desde
cualquier sitio web o que puedan llevar virus.
Primero: Un cookie no puede leer
información contenida en otro cookie ni en otro archivo del disco
duro en el cual se encuentra almacenado.
Segundo: Cada cookie está
marcado con información sobre el sitio que lo envió; un sitio web
no puede leer información de cookies enviados por otros
sitios.
Tercero: Según Netscape,
"no es posible que un virus se pueda difundir a través de un cookie",
ya que este no es más que un archivo de texto simple.
Aún así, las cookies no son un buen elemento de seguridad,
ya que cualquiera que conozca mínimamente su funcionamiento podría
acceder físicamente o tal vez a través de red local, pero no a
través de Internet, a los datos guardados en las cookies
dentro de un ordenador y utilizar todos los servicios a los que
permiten acceder los nombres y contraseñas en ellas almacenados.
Cuando se crearon, las cookies tenían como objetivo
favorecer al usuario. Al permitir que los sitios Web
“recordasen” a los visitantes, se les podía ofrecer un servicio
individualizado, avisarles de novedades y liberarles de ciertas
tareas engorrosas de identificación. Algo parecido a entrar en un
restaurante y que el camarero nos llame por nuestro nombre, nos
siente en nuestra mesa favorita, nos sirva nuestro vino preferido y
nos sugiera el nuevo menú que según nuestros gustos seguramente
nos agradará. Sin embargo, esa capacidad de recordar constituye el
instrumento del que se sirven para rastrearnos. De ahí surge la
preocupación por la intimidad y el potencial para violarla de las cookies.
Lo que ocurre en un sitio que obtiene sus anuncios de un servidor de
terceras partes cuando nos conectamos a él es que en realidad se
produce una petición de envío de cookie en la página del
servidor del anunciante, no en el que nos conectamos directamente.
Dado que una cookie se puede colocar en cualquier objeto,
cuando el sitio al que accedemos pide el banner al sitio del
anunciante, éste leerá o escribirá una cookie en nuestro
disco duro.
Por lo tanto, la petición del banner nos cuela primero una cookie
y luego nos envía la imagen publicitaria. En estas circunstancias,
la cookie, junto con la petición de la imagen, podría
posteriormente registrar qué anuncios habían sido presentados
previamente al usuario y qué banners se habían pinchado. Si a
continuación el cliente navegara hacia otro sitio que obtuviera sus
anuncios del mismo servidor anterior, cuando esa página pidiera el
banner al servidor de terceras partes, entonces el servidor leería
la misma cookie, lo que le permitiría mostrar anuncios a medida, a
partir de la información almacenada en la cookie, de manera
que el usuario no volvería a ver el mismo anuncio. Adicionalmente,
se establecería otra variable en la cookie indicando que ya
ha visitado ese sitio, de modo que una vez reunida toda esta
información, se podría diseñar fácilmente un perfil de usuario
con sus gustos, antipatías y lugares que visita, con el fin de
dirigirle publicidad cada vez más precisa y personalizada. Resulta
evidente que con el paso del tiempo, estos anuncios se volverán
extraordinariamente personales.
En cualquier caso, lo más inquietante es toda esa información
sobre nuestra actividad en la Red e inclinaciones personales y el
uso que se le podría dar. Cada vez que damos click en un anuncio o
visitamos una página, un registro podría estar actualizándose en
alguna parte, anotando cuidadosamente nuestros pasos. El salto hacia
la violación de la intimidad consiste simplemente en imaginar toda
esta información acerca de los hábitos de navegación y consumo de
un usuario fuera centralizada en una oficina. Aunque, como se ha
explicado, una cookie no puede ser usada por estas compañías
de marketing personalizado para extraer nuestro nombre, teléfono o
dirección de correo electrónico, sí que podrían conocerlos por
otros mecanismos, combinarlo con la información que sí consiguen
de nosotros sobre nuestros gustos y preferencias, y todo ello
almacenarlo y procesarlo convenientemente en una gran base de datos.
Si se añade el hecho de que en general todo ocurre sin conocimiento
del usuario, el anonimato y la intimidad en la Web son un cuento
chino.
Sí bien es cierto que inicialmente se crearon como un mecanismo
para beneficiar al usuario, han sido pervertidas para beneficiar al
anunciante, que husmea nuestras idas y venidas y almacena perfiles
de usuario para luego dirigirnos su propaganda personalizada. Esta
posibilidad abre las puertas a especulaciones Orwellianas
acerca de su venta a terceros o su análisis en oscuros despachos
gubernamentales.
La preocupación generalizada con respecto a las cookies nace
más del miedo al uso que operadores sin escrúpulos de ciertos
sitios puedan hacer de ellas que de la tecnología en sí.
Si está convencido de que las cookies amenazan su intimidad
y está dispuesto a vivir sin la comodidad que proporcionan, es tan
fácil como desactivarlas, de forma que su navegador le avise cada
vez que le quieren enviar una cookie.
La opción por default tanto de Netscape como de Explorer es que las
cookies sean aceptadas silenciosamente. En consecuencia,
muchos usuarios pueden navegar durante años por Internet, albergar
300 cookies en su disco duro y ni siquiera saber que existen
o qué son.
Netscape
En el menú "Edición", en “Preferencias...”, en la
entrada “Avanzadas”, marque la casilla “Advertir antes de
aceptar una cookie”. Esto en realidad no desactiva la
cookie, sino que obliga al navegador a mandarle un aviso cada vez
que le envían una cookie. Con decir que no la quiere se acabó
el problema. Sin embargo, más que una solución, esta componenda
puede llegar a ser una tortura si nos conectamos a un sitio que nos
mande una cookie con cada imagen, inundándonos con ellas.
Dispone también de una serie de opciones alternativas sobre las cookies.
Si de verdad no quiere saber nada de ellas, seleccione la opción de
"Desactivar cookies" y listo.
Microsoft Internet Explorer
Si usa Microsoft Internet Explorer, en el menú “Herramientas”,
en “Opciones de Internet...”, en la pestaña “Seguridad”,
pulse el botón "Personalizar nivel...”. Busque la sección
sobre cookies y configúrela como le haga sentir más a
gusto. Verá que también se ha incluido la opción de no recibir
ninguna cookie. Selecciónela si no quiere saber nada de
ellas.
Navegación
anónima
Otra forma de evitar las cookies es navegar a través de un
anonimizador.
Otra opción para controlar las cookies es el software
especializado. Se trata de programas que funcionan conjuntamente con
el navegador, bloqueando todas o parte de las cookies que le
llegan o borrando periódicamente el archivo de cookies del
disco duro. Estos programas pueden resultar de utilidad incluso
aunque se disponga de versiones 4 ó superior de los navegadores, ya
que hay situaciones en las que no conviene tener activada la opción
de rechazar las cookies siempre, como en el caso de las
visitas a tiendas y comercios en línea.
Si se interesa probar con alguno, puede encontrarlos en las
siguientes direcciones:
Cookie
Software (PC)
Window
Washer
The
Limit Software
AdSubtract
Pro
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