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La abogacía
en la Era de la Información
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Los abogados comentan a
menudo que el ejercicio de la profesión de abogado está
cambiando. De hecho, lo que está cambiando a gran velocidad
es el mundo, el entorno y los competidores de la abogacía.
Llevar adelante un despacho implica muchas horas de trabajo,
muchas, pero también estrategia y planificación a corto,
medio y largo plazo, como en cualquier empresa que desee ser
competitiva. El abogado debe ser un estratega para ganar los
casos que lleva, pero también para hacer sobrevivir o
crecer su despacho.
Las facultades y los estudios de Derecho forman a los
estudiantes para ser buenos profesionales del Derecho. No
los forman, en general, en técnicas de gestión
empresarial. Un despacho de abogados es una empresa de
servicios con unas características específicas, en la cual
la relación entre el abogado y el cliente hace que a los
ojos de éste el abogado sea con frecuencia el despacho, la
empresa.
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La nueva
economía
Las organizaciones en la era de la información se basan en el
conocimiento y están en cambio permanente. En la actualidad, las
empresas –y los despachos de abogados- deben ser capaces de
adaptarse a la velocidad de la innovación tecnológica y
organizativa. La información y el conocimiento son valores
esenciales de la sociedad de la información, la esencia de la nueva
economía, de una economía derivada de Internet.
Las organizaciones son información. Y el Derecho es información.
La gestión del conocimiento y los activos intangibles, como la
imagen de marca, son las claves de creación de valor en las
empresas y los despachos de abogados.
Internet permite al pequeño ser global y al grande ser local. De
esta manera se podría sintetizar –según Nicholas Negroponte, el
gurú del mundo digital- el efecto que la nueva economía produce
sobre las empresas y de qué manera la dimensión ha dejado de ser
una variable totalmente determinante en el funcionamiento de éstas.
No todo es global con la nueva economía.
La principal característica que introduce la economía digital en
el mundo empresarial es la rapidez, la clave de la nueva gestión
empresarial. Es necesario ser los mejores y también los más rápidos.
A partir de ahora los despachos deberán tener una mentalidad
abierta a los cambios.
Las empresas de la vieja economía tienen dos opciones para afrontar
los nuevos retos: reinventarse para adaptarse a la era de la
información o crear empresas específicamente centradas en las
actividades relacionadas con la Red. El mundo está evolucionando
hacia un espacio de mercados virtuales.
El negocio primero, la tecnología después
La estrategia de traspasar un negocio a Internet, sin introducir
ningún cambio, no suele funcionar. Lo primero que debe hacer un
despacho de abogados que desee tener presencia en Internet es
elaborar una estrategia de negocio.
Diferenciar un despacho de los otros bufetes comporta posicionarlo.
Posicionar un despacho o su oferta es dotarlo de unas características
que lo diferencien del resto de los despachos o servicios jurídicos.
Todo esto siendo conscientes de que ningún crecimiento puede
sostenerse sin un profundo conocimiento del Derecho y una
especialización destacada y diferenciada. En definitiva, para
sobrevivir o para crecer, un despacho debe ser competitivo. Los
tiempos de esperar al cliente han pasado a la historia. El abogado
debe ir a buscarlo, con técnicas de marketing respetuosas con la ética
y la deontología profesionales.
He mencionado el término marketing. Hasta ahora la abogacía ha
confundido, en general, el marketing con las ventas y/o con la
publicidad, y la producción del servicio con su marketing. Una
buena parte de los abogados cree que si un abogado es un buen
letrado, no le hace falta hacer ni marketing ni publicidad. En
entornos altamente competitivos como el actual, la ausencia de
mentalidad de marketing a mi entender es equivocada.
El marketing es el vínculo o nexo de unión entre el abogado y el
mercado. Ayuda al despacho a orientar mejor sus recursos y
esfuerzos, y a que sus cualidades diferenciales sean reconocidas. El
marketing es un proceso de construcción de mercados y posiciones,
no tan sólo de promoción y publicidad. Es planificación con
estrategia. Facilita al abogado la posibilidad de darse a conocer,
promocionar sus servicios y fortalecer su imagen. El abogado
necesita visión de marketing.
El marketing jurídico, como cualquier otro tipo de marketing, es
una cuestión también de imagen. Y la imagen incide en gran medida
en las posibilidades de éxito respecto a la introducción en nuevos
mercados. La aplicación del marketing debe tener como base la
oferta de unos servicios de calidad y una excelencia técnica del
abogado.
La cultura empresarial en la era de la
información
La cultura empresarial es el sistema de valores, creencias y
comportamientos de una organización. El obstáculo más importante
para adaptar los despachos a los requisitos de flexibilidad de la
nueva economía es la rigidez de las culturas empresariales
tradicionales. Solamente la alta dirección del despacho tiene poder
para construir una cultura de empresa orientada al servicio, al
cliente.
Las principales barreras a la incorporación del marketing por parte
de algunos despachos de abogados son:
-
La cultura empresarial
orientada al producto (al expediente), más que hacia el
servicio y el cliente;
-
La falta de comunicación
interna;
-
El tipo de organización del
despacho;
-
La obsesión por el costo: El
despacho considera secundarios la calidad y el servicio;
-
La obsesión por el corto
plazo, por el trabajo del día a día, que lleva a lo que
denomino 'política de apagafuegos' o “miopía de gestión”;
-
El temor al cambio: 'Apreciar
el cambio' debe ser una de las pautas culturales del despacho de
abogados;
-
La animadversión hacia la
tecnología.
Mejorar el servicio implica casi
siempre cambios en la cultura o filosofía del despacho; desarrollar
una gestión de los recursos humanos motivadora, fomentar las ideas
y elaborar organigramas flexibles que favorezcan la comunicación,
la participación. Se trata en definitiva de disponer de un despacho
orientado al consumidor jurídico, que aplique las técnicas de
marketing para obtener un buen posicionamiento y ser competitivos.
Para ser competitivo, primero es necesario que el despacho sea
fuerte internamente.
El despacho red
A diferencia de las anteriores formas de organización económica,
las empresas de la nueva economía crean redes. Como afirma el sociólogo
Manuel Castells (El Periódico de Cataluña, 4.11.2000) la gestión
de la empresa en la nueva economía se construye en red,
internamente y en relación con los mercados y proveedores.
Según Nicholas Negroponte, el mundo digital no se basa en una
estructura de pensamiento jerarquizada. Internet significa un cambio
radical para los negocios, ya que impulsa la desintermediación.
Internet y la telefonía móvil hacen posible un nuevo concepto de
despacho: el despacho móvil y/o el despacho red. Las nuevas
tecnologías permiten trabajar desde casa, desde el coche, desde el
Juzgado, sin barreras de espacio y tiempo.
De hecho, las organizaciones están evolucionando desde sistemas jerárquicos
a sistemas basados en la responsabilidad con estructuras
organizativas planas, horizontales, eso es, redes dinámicas,
descentralizadas, flexibles, participativas, coordinadas, creativas
e innovadoras. Hoy en día los directivos quieren dirigir, más que
mandar; es decir, desean recoger las ideas y prácticas del conjunto
de colaboradores y traducirlas en políticas y estrategias
orientadas a dar respuestas a sus clientes. El sistema nervioso de
estos nuevos estilos de funcionamiento y dirección son las políticas
de comunicación y de calidad de servicio.
El funcionamiento en red permite la subcontratación o externalización,
el uso estratégico de recursos externos a la empresa para realizar
actividades tradicionalmente ejecutadas por el personal y los
recursos humanos. El despacho que exterioriza algunos de los
servicios puede concentrarse en lo que es puramente su negocio y
dejar en manos de expertos las tareas que pueda externalizar, como
la planificación estratégica.
Las ventajas competitivas de siempre
Cualquier despacho puede diferenciarse en el mercado. Las ventajas
competitivas seguirán consistiendo en desarrollar capacidades
diferentes de las de otros competidores que no sean fácilmente
imitables y que permitan ser competitivos.
Los servicios se parecen cada vez más. Por lo tanto, su
diferenciación es esencial. Una mercancía (commodity) es algo
indiferenciable y que se adquiere por precio. Hay que evitar que los
servicios se conviertan en mercancías. En cambio, una marca es todo
lo contrario: implica la lealtad del consumidor. Las marcas son el
resultado de años de trabajo.
El valor de la marca consigue que un abogado o un despacho sea
preferido a otro, por lo que es crítico asegurar que la marca esté
bien posicionada, comunicada y valorada. Los clientes quieren marcas
porque buscan seguridad, seguridad jurídica. Es necesario, por lo
tanto, dotar a la marca de una personalidad distintiva.
Si los clientes perciben servicios similares, se preocupan menos del
suministrador que del precio. La solución para evitar la
competencia en precios es desarrollar una oferta, una entrega y una
imagen diferenciadas.
La era del cliente
Se considera que Internet inaugura la era del cliente. Teniendo en
cuenta que el elemento central del mundo empresarial siempre ha sido
el cliente, ¿cuál es la aportación de Internet?
Durante años las empresas han dicho que el cliente siempre tiene
razón, pero el cliente estaba limitado a los servicios y a los
productos que podía encontrar dentro de un área geográfica próxima.
La globalización de las relaciones económicas ha instaurado la
cultura de la competitividad. Las organizaciones son conscientes de
que para ser competitivas han de ofrecer valor añadido, mejoras
diferenciales, en sus productos y servicios. El cliente tiene más
poder que nunca. Tiene la posibilidad de encontrar la mejor oferta o
localizar el mejor producto en cualquier lugar de un país o del
mundo. Pide calidad y buen precio.
El máximo valor de las empresas son los clientes, ya que lo único
que las otras organizaciones no pueden copiar es la relación con
ellos. No obstante, a pesar de ser un aspecto indispensable,
potenciar el papel del cliente no es suficiente. Los despachos que
quieran ser competitivos en la nueva economía tienen que asumir los
cambios como una oportunidad y no como un problema, tener
flexibilidad en la toma de decisiones, aprender de forma continua y
potenciar la imagen de marca.
Las ventajas de Internet para los despachos
de abogados
Internet implica para los despachos un instrumento de información y
de marketing, un nuevo canal de relación/atención al cliente y un
canal de ventas. Internet representa, como el marketing, una nueva
posibilidad de dar a conocer los servicios del despacho.
La finalidad de la presencia en Internet de un despacho es informar
con contenidos de calidad y contribuir a aumentar el número de
clientes potenciales, que el cliente conozca el despacho y se ponga
en contacto con él. Un despacho debe utilizar la Red para mejorar
su competitividad, no sólo para entrar en un nuevo canal. El
despacho tiene que definir bien sus objetivos, las estrategias,
implementar acciones tangibles a corto plazo, elaborar un plan
estratégico y/o un plan de marketing.
Internet es un canal alternativo, aún no suficientemente explotado,
de los mismos productos o servicios que se pueden obtener en el
despacho físico. Es un canal que no debe competir con el
tradicional o presencial: la solución ideal es una estrategia que
permita dirigir a cada cliente hacia el canal más adecuado.
El despacho de abogados utiliza cada vez más Internet como una
herramienta de apoyo a su actividad. Le permite diferenciarse de los
otros despachos, ampliar la comunicación con los clientes, los
compañeros y los proveedores; resolver dudas sobre el vigor de una
norma; participar en comunidades virtuales, hacer consultas biográficas,
encontrar recursos jurídicos, acceder a legislación,
jurisprudencia; difundir un boletín electrónico propio, noticias;
adquirir obras de consulta, etc.
Con Internet es más crítica la rapidez y la capacidad de adaptación
a los cambios del despacho que el tamaño, aunque éste continuará
siendo importante. Hoy en día podemos decir que el pez más rápido
se come al más lento. Internet es, en consecuencia, una oportunidad
también tanto para los despachos pequeños como para los abogados jóvenes.
La política de comunicación de los
despachos
Lo que no se comunica, no se conoce y, por lo tanto, no existe. Un
despacho debe comunicar para que sus audiencias sean conscientes de
que existe, para que tengan sentimientos positivos hacia él, y para
que actúen con esta información de cara a lograr un resultado. Es
necesario entender la comunicación y la tecnología como una
inversión.
En comunicación hay un principio fundamental: hacer bien las cosas
y hacerlo saber. Es clave que la gente y las empresas conozcan el
despacho, pero todavía más cómo lo conocen. Todo bufete de
abogados debe salir del anonimato, debe comunicarse con su entorno y
los clientes deben saber que el despacho está a su disposición.
Tienen que conocer qué les ofrece y qué le diferencia de los otros
bufetes. La información y la comunicación son unos instrumentos
estratégicos frente a la competencia que es necesario aprovechar.
Respecto a los clientes, la disponibilidad de información sobre el
despacho, su personal y sus servicios es importante de cara a
reducir la percepción de riesgo en la adquisición de los servicios
jurídicos.
Las estrategias de marketing y comunicación pretenden influir en cómo
los clientes potenciales perciben el despacho. Intentan proyectar
una imagen del despacho coherente, de profesionalidad y
credibilidad. La imagen se construye con el tiempo, con la práctica
y con acciones de marketing.
Puede llegar el momento en que haga falta desarrollar un plan de
actividades dirigido no tanto a conseguir clientes directamente -el
marketing jurídico no utiliza estrategias agresivas de comunicación-
como a reforzar la imagen del profesional o del despacho. Los
despachos no deben ejecutar planes de marketing de transacciones,
sino planes de marketing de relaciones, de fidelización de clientes
o recompra, de marketing interno y de calidad de servicio.
Si un despacho tiene presencia en Internet lo debe hacer con
imaginación, pero sobre todo con estrategia. Un despacho con sede
web, o con acceso a la Red, tiene a su alcance:
-
Disponer de un gran mercado
potencial;
-
Mejorar la calidad, la rapidez
y el coste de las comunicaciones;
-
Fortalecer la comunicación
interna (intranet o servicios reservados de la web);
-
Ofrecer imagen de empresa y
estar presentes en la Red como despacho moderno y/o puntero;
-
Informar sobre servicios del
despacho a los clientes, a los proveedores y a los medios de
comunicación, sin límites horarios (de tiempo) ni geográficos
(de espacio);
-
Hacer publicidad o patrocinio
en la Red;
-
Crear bases de datos para
conocer mejor al cliente y poder prestarle un mejor servicio;
-
Reforzar la atención al
cliente;
-
Prestar asesoramiento jurídico
en línea;
-
Resolver dudas mediante los
foros interactivos de abogados;
-
Obtener información del
Registro Mercantil y de diferentes administraciones;
-
Poder competir en condiciones
de más igualdad con despachos más grandes.
En el momento de disponer de una
web, un despacho debe:
-
Establecer unos objetivos;
-
Ofrecer contenidos útiles y
actualizarlos, para no perder credibilidad;
-
La web debe tener un diseño
simple, pero sofisticado;
-
Dentro de 'la selva digital',
es necesario diferenciar la web de la competencia, haciendo énfasis
en lo que diferencia al despacho (especialidad, recursos,
capacidades, personal, formación, etc.);
-
Es necesario hacer un análisis
periódico de la competencia, estudiar las webs y la oferta de
servicios de los otros despachos;
-
Se debe promover la web con:
registro en los principales buscadores, edición de un boletín
electrónico, artículos; establecimiento de enlaces; hacer
publicidad a través del material impreso del despacho (tarjetas
de visita, papeles de carta, libros publicados, etc.).
En la web del despacho debe
constar como mínimo una presentación del bufete, su historia,
especialidades y servicios, además del currículum de los abogados.
Es decir, elementos que tangibilizen la calidad y los servicios del
despacho. La web debe garantizar la interactividad con el usuario,
la comunicación bidireccional.
La política de comunicación digital del despacho hay que
combinarla con los canales tradicionales: el boca-oreja, la prensa,
la publicidad, el patrocinio y las relaciones públicas. Aunque el
medio de comunicación más eficaz para un bufete es la publicidad
oral de un cliente satisfecho, esto no es suficiente hoy en día,
sobre todo en las grandes ciudades: ni para el abogado joven que
quiere ganar notoriedad y clientes, ni para el veterano, que quiere
fortalecer su imagen y reputación en previsión de situaciones de
mercado inciertas.
La publicidad
El objetivo básico de la comunicación de los servicios legales es
dar a conocer al abogado o al despacho, sus servicios, sus ventajas,
y aumentar el prestigio del profesional. A mi parecer la importancia
atribuida a la publicidad de los despachos es desproporcionada,
aunque tiene importancia.
La publicidad institucional de los colegios es una necesidad de cara
a mejorar la percepción pública del abogado. Ahora bien, y
respecto a los despachos, la cuestión es que los compradores de
servicios jurídicos difícilmente deciden su compra a través de la
publicidad, ya que los clientes compran servicios profesionales, que
son intangibles. Es bastante improbable que un cliente potencial
consulte el periódico o la guía telefónica para decidir a qué
abogado confiará la solución de sus problemas.
Además, los costes de las campañas publicitarias son elevados. A
menudo, también, algunos despachos hacen publicidad sin haberla
enmarcado en la estrategia general de marketing, con lo que hacen
poco menos que despilfarrar dinero y tiempo.
Es necesario tener en cuenta igualmente que el mundo jurídico está
regulado por los colegios de abogados, lo que limita el uso de técnicas
agresivas de marketing y comunicación. Por este motivo, la
habilidad del despacho para ganar espacio en la prensa y para llevar
adelante una política eficaz de relaciones públicas es
fundamental.
Parece más conveniente conseguir espacio en la prensa -publicar,
por ejemplo, artículos en revistas especializadas o en la prensa
general- que anunciarse en un medio. Esto se denomina hacer prensa y
puede ser decisivo a la hora de promocionar a un abogado joven o de
consolidar la imagen de un letrado veterano.
'Parece más conveniente conseguir espacio en la prensa; publicar,
por ejemplo artículos en revistas especializadas o en la prensa
general, que anunciarse'
La prensa puede ser tanto impresa como digital. El boletín electrónico
es un instrumento, muy poco utilizado, al alcance de la mayor parte
de los despachos. Permite:
-
construir una imagen de
profesionalidad;
-
recordar a los antiguos
clientes con dirección electrónica la existencia y las
especialidades del despacho;
-
mantenerles informados de los
progresos del bufete, para que informen de los mismos si lo
desean a otras personas o hagan nuevas compras; y
-
permite aumentar la notoriedad
del despacho.
En definitiva, en servicios jurídicos
es necesario hablar más de comunicación que de publicidad.
Conclusiones
En general, el abogado ha vivido hasta la actualidad a la espera del
cliente, de espaldas al uso de políticas de marketing y comunicación,
que pueden ser perfectamente compatibles con la ética y la
deontología de la abogacía.
El abogado ha entendido estas disciplinas como inapropiadas para la
profesión y como un costo, en vez de una inversión. Mientras,
otros colectivos más pequeños de profesionales –pero más rápidos
y flexibles y con una cultura empresarial fuertemente orientada al
consumidor jurídico-, han ido ganando cuotas dentro del mercado jurídico.
La abogacía, en conjunto, no ha sabido reaccionar.
Aprovechar las oportunidades que ofrece el marketing y las nuevas
tecnologías está en las manos de los abogados.
Publicado en Univers Dimensis
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