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Palladium
de Microsoft:
¿un mundo seguro?

Tras la presentación
oficial por Microsoft y un ya famoso artículo en contra de Richard
Stallman, parece indudable que la informática ha llegado a un cruce
de caminos de cuyo resultado dependerá la forma de trabajar y vivir
durante la próxima década. ¿Estamos a un paso del triunfo final
del Gran Hermano? ¿Peligran la soberanía de los países, las
empresas y los consumidores?
Según Michel Houellebecq cuando Aldous Huxley escribió Un mundo
feliz no esperaba que los demás lo interpretasen como la pesadilla
totalitaria que nos enseñaron en el instituto. Estaba describiendo
la vida y los conflictos de su propia utopía eugenésica. Felicidad
no significa lo mismo para todos... y seguridad tampoco.
Seguridad es la palabra clave de dos conceptos que en adelante se
tornarán muy familiares para todo el mundo: TCPA y Palladium. Y a
sus impulsores (la industria audiovisual, Intel y Microsoft) parece
pasarles lo mismo que a Huxley: su mundo seguro recuerda demasiado
al 1984 de Orwell.
A grandes trazos el proyecto supone integrar en los nuevos PCs Intel
un hardware (TCPA) y en Windows un software (Palladium) que actúen
controlados no por el propietario de la máquina, sino a través de
Internet por Microsoft, Intel y otras empresas asociadas al
proyecto, las cuales están negociando ahora la participación de
las agencias de seguridad e inteligencia norteamericanas. El punto
de partida es ofrecer a los fabricantes de software, contenidos e
información en general (desde CDs a procesadores de texto) un
control total de cómo los compradores usan sus productos.
Si Palladium detecta un uso no admitido por el fabricante (te caza
usando un programa pirata, copiando CDs, intentando abrir un
documento Word o Excel desde un programa que no pertenece a
Microsoft o usando Explorer para entrar en una web ofensiva para los
miembros del consorcio) símplemente borra el programa, bloquea el
ordenador o borra la información.
Seguridad en éste nuevo contexto quiere decir seguridad para las
grandes empresas y las agencias de seguridad norteamericanas que
encabezan la iniciativa de que no usarás el ordenador de un modo
diferente a como ellos quieran.
Problemas económicos y políticos
Lo que es interpretado por muchos como un peligro de primer nivel
para las libertades a nivel global, pues como escribe el economista
Hal Varian, a nivel de bits, censura y gestión digital de derechos
son tecnológicamente idénticas.
Esto evidentemente cambia completamente el alcance de la libertad de
prensa, como dice Ross Anderson, de la Universidad de Cambridge,
ahora, TCPA y Palladium ponen en riesgo la herencia invalorable que
Gutenberg nos dejó. Los libros electrónicos, una vez publicados,
serán vulnerables; los juzgados pueden prohibir su publicación, y
la infraestructura TCPA les hará el trabajo sucio. Cuando pensamos
que en el mundo sólo una décima parte de los países que forman
parte de la ONU tienen sistemas políticos y judiciales mínimamente
democráticos el que además de las grandes multinacionales accedan
a la lista de archivos prohibidos los tribunales no resulta un gran
consuelo sino más bien todo lo contrario.
Pero no sólo las implicaciones políticas preocupan a los expertos,
el profesor Varian en un reciente artículo en el New York Times
advertía que dada la alta concentración de las industrias de
procesadores y de sistemas operativos (dominadas respectivamente por
Intel y Microsoft) esta alianza podría usarse para beneficiar a los
miembros y restringir la entrada en el mercado de nuevos
concurrentes. Además, en el artículo mencionado demuestra como éstas
tecnologías podrían reducir la innovación, llegando a la conclusión
de que cuando la innovación se desalienta, tanto consumidores como
productores se ven perjudicados. Demasiado control puede ser malo,
particularmente cuando la innovación es una fuente crítica para la
ventaja competitiva
Europa y las alternativas
Que un reducido grupo de empresas y agencias
norteamericanas puedan controlar en cada momento para qué se usan y
cuando los ordenadores de todo el mundo debería ser recibido con
suspicacia no sólo por los defensores de los derechos civiles y la
industria tecnológica del resto del mundo, sino por los gobiernos
que pronto descubrirán hasta que punto su soberanía reside en el
escritorio de los PCs.
Por otro lado, parece que de la situación política en EEUU se
puede esperar poco. El senador Fritz Hollings, de Carolina del Sur
presiona con el apoyo de los lobbies audiovisuales en el congreso
para que la incorporación de TCPA sea obligatorio en todos los
productos electrónicos de consumo. Cuenta con el apoyo tácito del
Presidente Bush y la EFF se está viendo bastante impotente en su
campaña en contra. El ambiente de histeria fomentado por las
discográficas y los oligopolios mediáticos es tal que esta misma
semana tres congresistas lanzaban ya en una carta abierta en primer
globo sonda de una eventual ilegalización de la licencia de GNU-
Linux... y es que una vez más sólo el sistema operativo del pingüino
Tux parece ser una alternativa real al panorama orwelliano que nos
prometen las grandes multinacionales y el gobierno estadounidense.
Sólo ahora se ve claramente hacia donde conducían iniciativas como
la Mesa antipiratería y creo que deberíamos plantearnos el umbral
de tolerancia pública, social y política para con las
multinacionales y los grandes grupos mediáticos nos confiesa un
portavoz de una organización de ciberderechos.
Por David de Ugarte |