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¿Quién vigilará
a los vigilantes?
Richard Stallman, Octubre de 2001
¿Quién vigilará a los
vigilantes? La pregunta se formuló por primera vez en latín, pero
tiene la misma importancia ahora que hace 2.000 años. El poder ha
de ser controlado, como ya sabían los fundadores de nuestro país
cuando diseñaron un sistema de controles y equilibrios [checks and
balances] en la constitución de Estados Unidos. Todo organismo
dotado del poder de protegernos de los enemigos dispone asímismo
del poder de hacernos mucho daño.
La policía debe poder buscar pruebas, cuando anda en pos de
terroristas u otro tipo de delincuentes. Pero cuando la policía
puede acceder a información acerca de nosotros con demasiada
facilidad, por lo general suele abusar de su poder (Véase Cops
tap database to harass, intimidate). Es vital proteger a los
ciudadanos de la intrusión de la policía. En Estados Unidos,
hacemos esto exigiendo a la policía que se dirija a los tribunales
y consiga una orden de registro.
Hoy, las fuerzas de seguridad quieren que se les autorice a hacerse
con la información acerca de las tarjetas de crédito que está
disponible en sitios de Internet, sin estar obligados a conseguir
una orden judicial, lo que puede reportarles informaciones tales
como los libros que uno ha comprado. No se encontrarán mayores
dificultades para conseguir que un tribunal conceda una orden de
registro en el caso de que existan pruebas fehacientes de la
existencia de una trama terrorista, de tal forma que no es preciso
este cambio para que puedan investigar a los terroristas. Cada vez
que la policía solicita el permiso para evitar las órdenes de
registro, debemos permanecer alerta.
Dependemos del FBI para investigar a sospechosos de terrorismo, sin
embargo, ¿a quién más van a investigar? Probablemente a cualquier
oposición política real, habida cuenta de que el FBI presenta una
larga historia de investigación de disidentes tan sólo por sus
opiniones políticas. Pincharon el teléfono de Martin Luther King
Jr.; al parecer, su compromiso de toda la vida con la no violencia
no era razón suficiente para no considerarle una amenaza. Más
recientemente, John Gilmore, fundador de la Electronic Frontier
Foundation, fue investigado por el FBI como presunto autor de un
delito sin más pruebas que sus opiniones políticas.
Con frecuencia, los terroristas crean organizaciones para llevar a
cabo su trabajo o conseguir financiación, por lo cual es razonable
perseguir a esas organizaciones y prohibir que se les aporten
recursos. Sin embargo, debemos prestar mucha atención al modo en
que se tacha de terroristas a las organizaciones, porque sabemos que
el FBI no lo hará de modo sensato. El FBI se ha infiltrado y ha
centrado sus actividades en muchos grupos políticos pacíficos ¾
en la década de 1980, mientras Estados Unidos apoyaba a un régimen
en El Salvador que mató a miles de activistas de la oposición, el
FBI prefirió penetrar y robar en el local del CISPES en vez de
pedir una orden de registro para investigar.
¿Se atendrá el FBI a criterios de sensatez a la hora de decidir qué
es un «grupo terrorista»? No, si de algo nos sirve la experiencia
reciente. El 10 de mayo de 2.001, el director del FBI, Louis Freeh,
en una comparecencia en el Congreso dedicada a la "amenaza
terrorista en Estados Unidos" citó
a Reclaim the Streets entre los grupos que suponen una amenaza
terrorista. Reclaim the Streets monta fiestas en la calle por
sorpresa, en las que la gente toca música y baila. Aparece descrito
en el libro No Logo, de Naomi Klein, como una de las nuevas formas
de protesta contra la cultura global dominada por las marcas. Nadie
ha resultado muerto o herido por Reclaim the Streets. ¿Es capaz el
FBI de distinguir entre bailar y asesinar?
El Fiscal General de Estados Unidos [John] Ashcroft ha solicitado el
poder de expulsar a todo no ciudadano de Estados Unidos, o bien
encarcelarle indefinidamente, sobre la base de la mera sospecha de
implicación con el terrorismo, sin que sea preciso pasar por los
tribunales. Esto supondría para los visitantes e inmigrantes de
nuestro país la negación del legítimo derecho más básico, el
derecho a un juicio justo ante la imputación de un delito. Pondría
a Estados Unidos al mismo nivel que cualquier estado policial. El
gobierno británico ya ha anunciado planes de implantación de
medidas similares; no podemos dar por sentado que Estados Unidos no
secundará estas medidas.
Otro forma en la que los vigilantes pueden amenazar nuestra libertad
consiste en mantenernos desinformados acerca de las actuaciones del
gobierno.
Hay buenas razones para mantener en secreto los métodos de recogida
de información. Si los enemigos descubren que sus planes son
conocidos, pueden tomar contramedidas. Pero el gobierno de Estados
Unidos también ostenta una larga tradición de ocultación de
información a los ciudadanos estadounidenses para impedir el
conocimiento de sus errores o su maltrato de los ciudadanos. En la década
de 1960, los «Papeles del Pentágono» demostraron que el
Departamento de Defensa sabía que lo que éste estaba contando a
los ciudadanos acerca de la Guerra de Vietman era falso. Los
ciudadanos lo descubrieron gracias a que un heroico revelador de
secretos [whistle-blower], Daniel Ellsberg, entregó una copia de
estos documentos al New York Times.
De este modo, cuando vemos propuestas de ley encaminadas a impedir
las filtraciones castigando a los reveladores de secretos, debemos
escrutarlas con mucha atención y asegurarnos de que no estamos
dando carta blanca a nuestros funcionarios para que se burlen de
nosotros.
Si un agente del FBI solicita nuestra colaboración, ¿qué debemos
hacer? El FBI investiga y detiene a terroristas. Si el FBI estuviera
investigando un plan para secuestrar aviones, me gustaría ayudarles
en todo lo que pudiera. Pero el mismo FBI arrestó a Dmitry Sklyarov
por el presunto desarrollo de un programa que los estadounidenses
pueden utilizar para librarse de los grilletes de los e-books de
Adobe. Nadie debe colaborar en la investigación de semejante «delito».
Si uno no sabe si un policía piensa detener a una persona por
asesinato o por fumarse un porro, ¿cómo puede uno decidir cómo
habrá de comportarse correctamente?
Si Estados Unidos quiere conseguir la plena colaboración de todos
los estadounidenes con el FBI y la policía, debe abolir leyes que
ponen grilletes y perjudican a los estadounidenses. El Congreso
debería revocar la DMCA, así como la prohibición de determinadas
drogas.
La prohibición de las drogas resulta especialmente autodestructiva
en estos días, porque además meter en la cárcel a un de millón
de estadounidenses que, de no ser así, aportarían su contribución
a la fortaleza de nuestro país, subvenciona al terrorismo. La
prohibición hace que las drogas ilegales se conviertan en una
fuente de beneficios tan sustanciosos que distintos grupos
terroristas (entre ellos, al parecer, el de Bin Laden) obtienen la
mayor parte de sus fondos traficando con éstas. La política
autodestructiva estadounidense sobre las drogas se ha convertido en
una vulnerabilidad que no podemos permitirnos.
Durante décadas, los enemigos externos e internos vienen y van. En
ocasiones el gobierno nos protege del peligro, en otras ocasiones es
él el peligro. Siempre que se plantee una propuesta de aumentar el
poder de vigilancia del gobierno, debemos juzgarla no sólo en función
de la situación del momento, sino en función de todo el abanico de
situaciones a las que nos hemos enfrentado y habremos de
enfrentarnos de nuevo. Debemos utilizar al gobierno para nuestra
protección, pero nunca debemos dejar de protegernos de él.
En Estados Unidos, hemos desarrollado un sistema para vigilar a los
vigilantes: los jueces les vigilan de distintas maneras; los
ciudadanos los hacen de otras. Por nuestra seguridad, debemos
mantener este sistema en funcionamiento. Cuando los vigilantes
trabajan verdaderamente para nosotros, pueden permitirse que
controlemos su trabajo. Cuando nos piden que dejemos de
controlarles, debemos decir que no.
Copyright (C) 2001 Richard Stallman
Se permite distribuir y realizar copias literales de este artículo
por cualquier medio, siempre que esta nota se mantenga.
Traducción castellana a cargo de
sinDominio.net, a partir del original publicado en inglés. |