Smart Dust: espiados por una mota de polvo

No, no se trata de un juego de palabras sicalíptico, sino del último ingenio electrónico "made in USA": aparatos de dimensiones del orden del milímetro cúbico, cada uno de los cuales constituye una minúscula -aunque completa- plataforma sensora y de comunicaciones.
Cada una de estas "motas" puede contener una batería (algunas utilizan energía solar) y un microcontrolador que decide las tareas a realizar por la mota, a la vez que controla el suministro de energía hacia los diversos componentes a fin de prolongar la duración de la batería. Periódicamente el microcontrolador recibe una lectura de alguno de los sensores (que miden estímulos físicos y químicos tales como temperatura, luz ambiente, vibraciones, aceleraciones, presión del aire), procesa los datos y los almacena en la memoria. De cuando en cuando conecta también su receptor óptico para comprobar si alguien está intentando comunicar con él. Esta comunicación puede consistir en datos o programas enviados por otras motas. En respuesta a estos mensajes, o por propia iniciativa, se pone en marcha el retrorreflector o láser capaz de transmitir datos a otras motas o a una estación base.
¿Para qué sirve todo esto?
Como cualquier otra tecnología, Smart Dust es susceptible de usos beneficiosos (esparcir varias motas en una zona propensa a emanaciones peligrosas para mantener controladas las posibles emisiones) o malévolos (las motas pueden constituir una red oculta de lectura de chips RFID al pasar la gente por determinados lugares). Dotarlos de una cámara quizás esté ya en la agenda de los investigadores. La imaginación es libre.
Fuente: kriptopolis.org
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