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El Síndrome del Edificio Enfermo

Un nuevo mal, silencioso, invisible e inodoro, se está apoderando de las modernas construcciones. Se vicia el aire, y los microorganismos se reproducen con efectos nocivos sobre sus ocupantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha acuñado el término edificio enfermo (Sick Building Syndrome) para designar al conjunto de molestias y enfermedades, originados por la mala ventilación, la descompensación de temperaturas y las cargas iónicas y electromagnéticas de las nuevas máquinas de oficina. El síndrome es la suma de reacciones que experimentan los habitantes de un inmueble ante la acumulación de vapores, gases, hongos, bacterias y otros contaminantes del aire, las presiones provocadas por una iluminación inadecuada, condiciones térmicas incómodas, el hacinamiento o el ruido excesivo. 

El enfermo no es el trabajador sino el edificio, ya que los síntomas desaparecen cuando el afectado abandona el recinto. 

Si usted y sus compañeros sufren de jaquecas, catarros, alergias, nerviosismo, apatía, estornudos, lagrimeo, escozores, es que su centro de trabajo se ha contagiado de una extraña epidemia, causa de un alarmante ausentismo laboral. 


¿A quién afecta?
Es universal y afecta a todo tipo de estructuras modernas. 

Los trastornos pueden registrarse tanto en un departamento pequeño, como en un moderno rascacielos, siendo motivo de impuntualidad, ausentismo e ineficiencia laboral. Se trata de un edificio enferma como resultado de una combinación de causas. El doctor Leslie Hawkins, dedicado al estudio y a las consecuencias de la contaminación interior asegura que las fuentes posibles del síndrome pueden provenir tanto del entorno climático como del químico y eléctrico; tanto de la contaminación microbiológica como de factores psicosociales y económicos. 


¿Cómo nos afecta? 
Síntomas más comunes.
Anthony Pickering del Hospital de Wythenshawe de Manchester y Paul Burge del Hospital de Birminghan consideran que el personal expuesto al aire acondicionado presenta malestares que pueden establecerse en tres grupos:

  1. Enfermedades inespecíficas, como sensación de sequedad en la mucosa, infección de las vías respiratorias superiores, conjuntivitis, intolerancia a las lentes de contacto, pesadez de párpados, sensación de falta de aire, rinofaringitis y hasta caída de cabello.

  2. Tumores e intoxicaciones graves producidas por la diseminación de fibras de asbesto, fibra de vidrio y roca. Los riesgos cancerígenos del amianto (una forma de asbesto) quedó de manifiesto en una asamblea comunitaria de 1986, retirando las placas de este material en todos los edificios.

  3. Afecciones provocadas por microorganismos. La Legionella Pneumophila ocasiona la llamada "enfermedad del Legionario", un síndrome pseudo gripal con alteración respiratoria, problemas neurológicos, renales y hepáticos. Otros gérmenes han dado lugar a alveolitis alérgica, fiebre, tos y cansancio, estado conocido como "Fiebre de los Humidificadores". Actualmente, la expresión síndrome del edificio enfermo se ha convertido en sinónimo del edificio hermético.


Esporas de Cladosporium, Penicillium,
Aspergillus y Stemphylium

Se han descubierto más de 28 especies diferentes de hongos y otras tantas bacterias que contaminan los sistemas de distribución de aire. Los técnicos de limpieza han encontrado en su interior toda clase de basuras y comidas putrefactas. Los tubos fluorescentes difunden rayos ultravioleta que reaccionan químicamente con el polvo en suspensión, dando lugar al smog fotoquímico. 

La electrónica es otro foco de contaminación interna. El síndrome es más común entre los usuarios de computadoras que entre los que no trabajan con ellas, incluso dentro del mismo edificio. 

Estudios realizados en Holanda calculan que las modernas epidemias hacen perder al personal de oficina más de un millón de días laborales por año, lo que en pérdidas económicas se traduce en 500 millones de dólares. En Estados Unidos se ha valorado en más de 59,000 millones de dólares anuales el ausentismo laboral originado por el síndrome el cual ha crecido tanto que asciende a unos 150 millones de jornadas por año; un asesor sobre medio ambiente advirtió a los empresarios: "Cuando tengas edificios más limpios, ganarán también más dinero...". 

En lo que se refiere a países como el siniestro, hay estudios estadísticos que arrojan datos espeluznantes: un millón de personas trabajan a diario en edificios enfermos, el 80% de la población pasa la mayor parte de su tiempo en ambientes cerrados y contaminados. Sólo el 25% de los centros laborales reúne condiciones de ventilación saludable. 


Buscando "infección"

Los edificios enferman.

¿Tienen cura? ¿Cómo pueden sanearse?

Soluciones actuales Según el enfoque actual, se procura evitar los errores del pasado, como los recintos herméticamente cerrados, y atender a la higiene de manera periódica y profunda para eliminar el polvo, la concentración de ácaros y otros microorganismos de las alfombras, cortinas, tapizados y estanterías. Limpiar las instalaciones, adoptar medidas preventivas y sustituir procesos, equipamientos o componentes que contengan sustancias tóxicas, son medidas necesarias. 

La humedad relativa ideal se sitúa entre el 40% y el 70%. "El exceso de humedad -dice el Dr. Plazar- además de proporcionar el crecimiento de ciertos gérmenes, provoca en el organismo la sensación de cansancio, dolor de cabeza, fatiga. Por el contrario, cuando el aire está poco humidificado, lleva a la sequedad de garganta, irritación de las mucosas nasales y los ojos". 

Habrá que ocuparse de reducir los niveles de contaminación interior que, en algunos edificios, supera en cien veces la que se respira en el exterior. 

El foco hay que buscarlo en el deficiente diseño de las estructuras constructivas, en los errores que se cometen al remodelar o reamueblar los inmuebles y en un mantenimiento inadecuado de las instalaciones. 

Para garantizar la calidad de vida se aconseja, por ejemplo, un mínimo de 25.5 m3 de aire por hora y persona en las escuelas; 34 en las oficinas y 42.5 en las zonas de enfermos de los hospitales. En una hora el sistema de climatización deberá realizar de 4 a 6 renovaciones totales de aire. El uso de filtros electroestáticas (Tecnología de Punta) ayudan enormemente a eliminar de todo tipo de partículas (desde humo de cigarro, hasta bacterias y virus microscópicos). Así también el suministro de aire a través de cámaras plenas formadas por losas y la instalación de pisos elevados modulares disminuyen grandemente la posibilidad de anidar problemas y facilitan las labores de mantenimiento y descontaminación. 

En cuanto a la iluminación, ésta no debe ser menor a 500 lux -equivalente a un flexo con un foco de 60 W situado a unos 35 cm de altura-, y de 750 lux cuando la tarea exige fijar la vista. La temperatura interior oscilará entre los 20 y 24 grados en invierno y entre 23 y 26 grados en verano. 

El sistema perfecto de aire acondicionado debe incorporar un sistema que responda a las necesidades ambientales de un espacio donde coexistan los humanos y los equipos modernos.

  • Debe proveer un ambiente sano para los ocupantes.

  • Ser confiable y suficientemente flexible para aceptar los cambios y las expansiones de las oficinas actuales. 

  • Debe integrarse con otras disciplinas como la arquitectura, la electricidad o sistemas de distribución eléctrica y optimizar los requerimientos de espacio.

  • Debe ser eficiente en cuanto al uso de energía y simple de mantener. Ingeniero Ugolino Duran Lara. Presidente del Instituto Mexicano del Edificio Inteligente.

Fuente: PROTECCIÓN ONLINE

 

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