El reflejo mecánico en el tiro defensivo

Para quien que se toma en serio portar un arma para la defensa personal y se adiestra y entrena adecuadamente, el concepto de "reflejo mecánico" ha sido de importancia incuestionada. Se trata, señalan los expertos, de lograr que se reaccione por "memoria muscular" ya que en una situación de alto estrés, como la de un tiroteo, cuando se enfrenta el miedo y el organismo reacciona, bombardeando adrenalina, endorfina, glucosa, cortisol y otros químicos, lo único que funcionará apropiadamente es lo que se ha ejercitado y practicado una y otra vez.
Sin embargo, un artículo de Jerry Ulster, publicado en la revista Handguns de Guns&Ammo de junio de 2002, titulado "Instinct theory", profundiza en el tema, y replantea ciertos conceptos. "He llegado a un punto en el que rechazo el termino memoria muscular", dice el autor y explica porqué:
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"Los músculos no tienen capacidad para aprender. El argumento de que suficiente práctica hace que el acto de disparar se "sienta bien", se trata aún de algo mental, no de una función muscular... En el tiro con armas cortas el "cuándo" es tan importante como el "cómo". No importa si se trata de una respuesta armada a una agresión, una serie de tiros rápidos a blancos metálicos o realizando un disparo al aire... Ejercitando en la cancha rutinas que nunca varían, siempre concentrando la visión en las miras y desarrollando el esquema mental del alineamiento "perfecto" de las miras sobre el blanco y acostumbrándonos a que sólo en ese preciso instante es que se realiza el disparo o se decide no efectuarlo si no se está seguro de lograr el buen disparo. Si se decide no disparar se baja el arma y se reinicia la rutina." |
Es costumbre en los campos de tiro de las fuerzas armadas entrenar a los soldados a dispararle a siluetas que surgen o aparecen brevemente y desaparecen. Allí se está enseñando a dispararla a "todo lo que se mueve" porque se asume que se está en batalla, y todo el que esté "del otro lado" es enemigo. Pero para los civiles que portan armas para su defensa personal el esquema es totalmente distinto.
Según Ulster, en una situación de peligro o de alto estrés, la decisión de efectuar el disparo va más allá de la simple repetición mecánica adquirida en el entrenamiento. En esos momentos, la experiencia nos indica que inciden toda una cantidad de factores. En primer lugar, la situación debe ser de tal gravedad que hayamos decidido que la respuesta única posible consiste en desenfundar el arma y prepararse para disparar. En segundo término, en las fracciones de segundo en que el cerebro da la orden al dedo índice de oprimir el disparador hasta que se produzca el disparo, tiene que haberse realizado un fulminante y decisivo análisis: ¿ Estoy suficientemente bien protegido detrás de una barricada ? ¿ Puedo herir a alguien inocente que se encuentre en el sitio ? ¿ Puedo disparar sin temor a resultar herido en el contrafuego ? ¿ Esa silueta que apenas veo en la
sombra es realmente quién me agredió ? ¿ Puedo hacer blanco en éste momento o espero a que se acerque más ?
Cómo vemos, en una situación de enfrentamiento armado real, la decisión de disparar o no hacerlo, con todas las consecuencias que una u otra acción puedan acarrear, van mucho más allá del supuesto "reflejo muscular" en el que todo se limita a alzar el arma, encarar el blanco, alinear miras y efectuar el disparo, tal como se hace en la cancha. Está claro que el entrenamiento ayuda mucho en cuanto a la técnica del disparo, pero nunca podrá equipararse a lo que se siente en un enfrentamiento armado.
Fuente: seguridadaldia.com
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