El valor de la seguridad

Las grandes compañías de móviles
europeas y los Estados comunitarios están diseñando un plan de
choque para tratar de frenar el imparable incremento de robos de teléfonos
celulares, que está alcanzando unos niveles preocupantes. Tan sólo
en España, el año pasado se sustrajeron 250.000 teléfonos móviles.
Una cifra superior a la francesa (200.000), aunque aún lejos de los
700.000 terminales robados en el Reino Unido en 2002. En el conjunto
de la Unión Europea, el número de robos a lo largo del año pasado
se disparó hasta 2,5 millones de unidades.
En esencia, este plan europeo antihurto bebe en el sistema que se
aplica, por ejemplo, en el caso de las tarjetas de crédito. Es
decir, se asienta sobre la inutilización del objeto sustraído en
cuanto se produzca el pertinente aviso del cliente damnificado.
Para ponerlo en marcha se han dado diversos pasos, tanto desde el
punto de vista técnico como político. En primer lugar, se ha
modificado el estándar de seguridad del parque de teléfonos móviles
en el ámbito de la Unión Europea. En segundo, las empresas
implicadas tienen previsto intercambiar y centralizar las bases de
datos con los códigos de seguridad de todos los terminales de móviles,
de tal manera que se puedan identificar los sustraídos e
inmovilizarlos. El calendario previsto es que este sistema empiece a
funcionar país por país en junio de este año. Y que en el segundo
semestre esa cobertura sea en toda la Unión Europea.
La iniciativa no es sólo empresarial. Cuenta con el respaldo
efectivo de los Estados. Por ejemplo, el Gobierno español acaba de
incluir en su proyecto de reforma del Código Penal medidas que van
en esa misma línea. Una de las modificaciones es tipificar como
delito la alteración de los códigos de seguridad de los teléfonos
móviles. Y es que en torno al robo de teléfonos móviles se han
creado auténticas redes internacionales de delincuencia. Es más,
estas sustracciones se han convertido en habituales hasta en los
colegios.
El plan consensuado entre los Gobiernos y las compañías telefónicas
hace frente no sólo a un serio problema legal o de orden público.
Aborda una cuestión de mucho mayor calado, el valor económico de
la seguridad. En una sociedad en la que no hay fronteras y en la que
la tecnología ofrece soluciones y salidas para casi todo, la
seguridad juega un papel fundamental en la vida de un proyecto
empresarial. Su éxito o fracaso puede depender de este factor en
multitud de ocasiones. De ahí que el control sobre las medidas de
seguridad en tarjetas de crédito, automóviles, conexiones de pago
por visión y ahora teléfonos móviles sea cada vez más estrecho.
El proyecto que hay sobre la mesa debe, en consecuencia, contar con
el mayor respaldo e implicación posible de las empresas y las
Administraciones. Es necesario salvaguardar el valor de la
seguridad.
Fuente: Manuel Marín - Cinco Días |