
Una situación traumática puede
ser cualquier evento lo suficientemente importante para el individuo
como para producir una herida (de allí trauma) psicológica. Estos
pueden ser desastres, guerras, violencia directa o indirecta, ser víctimas
de abuso sexual o violencia urbana etc.
Los niños, las personas de edad avanzada y las personas con
incapacidades corren un riesgo mayor de trauma. Los niños pierden
de forma temporaria su visión del mundo como lugar seguro y
predecible. Tienen miedo de que lo sucedido vuelva a ocurrir y de
que ellos o su familia se lesionen o mueran. A la mayoría de los niños
les resulta difícil entender el daño, las lesiones y las muertes
que pueden surgir de un hecho inesperado o incontrolable.
El modo en que un padre o adulto reacciona ante un niño después de
un acontecimiento traumático puede ayudar a que los niños se
recuperen más rápido y de forma más completa.
Reacciones de los niños
Aunque a los adultos les puede parecer exagerados, el miedo y la
ansiedad de los niños son muy reales.
Los niños tienen miedo a lo desconocido. Tienen miedo a quedarse
solos. Después de un desastre, es posible que comiencen a actuar
como si tuviesen menos edad de la que tienen. Pueden reaparecer
comportamientos que antes eran comunes como mojar la cama, chuparse
el dedo, apegarse a los padres o tenerle miedo a gente que no
conocen.
Es posible que los niños mayores que se mostraban independientes
ahora deseen pasar más tiempo con la familia. Tal vez aparezcan
problemas a la hora de ir a dormir: pueden tener pesadillas, no
querer dormir solos, tener miedo a la oscuridad o a quedarse
dormidos o a permanecer dormidos.
Algunos niños expresarán su miedo mediante síntomas físicos como
dolores de estómago o de cabeza o sintiéndose
"enfermos". Todos los niños pueden tener problemas para
pensar. Se pueden distraer con facilidad, sentirse confundidos y
desorientados y tener dificultad para concentrarse. Estas pueden ser
reacciones a olores, objetos o actividades asociadas al trauma. Es
posible que el niño no sea consciente de las causas de estas
reacciones o los cambios de comportamiento.
La ansiedad y el miedo de los niños son reales; no son demostrados
a propósito. Los niños de distintas edades reaccionan de forma
distinta ante una situación traumática, pero la constante es algún
tipo de modificación de la conducta cambio en sus relaciones con
los demás y su medio, aumento de la ansiedad expresada de cualquier
modo.
Cómo ayudar a los niños
En la familia
Rutinas. Mantenga las rutinas de la
familia (comidas, actividades, hora de dormir) lo más normales
posibles. Esto ayuda a niños de cualquier edad. También permite a
los niños sentirse seguros y en control de la situación. Dentro de
lo posible, los niños deben quedarse con las personas que sean más
conocidas y con las que estén más cómodos.
Necesidades especiales. Acepte las
necesidades especiales de los niños permitiéndoles depender un
poco más de usted por un tiempo. Si lo necesitan, dé más abrazos,
deje que tengan la luz encendida cuando van a dormir o que no
duerman solos o que vuelvan a tener su osito o manta favorita, y
muestre que no le importa que estén más apegados a usted.
Cobertura de los medios de comunicación. Después
de un desastre, todas las personas quieren escuchar las últimas
noticias sobre lo ocurrido. Sin embargo, los estudios de investigación
sobre desastres indican que los mensajes o imágenes inesperadas que
aparecen en televisión asustan y causan la reaparición de
problemas relacionados con el estrés. Además, cualquier persona
que ve la cobertura sobre el desastre puede convertirse en lo que se
denomina una "víctima secundaria" y puede sufrir
problemas emocionales y físicos. Es mejor no dejar que los niños
vean la cobertura del desastre en las noticias.
Sentimientos y reacciones. Los niños
expresan sus sentimientos y reacciones de formas distintas. Si usted
acepta esto, puede hacer una diferencia en el modo en que sus hijos
se recuperan del trauma. Esto significa que tendrá que aceptar que
algunos niños reaccionarán alejándose sin poder hablar del
asunto.
Mientras que otros se sentirán intensamente tristes y enojados en
algunos momentos y en otros, actuarán como si nada hubiese
sucedido. Los niños suelen confundirse con respecto a lo ocurrido y
a sus propios sentimientos. Sin embargo, no se sorprenda si algunos
niños parecen no verse afectados por lo que vieron o escucharon. No
todos tienen reacciones inmediatas; algunos tienen reacciones que
aparecen días, semanas y hasta meses después y algunos nunca
tienen una reacción.
-
Hablar sobre
lo ocurrido
-
Escuche y
acepte los sentimientos de los niños.
-
Dé respuestas
sinceras, simples y cortas a sus preguntas.
-
Asegúrese de
que entienden sus respuestas y el significado que usted les
quiere dar.
-
Use palabras o
frases que no confundan al niño ni hagan que el mundo sea más
aterrador.
-
Dé
oportunidades a los niños para que hablen entre ellos sobre lo
que pasó y cómo se sienten.
-
Dé a los niños
una explicación sincera si usted se siente tan enojado que no
quiere hablar sobre lo que pasó. Considere tomarse un tiempo de
descanso y pedirle una mano a un amigo de confianza de la
familia.
-
Si los niños
hacen la misma pregunta una y otra vez es porque están tratando
de entender, tratando de encontrarle sentido a la interrupción
y confusión en su mundo. Los niños más pequeños no entenderán
que la muerte es permanente, así que las preguntas repetidas se
deben a que esperan que todo vuelva a la normalidad.
-
Si un niño se
siente culpable, pídale que explique que pasó. Escuche con
atención para ver si se siente responsable por algo. Explique
la situación y recalque que nadie, en particular él o ella,
podría haber evitado lo ocurrido.
-
Deje que la
escuela ayude. Los maestros de la escuela pueden notar cambios
en el comportamiento del niño y responder para ayudar al niño
a hacer frente a la situación.
-
Aunque usted
sienta que el mundo es inseguro, tranquilice a su niño
diciendo, "Ya se acabó. Ahora haremos todo lo posible para
mantenernos seguros. Juntos podremos ayudar a que las cosas
vuelvan a la normalidad".
-
Esté atento
para ver si los niños tienen preguntas y quieren hablar sobre
el tema.
-
Demuestre su
cariño y apoyo. Los niños lo necesitan mucho en este momento.
Sepa cuándo necesita ayuda de un
profesional
Los niños son increíblemente flexibles, pero pueden verse
profundamente afectados por un trauma o una pérdida. A veces un
consejero puede ayudar a un niño al brindarle un lugar seguro para
hablar sobre lo que pasó y sobre sus sentimientos. La ayuda de un
profesional es buena idea si el niño muestra alguno de estos
cambios por más de tres meses después del desastre:
-
Problemas en
la escuela con el comportamiento o los estudios.
-
Explosiones de
enojo.
-
Aislamiento de
las actividades sociales normales o del juego con otros niños.
-
Pesadillas o
problemas con el sueño frecuentes.
-
Problemas físicos
como náuseas, dolores de cabeza, pérdida o aumento de peso.
-
Ansiedad
intensa o comportamiento evasivo causado por recuerdos de lo que
pasó.
-
Depresión o
una sensación de no tener esperanzas sobre la vida o el futuro.
-
Problemas con
el uso del alcohol o las drogas.
-
Práctica de
comportamientos peligrosos.
-
Preocupación
continua sobre lo que ocurrió hasta que se convierte en el
centro principal de su vida.
Ciertos acontecimientos pueden
hacer que un niño se vuelva más vulnerable a tener problemas. Si
un niño ha sufrido pérdidas recientemente como las que resultan de
un divorcio, fallecimiento de alguien cercano o mudanza a un nuevo
vecindario, es posible que se sienta especialmente abrumado por el
desastre. Una situación traumática puede reactivar las emociones
relacionadas con traumas anteriores y esto puede ser sobrecogedor.
Ver a un consejero no significa que el niño tenga un "problema
mental" o que usted le ha fallado.
Después de un trauma, muchos adultos y niños sienten que es útil
hablar con un consejero con capacitación especial en reacciones
post-traumáticas que les puede ayudar a entender y hacer frente a
sus sentimientos.
Fuente: estrés y trauma |