Desfaciendo entuertos: la violación

Don Quijote de la Mancha es uno de los 10 libros que escogería si tuviera que vivir en una isla desierta. Ingenioso, profundo, sabio, divertido y serio, aunque no solemne, invita a la reflexión de manera permanente.
Cuando Sancho Panza fue enviado a gobernar la ínsula Barataria, como parte de una broma que le juegan a él y a don Quijote unos duques, los habitantes del lugar le presentan varios casos para que los juzgue y dictamine. Los veredictos, lo mismo que las sentencias, emitidos por el escudero, les dejan sorprendidos porque son justos.
De entre todos los casos, uno atrae mi atención de tal forma que deseo analizarlo con ustedes. Una mujer llega hasta Sancho e implora justicia, al tiempo que señala a un hombre: "... y se ha aprovechado de mi cuerpo como si fuera trapo mal lavado, y, ¡desdichada de mí!, se ha llevado lo que yo tenía guardado más de 23 años ha, defendiéndolo de moros y cristianos, de naturales y extranjeros, y yo, siempre dura como un alcornoque, conservándome entera como la salamanquesa en el fuego, o como la lana entre las zarzas, para que este buen hombre llegase ahora con sus manos limpias a manosearme”.
Sancho interroga al acusado, quien afirma ser un pobre ganadero que al toparse con la susodicha en el campo le propuso tener relaciones a lo cual ella aceptó; concluido el asunto le pagó lo suficiente pero ignora porqué ahora lo acusa de haberla forzado, lo cual es una mentira. Cuando Sancho se entera que el pastor tiene 20 ducados de plata le ordena entregárselos a la mujer, quien agradecida se marcha muy contenta. Apenas aquella abandona la habitación, Sancho le dice al hombre que le quite la bolsa a la mujer y regrese de inmediato. Los habitantes emocionados esperan el desenlace. Cuando el ganadero y la mujer regresaron aún forcejeaban y no se vislumbraba un posible ganador. La mujer acusaba al pastor de quererle quitar esa posesión, la cual defendía con singular vehemencia, agregaba que por nada del mundo se la daría, a lo que Sancho contestó: "Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta bolsa le mostrareis, y aún la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran fuerza. Andad con Dios y mucho de enhoramala y no paréis en toda esta ínsula ni en seis leguas a la redonda so pena de doscientos azotes. ¡Andad luego digo, churrillera, desvergonzada y emabidora!"
Ese problema y la solución son muy conocidos y ello me preocupa porque no siempre analizamos lo que leemos, por el contrario, la conseja popular la acepta como un ejemplo de cuán terribles pueden llegar a ser las mujeres. La lógica empleada por Sancho parece muy adecuada pero, quien conozca a víctimas de una agresión sexual, o peor aún, que la hayan padecido, se darán cuenta que la mujer en cuestión no actúa como tal. Desde luego que la mujer fue muy mala al mentir para estafar al ganadero y merecía un castigo por tal acción pero, al final Sancho tuerce la mira e incursiona en el ámbito de la violación.
El relato refuerza la falacia de que "una mujer difícilmente puede ser violada" o que con gran frecuencia ellas mienten. La realidad es que la violación es uno de los actos que más daños ocasionan a quien la padece. Esa persona ha sido vulnerada en su intimidad y tiene un profundo sentimiento de impotencia. Durante el acto de poco sirven sus argumentos, ya sean físicos o verbales; en forma de súplica o amenaza. El o los atacantes se colocan por encima de ella en vista de que no la ven como una igual, más que como sujeto la perciben como un objeto.
El que alguien haya invadido en forma tan brutal su ser más íntimo hace a la víctima sentirse no sólo inerme sino también sucia y, por paradójico que parezca, culpable. No querrá relatarle a nadie lo sucedido e intentará a toda costa borrar las huellas o los rastros de ese episodio, cosa prácticamente imposible pues las máculas abarcan todo su ser y sobre todo su conciencia.
Debe quedar muy claro que las mujeres no desean ser violadas. Durante siglos se tiende a proteger al macho agresivo y a condenar a la mujer. Pareciera que la mujer es la gran culpable. El tiempo pasa pero las cosas poco han cambiado; una visita a su hemeroteca favorita les ayudara, busquen lo relacionado con el escándalo que hace algunos años armaron diputados federales en la cámara, se oponían a aceptar la ley que sancionaba la violación entre cónyuges, la cual fue propuesta por las diputadas de todos los partidos. Afirmaban, algunos legisladores, que era peligrosa porque las mujeres mentirían para fastidiar a su pareja. Por fortuna el final fue feliz y la ley se aprobó.
La violación se refiere a la introducción del pene en la vagina, el ano o la boca de una persona en contra de su voluntad por medio de la fuerza física o psicológica, es decir, con gran frecuencia se recurre a las amenazas. Visto lo anterior, por fin se ha entendido que las víctimas no tienen que estar moribundas para creer que padecieron ataques de este tipo. Quien ataca, la mayoría de las veces, conoce a su víctima y planea el acto con el fin de no ser atrapado. No se trata de un individuo desquiciado; la mayoría de los violadores son casados, tienen trabajo y no presentan señas o comportamientos que los delaten. Esto significa que los guapos también violan. Por extraño que parezca, las pruebas psicológicas con las que se cuenta en la actualidad no sirven para predecir quién es un violador en potencia.
Autor: Francisco Delfín
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