El Vudú ... Zombies

Profesor José Manuel Reverte Coma
Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
Se conoce como zombis a
aquellas personas cuya muerte ha sido aparentemente bien constatada,
que han sido sepultadas a la vista de todos los que les acompañaban
hasta su última morada y a los que se encuentra, tiempo después,
vagando por un camino en un estado parecido al somnambulismo.
Ya los piratas del Caribe hablaban de los zombis o "muertos
vivos", diciendo que eran los esclavos de los brujos negros y
de los loas o espíritus de la religión vudú. Son muertos
que andan.
Zombi es una palabra que hoy se utiliza en todas las lenguas
modernas para designar a alguna persona sin carácter, torpe, lento,
que está como atontado, que se mueve como un autómata en estado
semiletárgico, como si estuviera hipnotizado o su espíritu se
encontrase lejos del cuerpo.
Pero el zombi verdadero es un fenómeno que aparece en
aquellos grupos humanos que practican precisamente la religión vudú.
En Hispanoamérica la palabra zombi se utilizaba para asustar
a los niños como entre nosotros se usa la palabra "EL
COCO".
La palabra zombi es de origen africano occidental y en lengua
yoruba se da al dios-pitón. De estas regiones de Africa
occidental es de donde procede el vudú, que en esencia era una
forma primitiva de adoración a la serpiente. La serpiente es el símbolo
del poder vital, de la fuerza vital.
El zombismo se presenta especialmente en la Isla de Haití, donde la
religión más difundida es el vudú, pero también lo hay en Africa
y en Oceanía. Equivalente a zombis son los bakrus de
Surinam, los ro-lang del Tibet y los wengwa del Gabón.
Aquí nos vamos a limitar al fenómeno zombi en la Isla de
Haití, cuyo bajísimo nivel cultural propicia, como en las
profundas regiones del Africa Occidental, la superstición y la
credulidad en toda clase de fenómenos sobrenaturales. Hay muy pocos
haitianos que no creen en la existencia de loups-garous,
hombres-lobos, hombres-animales que merodean por las selvas
tropicales durante las noches, vampiros, fantasmas, duendes,
demonios, y zombis o muertos sin espíritu que resucitan sólo
físicamente ante las invocaciones de los hechiceros o sacerdotes
del vudú, los hungans. Por eso suele el haitiano llevar
consigo amuletos y fetiches para protegerse de tales seres
espantosos que pueblan su imaginación.
Para comprender mejor lo que es un zombi, es preciso
adentrarse aunque sea someramente, en los intrincados caminos del
vudú. El vudú es un rito espiritista en el que el medium es la
figura central, el creyente es el soporte en el que se han de
manifestar los espíritus desencarnados, los orixás o loas.
El vudú es una religión, una forma religiosa de raíces muy
profundas, insertas en el pueblo negro, en el que es preciso
reconocer una gran dosis de espiritualidad y de religiosidad. Es una
religión popular.
Uno de los rasgos de esta religiosidad típicamente africana es el
animismo o creencia de que todas las cosas poseen espíritu, que
ellos se representan como un doble intangible de cosas y personas.
El animismo es la religión autóctona de los pueblos africanos,
variando los rituales en las muy diversas tribus y etnias.
Cuando llegaron los portugueses al Africa Occidental, al Congo,
oyeron a los negros llamar nkisi a todo objeto, fuese árbol,
piedra, máscara o collar que hubiese sido consagrado como receptáculo
de un espíritu por un hechicero, y lo tradujeron por la palabra
portuguesa "feitiço" y al que lo consagraba o hacía,
"fetiçeiro". En 1760 De BROSSES en su obra "Du
culte des dieux fétiches", utiliza también la palabra
fetiche, que, como la portuguesa, deriva del latín factitius,
cosa hecha. En 1767, RENE BERGIER calificó a esta religión de
fetichismo, diciendo que "se trata de una mentalidad que
concibe los objetos de la Naturaleza como albergues de genios y espíritus
que les dan vida y humanidad".
El famoso etnólogo inglés TYLOR fue quien utilizó primero la
palabra animismo, considerándolo como la doctrina que interpreta el
alma como principio vital de todas las cosas y seres, orgánicos e
inorgánicos. Ese principio vital es inmortal. La parte material es
el soporte que puede morir o ser destruido o transformado, pero la
fuerza vital que contenía es indestructible, inmortal. Esa fuerza
puede pasar a otro objeto o persona donde "renace", lo que
no es otra cosa que la metempsícosis en la que ellos creen
firmemente.
La palabra vudú significa espíritu en la lengua ewé del Africa
Occidental, pero un espíritu no humano, sino divino. En lengua yoruba
esos espíritus se llaman orixás.
Los franceses importaron a Haití negros de origen ewé que
habitaban en Dahomey. Estos llegaron a América con sus creencias
religiosas que siguieron guardando celosamente, aunque sus amos
blancos les impusieron las creencias cristianas. Los negros
aceptaron dócilmente lo que quisieron imponerles, se dejaron
bautizar y se creyeron católicos, pero mezclaron las ideas y
creencias de su tierra nativa, de sus antepasados, produciéndose así
un sincretismo religioso que es lo que hoy puede verse en muchos
lugares de América.
El negro no tuvo inconveniente en incorporar y asimilar a su propia
cultura religiosa conceptos de otra religión. Ellos siempre
creyeron en un principio creador, un Dios único, origen de todo lo
creado, que está en todas las cosas y personas: Ntú para
sudaneses y bantúes, al que llamaron OLORUNG y que está
presente en cada ser. No hicieron más que traducir al francés el
concepto y aceptar la existencia del "Bon Dieu".
como Señor de todo lo creado. NTU-OLORUNG, el Bon Dieu,
es la fuerza del bien, a la que se opone la fuerza hostil de los
hombres, EXU, al que temen y por eso tienen que propiciarle
con ofrendas, sacrificios de animales (y en alguna ocasión
sacrificios humanos). Lo identificaron con el diablo o demonio del
Cristianismo.
Para muchos EXU es lo mismo que LEGBA, personificación
de la fuerza del fuego, de las llamas. A la puerta de las casas
africanas hay unas estatuillas o fetiches que representan a LEGBA.
En Dahomey, Legba es el intérprete de los dioses. Sin él los
hombres no podrían comunicarse con ellos. Ningún loa osaría
manifestarse sin la autorización de Legba.
Entre los haitianos, Legba es equivalente o se asocia con San
Pedro, porque es quien tiene la llave que abre la puerta que separa
al hombre del más allá, de la tierra de los espíritus. Todo canto
de la ceremonia o ritual vudú, comienza por una invocación a Legba
o Papá Legba, al que se pide permiso para pasar la barrera mística.
A Papá Legba se le representa como un anciano lisiado,
achacoso, con la pipa en la boca, una bolsa en banderola, que camina
con dificultad apoyándose en una muleta, vestido de andrajos, pero
con una fuerza vital enorme. A la puerta de los santuarios vudú se
coloca un Legba sobre un pedestal y su símbolo, una muleta,
apoyada en la parte exterior del muro. Es también el espíritu de
las encrucijadas o cruces de caminos. Su aspecto ha hecho que se le
conozca con el nombre de Legba pied-cassé. Cuando
alguien es poseído por Legba, cae en medio de terribles
convulsiones o como fulminado por un rayo.
En Haití el sacerdote oficiante de la religión vudú es el hungán
(a veces se le llama gangan, pero esta palabra tiene ya un
sentido peyorativo, despectivo y se aplica cuando el crédito del hungán
no es muy bueno). Hungán se llama si se trata de un varón,
pero si se trata de una hembra sacerdotisa se le llama mambo,
reina o "queen". A veces se les llama obonne,
del cubano obón y también chapitreur, armador y conateur
en la lengua creole.

El santuario o templo donde se
verifican las ceremonias rituales se llama humfó y también
a veces houmfort. Al hungan se llama también Papá
Loa o Papá-lois y a la mambo, Maman-loa o Maman-lois,
es decir papá de los loas o mamá de los loas que
algunos interpretan como papá de las leyes y mamá de las leyes.
No existe jerarquización entre los hungán, sino que actúan
por libres, por su cuenta, y su autoridad se extiende solamente
sobre sus discípulos, los iniciados que asisten habitualmente a los
cantos vudús, las gentes curadas por él y sus familiares y amigos
o admiradores.
La función del hungán es muy semejante a la del chamán de
cualquier tribu indígena de Africa, Así, América u Oceanía, con
la diferencia de que ha asimilado algunas de las funciones del
sacerdote católico, con ciertas influencias de las paradas
militares.

La forma de reclutamiento del hungán
o de la mambo es muy semejante a la que se acepta entre los
chamanes. Unas veces es por herencia. Si el padre o el tío fué hungán,
le deja la clientela y el negocio. Otras veces es por llamada de los
espíritus, por posesión, por revelación durante un sueño o por
vocación. El hungán será a la vez sacerdote y chamán,
adivino y curandero, botánico y exorcista, conocedor de fórmulas mágicas,
venenos y hechizos, guía político (el poder chamánico hemos dicho
muchas veces que lleva al poder político), y guía espiritual, jefe
de coro, maestro de ceremonias y organizador de fiestas religiosas
al mismo tiempo que aglutinante entre los grupos de gentes dispersas
a los que proporciona una forma de común asociación y defensa.
Para ello se requiere además de la llamada vocacional por
cualquiera de los procedimientos habituales, ser iniciado por otro
hungán que actúa como maestro y transmisor de poderes y conocer
los nombres de los loas o espíritus, sus atributos,
emblemas, días favorables, colores preferidos, conocimiento de las
tradiciones vuduístas, de los secretos del arte, así como tener un
entrenamiento en los ritos litúrgicos y los distintos tipos de
ceremonias.
Algunos ya vienen predestinados desde que nacen por haber venido al
mundo con un diente de leche o con una mancha en la piel (naevus
pigmentario) o haber nacido de pie o como los llamados dossu,
niños nacidos detrás de unos hermanos mellizos, todo exactamente
igual que sucede en el reclutamiento chamánico de los grupos más
primitivos del mundo.
A algunos se les supone el don de la percepción extrasensorial o de
telepatía, telequinesia, o el don de la segunda vista. Lo que sí
es cierto es que suelen ser los más listos del grupo, aunque no
todos disfrutan de la misma educación, ya que puede haberlos
incluso analfabetos, mientras otros tienen un elevado grado de
cultura superior. Todos tienen que tener buena memoria para recordar
un sinnúmero de cánticos e invocaciones a los distintos loas y
desarrollar una gran fuerza hipnótica, fabricar talismanes y
amuletos y toda clase de objetos protectores que serán la base de
su negocio e ingresos.
De su fama por sus curaciones o por los espíritus materializados en
sus ceremonias dependerá la clientela que irán haciendo. Hay así hungans
pobres y los hay muy ricos, dependiendo de la influencia que han
podido ir adquiriendo, lo que se suele manifestar en la
magnificencia de sus santuarios o humfós.
Ya METRAUX, que hizo hace muchos años estudios pormenorizados de hungans
y mambos de su tiempo, observó que en ellos hay una mezcla
de impulsos variados que les han llevado a desempeñar su papel,
tales como una fuerte ambición personal, el deseo de adquirir
estatus en la comunidad, deseos de poder y otros.
Como en toda profesión existen limitaciones éticas en los hungans
que se precien de serlo y así, mientras algunos no traspasan los límites
de la más absoluta corrección y rectitud, otros trabajan "a
dos manos o con las dos manos", es decir, practican no
solamente la magia blanca (curativa) sino también la "magia
negra" (hechizos, maleficios, zombización).
Algunos son acusados de haber comprado sus loas protectores,
son los hunganes de categoría inferior, dyók o bokó,
que suelen ser muy malignos practicando especialmente la magia negra
siendo expertos en la elaboración de wangas, terribles
maleficios, conjuros y hechizos vudú. No es igual que bocor,
que es un médico-brujo vuduista que trata a los enfermos con
hierbas medicinales y es muy respetado por sus poderes mágicos. La
ciencia vudú que practican se llama "connaissance",
que trata de las plantas venenosas y alucinógenas. Zobops se
dice también de los hunganes y mambos que practican
la magia negra.
Los hay que explotan a sus
clientes con enfermedades imaginarias, y otros que practican la
dicotomía. Ha habido algunos que han sido juzgados y hallados
culpables y sentenciados a muerte por haber realizado sacrificios
humanos con la complicidad de sus asociados. Y como más adelante
veremos, los hay capaces de crear zombis o influir
perniciosamente sobre sus seguidores induciéndolos a cometer crímenes
rituales contra su voluntad.

El símbolo de la profesión del hungan
es una especie de sonajero o maraca ritual llamada asson, que
sirve para llamar a los loa o espíritus desencarnados. Se
utiliza para su fabricación el fruto del calabazo (Lagenaria
domestica L.) que vaciada de su pulpa se recubre de un collar de
perlas de porcelana alternando con vértebras de culebra.
"Tomar el asson" equivale a llegar a ser hungan.
Por metonimia se les ha llamado asson a los hunganes.
Los emblemas del hungan son dos piedras del rayo o piedras de
trueno (hachas neolíticas que se encuentran en antiguos yacimientos
arqueológicos tan frecuentes en Hispanoamérica procedentes de
aquellas culturas de hace más de mil años) y un juego de cartas
para adivinar (Cartomancia).
La iniciación del hungan es una complicada ceremonia que
culmina un largo periodo de entrenamiento. Esta ceremonia consiste
en encerrarse 9 a 17 días en una pieza sagrada, secreta, del humfó.
Según unos, necesitan permanecer encerrados 9 días y según otros,
17 días, durante los cuales han convivido con 21 espíritus
distintos por lo menos.
Hasta llegar a ser hungan o mambo, su entrenamiento ha
debido subir varios escalones. Primero ha de ser hounsi o hunsi,
que es algo así como aspirante, iniciado, palabra ésta de origen
fon que significa esposa de los dioses. Hay más mujeres hunsi
que varones y son los ayudantes del hungan y de la mambo,
y se encargan de preparar los alimentos del ritual. Lusgo será un La-Place,
que es otro tipo de ayudante que actúa como maestro de ceremonias,
llevando en la mano como insignia un machete o sable. Tiene la misión
de cuidar del buen orden de los servicios.
Ha de pasar por ser un houngenikon o "confianza",
que es el brazo derecho del hungan, con un alto grado de
erudición vuduísta y que tiene la misión de ayudar a sus jefes, hungan
o mambo, si éstos son poseídos por un loa.
Habrá sido también jefe-cambure o jefe de bodega, cuya misión
es guardar la sala de las ofrendas y peré-savana, otra forma
de ayudar en ciertos rituales. Habrá aprendido a ser bestia de
carga que es una especie de intendente que se encarga de la
administración del humfó.
La iniciación de los hunsi se llama kanzo y es un
rito bautismal indispensable para llegar a ser jefe de una secta vudú.
Ha de pasar finalmente el rito muy secreto llamado "Quemador
Zin", en el que se utilizan tres fuegos para purificar su
alma y donde adquiere los conocimientos esenciales del vudú, las
revelaciones.
Cuando ha pasado por todas esas situaciones o cargos en el humfó
y cumple el periodo de iniciación final en el que hay una ceremonia
especial, la "prix-des-yeux", se le confiere la
categoría de adivino o clarividente que termina con el
levantamiento o alzamiento, que es la parte del rito consistente en
levantar tres veces al candidato, tras de lo cual es un "nom
vaillant" y puede tomar el asson, accediendo al
grado de hungan o mambo con lo que ya puede dirigir su
propio servicio religioso vudú.
Llegar a ser hungan o mambo no se hace a título
gratuito. Suele ser muy costoso económicamente. Además de los años
que ha tenido que servir en el humfó, tiene que pagar por la
ceremonia inciática final de 400 a 1.000 $ USA y hoy quizás más,
dependiendo de la reputación del hungan-maestro o iniciador.
Luego tendrá que construir (necesita terreno y edificio) su propio humfó
para lo cual necesita para empezar otros 1.000 $ USA, por lo menos.
Luego tendrá que ir comprando todos los objetos del culto. Este
dinero es una verdadera fortuna en Haití. Pero si todo va bien, será
una buena inversión que le puede reportar pingües beneficios.
Los ingresos del hungan estarán compuestos por los honorarios de
sus enfermos, que teóricamente serán sólo enfermos del espíritu,
las comidas que servirá a los clientes que asisten a los cultos,
los animales que se han de sacrificar (gallinas, gallos, cabritos,
etc.), la venta de talismanes, wangas, polvos curativos,
inciensos, velas, substancias aromáticas, etc. Algunos han
organizado grandes negocios, vendiendo polvos mágicos enviados por
correo a Estados Unidos donde el vudú tiene mucha fuerza.
¿Cómo ha de ser el humfó o humfort?
Aunque se dice que una ceremonia vudú puede realizarse en cualquier
parte, incluso al aire libre, lo cierto es que los hunganes
acreditados disponen de una especie de granja, en la que hay un
edificio que contiene las habitaciones secretas, donde se guardan en
los altares de los loa los objetos del culto. El santuario
propiamente dicho es el "caye-mystère" o baqui,
badji, baqi, pe o pejí, congá o sobadji, que es una pieza
situada en el fondo y ocupada por varios altares o un altar con
varios escalones u otás o repisas en las que se colocan los
objetos rituales: cuchillos, imágenes de santos, garrafas, platos,
emblemas sagrados, botellas de licor, recipientes de "farinea-guinée"
o "harina africana", que son cenizas especiales
consagradas que se utilizan para dibujar los vevés o figuras
geométricas mágicas que representan y atraen a los loas;
los pot-tête o govis que son los vasos sagrados
usados para las libaciones durante los rituales vudús, collares
para los hunsi, el sable de OGUN, vestimentas
especiales para los fieles que representan a cada espíritu, etc.
En los alrededores del cayé-mystère hay otros objetos
sagrados como el Barreño de Damballah, una gran cruz negra
vestida con un sombrero hongo y una levita que simboliza al Barón
Samedi o Rey del Reino de los muertos o de los loas de los
muertos, y una falsa tumba de cemento que recibe las ofrendas para
los guedé o loas malignos.

El Barón Samedi
Es indispensable que haya un
peristilo o "tonelle", que es una especie de hangar
o "rancho" como se dice en Hispanoamérica, que es un
cobertizo con techo de penca de palma y sin paredes, sostenido por
postes. Es el lugar donde se practican las danzas, una pista de
baile en realidad, en el centro de la cual hay un altar en torno al poteau-mitan
o poste central que es el centro sagrado por donde penetran los loas
en el recinto. El altar está lleno de imágenes de santos
cristianos, candelabros, amuletos, fotografías y jarras rituales,
etc. Alrededor del humfó suele haber cráneos de los
animales sacrificados en otras sesiones, colgados o sujetos a postes
de madera. Hay también gallineros o recintos para los animales de
sacrificio. Cada humfó suele ser bautizado con un nombre
sonoro como "Cruz del Sur", "Estrella de la mañana",
"Guinea", etc.
Hay muy diversos tipos y formas de ritual vudú, pero los más
importantes y generalizados son cuatro: Rada, Nago, Petro y Congo.
El ritual Rada, procede de la palabra Arada que es una
ciudad de Dahomey. Es el más antiguo y primigenio. Predomina en él
el elemento cultural ewé de Dahomey, Guinea y Nigeria.
Nago es el ritual con predominio yoruba-nago, similar
a la santería de Cuba.
El Petro es un ritual más moderno y más criollo, más autóctono.
Su origen lo refiere Moreau de Saint-Méry en su "Description
topographique...de la partie française de l'île de Saint Dominique"
(Philadelphia, 1797). Dice que un negro de Petit-Goave,
llamado Pedro, de origen español, aprovechándose de la credulidad
de los de su raza y de su supersticiosa naturaleza y manera de ser,
inventó una danza análoga a la del vudú, allá a mediados del
siglo XVIII, pero con un ritmo más intenso. Para que el efecto
fuese aún mayor, los negros ponían en la tafia o
aguardiente de caña que bebían al bailar, pólvora de cañón bien
molida. Esta danza se llamó por eso Don Pedro o "donpedro"
y el ejercicio era tan colvulsivo y los efectos de la pólvora
tales, que muchos negros morían en medio de fuertes convulsiones.
Las autoridades prohibieron la danza de Don Pedro con penas graves,
pero los negros siguieron bailando. De Don Pedro vino este rito Petro.
A Don Pedro le consideran hoy en la isla como un poderoso hungan
del pasado, que se transformó en un loa muy poderoso.

El Congo es otro ritual con
predominio de expresiones del antiguo Congo que se subdivide
a su vez en otras variantes tanto en la costa como en el interior de
la isla. Es muy similar a la kimbanda y umbanda del
Brasil con su macumba y su candomblé.
Al ser una religión "sin concilios", se ha diversificado
mucho creándose incluso contradicciones hasta en los nombres y
atribuciones de los loas. El hungan que aprendió con
un maestro seguirá sus enseñanzas hasta cierto punto y luego su
imaginación le permitirá crear nuevos loas especiales para su
clientela, a los que quizás llegue a hacer famosos.
En el interior del "tonnelle" ya están preparados
los tres batidores de tambor. Los tamborileros o bongoseros que
tocan los parches, son elemento fundamental para las danzas vudús.
Los tambores varían de forma, tamaño y número según el rito de
que se trate. En el ritual rada hay tres tambores: el adjountó
o manman, de un metro de altura o más, el huntó, segond
o doudon, que es mediano y boula, bebé o gonave,
que es el menor y mide 40 ó 50 cm. Cada uno se toca de una forma
diferente. A los bongoseros se une el ogantier que es quien
toca el ogan, campana metálica o bien dos trozos de metal
que se hacen sonar al mismo tiempo que los tambores.
En el rito Petro, los tambores van por pares. El mayor se
llama manman o gros-baka y el menor pititt o ti-baka.
Son más pequeños que los rada.
La orquesta de rito congo tiene tres tambores: manman, ti-mebal
y ti-congo que se parecen más a los tambores europeos por su
doble membrana. En ciertas ceremonias especiales, como el djouba
o martinique se sacan unos tambores cilíndricos llamados ibo.

Una maraca, tchatcha, hecha
del fruto del calabazo o totumo (Crescentia cujete L.)
que se vacía de su pulpa y se llena de semillas para que suene,
sirve para llevar el ritmo.
En ocasiones solemnes se sacaba antiguamente un gigantesco tambor de
más de dos metros de altura: el gran assoto, pero hasta
donde yo he podido averiguar, esta costumbre se ha perdido o está a
punto de desaparecer. En la religión vudú se considera que los
tambores encierran una fuerza o principio vital llamado hountó.
Los tamborileros han de tener una resistencia increíble, ya que
pueden pasarse la noche entera batiendo los parches, cambiando de
ritmo constantemente con cuyo ejercicio, en un clima tropical como
aquél, se cubren de sudor de pies a cabeza cayéndoles gruesas
gotas de la frente.
El cambio de ritmos, a veces lentos, a veces desenfrenados, fatiga a
batidores y danzantes, pero el negro es ritmo puro, lo lleva en la
sangre como dicen ellos mismos. "El ritmo en él es la expresión
de la fuerza vital, el ritmo ilumina su espíritu", como decía
Leopold Sedar Senghor, el poeta de negritud.
En los muros del templo propiamente dicho se representa en forma de
pinturas de colores algunos loas, como la sirena protectora
de pescadores y marinos.
El hungan o la mambo han dibujado con ayuda de harina
de trigo o maíz, en el suelo, unas figuras geométricas que
representan el loa u orishá al que se quiere invocar
o festejar. Estos dibujos son los llamados vevés.

Vevé de Legba
Los estandartes del humfó
se han sacado. Uno de ellos suele representar a San Jorge a caballo
o a Santiago el Mayor. Todo está preparado para la danza. Los
tambores comienzan a batir y su sonido se extiende a distancia. Los
fieles van llegando.
Hay una serie de salutaciones rituales muy historiadas, y complejas
genuflexiones, estrechamiento de manos, roce de cabezas y nucas,
besos a la tierra ante el hungan o la mambo. Estos
hacen un intento de rechazar la sumisión del fiel haciéndole
levantarse del suelo. Los tambores acogen a cada visitante con un
batido o redoble y éste corresponde obsequiando a los tamborileros
con algunas monedas que pasa por su frente o por los labios.
Se hacen varias libaciones de agua fresca vertiendo un reguero a la
entrada que sirva de invitación a los espíritus. Se presentan
ofrendas de alimentos a los vevé y también bebidas pues es preciso
alimentar a los espíritus. Por eso a estas ceremonias se les llama
en créole, manger-loa. Otro rito, llegado el momento,
será el sacrificio de animales.
Ya están reunidos los participantes. Se disponen para la danza.
Cada espíritu o loa tiene su ritmo especial, sus danzas
especiales y su saludo. Al final de cada canto se lanza un grito
especial que varía según el rito. En el rito rada se termina el
canto gritando ¡abobo! al mismo tiempo que se golpea
suavemente la boca con la mano. En el ritual petro, el grito
es ¡bilobilo! y se acompaña con chasquidos de látigo.
A los loa petro se les ofrendan aspersiones de kimanga,
bebida hecha con ron y especias o con clarín, ron no
refinado hecho en forma casera con caña de azúcar, muy apreciado
por los loas quede a los que a veces se ofrece pólvora,
tabaco y perfumes.
¡Ai Bubú! ¡Ai Bubú! es la fórmula para llamar a los espíritus
buenos y ahuyentar a los malos. El vudú es una religión danzante.
Durante la danza se supone que tendrán lugar las experiencias místicas,
que al ritmo de los tambores y con las ofrendas y fuerza espiritual
de la llamada de los fieles, los espíritus (orishás)
desencarnados, bien de los antiguos orishás, bien de los
muertos, tomarán posesión de algunos de los presentes.
Loa tambores con su ritmo llegan a producir verdaderos estados
semihipnóticos, que van del vértigo al frenesí. Yo he visto pasar
de una mano a otra cigarrillos de kanyac o marihuana que
facilita el trance.
La clave de toda ceremonia vuduísta es la de ser poseído por el loa.
Hombres y mujeres forman círculos y siguiendo el ritmo que le
marcan los tambores, danzan, haciendo a veces fuertes inspiraciones
y espiraciones, acompañadas de movimientos de los brazos y pies.
Decía ROGER BASTIDE, que estudió el vudú haitiano hace años que
"estos movimientos respiratorios y de los pies resuenan como
los sordos tambores bitonales, formando una línea de sonoridad que
produce efectos sugestivos e hipnóticos análogos a los creados por
los cantos corales de las sectas yorubas". Los danzantes
son o tratan de ser mediums. Algunos tienen más facultades que
otros para caer en trance.

Cualquier espíritu de los muchísimos
que pueblan el panteón vudú, puede "reencarnar" en el
medium danzante, que a medida que avanza la ceremonia siente que se
acerca el momento. Así sobreviene un verdadero estado de histerismo
colectivo.
Presenciar una ceremonia vudú en Haití o un candomblé al
son de las macumbas en Brasil es sentirse transportado al
corazón del Africa negra, tal es el primitivismo que allí se
respira. El ambiente mismo es hipnótico. El balanceo de los
cuerpos, los cantos, el ritmo de los tambores...y de pronto, uno de
los participantes queda en una postura increíble como si le hubiese
dado un dolor lumbar repentino, súbito. Tiene los ojos virados, se
retuerce, y de pronto, cae al suelo golpeándose la cabeza, la
frente, contra el pavimento. Pronto otros le siguen, quedando en
posturas extrañas. Los orishás, los loas, se han
manifestado, los han poseído, están en trance, han tomado posesión
de sus "caballos" que son los mediums, los "maîtres-de-la-tête".
No siempre son loas quienes toman posesión, sino mu-ntus
o espíritus desencarnados de antiguos esclavos o familiares recién
fallecidos.
Los loas como decimos, son infinitos, pero hay algunos principales o
más populares, como:
-
Obatalá;
loa híbrido, al que se ofrendan sacrificios de cabras y
palomas.
-
Xangó;
que representa al rayo.
-
Ogún;
es el loa de la fuerza o de la guerra.
-
Damballah;
uno de los más poderosos de los loas vudús. Se le
representa por una boa constrictor pardorrojiza.
-
Elizi;
es un loa hembra, loa del amor y la sensualidad,
es la diosa patrona de todos los amantes.
-
Erzilie;
es otro loa del amor, amante de Damballah.
-
Ibo; loa
benefactor que ayuda a solucionar los problemas.
-
Agassu;
guardián de las tradiciones, famoso por sus curaciones.
-
Azacca; loa
célebre por sus curaciones y por ayudar a los necesitados.
Lleva siempre consigo un saco lleno de plantas medicinales.
-
Yemanyá;
representa la fuerza de las aguas. Se identifica con la Virgen
María.
-
Marassos;
gemelos sagrados.
-
Yansan; es
la fuerza de las nubes y tempestades, esposa de Xangó.
-
Marinette;
loa que protege contra las enfermedades y ayuda a los
convalecientes.
-
Kalfu; loa
que protege a los viajeros y guarda las cruces de los caminos.
-
Sobo; loa
bueno que concede fama.
-
Oxossi; es
el loa de la caza y los cazadores, usa arco y flechas.
-
Zaca;
es el loa que ayuda a los agricultores.
Parte
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