El Vudú ... Zombies

Fuentes:Varias
Vudú es una deformación de la
palabra "vaudoux", aplicada a un dios serpiente con
poderes de oráculo, venerado en un frenético baile tribal por
esclavos del actual Benin. La palabra "vodou" es análoga
a "espíritu" en la lengua africana de la que procede. La
mayoría de los términos que usa el vudú son criollos, de la
lengua haitiana que combina francés, español y africano, y tiene
algunas conexiones con el «patois» de los criollos de Nueva
Orleáns (EE.UU.)
En estas creencias del nuevo
mundo, de procedencia africana (existen otros sincretismos de origen
indoamericano), los espíritus no son concebidos como entidades
individuales sino combinaciones de personalidades con varias
identidades relacionadas.
El vudú es un complejo sistema de creencias y ritos, un conjunto de
principios metafísicos y de prácticas que presentan aspectos
sacros, iniciáticos, mágicos y paranormales y que han desempeñado
un papel importante en los componentes históricos y sociales de
algunos pueblos, este axioma que siempre ha caracterizado las
grandes religiones, también es muy apropiado para el vudú, aunque
por razones históricas ambientales y sociales no haya ningún texto
sagrado que lo defina y lo incluya en la tradición de las
religiones que se definen como tales.
En realidad, el vudú es una creencia religiosa sincrética, es
decir, una mezcla de catolicismo y antiguas practicas africanas,
incluidos elemento fetichistas y distintos tipos de magia, como la
blanca, la negra y la gris, que es una mezcla de las dos anteriores.
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No todo en el vudú es
espiritualidad, curación, invocación a los buenos loas,
ofrendas, cantos y danzas, mediumnidad y ceremonias
religiosas. Hay hunganes que trabajan "con
las dos manos", es decir, practican la magia blanca
y la magia negra y que hay un tipo de hunganes
llamados bokós y zobóps, que son muy
malignos y muy temidos por practicar la magia negra. Siendo
muy expertos en el conocimiento de la fauna y de la flora de
la isla, en la preparación de venenos, substancias alucinógenas,
filtros, maleficios, conjuros y hechizos.
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Cuando alguna persona,
movida por el odio o la venganza quiere deshacerse de su
enemigo, acude al bokó o al hungan que se
preste a esta clase de hechicerías y le lleva un muñeco
expresamente fabricado al efecto y el bokó, previo
pago de su "trabajo", atraviesa al muñeco con una
aguja, al tiempo que recita algunos conjuros, los que según
sus creencias supersticiosas, producirán la enfermedad o la
muerte a distancia, mágicamente, por transferencia, de la
persona odiada, representada por el muñeco de cera. Si esta
persona tiene un buen talismán o un loa protector fuerte,
no caerá fulminada de inmediato o el hechizo no le hará
efecto.
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Es por eso que los haitianos, ante
la posibilidad de que alguien quiera hacerles un hechizo, se guardan
a base de talismanes, contra-hechizos y toda clase de protecciones mágicas
pensando en los posibles ataques de personas que no los quieren
bien. El creyente vudú vive en un mundo que no distingue lo natural
de lo sobrenatural, en un mundo donde lo natural y lo sobrenatural
se confunden. Otra de las prácticas vudús es la invocación de los
muertos, la necromancia o nigromancia, magia negra también y diabólica,
que permite la consulta a los espíritus de los muertos invocados o
la manipulación al antojo de su poder de estos espíritus
desencarnados. Los espíritus de los muertos juegan un papel
relevante en los ritos vudús, pero no siempre es para
reverenciarlos o rogar que les sean propicios. Los bokós lo
invocan con propósitos malignos.
No se puede negar que la magia negra, es la más importante dentro
del vudú y es la que le ha dado la imagen de que el vudú es, por
fuerza, algo siniestro.
Uno de los hechizos más terribles que se practican en el vudú es
la llamada "expedición", que es un maleficio que
se acompaña de una plegaria a San Expedito y que recitan
ante la fotografía de un enemigo. Este hechizo hará que el cuerpo
de la víctima, la persona a quien va dirigido, se llene todo de
gusanos. En Haití, como en todas las zonas tropicales, es frecuente
la miasis cutánea que he tenido la ocasión de tratar
en innumerables ocasiones tanto en niños como en adultos. Ellos
creen que esta enfermedad, producida por el depósito bajo la piel,
de larvas de ciertas moscas, es ocasionada por este hechizo. Para
curarla hay que practicar, según los haitianos, un poderoso
contra-hechizo.
El Mu-Ntú en Haití es conocido como Gros-bon-ange y
con él el bokó o hungan es capaz de fabricar un
zombi, según la creencia vudú. Al pasar bajo la nariz de una cadáver
una botella que contiene un espíritu capturado, el cadáver
adquirirá una forma de vida automática que le hará esclavo dócil
a las órdenes de su señor.

El zombi equivale a muerto
viviente, un muerto sin espíritu o con un espíritu incompleto, que
es extraído de su tumba y queda bajo el poder del bokó
trabajando para él y siguiendo sus órdenes como un autómata o un
robot.
No es extraño que en el ambiente que hemos descrito de superstición
y terror a lo sobrenatural, crean los haitianos en la existencia de
los "muertos vivientes". Y que crean que son fabricados
por sus hechiceros merced a procedimientos sobrenaturales.
El bokó desentierra un cadáver y obliga a Mu-Ntú a
quien domina y tiene guardado en una botella, como Aladino tenía al
genio de la lámpara, a penetrar en el cuerpo sin vida. Este espíritu
desencarnado, se reencarna así en el cuerpo del difunto y le anima
pero de una forma automática, no humana. Puede hablar a través de
su boca y lo hace con una voz típicamente gangosa, nasal,
inconfundible al escucharla.
Con la palabra zombi en lengua ewé se designa al dios-Pitón,
ya que el vudú en África practicó el culto a la serpiente, que no
representa una fuerza diabólica sino por el contrario representa la
fuerza vital.
Entre los Bantúes africanos hay la creencia de que los Mu-Ntú
desencarnados encuentran su refugio precisamente en las serpientes y
por esta razón se les considera como fetiches sagrados.
Por esto en muchas ceremonias del vudú antillano y especialmente
haitiano, se utiliza la serpiente como parte del ritual, durante el
cual, la persona que actúa como médium, para caer en trance, bebe
leche de la misma vasija en que lo ha hecho una serpiente.
Ha habido mucho de leyenda sobre los zombis, como la célebre
historia del General Nad Alexis, que disparaba contra el enemigo
puesto en pie sin temor a las balas que atravesaban de parte a parte
su cuerpo sin herirle. Como salía siempre vivo de todas las
escaramuzas en que participaba, mientras morían los que estaban a
su alrededor, se dijo que era un zombi, un "muerto
viviente".
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Felicia Felix-Mentor
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Metraux menciona el caso
de Zora Houston que fotografió un zombi auténtico, una
muchacha de nombre Felicia Mentor, que fue recogida en el
Hospital de Gonaives, capital del Departamento de Artibonite
en Haití, a 112 Km al NO de Port-au-Prince, situada
en el fondo de una bella bahía. Fue allí en Gonaives
donde fue proclamada la independencia de Haití el 1º de
enero de 1804 y elegido emperador Dessalines y donde embarcó
el libertador de Haití, Toussaint-Louverture en
"La Créole" rumbo a Cap Français.
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Esta joven considerada zombi,
parecía loca o idiota y la gente que la vio creyó reconocer en
ella a una mujer que había muerto hacía 20 años. Fue examinada
por el Director de Sanidad e Higiene de Haití que la consideró
zombi.
La misma Zora Houston cita el caso de otra joven, María M. de la
buena sociedad de Haití, que varios años después de su muerte
ocurrida en 1907, fue encontrada por una antigua compañera de
escuela en una calle de la ciudad. Su familia que no sabía qué
hacer de ella, pues estaba completamente "ausente", la
encerró en un convento francés. Antes, para asegurarse, hicieron
exhumar el cuerpo de la tumba, hallando los restos de un hombre y
una ropa diferente a la que llevó la difunta al ser enterrada.
Los campesinos de Haití siempre han sabido que los hunganes
y las mambos, bokops, zobops y demás
representantes de la magia negra eran capaces de fabricar zombis,
previa invocación al Barón Samedi, para utilizarlos como
esclavos en los trabajos de las plantaciones. Sin embargo, hay
quienes niegan rotundamente la existencia de los zombis.
Muchas familias de Haití, ante el temor de que sus familiares
muertos puedan ser desenterrados y convertidos en zombis, se
aseguran de que esto no pueda suceder y antes de echarles la tierra
encima, consideran que han de hacerles morir por segunda vez para lo
cual les disparan un tiro en la cabeza o inyectan al cadáver un
poderoso veneno. Otros los estrangulan y aún algunos han llegado a
decapitarlos para impedir la "resurrección" por los
brujos.
Otros, menos violentos, colocan semillas de sésamo (Sesamum
indicum) en el interior del ataúd o una aguja sin cabeza con un
hilo, con lo cual piensan que estarán muy entretenidos, bien
contando las semillas o tratando de realizar el imposible de
enhebrar la aguja sin cabeza. Así según sus creencias, no podrán
atender las llamadas del bokó.
De lo expuesto, anecdótico en su mayor parte, podemos sacar la
conclusión que dado el grado de superstición del pueblo haitiano,
de su bajo nivel cultural, de sus creencias religiosas místicas en
el vudú, no tengan la menor duda de la existencia de zombis, así
como de la capacidad de sus bokós, mambos y hunganes
para fabricarlos, pero muchos saben que si es posible hacer un
zombi, no es por ningún poder sobrenatural sino por el conocimiento
que poseen de los venenos vegetales y animales, los representantes
del vudú, especialmente algunos, conocimientos que se transmiten en
el más absoluto secreto.
El propio antiguo Código Penal de la República de Haití en su
Art. 149, aunque fue anulado en 1953, admitía la existencia de
estas substancias y de estos actos criminales cuando decía:
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"Se
califica también de atentado por envenenamiento a la vida
de una persona, al empleo que se haga contra ella de
substancias que, sin causar la muerte, hubieran producido
un estado letárgico más o menos prolongado, de cualquier
manera que esas substancias hubieran sido empleadas y sean
cuales fueren las consecuencias. Si como resultado de este
estado letárgico, hubiera sido inhumada la persona, el
atentado será calificado de asesinato".
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Es evidente que el legislador
conoció algunos de estos casos y que tomó en cuenta este tipo de
delito.
Haití es el país de América que menos médicos tiene y el índice
de mortalidad es muy elevado. Además, a causa del fuerte calor
tropical, los muertos son enterrados a las 24 horas, por la rápida
descomposición, con lo cual existe la posibilidad de que alguno no
lo esté sino que se encuentre en estado cataléptico o bajo la acción
de alguna substancia tóxica. La posibilidad de ser enterrado vivo
en Haití es muy alta, equiparable a la que pudo existir en la Edad
Media en Europa, donde era un fenómeno harto frecuente.
Un zombi se distingue por su estado de semi-inconsciencia, letárgico,
brumoso, como si estuviera entre la vida y la muerte, el aire
ausente, ojos apagados, vidriosos y la entonación nasal o gangosa
de su voz, lo que es propio de los guedé o genios de la
muerte. El zombi oye, incluso habla, pero no tiene recuerdos y no es
consciente de su estado. Así se le puede utilizar como una bestia
de carga a la que su amo explota sin piedad, obligándole a trabajar
en la más duras tareas del campo, e incluso en tareas peores, como
robar las cosechas de sus vecinos.
Como su docilidad es total mientras no se le dé comida que tenga
sal, no hay peligro de rebelión. Se cuentan casos en que el zombi
comió cosas saladas y en un súbito acceso de rabia, mató al
"amo" y huyó en busca de su sepultura incendiando antes
la casa y destruyéndolo todo a su paso.
Los jamaicanos conocen una planta de la familia de las Solanáceas
llamada "branched calalue", conocida también en
Haití, tan tóxicamente activa que es capaz de provocar un estado
de "muerte aparente" en el que no se pueden percibir ni
los latidos cardiacos, con lo que se da por muerto al sujeto sin
estarlo.
Otra de estas sustancias es conocida con el nombre de kingoliola,
que también produce la parálisis momentánea y un cuadro de muerte
aparente.
La norteamericana Eda Taft estudió en Haití una planta narcótica
llamada "tuer-lever" (matar-levantar) sólo
conocida por algunos hunganes, que según sus informantes fue
traída de África y secretamente sembrada en lugares muy apartados
de la selva haitiana sólo conocidos por el hungan o el bokó
que sabe cómo utilizarla. El secreto es celosamente guardado.
Los zombis no son muertos, sino personas narcotizadas o intoxicadas
con poderosas substancias, a los que equivocadamente se considera
como muertos. El bokó aprovechará la tranquilidad de la
noche, desenterrará el supuesto cadáver y le reanimará con técnicas
que él conoce dejándole en un estado letárgico, muchas veces
obtenido con la administración de alucinógenos como las Daturas
tan comunes en las selvas tropicales.
Con el nombre de calalú se conoce una planta de la familia
de las Phytolacáceas (Phytolaca rivinioides KB), de
tallo carnoso, color rosado o purpúreo, de hasta un metro de
altura, cuyas raíces son venenosas, muy semejante por sus
propiedades a otra planta de la misma familia, la Phytolaca
icosandra.
Algunos hunganes utilizan la planta tóxica por vía
digestiva, pero otros utilizan ciertos polvos que actúan por
contacto. Cuando el polvillo tóxico se pone en contacto con la piel
de una persona, se absorbe a través de la piel y se produce el
efecto zombi.
Las recientes investigaciones realizadas en Haití han llevado a la
conclusión de que no es una sino varias sustancias las que son
conocidas por los hunganes para producir estos efectos, pero estas
experiencias han llevado a la conclusión de que sólo servirían
para enmascarar el verdadero tóxico que es la tetrodontoxina.
La tetrodontoxina es producida por unos peces de la familia
de los Tetrodóntidos que son conocidos desde muy remota
antigüedad por su acción tóxica. Nada menos que en un jeroglífico
de la tumba del Faraón Ti (2.500 a.C.) ilustra ya la toxicidad del
llamado puffer-fish (Tetrodon spp.)
Estas especies que se encuentran en diversos mares del mundo, son
especialmente frecuentes en el Caribe. Hay más de 50 especies de la
familia de los Diodóntidos (Urchin-fishes), de los Tetradontidae
(fugu, puffer-fish, bowl-fish) y Molidae (Sun-fishes).
Todos son venenosos, ictiosarcotóxicos.

Pez
balón, fuente de
la tetrodontoxina
El envenenamiento o intoxicación
por tetrodontoxina se caracteriza por la rápida aparición
de síntomas a los 5 a 30 minutos de la ingestión del pescado. Se
presenta un estado de debilidad general, náuseas y mareos, palidez,
parestesia, hormigueo en labios, lengua y garganta, manos y
pies seguido de pérdida del conocimiento.
No se presentan vómitos a pesar de las náuseas. A medida que
avanza la intoxicación se produce palidez, sudoración, dificultad
respiratoria, hipotensión, mialgias, dolores, opresión precordial
y cianosis, terminando el cuadro por convulsiones y parálisis. La
muerte puede sobrevenir por parálisis respiratoria entre las seis a
veinticuatro horas después de la ingestión del tóxico.
Los hunganes de Haití conocen perfectamente estos peces así
como sus efectos venenosos. Saben cómo utilizarlos, probablemente
asociados con substancias narcóticas o alucinógenas y ese ha sido
su secreto celosamente guardado.
Unos por este procedimiento han pretendido ser capaces de resucitar
a los muertos lo que les ha creado gran prestigio entre sus
supersticiosos paisanos. Otros han utilizado la zombización para
conseguir mano de obra barata como forma de enriquecerse. Y mientras
tanto han ido cubriendo sus conocimientos con el velo del misterio y
del ritual vudú.
Zombis ha habido y probablemente los hay todavía, pero no se trata
de muertos resucitados sino de vivos infelices intoxicados,
drogados, preparados con propósitos criminales.
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