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La
distimia: el mal del siglo

Distimia, de unas
palabras griegas que significan "humor perturbado", es uno
de los trastornos más abundantes en nuestros tiempos. Se emplea el
nombre de distimia para calificar una alteración del estado de
ánimo que tiene los siguientes síntomas:
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Altibajos del
estado de ánimo, con tendencia al estado de ánimo irritable o
deprimido. La persona distímica suele ser enojadiza, y con
tendencia a estar triste o deprimida.
-
Dificultad para
disfrutar de las cosas positivas de la vida. La persona
distímica tiene atolladeros para llegar a considerarse
plenamente feliz.
-
Trastornos del
sueño: el sueño no acaba de ser reparador. La persona
distímica se despierta varias veces, y suele hallarse cansada
por la mañana.
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Problemas de
concentración. La persona distímica acostumbra a percibir
problemas de memoria y de concentración, aún para actividades
lúdicas (ver una película, por ejemplo).
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Tendencia a las
somatizaciones. Cefaleas y vértigos son las más frecuentes,
junto a los estados de fatiga crónica.
La distimia,
también llamada distimia depresiva, no es sino un estado casi
depresivo, derivado de una situación de estrés continuado.
Acontece en personas sometidas a tensiones constantes, o en personas
extremadamente autoexigentes, para las cuales cualquier situación
se convierte en estresante.
Puede durar semanas, meses o años. Hay personas que han estado así
prácticamente toda su vida. Algunos autores hablan de
"personalidad depresiva" en estos casos. Muchas personas
con distimia llegan a creer que "ellas son así", y no
identifican la distimia como una condición patológica, sino como
un estado normal de su forma de ser.
La distimia es causa frecuente de malestar personal, y de malestar
familiar. Las personas con distimia suelen estar irritadas,
agresivas, con facilidad para entrar en discusiones, y con una baja
tolerancia a las frustraciones. Con frecuencia se las califica de
"amargadas".
Las personas con trastorno distímico pueden ser tratadas mediante
psicoterapia, pero también con el empleo de los antidepresivos
modernos. La distimia se debe a un fallo en los mecanismos de
regulación del estado de ánimo, debido a un mal aprovechamiento de
uno de los neurotransmisores cerebrales, la serotonina, en la zona
cerebral que se cuida de moderar los cambios de humor. El déficit
de serotonina se acompaña de una serie de trastornos, que pueden
ser: anorexia, depresión, fobias, obsesiones, bulimias, distimia,
crisis de pánico, y otros. La distimia es un trastorno menos grave
que los otros, pero su característica de perpetuarse en el tiempo
la convierte en muy molesta. Por otra parte, casi siempre, a la
larga, acaba derivando en un fenómeno más grave: depresión mayor,
o crisis de pánico, por ejemplo.
Se considera que los trastornos relacionados con el déficit de
serotonina pueden afectar al 30 % de las personas. La distimia
sería el más frecuente de ellos.
El empleo de medicamentos antidepresivos específicos para la
conservación de la serotonina, que son los que se usan de forma
prioritaria en los últimos 10 años, ha servido para corregir un
trastorno que, sin ser grave, provoca una amplia disfunción en
cuanto a la calidad de vida de gran cantidad de personas. Tales
fármacos, combinados con una psicoterapia encaminada a potenciar el
pensamiento positivo, permiten que las personas distímicas corrijan
su propensión al desánimo y a la fatiga, y puedan sentirse
plenamente satisfechos en cuanto a su calidad de vida.
¿Sabía que?
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La distimia
afecta a un 3 % de personas, siendo las mujeres afectadas de 1,5
a 3 veces más que los hombres.
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La distimia es
más frecuente en personas solteras, menores de 65 años, con
bajos ingresos económicos.
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Algunos autores
consideran la distimia como una "depresión crónica
leve", susceptible de ser tratada como tal.
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La combinación
de farmacoterapia y psicoterapia parece ser lo más adecuado en
el tratamiento de las distimias.
Criterios para diagnosticar
la distimia
Estado de ánimo deprimido o irritable, la mayor parte del
tiempo.
Al menos dos de los siguientes síntomas:
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Trastornos del
apetito
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Trastornos del
sueño
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Fatiga
crónica
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Baja
autoestima
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Trastornos de
concentración
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Desesperanza
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No más de dos
meses libres de síntomas en los últimos dos años
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Ausencia de
otras enfermedades mentales
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Ausencia de
consumo de drogas que pudiera provocar estos síntomas
Psicoterapias útiles
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Terapias
cognitivas, encaminadas a cambiar la producción de pensamientos
positivos.
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Psicoterapias
interpersonales breves.
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Terapia
sistémica breve, implicando a los diversos miembros de una
familia.
Fuente: Dr.J. Romeu |